El legado del arzobispo Samuel: Un pastor firme que ha mantenido a Denver como una 'ciudad en lo alto de la colina'
- Escritor Invitado

- 3 mar
- 10 Min. de lectura
Actualizado: 13 abr

Por Roxanne King
Un hombre de oración.
Un padre para su rebaño.
Un apóstol fiel.
Un pastor firme como roca.
Así lo describen quienes conocen bien al arzobispo de Denver, Mons. Samuel J. Aquila.
El 7 de febrero del 2026, la jubilación del arzobispo Samuel fue aceptada por el papa León XIV. Al mismo tiempo, se anunció que el obispo James R. Golka asumirá el mando de la Arquidiócesis de Denver como su noveno obispo y sexto arzobispo.
Al acercarse esta transición episcopal, el arzobispo Samuel, así como algunos de sus colaboradores y amigos, compartieron sus pensamientos sobre su ministerio en la arquidiócesis de Denver y el legado que dejará.
Para empezar, el hecho de haber sido nombrado arzobispo de la arquidiócesis en la que fue ordenado sacerdote es algo inusual. Ser instalado como arzobispo el 18 de julio del 2012 en la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción de Denver, donde fue ordenado sacerdote en 1976, fue algo que “nunca imaginó” que sucedería.
Sirvió en la arquidiócesis durante 25 años, en parroquias y en puestos de liderazgo, incluyendo como secretario de escuelas católicas y primer rector del seminario teológico St. John Vianney en Denver, antes de ser elevado al episcopado en el 2001 para Fargo, Dakota del Norte. Allí sirvió durante 11 años antes de regresar a Denver como su octavo obispo y quinto arzobispo. Celebró 13 años pastoreando la arquidiócesis el pasado julio.
“Ha sido un regalo increíble poder servir aquí como arzobispo”, dijo el prelado a El Pueblo Católico, agregando que a menudo la gente se le acerca para decirle que como sacerdote los bautizó o casó hace décadas. “Es muy satisfactorio ver la fidelidad de la gente, cómo vive su fe y la alegría que eso les trae”.
“Y ha sido una gran bendición ordenar diáconos y sacerdotes”, añadió.
Treinta y ocho de sus 49 años de ministerio sacerdotal los ha pasado en la arquidiócesis. Uno de los momentos más significativos fue la Jornada Mundial de la Juventud de 1993 en Denver, cuando el entonces padre Samuel era director arquidiocesano de liturgia y ayudó a planear las celebraciones litúrgicas de la JMJ.
“La Jornada Mundial de la Juventud de 1993 destaca por su impacto en la arquidiócesis y en la Nueva Evangelización”, dijo el arzobispo Samuel, “especialmente por los frutos que dejó: apostolados como FOCUS, el Augustine Institute, Amazing Parish, Families of Character, Endow, y muchos más. Todos ellos han dado abundante fruto. Ahí se ve la fidelidad de Jesús a su promesa: si permanecemos unidos a la vid, daremos fruto”.

Vocaciones en auge
Los dos seminarios florecientes de Denver, St. John Vianney y Redemptoris Mater, que forman sacerdotes para la arquidiócesis y para la diócesis de todo el país y del mundo, también nacieron de la JMJ de 1993. Desde su fundación, Denver ha ordenado a 220 sacerdotes —112 para la arquidiócesis de Denver.
El otoño pasado recibió al mayor número de hombres en los últimos años: 27 en total que ingresan a la formación sacerdotal para Denver, 23 en St. John Vianney y 4 en Redemptoris Mater. La nueva generación es la más numerosa en la historia reciente de la arquidiócesis, lo que aumenta el número de seminaristas en casi un 40% y supera el aumento del 16% del año anterior, reportó El Pueblo Católico. El crecimiento continuo impulsó la incorporación de un nuevo centro recreativo recientemente dedicado.
Denver es una de las diócesis líderes en vocaciones en Estados Unidos, según informó Catholic News Agency. A pesar de ello, el arzobispo el año pasado lanzó la iniciativa “Llamado por nombre” para promover vocaciones locales, ya que la minoría de los sacerdotes que sirven en la arquidiócesis son originarios de aquí. La mayoría son incardinados de otras diócesis de EE. UU. o del extranjero, o provienen de comunidades religiosas.
“Como yo, que no crecí en Colorado”, explicó el arzobispo Samuel, “crecí en California, pero me convertí en sacerdote de esta arquidiócesis”.
La campaña fue un éxito rotundo: más de 900 nombres fueron propuestos por los fieles locales. En un retiro de “Ven y verás” el otoño pasado, alrededor de 100 de esos nominados comenzaron a discernir una vocación sacerdotal.

Un padre para su rebaño
Steve Paolucci, asesor financiero, y su esposa, Madeleine, directora del ministerio de vida familiar, conocen al arzobispo Samuel desde sus días en el seminario. Él ha celebrado los sacramentos a muchos de sus hijos —desde la confirmación hasta el matrimonio— y ha bautizado a la mayoría de sus nietos. Uno de sus hijos es seminarista en St. John Vianney.
Para la JMJ de 1993, el entonces padre Samuel reclutó a los Paolucci para organizar la distribución de la comunión en el parque estatal Cherry Creek durante la Misa con el papa san Juan Pablo II. También transportaron a cardenales y obispos visitantes. Seis años después de esa alegre experiencia, fueron testigos de cómo el padre Samuel acudió a una vigilia de oración en la parroquia St. Frances Cabrini en Littleton tras la masacre de la escuela preparatoria Columbine, para acompañar a quienes estaban conmocionados por el tiroteo más letal en la historia de Colorado. Dos días después de ser instalado como arzobispo, atendió a las víctimas y familias de la masacre en el cine de Aurora. Hizo lo mismo tras el tiroteo mortal en un supermercado de Boulder en el 2021.
“Siempre ha tenido un corazón increíble por la gente y, en particular, por los jóvenes”, dijo Madeleine Paolucci. “Estaba allí para rezar con la comunidad, para rezar con las familias. Para estar presente”.
“Es evidente que es un padre de corazón”, continuó. “Su paternidad espiritual nos ha tocado profundamente a lo largo de todos estos años de conocerlo”.
Durante la pandemia del COVID-19, Steve Paolucci señaló cómo el arzobispo equilibró la compasión con firmeza en la misión de la Iglesia. Sobre su legado, resaltó su papel en la JMJ de 1993, que el papa llamó “una revolución espiritual”, su labor como rector fundador de St. John Vianney al promover vocaciones, su devoción mariana y su defensa de la vida a nivel local y nacional.
“Siempre ha estado presente en medio de la comunidad, no solo predicando y guiando”, dijo Steve. “Su gran legado es haber estado en medio de su rebaño”.
“Ha estado en primera línea mostrando que la Iglesia es relevante y tiene voz”, añadió Madeleine, destacando su valentía al defender la vida y los valores cristianos en una sociedad cada vez más secular.

Un hombre de oración
El estilo de liderazgo del arzobispo Samuel se caracteriza por la claridad, la firmeza y la toma de decisiones con principios, equilibradas con un corazón compasivo que se preocupa profundamente por sacerdotes, feligreses y familias, dijo su amigo de toda la vida, monseñor Bernie Schmitz. Ahora “jubilado”, el exvicario para el clero sigue sirviendo como director espiritual en el seminario teológico St. John Vianney.
Originario de Denver, Bernie conoció a Sam Aquila, nacido en Burbank, California, en el seminario St. Thomas (ahora St. John Vianney). Sus caminos se cruzaron durante sus estudios de teología a principios de los años setenta. Compartían intereses como el esquí y los viajes.
Al igual que con los Paolucci, Sam Aquila se hizo cercano a la familia Schmitz, ya que no tenía familiares en Denver. Los dos sacerdotes sirvieron por primera vez como párrocos simultáneamente en distintas parroquias a partir de 1982.
“Fue entonces cuando llegó la tormenta de nieve en Navidad, y él estaba decidido a llegar a casa. Una vez que el arzobispo decide algo, lo va a hacer”, recordó monseñor Bernie entre risas. “Trajo su coche y logramos llegar al aeropuerto. Fue al mostrador y tomó el primer vuelo que saliera adonde fuera. Y sí logró llegar a casa”.
El padre Samuel visitó al padre Bernie cuando éste estaba en misión en Colombia. Y el padre Bernie lo visitó cuando el padre Samuel estudiaba en Roma para su licenciatura en teología sagrada (STL).

“El arzobispo es un hombre de oración”, dijo monseñor Bernie.
“Él me enseñó a rezar”, explicó, señalando la práctica devocional del arzobispo. “Me enseñó a tener una verdadera hambre de Jesucristo. Me enseñó cómo ser amigo de los laicos”.
Monseñor Bernie coincidió con la valoración de los Paolucci sobre el legado del arzobispo, agregando los esfuerzos del arzobispo por fortalecer la identidad católica de las escuelas y profundizar la vida espiritual de los sacerdotes.
“No quería tener escuelas que fueran católicas solo de nombre”, dijo, enfatizando su deseo de que todos los católicos realmente conozcan a Jesús, especialmente en un mundo poscristiano.
El arzobispo implementó el Rescue Project —una reproclamación de la buena nueva— empezando con los sacerdotes en una convivencia de tres días.
“Les dijo: ‘No sean sacerdotes que solo cumplen con los actos externos’”, recordó monseñor. “’Enamórense de Jesús… sean imagen del Señor’”.

Un apóstol fiel
Cuando Seila Gennarini, junto con su esposo Francesco, responsables del Camino Neocatecumenal en Colorado, vieron por primera vez al arzobispo Samuel Aquila hace 11 años, él bajaba de un auto con gafas oscuras.

“Pensé: ¡Se ve buena onda!”, recordó entre risas.
El matrimonio, misioneros provenientes de España e Italia respectivamente, ha llegado a conocer al arzobispo como una verdadera figura paterna —tanto en lo personal como para su rebaño— cuya accesibilidad, apertura y corazón pastoral han dado un gran fruto en vocaciones y evangelización.
El Camino, un itinerario de formación católica, fue invitado a la arquidiócesis por el entonces arzobispo, ahora cardenal, J. Francis Stafford, en 1990. Seis años después se estableció aquí el seminario Redemptoris Mater (uno de los 122 que existen en el mundo) para formar sacerdotes con carisma misionero para la arquidiócesis. Sus vocaciones provienen de comunidades del Camino, tanto locales como globales.
St. John Vianney, que forma sacerdotes para Denver y otras diócesis, fue establecido tres años más tarde bajo el arzobispo Charles Chaput, OFM Cap. Los seminarios comparten el mismo campus y los mismos estudios académicos, pero con una formación espiritual distinta.
El arzobispo Samuel ha impulsado un gran crecimiento vocacional, explicó Francesco. Desde el 2012, treinta y un hombres de comunidades locales del Camino han ingresado a los seminarios, incluidos tres jóvenes de Denver que fueron ordenados sacerdotes en los últimos tres años. En los últimos dos años, 12 mujeres jóvenes han iniciado el discernimiento para la vida consagrada.
El Camino es conocido por su formación catecumenal, la evangelización de puerta en puerta y por enviar a cientos de jóvenes a peregrinar a las Jornadas Mundiales de la Juventud y al Jubileo de la Juventud del año pasado. Cada año, algunos adultos evangelizan en parejas durante una semana, incluso en tiempos de pandemia.
“Al enviarnos a anunciar la buena nueva precisamente en el momento más crítico del mundo, el arzobispo mostró el corazón de un apóstol: que en el centro de todo está el anuncio del evangelio”, dijo Francesco Gennarini.
Al igual que los Paolucci y monseñor Bernie, los Gennarini atribuyen al arzobispo Samuel haber impulsado la renovación de la fe y la Nueva Evangelización que surgieron de la JMJ de 1993 y continuaron con los arzobispos Stafford y Chaput. Su legado, dijeron, es el de un liderazgo firme, que brindó estabilidad y preparó el terreno para que la Nueva Evangelización siga floreciendo.
“Lo que más le importa al arzobispo es que la gente de esta arquidiócesis tenga un verdadero encuentro con Jesucristo. Él siempre lo repite”, dijo Seila.
“Esto es absolutamente parte de su legado”, afirmó Francesco. “Es como san Juan. Al final de su vida, cuando le preguntaban: ‘¿Qué te dijo el Señor?’, él respondía: ‘Ámense los unos a los otros’. Y eso solo es posible si hemos tenido un encuentro con el amor de Dios en la persona de Jesucristo, que tiene el poder de cambiar la vida”.

Un pastor firme
Originario de Nueva Jersey, Chris Stefanick era un experimentado ministro juvenil cuando llegó a Denver en el 2006 para dirigir el ministerio juvenil, universitario y de jóvenes adultos bajo el arzobispo Charles Chaput. Allí hizo de la ciudad su hogar.

Hoy, reconocido autor y evangelizador laico internacional, fundó en el 2015 el ministerio Real Life Catholic. También conduce la exitosa serie en video The Search del Augustine Institute. Durante la Cuaresma del 2021, él y el Augustine Institute se asociaron con la arqui- diócesis para ofrecer la serie gratuitamente a todos los feligreses.
Casado con Natalie, tienen seis hijos y cinco nietos. Al igual que otros líderes laicos, el arzobispo Samuel se ha convertido en una figura paterna para la familia Stefanick, dando el visto bueno al pretendiente de la hija menor, que se casó recientemente, y bautizando al nieto más pequeño.
Como monseñor Bernie, Chris admira la vida interior y de oración del arzobispo, que se expresa en un liderazgo firme y paciente y sirve de modelo para su propia vida y ministerio. Como los Gennarini, dijo que el apoyo del arzobispo facilita la realización de su labor evangelizadora.
“Ha servido como arzobispo durante un tiempo realmente turbulento en la Iglesia y en el mundo”, señaló Chris. “Uno de los mayores regalos que un padre puede dar a su familia es un sentido de estabilidad. Él es un líder verdaderamente firme, un pilar de fe… una persona competente, sólidamente ortodoxa, con sentido común, que ama a Jesús y a su gente… Es un buen pastor, de verdad”.
Chris dijo que el arzobispo no ministra solo como si fuera un trabajo; más bien, todo brota de su intimidad con el Señor. Recalcó lo que otros también señalaron: que es cercano, tiene sentido del humor y sabe disfrutar de la vida.
“Ya sea compartiendo una comida o una bebida, o predicando, es la misma persona en toda situación”, afirmó. “Lo hace todo con el Señor. Eso siempre se transmite. Hay paz y una alegría sencilla y auténtica, que no es solo un rasgo de carácter: es santidad”.
El arzobispo ha mantenido a Denver como un centro de catolicismo vibrante nacido de la JMJ de 1993, dijo Chris.
“Denver es una ciudad ‘en lo alto de la colina’”, expresó. “Sé, por mis viajes por todo el país y el mundo, que la gente ve a esta ciudad como un lugar especial, que resalta… Desde que Juan Pablo II estuvo aquí, ha sido un centro. Una luz brillante de verdad proclamada sin miedo, pero también con alegría, relevancia y amor.
“Las palabras ortodoxia dinámica vienen a mi mente cuando pienso en el carisma de Denver, y él ha custodiado ese carisma y ha mantenido a esta ciudad en lo alto de la colina”, añadió. “Creo que ese es un legado fenomenal. Y depende de todo el pueblo de Dios llevar esa antorcha, mantener viva esa misión aquí”.









