Promesas de la Virgen para quienes mediten en sus siete dolores
- Vladimir Mauricio-Pérez

- 15 sept 2023
- 3 Min. de lectura
La Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de los Dolores, prometió siete gracias extraordinarias a quienes meditaran diariamente sobre sus siete dolores. Esta devoción, que la Virgen otorgó a santa Brígida de Suecia en el siglo XIV, consiste en rezar un avemaría por cada dolor. También es común rezarla en forma de rosario, diciendo un padrenuestro y siete avemarías por cada dolor.
La fiesta de Nuestra Señora de los Dolores se celebra el 15 de septiembre.
Promesas
Las promesas de la Virgen para las personas que mediten diariamente en sus dolores son las siguientes:
«Concederé paz a sus familias».
«Serán iluminados sobre los misterios divinos».
«Los consolaré en sus sufrimientos y los acompañaré en su trabajo».
«Les daré lo que me pidan, siempre y cuando no se oponga a la adorable voluntad de mi divino Hijo o a la santificación de su alma».
«Los defenderé en sus batallas espirituales con el enemigo infernal y los protegeré en cada instante de su vida».
«Los asistiré visiblemente en el momento de su muerte: verán el rostro de su Madre».
«He obtenido esta gracia de mi divino Hijo: que aquellos que propaguen esta devoción a mis lágrimas y dolores serán llevados directamente de esta vida terrenal a la felicidad eterna, ya que todos sus pecados serán perdonados, y mi Hijo y yo seremos su eterno consuelo y alegría».
Siete dolores de la Virgen María
A continuación, presentamos la lista de los siete dolores de la Virgen. Leer el pasaje bíblico correspondiente siempre nos puede ayudar a meditar en ellos de manera más profunda.
La profecía de Simeón (Lc 2, 34-35)
La huida a Egipto (Mt 2, 13-21)
Jesús perdido en el Templo (Lc 2, 41-50)
María se encuentra con Jesús camino al Calvario (Jn 19, 18-30)
La crucifixión y muerte de Jesús (Jn 19, 18-30)
María recibe el cuerpo de Jesús (Jn 19, 39-40)
Jesús es colocado en el sepulcro (Jn 19, 39-42)
Cómo rezar los siete dolores
La forma más simple de practicar esta devoción consiste en rezar un avemaría por cada dolor mientras se medita en él.
También se puede rezar el rosario de los siete dolores de la siguiente manera:
Señal de la cruz
Acto de contrición
En cada dolor o misterio: un padrenuestro y siete avemarías
Puedes encontrar cada misterio con una breve meditación aquí: https://elpueblocatolico.org/los-siete-dolores-de-la-virgen-maria/.
«Stabat Mater»
Cuando se trata de recordar a la Dolorosa, que se unió de forma admirable a Cristo en la cruz mediante su propio sufrimiento, no podemos olvidar el hermoso canto «Stabat Mater». Meditarlo nos ayuda a profundizar en este gran misterio.
Aquí una traducción al español:
1. De pie la Madre dolorosa junto a la Cruz, llorosa, mientras pendía el Hijo.
2. Cuya ánima gimiente, contristada y doliente atravesó la espada.
3. ¡Oh, cuán triste y afligida estuvo aquella bendita Madre del Unigénito!
4. Languidecía y se dolía la piadosa Madre que veía las penas de su excelso Hijo.
5. ¿Qué hombre no lloraría si a la Madre de Cristo viera en tanto suplicio?
6. ¿Quién no se entristecería a la Madre contemplando con su doliente Hijo?
7. Por los pecados de su gente vio a Jesús en los tormentos y doblegado por los azotes.
8. Vio a su dulce Hijo muriendo desolado al entregar su espíritu.
9. Oh, Madre, fuente de amor, hazme sentir tu dolor, contigo quiero llorar.
10. Haz que mi corazón arda en el amor de mi Dios y en cumplir su voluntad.
11. Santa Madre, yo te ruego que me traspases las llagas del Crucificado en el corazón.
12. De tu Hijo malherido que por mí tanto sufrió reparte conmigo las penas.
13. Déjame llorar contigo, condolerme por tu Hijo mientras yo esté vivo.
14. Junto a la Cruz contigo estar y contigo asociarme en el llanto es mi deseo.
15. Virgen de Vírgenes preclara no te amargues ya conmigo, déjame llorar contigo.
16. Haz que llore la muerte de Cristo, hazme socio de su pasión, haz que me quede con sus llagas.
17. Haz que me hieran sus llagas, haz que con la Cruz me embriague, y con la Sangre de tu Hijo.
18. Para que no me queme en las llamas, defiéndeme tú, Virgen santa, en el día del juicio.
19. Cuando, Cristo, haya de irme, concédeme que tu Madre me guíe a la palma de la victoria.
20. Cuando el cuerpo sea muerto, haz que al ánima sea dada del Paraíso la gloria.
Amén.








