top of page

Anuncio

Image by Simon Berger

Perspective

Conoce a las nuevas monjas de la Abadía de Santa Walburga

  • Foto del escritor: Equipo de El Pueblo Católico
    Equipo de El Pueblo Católico
  • hace 21 horas
  • 18 Min. de lectura
Una monja Walburga trabaja en un Cirio Pascual, que será bendecido y consagrado en la Vigilia Pascual. Estos cirios sagrados arden en las liturgias de la Pascua, en bautizos y funerales, como símbolo de la luz de Cristo, incluso en la oscuridad. (Foto proporcionada)
Una monja Walburga trabaja en un Cirio Pascual, que será bendecido y consagrado en la Vigilia Pascual. Estos cirios sagrados arden en las liturgias de la Pascua, en bautizos y funerales, como símbolo de la luz de Cristo, incluso en la oscuridad. (Foto proporcionada)

Hay un pequeño pero creciente grupo de mujeres que han dedicado su vida a Jesucristo en la frontera entre Colorado y Wyoming. Las monjas benedictinas de la Abadía de Santa Walburga suelen pasar desapercibidas, pues han prometido vivir una vida de oración y trabajo, adorando al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo y esforzándose por hacer de su comunidad un anticipo del cielo en la tierra. A través de su fidelidad a Cristo, obtienen innumerables gracias para el resto de la Iglesia.


En su pequeño Edén, las monjas de Walburga viven una vida humilde y escondida, en la que ponen a Dios en primer lugar en todo lo que hacen. Guiadas por el Espíritu hacia una intimidad cada vez más profunda con Dios en la oración, se esfuerzan por vivir de tal manera que mantengan la mirada fija en el cielo, sembrando el bien donde pueden, tanto en la oración como en el trabajo.


Este año hay un número récord de mujeres que disciernen una vocación para esta vida santa. Con ocho mujeres actualmente en formación, la Abadía de Santa Walburga ciertamente está creciendo.

Conoce a algunas de las monjas más nuevas y a quienes están en camino de serlo en la Abadía de Santa Walburga, ¡en sus propias palabras! Por respeto al carácter oculto que forma parte esencial de su vocación, se ha omitido el nombre de cada una.


Monja 1

¿De dónde es? ¿Cuál es su parroquia de origen?

Parroquia Holy Ghost en Denver, Colorado.


¿Cómo la llamó el Señor a seguirlo como discípula?

Soy católica de cuna. Cuando tenía 10 meses, recibí mi primera Comunión “accidentalmente”, cuando mi papá pasó a recibir la Sagrada Eucaristía en una parroquia de rito oriental. Sospecho que ese deseo de bebé de recibir a Jesús nunca me dejó, porque Jesús, muy lentamente, pero con mucha perseverancia, me ha ido atrayendo a una intimidad cada vez más profunda con él. Una amiga me introdujo a la práctica de hacer visitas frecuentes a Jesús durante la adoración cuando tenía poco más de 20 años, y eso le dio a Jesús acceso pleno a mi corazón.


¿Cómo la condujo el Señor a la Abadía de Santa Walburga?

¡Dios me sorprendió! Yo no tenía ninguna intención de ser monja. Sin embargo, deseaba una profunda intimidad con Dios. Regresando en coche después de un fin de semana en Wyoming, me detuve en la abadía un domingo por la noche para hacer la hora de oración diaria que me había propuesto. La escritura con la que estaba orando esa noche y la belleza del canto de completas de las monjas me revelaron mi propio deseo profundo de pertenecer completamente a Cristo como su esposa y de vivir mi vida como monja en la Abadía de Santa Walburga.


¿Cuál ha sido su experiencia en la abadía? ¿Qué ha aprendido hasta ahora?

Estoy maravillada por la gracia y el don de la obediencia. Todo lo que haces, unido a la ofrenda obediente que Cristo hace de sí mismo al Padre, da una gloria inmensa a Dios y se convierte en un río de gracia para muchísimas almas. Como religiosa, con el don del voto de obediencia, el valor de mi obediencia aumenta de manera inconmensurable, de modo que incluso las tareas más humildes o cotidianas se vuelven inmensamente hermosas.


Mientras discierne esta vocación, ¿qué espera?

Mientras espero mi profesión monástica solemne esta primavera y la alegría de pertenecer completamente a Dios para siempre, espero que Cristo viva plenamente su vida en mí: “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (Gálatas 2, 20).

Espero que cada persona en el mundo abra su corazón para recibir el amor infinito y tierno de Dios.


¿Qué reflexión o mensaje desea compartir con nuestros lectores?

Tenemos muchos deseos en nuestro corazón, a menudo relacionados con las relaciones o con nuestros talentos o inclinaciones. Pero me parece que el único deseo que puede ser una verdadera guía para discernir nuestra vocación, o incluso las pequeñas decisiones de la vida diaria, es el deseo y el amor por Cristo. Solo Cristo saciará la sed de nuestro corazón y, si nos entregamos completamente a su amor, todo lo demás encontrará su lugar.


“Espero que cada persona en el mundo abra su corazón para recibir el amor infinito y tierno de Dios”.

Monja 2

¿De dónde es? ¿Cuál es su parroquia de origen?

Catedral Holy Family en Tulsa, Oklahoma.


¿Cómo la llamó el Señor a seguirlo como discípula?

Aunque soy católica de cuna, nunca me consideré realmente una discípula y quizá nunca lo habría sido si él no me hubiera dado algo parecido a una crisis de mediana edad en la universidad. Tenía todo, éxito en todas las áreas de mi vida y, aun así, me sentía miserablemente vacía. Tuve un sueño que me mostró lo que estaba pasando en mi corazón: estaba de pie en un escenario iluminado, rodeada de aplausos, claramente había alcanzado algún gran sueño o deseo, y allí seguía ese horrible vacío. El pensamiento que me pasó por la cabeza en el sueño estaba lleno de desesperación: “¿Y ahora qué?”


Recé una oración muy desesperada y sincera pidiendo ayuda, y el Señor respondió con la pandemia de COVID-19, que azotó al mundo, arruinando mi carrera en la industria del cine, que acababa de cerrarse, y vaciando mi vida de todas las búsquedas y relaciones vacías con las que la había llenado. Fue, por supuesto, un tiempo doloroso y de sufrimiento, pero también increíblemente hermoso, porque él comenzó a llenar cada espacio vacío que yo le permitía. Primero comenzó a decirme “sígueme” en las pequeñas cosas. Finalmente terminé siendo maestra misionera de preparatoria en Belice, donde me di cuenta de que solo recibiría la plenitud de vida que tanto anhelaba si me vaciaba por completo por él.


¿Cómo la condujo el Señor a la Abadía de Santa Walburga?

Una amiga que enseñaba conmigo en Belice me preguntó qué tipo de vocación parecía que el Señor estaba poniendo en mi corazón. Cuando le dije que apenas estaba empezando a descubrir la vida religiosa, inmediatamente me preguntó si quería ir a visitar con ella una abadía benedictina donde tienen vacas.


Para ser sincera, no quería ir porque estaba bastante decidida a la vida activa, pero fui por amabilidad. Así que vinimos, y una noche, mientras estábamos aquí, ella me confesó que estaba enamorada de un chico con el que estábamos en misión (con quien después se casó). Yo me preguntaba qué estábamos haciendo allí, porque en realidad había venido solo para acompañarla en su discernimiento. No pasó mucho en esa visita, excepto que cuando me fui no podía olvidar el canto de las monjas y, por alguna razón, quería regresar.


Decidí organizar un retiro cuando terminara mi año misionero, no para continuar el discernimiento, ya que el Señor no parecía haberme llamado en absoluto durante la primera visita, sino simplemente porque quería volver. En los pocos meses entre programar la visita y llegar, el Señor me llamó suave pero claramente a la vida contemplativa. Primero me reveló que, en realidad, no estaba abierta a ella, aunque fuera su voluntad, y luego me llamó para darme la gracia de abrirme a su llamado.


Cuando llegué, lo supe. El discernimiento fue un proceso y, aunque implicó muchos momentos de dificultad y desprendimiento, hubo mucha alegría al descubrir su voluntad para mí en este lugar que nunca habría encontrado por mi propia voluntad. Fue incluso divertido comprobar que él me conoce mejor que yo me conozco a mí misma.


¿Cuál ha sido su experiencia en la abadía? ¿Qué ha aprendido hasta ahora?

Mi experiencia en la abadía ha sido una gran y hermosa conversión. No es que antes no estuviera creciendo y cambiando, pero era mucho más fácil sentirme estancada y ver mi “conversión” como algo que había quedado en el pasado. Aquí es una realidad siempre presente.


Mi historia de conversión es algo que vivo conscientemente cada día, y en lugar de ser algo agotador o desalentador, como podría pensarse, llena mi alma de esperanza en Dios y de alegría por su obra constante de ir conformando mi corazón al suyo. He aprendido a ver su mano en todo. Ese es uno de los frutos hermosos de vivir según el camino de san Benito: humildad, obediencia, estabilidad y conversión. La fe, tu fe, empieza a impregnar e iluminar cada pequeño aspecto de tu vida.


Es sorprendente lo llena de sorpresas que puede ser la vida monástica. Es una vida sumergida en Dios y abandonada a él; Dios está muy lejos de ser aburrido. Claro que hay sorpresas agradables que puedo apreciar de inmediato, pero incluso las cruces y las pruebas a veces me hacen querer reír, a pesar de mí misma, por lo personales que resultan. En esta vocación veo, por su gracia, una vida perfectamente hecha a la medida, llena de amor y purificación, que siempre me conducirá a él si se lo permito.


Mientras discierne esta vocación, ¿qué espera?

Espero, por medio de la Regla de San Benito, de la gracia de Dios y de los méritos de Jesús, llegar a ser santa y llevar conmigo al cielo a tantas almas como sea posible.


¿Qué reflexión o mensaje desea compartir con nuestros lectores?

Vayan a Misa todos los días, si humanamente es posible. No puedo comenzar a describir cómo empezó a cambiar mi vida cuando empecé a hacerlo, pero estoy bastante segura de que nunca habría encontrado ni acogido mi vocación si primero no hubiera sido llamada a la Misa diaria.

Nuestra fe, nuestras vocaciones, no son simplemente cosas, reglas o trabajos que hacemos. Dios es una persona. Nuestra fe es una relación con él. Nuestra vocación es él mismo, sin importar a qué nos llame a cada uno. Él está verdaderamente presente para nosotros, para ser nuestro pan de cada día, porque lo necesitamos con tanta profundidad.


En mi opinión, una de las mayores ventajas de vivir en nuestro tiempo —en comparación con otras épocas de la historia— es que la Sagrada Comunión puede recibirse no solo cada domingo, sino también todos los días, y no creo que sea coincidencia.


Este es mi consejo vocacional más importante para quienes están discerniendo cualquier vocación: Dios te creó para él, no solo para alguna tarea o estado de vida, y una vocación es un camino hacia la unión con él. Búscalo donde ahora puede encontrarse y todo lo demás se te dará a su tiempo. Hay millones de cosas que podemos hacer, cosas que podríamos decir, libros que leer y métodos que seguir, pero no hay nada más importante ni más eficaz para nuestras almas que ir a Misa cada día.


“Jesús se encuentra de manera más plena en la Cruz y amarlo significa abrazar todo lo que él quiere para mí. Él puede usarlo todo, incluso mis propios fracasos, para acercarme más a él.”

Novicia 1

¿De dónde es? ¿Cuál es su parroquia de origen?

Parroquia St. Joseph Fort Collins, Colorado.


¿Cómo la llamó el Señor a seguirlo como discípula?

Fue muy suave, algo que siempre estuvo ahí y fue floreciendo conforme fui creciendo y comencé a entender más sobre la responsabilidad y el amor.


¿Cómo la condujo el Señor a la Abadía de Santa Walburga?

Empecé a venir a la abadía a retiros de un día desde niña, y fue en ese tiempo, probablemente cuando tenía 11 años, cuando pensé que escuché a Dios llamándome. Después de graduarme de la preparatoria, vine a la abadía para discernir, pero quedó claro que debía darme un tiempo e ir a la universidad. Después de la universidad, seguía sintiéndome muy atraída por la vida religiosa. Tras mirar brevemente otras órdenes, me convencí de que la abadía era donde Dios quería que estuviera.


¿Cuál ha sido su experiencia en la abadía? ¿Qué ha aprendido hasta ahora?

Llegar a la abadía se siente un poco como volver a casa y respirar hondo. No todo ha sido fácil, pero, en cierto modo, eso es algo bueno. Esto me ha enseñado que a Jesús se le encuentra más verdaderamente en la Cruz y que amarlo significa abrazar todo lo que él quiere para mí. Él puede usarlo todo, incluso mis propios fracasos, para acercarme más a él.


Mientras discierne esta vocación, ¿qué espera?

Espero poder entregarle mi vida de la manera en que él me lo pida.


¿Qué reflexión o mensaje desea compartir con nuestros lectores?

Solo tienes la gracia para el momento presente. Cuando llegue el momento de entrar en una vocación, de soportar una prueba o una tentación, esa gracia estará ahí, pero no antes. No te mires a ti misma en tu debilidad; mira a Dios con confianza, y él te lo dará todo.


“Mi historia de conversión es algo que vivo conscientemente cada día, lo cual, en lugar de ser algo agotador y desalentador como uno podría esperar, llena mi alma de esperanza en Dios y de alegría en su constante trabajo de hacer mi corazón como el suyo”.

 

Postulante 1

¿De dónde es? ¿Cuál es su parroquia de origen?

Catedral St. John the Evangelist en Boise, Idaho.


¿Cómo la llamó el Señor a seguirlo como discípula?

Al mirar hacia atrás, creo que he sido formada y guiada para vivir mi fe principalmente a través de las personas que me rodean: mi familia y las familias con las que crecí, mis maestros, mis amigos y compañeros y mis sacerdotes y pastores. Toda mi vida he estado muy rodeada del cuidado amoroso, del interés, de la alegría y de la formación de una familia y de una comunidad dedicada a vivir la fe y el año litúrgico de manera viva y plena. En eso he estado inmersa. La experiencia y el ejemplo de quienes me rodeaban formaron en mí un amor por Dios y un deseo de buscarlo. Vivir esta vida aquí se siente, en parte, como un acto de gratitud hacia todas esas personas y por todo lo que han hecho por mí.


¿Cómo la condujo el Señor a la Abadía de Santa Walburga?

No sabría decir por qué, pero siempre he amado a san Benito, incluso desde que era niña. Así que, cuando decidí empezar a discernir, supe que quería comenzar con los benedictinos y ya conocía la Abadía de Santa Walburga porque me había detenido aquí durante un viaje en carretera. ¡Empecé y terminé mi discernimiento en esta misma comunidad!


¿Cuál ha sido su experiencia en la abadía? ¿Qué ha aprendido hasta ahora?

Por dentro, esta vida me ha retado y me ha estirado de maneras que han requerido profundizar en mi vida de oración y me han obligado a un “soltar” repetido de toda cosa terrena a la que le doy importancia o de la que dependo demasiado, incluso de mis propias percepciones sobre mí misma. Al mismo tiempo, muchas veces me sorprende lo fácil que se ha sentido todo este proceso, especialmente gracias a las demás en la comunidad. Siempre son tan amables, generosas y alentadoras.


Esto me ha hecho darme cuenta de que uno tiene que asumir algún tipo de compromiso para discernir cualquier vocación. No es solo un proceso intelectual, ni siquiera espiritual. Hay que ser vulnerable y aceptar el amor, la guía y el ejemplo de los demás.


Mientras discierne esta vocación, ¿qué espera?

Ante todo, espero crecer en santidad y abandonarme al Señor.


¿Qué reflexión o mensaje desea compartir con nuestros lectores?

Una cosa que comprendí mientras discernía es la necesidad de tener “buena fe” en Dios: saber que él ve tus deseos y tus esfuerzos por discernir y seguir fielmente su voluntad, y que él responderá de la misma manera.


“La santidad no llegará en un solo día; es el trabajo de toda una vida, así que persevera. … Carga tu cruz, no solo la vayas arrastrando".

 

Postulante 2

¿De dónde es? ¿Cuál es su parroquia de origen?

Soy de Loveland, Colorado. Mi parroquia de origen es St. Peter en Greeley, Colorado.


¿Cómo la llamó el Señor a seguirlo como discípula?

Crecí en una familia religiosa. Mi mamá fue ministra de jóvenes en una de las parroquias de Fort Collins durante gran parte de mi infancia. Era una mujer de gran inteligencia, celo y amor por la Iglesia. Mi papá siempre ha sido un modelo de mansedumbre y piedad. Aprendí a seguir a nuestro Señor primero a través de su ejemplo.


¿Cómo la condujo el Señor a la Abadía de Santa Walburga?

Probablemente tenía alrededor de siete años cuando conocí a las hermanas por primera vez. Mis abuelos llevaron a mis dos hermanas mayores y a mí para entregar una donación de alimentos.

Yo estaba en el penúltimo año de preparatoria (Holy Family, 2020, ¡Go Tigers!) cuando supe que tenía una vocación religiosa. En ese momento parecía algo que podía esperar hasta después de terminar la universidad. Sin embargo, unos años más tarde el llamado se hizo más fuerte y ya no pude seguir posponiéndolo.


Conocía la abadía por aquel encuentro que tuve de niña y realmente sentí que era donde debía estar. El Señor me conoce bien: sabía que discerniría aquello que “ya sabía”.


¿Cuál ha sido su experiencia en la abadía? ¿Qué ha aprendido hasta ahora?

Amo la vida monástica; sí, he tenido una experiencia muy positiva aquí.


Algunas cosas que he aprendido hasta ahora:

  1. La santidad no llega en un solo día; es el trabajo de toda una vida, así que persevera.

  2. La vida religiosa, especialmente la vida monástica, no tiene ningún sentido si no se vive plenamente, con gran celo. Carga tu cruz, no solo la arrastres.


Mientras discierne esta vocación, ¿qué espera?

¡Espero solamente buscar a Dios y hacerlo con todo mi corazón!


¿Qué reflexión o mensaje desea compartir con nuestros lectores?

Las cosas no suceden como nosotros planeamos, sino como Dios dispone. No desees ni quieras nada más que cumplir la santa y amorosa voluntad de Dios. Pregúntale cómo quiere usar tu voluntad.


Comienza a vivir una vida de oración y a amar las cosas de Dios. Sé noble y firme en su servicio y reza por la Iglesia. Decide cada día comenzar una vida nueva con él y pide la gracia para hacerlo. Pregunta: “¿Dónde estoy llamado a amar?” Y cuando él te lo diga, ¡corre!


“Su amor por su hijo no se desvanece ni disminuye cuando cae en el pecado. Más bien, como un padre amoroso, vuelve a levantar a su hijo. Castiga un poco, pero luego tiene misericordia”.

 

Postulante 3

¿De dónde es? ¿Cuál es su parroquia de origen?

Catedral Holy Family en Tulsa, Oklahoma.


¿Cómo la llamó el Señor a seguirlo como discípula?

Recuerdo que el Señor me llamó cuando era pequeña. Él me ha estado llamando toda mi vida, aunque muchas veces estaba sorda y no podía escucharlo. Cuando era adolescente, recibí una gracia especial para oír al Señor llamarme y decir: “Venite me” (sígueme). Estaba asistiendo a Misa en el campamento católico de verano Damascus, y el Señor vino a mi encuentro y me dio una probadita del cielo.


Siempre he visto ese momento como mi “llamado” al discipulado. La vida fue diferente después de eso, más llena de alegría.


¿Cómo la condujo el Señor a la Abadía de Santa Walburga?

Antes de llevarme a la abadía, el Señor me llevó por algunas aventuras para fortalecer mi confianza en él.


Una de ellas fue cuando me llamó para trabajar en un campamento católico de verano en medio de la nada, en Ohio. Fui con expectativas muy bajas, pero resultó ser una de las mejores decisiones de mi vida. ¡Fue uno de los veranos más plenos y llenos de alegría que he tenido!


El Señor insinuó que ese tiempo podría ser “vocacional” a través de una misionera extraordinaria del campamento. Yo pensaba que se refería al matrimonio, pero una noche, de repente, Dios me pidió que considerara casarme con ÉL, y eso me llenó de mucha alegría.


Justo después de ese trabajo misionero, hice una parada en la Abadía de Santa Walburga para visitar a un familiar que vive allí. ¡Resultó ser una visita muy providencial! Y así fue como comencé a discernir la vida religiosa en este lugar.


¿Cuál ha sido su experiencia en la abadía? ¿Qué ha aprendido hasta ahora?

¡Mi experiencia en la abadía ha sido maravillosa! Una de las cosas importantes que estoy aprendiendo es el amor incondicional del Padre. Su amor por su hijo no se desvanece ni disminuye cuando cae en el pecado. Más bien, como un padre amoroso, vuelve a levantar a su hijo. Él “castiga un poco, pero luego tiene misericordia”.


Mientras discierne esta vocación, ¿qué espera?

Simplemente pasar cada día con aquel “a quien ama mi alma”. El obispo Fulton Sheen escribió que, hacia el final de su vida, su mayor arrepentimiento era no haber amado más al Señor con su vida. Eso me impactó profundamente y ese es mi deseo: amarlo.


¿Qué reflexión o mensaje desea compartir con nuestros lectores?

Solo diría esto: pidan a Dios magnanimidad y, con su ayuda, hagan grandes cosas por el Reino. Sean valientes como David en sus batallas y grandes en la virtud como san Pier Giorgio Frassati. Y ahora, ¡a las alturas!


“La Misa es la fuente de la gracia y de la fuerza que necesitamos para perseverar. No estamos hechos para conformarnos con menos. … Si simplemente le damos la oportunidad, él promete un banquete más allá de todo lo que podamos imaginar: él mismo”.

 

Postulante 4

¿De dónde es? ¿Cuál es su parroquia de origen?

Soy de Bow, New Hampshire. Mi parroquia de origen es St. Joseph Cathedral en Manchester, New Hampshire.


¿Cómo la llamó el Señor a seguirlo como discípula?

Crecí en una familia católica muy devota y, desde pequeña, el Señor sembró en mí un profundo valor por la oración. Recuerdo que en la secundaria siempre sentía la necesidad de terminar el día arrodillándome al menos un minuto para orar. Estoy muy agradecida por este don, que fortaleció mi vida espiritual.


Cuando fui a la universidad, tuve que preguntarme si realmente quería decir lo que decía, si creía lo que profesaba en el Credo.


Durante la preparatoria y luego en la universidad, sentí la invitación de Cristo a imitar su don total, resumido en sus brazos abiertos en la cruz. El Señor lo dio todo hasta la última gota, y esa es su invitación para nosotros: ser como él. “El hombre no puede encontrarse plenamente a sí mismo sino en la entrega sincera de sí mismo”, (San Juan Pablo II).


¿Cómo la condujo el Señor a la Abadía de Santa Walburga?

¡El Señor ha sido muy misericordioso conmigo! Yo tenía casi cero intenciones de entrar en la vida contemplativa; de hecho, la veía como lo opuesto a la mayoría de mis muchos sueños. Tenía mil planes: formar una familia grande y aventurera, estudiar en el extranjero, obtener una licencia de parapente, hacer misiones en Sudamérica.


Pero me alcanzó justo antes de que saliera corriendo por la puerta. Estuve de retiro en Walburga el verano después de graduarme de la universidad. Una de las hermanas mencionó casualmente una oportunidad de discernimiento de tres meses. Yo lo veía más bien como un retiro muy largo y, sin tener realmente idea de en qué me estaba metiendo, decidí seguir el pequeño impulso que sentía.


Llegué cinco meses después, casi sin usar la palabra “discernimiento”, pero con una profunda convicción de que debía estar allí. Recuerdo que elegí mi comida la noche antes de llegar, sintiendo como si estuviera eligiendo mi última comida antes de una ejecución.


Con el paso de las semanas, luché mucho por lo que quería, pero poco a poco fui soltando mi resistencia y tuve que admitir que amaba muchas cosas de la vida contemplativa. Finalmente comprendí que Jesús conocía mi corazón mejor que yo misma.


El momento decisivo llegó después de una conversación con la madre abadesa, cuando finalmente me permití decir sí a la belleza de este llamado. Él salió a mi encuentro en medio de mi confusión y dolor, entrando por la puerta cerrada de mi corazón. No estaba enojado porque yo la hubiera cerrado; más bien, como hizo con los apóstoles en Galilea, sopló su paz en mi corazón. Ese es el poder de su Espíritu, porque fue todo lo que necesitaba. Pocos días después pedí entrar y estoy profundamente agradecida de estar aquí.


¿Cuál ha sido su experiencia en la abadía? ¿Qué ha aprendido hasta ahora?

Cuando llegué por primera vez, me resultaba muy intimidante la práctica del recogimiento continuo. Me parecía que orar siempre implicaba una especie de vigilancia constante, casi paranoica. Después de mi primera semana viviendo en el claustro durante el discernimiento, mi reacción fue: “¿Alguna vez nos relajamos?”


Gracias a Dios, pronto aprendí que la realidad profunda e inmutable de la vida es que Dios siempre está con nosotros en todo lo que hacemos. Él está presente no solo en la persona de Cristo, que oró y trabajó, sino también en nosotros como Espíritu, dándonos vida.


Esta vida es intensa y hermosa; es como el aire del mar que te refresca cuando sopla y cuando lo respiras. Me siento llena de vida en la liturgia y en la comunidad. Y es un gran honor haber sido llamada aquí en este momento.


Una de las lecciones más grandes que he aprendido hasta ahora es que Cristo está muy cerca en las batallas espirituales de esta vida. Pero la victoria no siempre se ve como espero, ni siempre se siente como un triunfo. Me di cuenta de que estaba buscando un “estado” cuando pensaba en ser santa y quería los síntomas de ese estado. Sin embargo, esta vida me está enseñando que lo que quiero es buscar a la persona de Cristo, como él quiera manifestarse a mí. Él es más maravilloso que cualquier cosa que yo pudiera imaginar y se deleita en sorprenderme.


Mientras discierne esta vocación, ¿qué espera?

Cuando vivía mi experiencia de tres meses en la abadía, mi lema era: “Caminaré contigo, Señor, y no te preguntaré adónde vamos”.


Hay una gran libertad y belleza en confiar en Dios. Tal vez todavía no lo sé por experiencia completa, pero cuando decidí dejar que él guiara, esa paz me dio una pequeña muestra de lo que significa confiar en él.


Mi esperanza es no solo dejar que me conduzca a donde quiera, sino también amar ir adonde él me lleve. La meta del contemplativo es la pureza o sencillez de corazón: un corazón que ama simplemente caminar con él. Puede tomar toda una vida para que nuestro corazón se purifique así, pero me parece una de las metas más valiosas que podemos perseguir.


¿Qué reflexión o mensaje desea compartir con nuestros lectores?

Los misterios de la vida cristiana son muy profundos y en su centro están el sacrificio de la Misa y el don de la Eucaristía. Me entristece pensar que muchos católicos —y yo misma fui uno de ellos— ven la Misa como una obligación los domingos y como una opción cualquier otro día.

La Misa es la fuente de la gracia y de la fuerza que necesitamos para perseverar. No estamos hechos para conformarnos con menos. Vivir sin recibir con frecuencia la Eucaristía es como emprender un largo viaje esperando sostenernos solo con galletas.


Si simplemente le damos la oportunidad, él promete un banquete más allá de todo lo que podamos imaginar: él mismo.“Si no comen la carne del Hijo del Hombre, no tendrán vida en ustedes” (Juan 6).


“Nuestra fe, nuestras vocaciones no son simplemente cosas, reglas o trabajos que hacemos. Dios es una persona. Nuestra fe es una relación con él; nuestra vocación es él mismo, sea cual sea el llamado que cada uno reciba. Él está verdaderamente presente para nosotros, para ser nuestro pan de cada día, porque lo necesitamos así de profundamente”.

 

Aspirante 1

¿De dónde es? ¿Cuál es su parroquia de origen?

Parroquia Our Lady of the Angels en Kenai, Alaska.


¿Cómo la llamó el Señor a seguirlo como discípula?

Cada uno de nosotros es llamado a seguirlo en el bautismo. Yo lo fui. Lo soy. Si lo dejara, ¿a quién iría? Él es la única razón de mi existencia y eso exige mi discipulado.


¿Cómo la condujo el Señor a la Abadía de Santa Walburga?

Un amigo de Alaska visitó este lugar y me sugirió que viniera también. Con el tiempo, lo hice.


¿Cuál ha sido su experiencia en la abadía? ¿Qué ha aprendido hasta ahora?

Ha sido buena; en cierto modo, se parece a la vida en un hogar con una familia grande, aunque, obviamente, con algunas diferencias, como el silencio.


Algo que he aprendido es que el hecho de que alguien sea llamado no significa que siempre responda a ese llamado.


Mientras discierne esta vocación, ¿qué espera?

Espero que, cuando esté muriendo, pueda mirar mi vocación y mi vida y ver a un soldado que luchó fielmente, sin preocuparse por las heridas y sin esperar recompensa alguna, salvo el saber de que luché por mi Dios.


¿Qué reflexión o mensaje desea compartir con nuestros lectores?

El tiempo es tu recurso más valioso. Conoce su valor. Sé consciente de en qué lo gastas. Aprécialo. Compártelo.

 

 

 

 

bottom of page