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Image by Simon Berger

Perspective

Cosecha de vocaciones: Denver alcanza cifra récord de 110 seminaristas tras casi duplicar su número en tres años

Foto del escritor: André Escaleira, Jr.
André Escaleira, Jr.
hace 5 horas
8 min de lectura

En tan solo tres años, el número de seminaristas de la Arquidiócesis de Denver ha crecido un 96 %. Dos jóvenes que comenzaron su formación en el Seminario Teológico St. John Vianney cuentan cómo la oración, las invitaciones personales y el ejemplo de sacerdotes santos los animaron a responder al llamado de Dios.


Grupo de sacerdotes y religiosos posan en un patio universitario de ladrillo, bajo una torre con cruz y cielo azul.
Después de otro año récord, el seminario St. John Vianney de Denver alcanzó su matrícula más alta en años y cuenta con el mayor número de seminaristas de la Arquidiócesis de Denver, casi el doble que hace tres años. (Foto de Grant Whitty)

Las vocaciones sacerdotales están floreciendo en la Arquidiócesis de Denver, donde el número de hombres en formación casi se ha duplicado en los últimos tres años.


Con la generación de nuevo ingreso más numerosa en la historia del seminario teológico St. John Vianney, que comenzó su formación este año, el número de seminaristas de la arquidiócesis ha alcanzado una cifra récord de 110 jóvenes, lo que representa un aumento del 96 % respecto a los 56 que había durante el ciclo académico 2023-2024.


Según una encuesta realizada en 2025 al presbiterio de la Arquidiócesis de Denver, el número de hombres en formación para el sacerdocio equivale exactamente a la mitad del total de sacerdotes arquidiocesanos, tanto activos como jubilados. Además, hay apenas 64 seminaristas menos que sacerdotes arquidiocesanos en ministerio activo.


Este crecimiento llega después de varios años de esfuerzos renovados para fomentar una cultura vocacional, entre ellos la campaña “Llamado por nombre” (Called By Name) de la arquidiócesis, que recibió casi 900 nominaciones en 2025 y otros 400  en 2026. Después de la primera campaña, casi 100 de esos hombres participaron en un retiro de discernimiento en St. John Vianney y varios de ellos ingresaron posteriormente al seminario.


Este año, los 34 nuevos seminaristas establecieron un nuevo récord de ingresos por tercer año consecutivo. El año pasado, los 27 seminaristas de nuevo ingreso casi duplicaron el récord anterior de 13 jóvenes.


Para monseñor James Golka, arzobispo de Denver, este aumento en el discernimiento vocacional es otra muestra de la obra milagrosa del Espíritu Santo en la Iglesia.


“Dios está haciendo algo increíble en su Iglesia, especialmente aquí en el norte de Colorado, en este momento”, dijo el arzobispo. “Estamos viendo un número sin precedentes de personas que desean convertirse al catolicismo. Tenemos la mayor cantidad de seminaristas que hemos visto en mucho tiempo. ¡Gracias a Dios! Él siempre sabe lo que nosotros, su pueblo, necesitamos, y nos está bendiciendo abundantemente, especialmente con hombres que están discerniendo el llamado a convertirse en futuros sacerdotes buenos, felices, santos y sanos”.


La cultura vocacional que actualmente está dando frutos en toda la Arquidiócesis de Denver se ha construido sobre la buena y dedicada labor de innumerables sacerdotes y diáconos, así como la del arzobispo emérito Samuel J. Aquila.


“Mis hermanos sacerdotes y diáconos acompañan día tras día a estos jóvenes mientras disciernen la voluntad de Dios para sus vidas, y estoy profundamente agradecido”, dijo el padre Jason Wallace, director de vocaciones de la Arquidiócesis de Denver. “A quienes están leyendo este artículo, les pido que oren por nuestros seminaristas y por todos aquellos que están discerniendo a qué los puede estar llamando Dios, para que él suscite sacerdotes felices, santos y sanos para su pueblo”.


Para muchos seminaristas, entre ellos David López Gutiérrez y John Bogumill, el testimonio de estos hombres santos es lo que más los ha motivado a considerar su vocación.


  • La familia López Gutiérrez en el seminario St. John Vianney.
  • La familia López Gutiérrez de vacaciones en México.
  • Jesús Santana, seminarista, el padre John Croghan, párroco de St. Michael, y David Lopez Gutierrez

(Fotos proporcionadas)


Aprender a entregarse a sí mismo

Ya fuera durante su infancia en México o en su parroquia de St. Michael, en Craig, David López Gutiérrez recuerda el testimonio alegre y entregado de los sacerdotes, que ayudó a que “el sacerdocio se volviera sumamente atractivo” para él durante su adolescencia.


David ya había comenzado a crecer en su fe, dedicando tiempo a la oración y al servicio en St. Michael. Pero cuando le surgió la idea del sacerdocio, sintió tanta curiosidad como nerviosismo.

“Recuerdo muy bien que le decía a Dios: ‘No me pidas esto. No estoy listo. No quiero ir’”, compartió al recordar un momento de oración particularmente intenso sobre su vocación.


Mientras tanto, David comenzó a estudiar enfermería. También se involucró “muchísimo en la iglesia”, sirviendo como monaguillo, ayudando en el grupo juvenil y colaborando como ministro extraordinario de la Sagrada Comunión.


Sin embargo, todas esas actividades, por buenas que fueran, terminaron por hacerlo sentir más agobiado que entusiasmado.


“Empecé a ver el sacerdocio como una carga”, recordó. “Estaba tan involucrado que siempre estaba ahí, pero en realidad no estaba presente. Me di cuenta de que lo estaba dando todo, pero no me estaba entregando a mí mismo”.


Al reconocerlo, David comenzó a hacer cambios, dejando algunas de sus actividades para concentrarse más en quién le estaba pidiendo Dios que fuera, en lugar de enfocarse tanto en lo que hacía.


“Era como si el Señor me estuviera invitando a tener una relación más profunda con él a través de la oración”, explicó.


Mientras continuaba sus estudios de enfermería, descubrió que podía integrar mejor su fe en su trabajo y comenzó a “aprender a ver a Cristo en cada paciente”, compartió. A través de su experiencia en el campo de la salud, David comprendió el gran impacto que puede tener el testimonio de una persona.


Aun así, seguía sintiendo que le faltaba algo y la idea del sacerdocio comenzó a surgir nuevamente en su mente. Después de recibir varias invitaciones para considerar el sacerdocio por parte de feligreses, seminaristas, sacerdotes y del arzobispo emérito Samuel J. Aquila, David supo que, por lo menos, tenía que solicitar su ingreso al seminario St. John Vianney.


Ahora, después de casi tres meses de su primer año en el seminario, considera esta experiencia un gran regalo de Dios.


“Ha sido una gran bendición poder dedicar un año a crecer en el amor al Señor y a descubrir quién eres”, compartió con El Pueblo Católico. “También aprender a ser hermano de los otros 28 jóvenes que están en el año de espiritualidad. Tengo que decir que es una gran bendición”.


En pocas palabras, “Este es mi hogar. Aquí es donde debo estar”, afirmó.


David también reconoce que sus raíces mexicanas han sido fundamentales en su camino de fe.


"No pierdan sus raíces. Nuestra cultura nos acerca a Dios. Yo aprendí a rezar en México, aprendí a ser católico en México. Tenemos que llevar eso con nosotros", compartió. "Siento que, al venir de una familia mexicana, pude aprender más sobre quién es Dios".


Para quienes apenas comienzan su camino para acercarse más al corazón de Dios y se preguntan, a sí mismos y al Señor, para qué los ha creado, David tiene un consejo sencillo: “No tengan miedo”.

“Atrévanse a dar el paso, porque, pase lo que pase, él siempre los va a respaldar”, compartió. “Él los va a amar y quiere lo mejor para ustedes. Los ha invitado a ser santos, a estar con él para siempre. Confíen en el amor del Padre”.


(Fotos proporcionadas)


Sencilla apertura de corazón

John Bogumill, quien creció en la parroquia de Risen Christ, en Denver, también encontró inspiración en el testimonio de un sacerdote santo: nada menos que monseñor Ken Leone.


“Creo que su alegría me contagió mucho mientras crecía”, compartió con El Pueblo Católico. “Tuvo un impacto muy grande en mí y, de vez en cuando, pensaba en el sacerdocio”.


Con una apertura sencilla, propia de un niño, John consideraba la posibilidad de ser sacerdote. Incluso recuerda que, cuando monseñor Leone le hizo la clásica pregunta “¿Qué quieres ser cuando seas grande?”, le respondió que no solo quería ser sacerdote, sino también convertirse en el primer estadounidense en ser papa y presidente de Estados Unidos al mismo tiempo.


Con el tiempo, John estudió en Benedictine College, donde participó en un grupo de discernimiento, antes de regresar a Colorado para terminar su carrera en la Universidad de Colorado en Colorado Springs. Al volver, comenzó a trabajar como director de música en la parroquia de Risen Christ.


En ese puesto, vivió una experiencia que lo hizo sentir que había cerrado un ciclo con monseñor Leone, cuando tuvo la oportunidad de llevarlo y traerlo en automóvil a un evento parroquial de recaudación de fondos. Mientras conversaban durante el trayecto, algo que el sacerdote le dijo sobre su propia vocación le llamó especialmente la atención.


Aunque monseñor Leone había sentido el llamado desde muy joven, John recuerda que le explicó que “no fue una gran revelación”, sino más bien una “sencilla apertura” a servir a Dios y a su pueblo como sacerdote.


“Pensar en el sacerdote tan extraordinario que fue y en el gran impacto que tuvo en esta arquidiócesis me inspiró a tener, aunque fuera un poquito, esa apertura sencilla y a ver qué pasaba”, compartió John.


Con el tiempo, esa apertura fue creciendo hasta llevarlo a solicitar su ingreso al seminario. Ahora, después de casi tres meses de formación, John continúa discerniendo si Dios lo llama al sacerdocio. Y esa es precisamente la razón por la que está en St. John Vianney. Según compartió, este tiempo ha sido una bendición para él.


“Ha sido una experiencia muy buena. Cuando nos dijeron cuántos íbamos a ser, al principio pensé que tal vez serían demasiados, pero la verdad es que ha sido divertido”, dijo entre risas. “Hay mucha energía en la casa y muchas personalidades extraordinarias”.


John comentó que ha valorado especialmente el acompañamiento de sus formadores, como el padre Brady Wagner, coordinador del año de espiritualidad, así como el tiempo adicional dedicado a la oración y al silencio.


A quienes apenas comienzan su camino con Jesús, les recordó la importancia de empezar por la oración.


“Todo tiene que comenzar con la oración y con una comprensión cada vez más profunda de nuestra verdadera identidad”, explicó John. “Todos escuchamos el mensaje de que somos hijos amados de Dios, que somos sus hijos e hijas queridos, pero creo que, si solo lo entendemos de manera superficial, eso no significa mucho ni transforma demasiado la vida de las personas. La oración y la reflexión son medios que permiten que esa verdad penetre cada vez más profundamente en nuestro corazón, nuestra mente y nuestra alma”.


Cuando esa base está bien cimentada, seguir el camino por el que Dios nos guía se vuelve mucho más sencillo.


“Una vez que llegas a comprender más profundamente que de verdad eres un hijo amado de Dios, entonces solo se trata de abrirte a su voluntad y confiar en que lo que él quiere para ti es mejor que cualquier cosa que tú puedas imaginar”, concluyó.


Apoyar a nuestros seminaristas

Tanto para David como para John, el camino de la fe y la vocación nunca ha sido un recorrido en solitario. Gracias al testimonio de sacerdotes santos y al ánimo de sus comunidades, ambos han encontrado la fortaleza para seguir al Señor adonde él los guíe.


Ahora que están en el seminario, ambos reconocen que ese apoyo sigue siendo igual de importante.


“Cada vez estoy más convencido de que nadie llega a ser sacerdote si las personas no oran”, enfatizó. “Creo que realmente es un esfuerzo de todos y que los sacerdotes y seminaristas, de verdad, no pueden hacerlo solos”.


Al recordar el gran cambio que vivió durante su primera semana en el seminario, al pasar de trabajar durante el día y vivir con tres compañeros de casa a desconectarse del mundo y compartir su vida con otros 28 jóvenes, John contó que se sintió sostenido por las oraciones de su parroquia.


“Nos mudamos un domingo por la tarde y esa misma mañana yo había sido salmista en la Misa. Al final de la celebración, el padre Scott, párroco de Risen Christ, me llamó al frente e invitó a todos a orar por mí”, recordó. “Sin duda, sentí esas oraciones durante mi primera semana en el seminario”.


David no pudo más que estar de acuerdo. Al pensar en lo que le gustaría decirles a los fieles de la arquidiócesis que apoyan a los seminarios con sus oraciones y su generosidad económica, el nuevo seminarista se llenó de gratitud.


“Gracias por su apoyo espiritual”, dijo dirigiéndose a los fieles de la arquidiócesis. “Gracias por sus oraciones, porque son las que nos ayudan a seguir adelante. Pero también gracias por su apoyo económico, porque sin ustedes nada de esto sería posible. Es una bendición tan grande poder estar aquí y dedicar toda nuestra atención al Señor. Gracias de todo corazón. Gracias por permitirme escuchar lo que Dios quiere de mí, para que yo pueda compartirlo con ustedes”.


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Para obtener más información sobre la próxima Colecta Anual de los Seminarios, que se llevará a cabo los fines de semana del 14 y 15, y del 21 y 22 de noviembre, y para hacer un donativo que apoye la formación de hombres que desean seguir la voluntad de Dios, visita archden.org/futurepriests.

 

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