top of page

Anuncio

Image by Simon Berger

Perspective

Arzobispo Golka recibe el palio de manos del papa León XIV

  • Foto del escritor: André Escaleira, Jr.
    André Escaleira, Jr.
  • hace 3 horas
  • 4 min de lectura

El santo padre impuso el palio a 35 arzobispos de todo el mundo, incluido el pastor del norte de Colorado, en la Basílica de San Pedro en el Vaticano durante la solemnidad de San Pedro y San Pablo.


(Primera foto de Lola Gomez/CNS; otras fotos de André Escaleira, Jr./El Pueblo Católico)


De rodillas en la Basílica de San Pedro en Roma, el arzobispo de Denver, Mons. James Golka, asumió un nuevo manto al recibir el palio de manos del papa León XIV. Tradicionalmente impuesto en la solemnidad de San Pedro y San Pablo, el palio recuerda la unidad de los obispos, sucesores de apóstoles como Pedro y Pablo, y su ministerio de pastorear y predicar la Palabra de Dios, como lo hicieron los mismos apóstoles.


La vestidura de lana, una banda blanca de cinco centímetros de ancho con cruces negras, fue colocada sobre sus hombros, simbolizando el peso de su ministerio de servir al pueblo de Dios en el norte de Colorado.


“El palio representa al Buen Pastor. Un obispo está llamado a participar en su pastoreo del rebaño, especialmente de los perdidos, para ayudar a traerlos de vuelta”, explicó el arzobispo James. “La forma del palio es como la de un pastor que lleva una oveja sobre la espalda. El palio cae por el frente, como si el pastor sostuviera las patas del cordero y lo cargara sobre su espalda. Es algo muy tierno y pastoral, especialmente si este cordero se ha perdido, para traerlo de vuelta a un lugar seguro, a la Iglesia”.


Durante las semanas previas a la Misa del palio, especialmente durante la peregrinación en la que lo acompañaron casi 100 familiares, amigos y fieles de toda la arquidiócesis de Denver, el arzobispo ha subrayado que este momento va más allá de él.


“Esto no es solo para mí; es para toda la arquidiócesis y la metropolitana”, dijo. “Me siento muy humilde y honrado de poder representar a todas las personas bajo nuestro cuidado”.


Ese tipo de unidad estuvo en el centro del mensaje del papa León a quienes se reunieron para la Misa del palio, especialmente a los 35 arzobispos metropolitanos que recibieron sus palios. En su homilía, el santo padre destacó la importancia de reunir a las personas, fomentar el diálogo y escuchar con compasión, “poniendo a Dios en el centro de su existencia y acercándose a los hermanos, atento a sus vicisitudes y a sus necesidades”.


"Queridos hermanos, hoy es importante fijarnos en estos dos santos —Pedro y Pablo— para comprender cómo podemos ser, también nosotros como ellos, apóstoles y artífices de la unidad, servidores generosos de la verdad en la caridad", dijo el papa León. "Es precisamente con este espíritu con el que nos disponemos a celebrar el antiguo y evocador rito de la entrega de los palios a los arzobispos metropolitanos. Esta banda de lana blanca adornada con cruces expresa el compromiso de todo pastor —pero también el de todo cristiano— de llevar sobre sus hombros a los hermanos y hermanas que le han sido confiados, como auténticos corderos del rebaño del Señor, y de sacrificar por ellos energías, tiempo, esfuerzo e incluso la vida, para que el evangelio llegue a todos y el mundo entero encuentre en él armonía y concordia".


Con ese espíritu, durante una hora santa especial la noche anterior a recibir el palio, el arzobispo James pidió a los presentes que rezaran no solo por él mientras se preparaba para encontrarse con el santo padre, sino también por los fieles de la arquidiócesis de Denver, la diócesis de Colorado Springs, la diócesis de Pueblo y la diócesis de Cheyenne, todas bajo su responsabilidad como arzobispo metropolitano.


Al asumir el manto de lana de su servicio, con el cordero perdido sobre sus hombros de manera simbólica, el arzobispo Golka expresó su deseo de permitir que quienes le sirven abran su corazón.


“En ambos extremos del palio hay una marca negra que, según he oído, representa la parte inferior de la pezuña de un cordero. Es casi como si el cordero dejara una huella en el corazón del pastor”, reflexionó. “Cristo hace eso por nosotros: él nos permite dejar nuestra marca en su corazón y nos lleva consigo con ternura y amor. Como obispo, sería hermoso participar de eso y permitir que aquellos a quienes sirvo dejen una huella en mi corazón, para que yo tenga un corazón más abierto al cuidarlos”.


Pero no puede emprender por sí solo esta misión de alcanzar a las ovejas perdidas.


“Jesús sale a buscar al cordero perdido y lo trae de vuelta. Quiero invitarlos a todos ustedes a ayudarme a hacer eso”, dijo el arzobispo James en un mensaje especial en video a la arquidiócesis de Denver. “Hay muchos corderos perdidos en nuestro mundo, en nuestra diócesis, en su familia, en su vecindario. Nosotros no podemos salvarlos; Jesús sí puede. Así que dediquémonos a la tarea de salir y tratar de encontrar alguna manera de traerlos de vuelta al Señor”.


Para quienes estén listos para salir en misión con el arzobispo —quien en su Misa de Instalación dijo que estaba “completamente comprometido"— se les ofreció una sugerencia: vivir con fidelidad, alegría y libertad.


“La mejor manera de hacerlo es ser un católico alegre y feliz”, dijo el arzobispo. “Ellos lo verán y lo van a querer”.


Por la intercesión y el testimonio de los grandes san Pedro y san Pablo, concluyó el papa León, cada cristiano fiel puede avanzar en la fe, la esperanza y la caridad para llevar a otros a Cristo.


“Roguemos a los santos Pedro y Pablo para que nos sostengan en el camino de la comunión, siguiendo las huellas del Salvador. Es el camino que él nos ha marcado, aquello por lo que oró al Padre en la Última Cena (cf. Jn 17,21-23), la meta que nos ha enseñado a anhelar con esperanza confiada”, dijo el santo padre.

bottom of page