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Image by Simon Berger

Perspective

Un comienzo silencioso

  • Foto del escritor: Arzobispo James Golka
    Arzobispo James Golka
  • 27 abr.
  • 3 Min. de lectura
Hombre con vestimenta religiosa púrpura lee en altar con velas encendidas y crucifijo dorado. Fondo de asientos oscuros. Ambiente solemne.
El arzobispo James Golka profesa su fe católica y jura fidelidad a la Iglesia durante las vísperas, una celebración de oración católica de la Liturgia de las Horas, la oración oficial de la Iglesia, antes de asumir su misión como el sexto arzobispo y noveno obispo de la Arquidiócesis de Denver el 24 de marzo del 2026. (Foto por Daniel Petty/El Pueblo Católico)

Hay algo discretamente hermoso en los comienzos que llegan a la luz de la Pascua.


Al comenzar mi ministerio como arzobispo de Denver, encomendado a mí por el santo padre, el papa León XIV, mediante el discernimiento orante de la Iglesia y la guía del Espíritu Santo, me he encontrado volviendo una y otra vez a una sencilla certeza: el Señor ya está obrando. Y nos está invitando a permanecer cerca de él.


Somos un pueblo pascual.


Eso no es solo algo que decimos; es lo que somos. La resurrección de Jesucristo lo cambia todo. Significa que, sin importar lo que enfrentemos, la última palabra nunca es la pérdida ni el desaliento, sino la vida. Significa que Dios siempre está haciendo algo nuevo, incluso cuando no lo vemos de inmediato.


Eso es verdad al inicio de un nuevo capítulo como este. Y también lo es en los días ordinarios que vienen después.


Cuando entré por primera vez a la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción en Denver como su arzobispo, la invitación que llevaba en el corazón era sencilla: dejen que Cristo los sostenga.


No solo en los grandes momentos. No solo cuando la vida va bien. Sino en todo.


Con mucha frecuencia, pasamos rápidamente a lo que tenemos que hacer, a nuestras responsabilidades, a nuestros planes, e incluso a nuestros esfuerzos por servir a la Iglesia. Pero el punto de partida siempre es el mismo: recibir el amor de Cristo. Permitirle que se acerque. Saber que no estamos solos.


Ahí es donde todo comienza.


En Jesús, Dios no permanece distante. Se acerca. Entra plenamente en nuestras vidas, en nuestras alegrías, nuestras luchas y nuestras heridas, y se queda. Se nos entrega por completo y lo sigue haciendo, especialmente en la Eucaristía. Ahí nos alimenta, nos fortalece y nos recuerda quiénes somos.


Y hace todo esto de manera personal. No de forma general, sino por cada uno de nosotros. Dios quiere hacer eso contigo y conmigo.


La Sagrada Escritura nos da esta promesa: “Voy a hacer nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21, 5).


Esa promesa no se refiere solo al final de los tiempos. Está sucediendo ahora. El Señor está obrando de maneras silenciosas, renovando corazones, fortaleciendo la fe y llamando a las personas a acercarse más a él. A veces lo vemos con claridad. A veces no. Pero él siempre está obrando.


De ahí brota la misión de la Iglesia. No es algo que inventemos ni administremos por nuestra cuenta. Es algo que recibimos. El Señor invita a cada uno de nosotros, por medio de nuestro bautismo, a participar en ella, a conocerlo, a amarlo y a ayudar a otros a conocerlo.


Y muchas veces, esa misión se vive de formas sencillas y ocultas: en una conversación, en un acto de misericordia, en el testimonio silencioso de una vida fiel. El Señor se sirve de esos momentos más de lo que imaginamos.


Esa misión nos pertenece a todos.


En el centro de todo está Jesucristo. Él es quien nos guía. Él es quien nos mantiene unidos. Él es quien nos envía hacia adelante. Mi esperanza, como su arzobispo, es simplemente permanecer cerca de él y ayudar a otros a hacer lo mismo.


Ya he visto cuán viva está la fe aquí en el norte de Colorado, en sus parroquias, en sus familias, en las formas silenciosas en que ustedes se sirven y se cuidan unos a otros. Es un regalo estar aquí con ustedes y recorrer juntos este camino.


Dondequiera que te encuentres al leer esto, ya sea en un momento de alegría o en uno más difícil, recuerda: Cristo ha resucitado. Y está cerca.


Deja que se acerque a ti. Deja que renueve lo que necesita renovar. Deja que te sostenga.


Y sigamos caminando juntos en la fe, la esperanza y la caridad como pueblo pascual.

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