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Image by Simon Berger

Perspective

Respuesta a un youtuber sobre la belleza de toda vida humana

  • Foto del escritor: Mary Beth Bonacci
    Mary Beth Bonacci
  • hace 5 días
  • 4 min de lectura

Mientras un youtuber anuncia el aborto de su bebé, quien posiblemente habría nacido con síndrome de Down, la vida de Christi Hockel Davenport ofrece un poderoso testimonio de la belleza, la dignidad y el propósito de toda persona humana.


(Foto cortesía de la familia Hockel/Mary Beth Bonacci)
(Foto cortesía de la familia Hockel/Mary Beth Bonacci)

Hace apenas unos días, el youtuber Jesse Ridgway anunció que él y su esposa habían tomado la “difícil decisión” de abortar a su bebé después de que unas pruebas indicaran que el niño podría nacer con síndrome de Down. En su anuncio dijo: “El síndrome de Down no es una ‘bendición’; objetivamente es algo terrible desde una perspectiva de salud. No me daba cuenta de lo difícil que es para el niño, y mucho menos para la familia… la mayoría de las veces, dependería completamente de otras personas durante el resto de su vida”.


Hay alguien a quien desearía profundamente que hubieran conocido.


Christi Hockel Davenport falleció el 25 de abril a los 47 años. Cuando nació, en la víspera de Navidad de 1978, su madre, Judie, no tuvo la “ventaja” de las pruebas prenatales para detectar el síndrome de Down. Aunque en realidad eso no habría cambiado nada. Dio a luz y se enamoró de su hija, cromosomas incluidos. Los médicos le aconsejaron que la internara en una institución.


“Fue una sugerencia ridícula”, recordaría más tarde. “Por supuesto que iba a llevar a mi hija a casa”.


Y eso fue exactamente lo que hicieron: la llevaron a un hogar lleno de vida, con cuatro hermanos y una hermana. Allí fue criada no como una “paciente con síndrome de Down”, sino como una persona única, con fortalezas y debilidades como cualquier otra. Con la ayuda de una educadora especializada, no solo aprendió a leer y escribir, sino que también llegó a hablar con fluidez tres idiomas: inglés, español y lengua de señas. Se graduó de la preparatoria. Asistió a un colegio comunitario, donde obtuvo un promedio de 3.9. Aprendió a conducir.


Pronto, el mundo comenzó a conocer a esta mujer extraordinaria. Se convirtió en una conferencista frecuente en encuentros sobre el síndrome de Down y fue oradora principal en la conferencia de 2009 del Congreso Nacional sobre el Síndrome de Down. Fue el rostro de la campaña “More Alike Than Different” (Más parecidos que diferentes) de esa organización y colaboró con ella para conformar su consejo de Autodefensores. También apareció en el documental de 2023 Into the Spotlight, sobre una compañía de teatro musical integrada por actores con discapacidades intelectuales y del desarrollo.


Y se enamoró. Austin Davenport compartía su fe, su amor por el baile y su cromosoma adicional. Austin y Christi se casaron. Cuando no estaban recorriendo el país presentando sus bailes y dando conferencias para mostrar la belleza de una vida vivida con síndrome de Down, vivían de manera independiente en su hogar de Dallas, donde ella trabajaba como asistente de maestra en una escuela católica local.


Christi tenía un mensaje para el mundo: “Estoy aquí. Vivo. Amo. Importo”.


Y amaba con intensidad. Amaba a su familia, que recibía con frecuencia tarjetas hechas por ella misma, siempre acompañadas de recordatorios de lo afortunados que eran por tenerla en sus vidas. Amaba a los niños con quienes trabajaba y disfrutaba de ayudarlos a resolver sus problemas. Y amaba a su Austin, disfrutando plenamente de la vida cotidiana que compartían.


Cuando él falleció repentinamente en 2021, ella quedó devastada y sufrió su pérdida como cualquier otra viuda.


“Siempre me hacía feliz cuando me abrazaba”, dijo. “Extraño su amor cariñoso”.


En una ocasión, la madre de Christi le preguntó si desearía no haber nacido con síndrome de Down. Su respuesta fue: “No vuelvas a decirme eso, mamá. Sí, tengo síndrome de Down y no olvides que tengo ese cromosoma 21 adicional”.


Para Christi, su vida sí era una bendición.


Ella no veía ese cromosoma como un defecto. Era simplemente un aspecto más de su persona, algo que formaba parte de quien era. No quería ser encasillada ni estereotipada. Quería y exigía que la vieran como la persona única que era. Y también quería que quienes compartían ese cromosoma adicional fueran vistos de la misma manera: como personas que viven, aman y siguen el plan único que Dios tiene para sus vidas.


Creo que, como sociedad, hemos perdido el sentido de que los hijos no nos pertenecen.

Pertenecen a Dios: son dones que nos son confiados como parte de su plan más grande, con propósitos que quizá nunca lleguemos a comprender plenamente en esta vida. En cambio, hemos llegado a verlos como posesiones personales que podemos moldear según nuestros deseos y, aparentemente, si no cumplen nuestras expectativas, eliminarlos y volver a intentar. Jesse Ridgway dijo: “Estamos emocionados de intentarlo de nuevo en el futuro y esperamos obtener un mejor resultado”. El “mejor resultado” que aparentemente buscan es un bebé “mejor”.


Quizá, si los Ridgway hubieran conocido a Christi, habrían reconocido que cada niño es un milagro y que no existe un bebé “mejor” que aquel que Dios tenía pensado para ellos desde el principio de los tiempos. Y que, si hubieran entregado tiempo, dedicación y amor a ese niño, habrían visto desplegarse el plan de Dios de maneras asombrosas en su vida. Sí, habría habido sacrificios. Pero también habría habido bendiciones abundantes y maravillosas. Y muchísimo amor.


Hacia el final de su vida, Christi recibió el Premio Mujer en la Historia otorgado por las Hijas de la Revolución Americana. Lo merecía plenamente. Esa sola vida marcó una enorme diferencia en el mundo. Y creo que su impacto apenas está comenzando.


“La inteligencia no siempre es lo que hace feliz a la gente. Amar y ser amado es lo que hace feliz a las personas”. Christina Hockel Davenport, 1978-2026

Para leer el obituario completo de Christi y el hermoso homenaje a su vida, haz clic aquí.

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