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Image by Simon Berger

Perspective

Arquidiócesis de Denver lanza primer programa de apoyo entre compañeros para el clero junto con la diócesis de Colorado Springs

  • Foto del escritor: Sheryl Tirol
    Sheryl Tirol
  • hace 12 horas
  • 9 Min. de lectura
Grupo de hombres sonrientes, muchos con collares de cruces, posan en una sala. Fondo gris y suelo de alfombra. Ambiente formal.
37 diáconos y 4 sacerdotes se reunieron para poner en marcha lo que, según los organizadores, podría ser el primer programa de apoyo entre compañeros entre clérigos patrocinado por una diócesis del país. (Foto proporcionada)

Cuando el diácono Ernie Martínez asumió hace tres años su cargo como director de diáconos de la Arquidiócesis de Denver, llevó consigo una experiencia que pocos clérigos poseen: 40 años de servicio en el Departamento de Policía de Denver, donde fue testigo de primera mano de cómo el apoyo entre compañeros puede salvar vidas.


Esa experiencia, hoy, se ha traducido en lo que los organizadores consideran la primera iniciativa de apoyo entre compañeros y de resiliencia para el clero patrocinada por una diócesis en Estados Unidos, un programa diseñado para atender el peso, muchas veces invisible, que cargan quienes ministran a otros.


“Nadie sobrevive solo a esta vocación”, dijo el diácono Ernie. “En las fuerzas del orden decimos ‘cuida mi espalda’, es decir, estoy contigo cuando no ves lo que viene. En la Iglesia decimos algo más antiguo y santo: ‘Ámense los unos a los otros como yo los he amado’. Lenguaje distinto, misma misión”.


El programa se lanzó en enero con una capacitación básica de certificación de cuatro días, dirigida por el Dr. John Nicoletti, psicólogo clínico de reconocimiento internacional que ha dedicado más de 40 años al desarrollo de sistemas de apoyo entre compañeros para primeros respondedores. Cerca de 35 diáconos de Denver y dos de Colorado Springs completaron la formación, junto con cuatro sacerdotes.


La iniciativa ha contado con el respaldo tanto del obispo de Colorado Springs, James Golka, como del arzobispo de Denver, Samuel J. Aquila, quienes se dirigieron a los participantes durante la capacitación.


Una mujer y un sacerdote sonríen sentados en una mesa blanca. Ambiente de conferencia, fondo de sillas rojas. Ambos llevan credenciales azules.
El diácono Michael Baird, director de pastoral de la arquidiócesis, sonríe durante el Día Anual del Diácono de la arquidiócesis. (Foto de Daniel Petty)

En su mensaje, el arzobispo Samuel subrayó la dimensión espiritual del apoyo entre compañeros y la realidad de las luchas que enfrenta el clero.


“Como diáconos hermanos, como sacerdotes hermanos, a veces simplemente necesitan a alguien que de verdad los escuche, porque pueden quedar tan atrapados en la oscuridad que no creen que exista esperanza alguna”, dijo el arzobispo. “El diablo les mete en la cabeza que no hay esperanza o que para Dios es imposible”.


El arzobispo insistió en la importancia de fundamentar este trabajo en la esperanza.

“Pero en Cristo siempre hay esperanza, y eso es en lo que hay que centrarse”, dijo. “Hay una esperanza muy real, incluso en medio de la oscuridad, que pueda estar presente”.


El padre Brad Noonan, párroco de la parroquia Our Lady of the Pines en Black Forest, sacerdote desde hace 27 años y capellán de bomberos en el área de Colorado Springs, así como capellán de policía en Parker, también participó en la capacitación. El padre Brad ya había completado hace 17 años una formación similar de apoyo entre compañeros, con el Dr. Nicoletti, para los departamentos de bomberos y policía de Castle Rock, lo que le da una perspectiva única sobre cómo este modelo se adapta a distintas profesiones.


“Estamos bendecidos de tener al arzobispo Samuel y al obispo James, que se preocupan por sus sacerdotes y diáconos”, dijo el padre Brad. “Cuando se les presentó esto, ambos dijeron: ‘Excelente, hagámoslo’. Eso es un regalo extraordinario”.


Dos clérigos con vestimenta beige se abrazan en una iglesia ornada. Expresan cercanía. Fondo con estatuas blancas y detalles religiosos.
El recién ordenado diácono Abram Leon, abrumado por la emoción, es recibido por el arzobispo Samuel J. Aquila durante la misa de ordenación el 14 de junio de 2025. (Foto de Daniel Petty)

Un vacío en el cuidado pastoral

Para el diácono Joe Hensley, de la parroquia St. Jude en Lakewood, el programa responde a una necesidad crítica que ha observado a lo largo de su ministerio.


“Las expectativas sobre el clero son muy distintas”, dijo el diácono Hensley. “A veces creamos vínculos muy profundos con los feligreses y, cuando alguien fallece, puede haber un duelo real. Uno tiene que aprender a procesar ese dolor que siente o el que ha absorbido de la situación”.


El diácono Joe, que ha servido como diácono mientras equilibra responsabilidades profesionales, señaló que el clero suele enfrentar lo que él llama “fatiga por duelo”, el desgaste emocional acumulado de acompañar a las personas en sus peores momentos. El nuevo programa busca ayudar a los clérigos a enfrentar esa “fatiga” mediante recursos concretos ofrecidos por otros clérigos, además del apoyo institucional ya existente.


“No tienes que ir hasta arriba para todo”, explicó. “Esto es como una primera parada. Hay una experiencia compartida entre diáconos y el clero que realmente marca la diferencia”.


A través del nuevo programa de apoyo entre compañeros, el clero de la Arquidiócesis de Denver y la Diócesis de Colorado Springs se empodera para apoyarse y servirse mutuamente, fomentando la fraternidad y ayudando a llevar la luz de Cristo en momentos difíciles. (Foto de Daniel Petty)
A través del nuevo programa de apoyo entre compañeros, el clero de la Arquidiócesis de Denver y la Diócesis de Colorado Springs se empodera para apoyarse y servirse mutuamente, fomentando la fraternidad y ayudando a llevar la luz de Cristo en momentos difíciles. (Foto de Daniel Petty)

Más que una respuesta a la crisis

El padre Matthew Book, vicario para el clero de la Arquidiócesis de Denver, ve el programa como una respuesta a un patrón destructivo que puede desarrollarse entre los clérigos.


“Puede formarse una especie de círculo negativo en el que alguien lucha, luego se aísla y, en ese aislamiento, lucha todavía más, y todo se va cerrando cada vez más”, dijo el padre Matthew. “Esta iniciativa de apoyo entre compañeros revierte esa situación, ya que al mostrar apoyo a un compañero, logran salir de ese aislamiento”.


El programa se diferencia de los programas tradicionales de asistencia al empleado o de las simples derivaciones a la consejería. Basada en el modelo desarrollado por el Departamento de Policía de Denver, que estableció un sistema formal de apoyo entre pares en 1982, la capacitación prepara a los clérigos para reconocer indicadores conductuales de estrés, comprender las respuestas ante el trauma y ofrecer apoyo confidencial a sus hermanos en el ministerio.


El diácono Mike Magee, de Our Lady of Loreto en Foxfield, ordenado en el 2009, ve el programa como una respuesta tanto a las crisis agudas como a los desafíos cotidianos.


“Aumenta mi conciencia de estar atento a mis hermanos”, dijo el diácono Mike. “Alguien puede mencionar estrés en el trabajo, miedo a despidos y preocupaciones por pagar las cuentas. La capacitación me ayuda a no quedarme en un ‘suerte con eso’, sino a buscarlo semanas después y decirle: ‘Oye, ¿cómo vas? ¿Necesitas algún recurso?’”.


El diácono Mike, que también ministra en la cárcel del condado de Arapahoe y en un centro estatal de corrección juvenil, subrayó la importancia de la “escucha compasiva” en una cultura que con frecuencia aplasta a las personas.


“Creo que nuestro papel como clero es usar las palabras como llaves para abrir corazones, ser oyentes, mostrar compasión”, dijo. “Este programa nos brinda un recurso para ofrecer ayuda real, ya sea que alguien necesite desahogarse u orientación hacia servicios profesionales de salud mental”.


Sacerdote en traje negro habla al micrófono en un podio en un salón. El fondo tiene cortinas blancas y gente sentada. Ambiente formal.
El diácono Ernie Martínez, director de diáconos de la arquidiócesis, considera que el programa es una forma de garantizar que el clero sepa que no está solo, incluso en medio de crisis y dificultades. (Foto de Daniel Petty)

Desafíos culturales

El padre Matthew señaló que el clero enfrenta presiones específicas en la sociedad contemporánea, por lo que el apoyo entre pares resulta cada vez más vital.


“Hay demandas increíbles en las parroquias y en los ministerios, debido a las patologías de nuestra cultura”, dijo. “Hay rupturas en las personas y en las familias, como vemos claramente en la sociedad, y sacerdotes y diáconos están llamados a entrar en esa brecha. Y eso no los deja intactos”.


Añadió que, sin el apoyo adecuado, los clérigos pueden recurrir a conductas poco saludables para afrontar sus dificultades.


“Sacerdotes que buscan falsos remedios para las tristezas y luchas que enfrentan, lo cual puede ser muy dañino para ellos, para su gente y para la Iglesia en general”, dijo el padre. “Así que este apoyo entre pares no solo es bueno para los sacerdotes y diáconos, sino también para las personas a las que Dios los llama a servir”.


Fundamento bíblico

El padre Matthew también destacó el fundamento bíblico del enfoque.


“Creo que es una realidad profundamente bíblica, evangélica, caminar con otros, entrar en las dificultades y cargar esas cruces junto con ellos”, dijo.


El sustento teológico del programa se apoya especialmente en Gálatas 6,2: “Lleven los unos las cargas de los otros y así cumplirán la ley de Cristo”.


“San Pablo no dice: ‘Manejen sus propias cargas en silencio’”, señaló el diácono Ernie. “Sufrimos con alguien más. Dependemos unos de otros. El apoyo entre pares no es debilidad, es bíblico, es fraterno y es fundamental para la misión”.


El arzobispo Samuel retomó este fundamento bíblico en su mensaje, recordando a los participantes el anuncio del evangelio: “Para Dios nada es imposible. ¿De verdad creemos eso y estamos convencidos de ello?”.


La capacitación puso tanto énfasis en qué no decir en situaciones traumáticas como en qué decir. El Dr. Nicoletti utilizó ejemplos de su trabajo posterior al tiroteo de Columbine, mostrando cómo preguntas bienintencionadas como “¿Cómo te sientes?” pueden aumentar el malestar en momentos de crisis.


“A veces el Espíritu Santo te da las palabras y otras simplemente se trata de estar ahí”, dijo el diácono Joe al describir lo que el papa Francisco ha llamado el “ministerio del acompañamiento”.


Tres hombres posan en una iglesia. Dos visten trajes religiosos rojos y dorados; el tercero lleva uniforme negro. Sonríen. Fondo blanco decorado.
El diácono Ernie Martínez, el arzobispo Samuel J. Aquila y el sargento Keith Cruz del Departamento de Policía de Denver posan para una foto después de la Misa Azul arquidiocesana de 2025 en honor a los socorristas. (Foto de Joe Donelson)

Terreno compartido con primeros respondedores

El diácono Ernie ve paralelos claros entre los primeros respondedores y el clero católico, lo que hace que el modelo de apoyo entre pares sea especialmente adecuado.


“Tanto los primeros respondedores como el clero católico viven con un peso”, dijo. “Entramos en los peores días de los demás. Absorbemos traumas que no causamos. Se espera que estemos serenos cuando todo es caos. Estamos entrenados para correr hacia el peligro: físico, emocional y, especialmente, espiritual”.


El padre Brad, que ha pasado 27 años acompañando a primeros respondedores en medio del trauma como capellán de bomberos y policía, coincidió con esta conexión.


“Lo que también encontramos en los servicios de bomberos y en las fuerzas del orden es que el apoyo de compañero a compañero es increíblemente importante”, dijo. “Hay muchas cosas que se pueden hacer: ir con un clínico, buscar ayuda terapéutica externa, pero el apoyo entre pares es sumamente importante”.


El programa aborda todo el espectro de desafíos que enfrenta el clero, desde la muerte del cónyuge de un diácono hasta el desgaste ministerial. También reconoce las presiones particulares del ministerio ordenado, donde la autoridad no proviene del rango, sino del sacramento del orden.


“Como diáconos, estamos ordenados a imagen de Cristo servidor”, dijo el diácono Ernie. “Los sacerdotes siempre son diáconos también; primero se ordenan diáconos y luego sacerdotes. Esto se trata de asegurarnos de que nuestros diáconos y sacerdotes no caigan en crisis ni en apatía al enfrentar solos los desafíos”.


Construir resiliencia

El padre Matthew subrayó que el programa no solo atiende a crisis agudas, sino también a los desafíos sostenidos que enfrenta el clero.


“Muchas de las cargas del clero quizá no sean una crisis aguda, sino el peso constante de múltiples responsabilidades y desafíos, la disponibilidad permanente o el llamado constante a entregarse a la gente”, dijo. “Me entusiasma cómo esta iniciativa nos ayudará a hacerlo mejor, con resiliencia, con renovación que viene del Señor y de nuestros hermanos, para que ese esfuerzo sostenido al que el clero está llamado y las luchas constantes que pueden existir puedan vivirse bien y no se conviertan en algo que los vaya desgastando con el tiempo”.


Los diáconos Phil McNulty y Luke Oestman, ordenados en 2023, sonríen durante la reunión anual del Día del Diácono de la arquidiócesis. (Foto de Daniel Petty)
Los diáconos Phil McNulty y Luke Oestman, ordenados en 2023, sonríen durante la reunión anual del Día del Diácono de la arquidiócesis. (Foto de Daniel Petty)

Apoyo del liderazgo

En su mensaje a los diáconos y sacerdotes reunidos para la capacitación inicial, el arzobispo Samuel reconoció los desafíos propios del ministerio y expresó su confianza en el valor de la iniciativa.


“Esta nueva iniciativa es algo que realmente puede ayudar y asistir”, dijo. “Es un ministerio que se necesita”.


El arzobispo también enfatizó la importancia de conocer los propios límites y saber cuándo derivar a un clérigo a recursos profesionales, recordando su propia experiencia de acompañar a sacerdotes en crisis.


“Puedo caminar con ellos por un tiempo, pero luego se trata de entregarlos a alguien que tenga la formación y la capacidad para brindarles la consejería que realmente necesitan”, dijo.


Mirando al futuro

Los apoyadores certificados entre compañeros recibirán formación y capacitación continua conforme el programa se desarrolle. El diácono Ernie espera ampliar la red y, eventualmente, servir como modelo para otras diócesis en todo el país.


El padre Brad, quien anteriormente fue vicario de sacerdotes en la diócesis de Colorado Springs, ve esta iniciativa como parte de una conversación más amplia sobre el bienestar del clero. Señala artículos recientes en publicaciones como Priest sobre “la absoluta necesidad del autocuidado sacerdotal”, así como libros que analizan la salud psicológica y espiritual de los sacerdotes.


“Mi esperanza es que en algún momento esto llegue a todas las diócesis de Estados Unidos”, dijo el padre Brad. “Si los obispos están interesados, pueden decir: bueno, existe un programa de apoyo entre pares para sacerdotes y diáconos. Aquí hay un modelo porque he visto lo bien que funciona en los servicios de bomberos y en las fuerzas del orden”.


La necesidad es real, señaló el padre Brad.


“Cada cierto tiempo veo algo sobre un sacerdote que se suicida o que está luchando seriamente con una enfermedad mental o con depresión. A veces buscan ayuda, lo cual es importante”, explicó. “Caminar con quienes están luchando es de importancia crítica. Tendemos a no pensar mucho en la supervivencia emocional. Este es otro recurso para eso”.


Para el diácono Mike, el programa representa un cambio cultural en la forma en que la Iglesia cuida a quienes cuidan de otros.


“Sentirse como si estuvieras en una isla, sin nadie con quien hablar, es muy distinto a escuchar: ‘Oye, yo pasé por eso también. Esto fue lo que hice. Así fue como lo afronté’”, dijo. “No somos solucionadores. No podemos arreglar todos los problemas de todos. Pero sí podemos caminar unos con otros”.


El programa opera bajo estrictos protocolos de confidencialidad, garantizando que el clero pueda buscar apoyo sin temor a juicios ni repercusiones profesionales. Al igual que su contraparte entre primeros respondedores, la red de apoyo entre pares funciona tanto como una red de seguridad como una medida preventiva.


“El diablo es real”, dijo con sencillez el diácono Ernie. “Tenemos que enfrentarlo. Pero la Escritura nos recuerda que no lo hacemos solos. Jesús no envió a los discípulos solos; los envió de dos en dos. Incluso los apóstoles necesitaban a alguien que caminara a su lado”.

 

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