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Image by Simon Berger

Perspective

‘Aquí estoy, Señor, envíame’: Paul Glaser y la Ermita Regina Caeli

  • Foto del escritor: Arquidiócesis de Denver
    Arquidiócesis de Denver
  • hace 10 horas
  • 3 Min. de lectura
Dos hombres sonríen frente a una pared de madera naranja. Uno viste hábito gris, el otro, chaqueta marrón. Texto: Appeal in Action.

Nacido y criado en Nebraska, Paul llegó a Colorado a los 21 años, siguiendo a sus amigos de la universidad, entre ellos uno que más tarde sería su cuñado. Empezó a trabajar en la construcción y se integró a la parroquia St. John the Evangelist, en Loveland, que se convirtió en su comunidad parroquial. Ahí conoció al padre Roger Mollison, un sacerdote que, sin saberlo, marcaría el rumbo de su vida décadas después. 


“Me mudé a Denver como en 1986”, recordó Paul. “Luego, hacia el 2009, alguien de St. Thomas More [en Centennial] me pidió que fuera a ver un trabajo eléctrico en una nueva comunidad católica en las montañas”. 


El proyecto consistía en suministrar energía eléctrica de forma permanente a una pequeña ermita que funcionaba con un generador desgastado. Solo después Paul se enteró de que la propiedad, el Ermita Regina Caeli, había sido adquirida y sostenida nada menos que por el padre Roger. 


“Dije: ‘Ah, lo conozco’”, recordó con una sonrisa. 


Después de completar ese primer trabajo, Paul no volvió durante casi una década. La ermita era utilizada por temporadas por los Hermanos de San Juan, pero en el 2019 los Caballeros de Colón de las parroquias St. Thomas More, en Centennial, y St. Mark, en Highlands Ranch, comenzaron a colaborar en reparaciones urgentes. 


“Yo era un nuevo Caballero de Colón, de tercer grado, siguiendo los pasos de mi padre”, contó Paul. “En esa reunión conocí al padre Francis [Nekrosius, CSJ] y empezamos a identificar toda la infraestructura que necesitaba reparación o reemplazo”. 


Dos años después, una inundación arrasó el valle y destruyó el único camino de acceso a la ermita. 


“El padre Francis me pidió que subiera”, recordó Paul. “Luego vino el incendio Cory, que amenazó la propiedad al año siguiente. Aunque la ermita se salvó, quedó claro que el camino y la infraestructura debían cumplir con los estándares de emergencia”. 


En ese momento, Paul estaba por jubilarse tras toda una vida en la construcción. Incluso había solicitado ser voluntario en el Pacific Northwest Trail


“Pero después del incendio, el padre Francis volvió a llamarme”, dijo. “Vi la necesidad y pensé: el sendero puede esperar. Siempre tengo presente ese pasaje de la escritura: ‘Aquí estoy, Señor, envíame’”. 


Así que Paul se quedó. 


Durante los últimos dos años, ha trabajado junto con los Caballeros de Colón coordinando y ayudando a reconstruir el camino, los sistemas eléctricos y los servicios que sostienen la ermita. El trabajo es arduo, requiere maquinaria pesada y excavar entre rocas de montaña. 


“La roca es muy dura para excavar”, explicó. “Era un antiguo sendero minero para jeeps y tuvimos que convertirlo en un camino de verdad”.


Gracias a esos esfuerzos, la ermita ahora tiene acceso confiable durante todo el año, lo que representa un gran cambio para los Hermanos de San Juan, que antes solo podían usarla por temporadas. 


“Antes no venían en invierno por la nieve”, dijo Paul. “Ahora pueden mantener el camino y usarlo todo el año. Es un lugar tranquilo, silencioso y muy hermoso”. 

En el proceso, Paul ha descubierto que el trabajo físico también puede ser una forma de oración. 


“Hay una satisfacción al poner tus habilidades, que Dios te dio, al servicio de los demás, en gratitud por todas las bendiciones que has recibido”, reflexionó. 

Trabajar codo a codo con otros caballeros también ha fortalecido su fe. 

“Esto me ha acercado más a los Caballeros de Colón”, afirmó. “Hemos estado aquí como voluntarios, trabajando hombro con hombro. Y ver la fe de esta comunidad me inspira”. 


Se espera que las obras del camino concluyan este año o la próxima primavera, pero Paul sabe que la misión aún no termina. 


“El plan a largo plazo es construir tres cabañas de oración para que más personas puedan venir a este lugar”, explicó. “Hay un circuito del rosario, un jardín de oración y un viacrucis. Va a ser algo muy especial”. 


Paul anima a otros a visitar la ermita Regina Caeli y experimentar su paz en persona. 

“Son 40 acres y es muy tranquila”, dijo. “Se pueden ver venados, alces y hasta pumas. Es un lugar realmente hermoso y pacífico”. 

Cuando se le pregunta qué lo motiva a seguir sirviendo, su respuesta sigue siendo sencilla. 

“Vi la necesidad y supe que necesitaban ayuda”, dijo. “El Pacific Northwest podía esperar. Aquí estoy, Señor, envíame”. 


¡Felicidades, Paul, por haber sido nombrado Discípulo del Mes de la Colecta Anual del Arzobispo! 


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