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Image by Simon Berger

Perspective

Antes de comprar la mochila nueva…

  • Foto del escritor: Escritor Invitado
    Escritor Invitado
  • hace 2 días
  • 4 min de lectura
(Photo: Lightstock)
(Photo: Lightstock)

Por Jordan Langdon, LCSW

Asesora para padres de familia

Families of Character


Hay algo en agosto que hace sentir que comienza un nuevo año.


Tal vez sea el montón de útiles escolares en todas las tiendas o el calendario que, de repente, se llena de un día para otro. Sea lo que sea, todos empezamos a pensar lo mismo: este año será diferente.


Nos prometemos que seremos más organizados. Las mañanas no serán tan apresuradas. La tarea no se convertirá en una batalla todas las noches. Cenaremos en familia con más frecuencia.

Y entonces… llega la vida.


Si eres como yo, antes de comenzar a planear el nuevo ciclo escolar, vale la pena detenernos un momento y mirar hacia atrás.


Quizá suene extraño. ¿No deberíamos mirar hacia adelante?


No necesariamente.


A lo largo de las Escrituras, Dios pide una y otra vez a su pueblo que recuerde. Antes de enviarlos hacia adelante, les recuerda que miren hacia atrás y reconozcan los momentos en los que él ha sido fiel. Mirar hacia atrás no significa quedarnos atrapados en lo que salió mal. Se trata de reconocer los dones que ya hemos recibido.


Como padres de familia, pocas veces nos permitimos hacer eso.


En cambio, repasamos nuestros fracasos. Recordamos las mañanas en las que perdimos la paciencia. Los permisos escolares que olvidamos firmar. Las noches que terminaron con todos agotados. Pero ¿qué pasaría si también recordáramos lo que sí funcionó?


Tal vez tu familia por fin encontró un desayuno que todos disfrutaban. Quizá las oraciones antes de dormir se convirtieron en una tradición muy querida. Tal vez los martes de tacos te hayan salvado más de una vez. Quizá tu hijo se sinceraba contigo cada tarde durante el trayecto de regreso a la escuela.


Esos momentos importan. De hecho, muchas veces es ahí donde se construye la cultura familiar.

La guía gratuita de reflexión de Families of Character (Familias con carácter) parte de esa sencilla idea. Antes de hacer nuevos planes, te invita a ti y a tu cónyuge a revisar el ciclo escolar pasado y preguntarse: “¿Qué queremos repetir? ¿Qué queremos dejar atrás?”.


Me encanta este enfoque porque muchas veces buscamos soluciones completamente nuevas cuando Dios ya nos ha mostrado lo que trae paz a nuestra familia.

Hay una idea de la guía que se me ha quedado grabada durante años.


Se refiere a lo que Families of Character llama las “Ventanas de influencia”: los primeros tres minutos después de que tu hijo se despierta, los primeros tres minutos después de reencontrarse al terminar la jornada escolar y los últimos tres minutos antes de dormir.


Nueve minutos. Eso es todo.


Nueve minutos cotidianos que ofrecen una oportunidad extraordinaria para comunicar: “Me alegra que estés aquí. Eres importante. Dios te ha confiado a mi cuidado”.


Como católicos, sabemos que la gracia a menudo se encuentra en las cosas ordinarias. El pan y el vino se convierten en la Eucaristía. El agua se convierte en el comienzo de una vida nueva.


Las rutinas sencillas de la familia pueden convertirse en momentos en los que los hijos experimenten el amor de Cristo a través de sus padres.


Tal vez sea trazar la señal de la cruz en la frente de tu hijo antes de que salga a la escuela. Quizá sea guardar el celular cuando sube al auto después de clases, para que sepa que tiene toda tu atención. O tal vez sea terminar cada noche con una bendición, en lugar de un último recordatorio de la tarea del día siguiente.


Ninguno de esos momentos exige perfección. Solo requieren nuestra presencia.


La Iglesia suele llamar a la familia la “Iglesia doméstica”. Siempre me ha encantado esa expresión porque me recuerda que nuestros hogares son el lugar donde la fe se hace realidad. Los hijos aprenden sobre el perdón porque nos ven pedir disculpas. Aprenden generosidad porque nos ven servir. Aprenden sobre el amor incondicional de Dios porque experimentan el nuestro.


Al comenzar otro ciclo escolar, quizá la pregunta más importante no sea: “¿Cómo logramos que todos salgan de casa a tiempo?”.


Sino: “¿En quiénes queremos convertirnos como familia este año?”.


Los horarios importan. La tarea importa. Los deportes, las actividades y las rutinas tienen su lugar.

Pero nada de eso es la meta.


La meta es formar hijos que sepan que Dios los ama profundamente y que, cada día, puedan experimentar en su propio hogar un pequeño reflejo de ese amor.


Si buscas una manera práctica de comenzar, te animo a descargar la guía gratuita de reflexión de Families of Character. Aparta una hora con tu cónyuge después de que los niños se hayan dormido. Sírvete una taza de té, o quizá una copa de vino, y simplemente conversen. Celebren lo que salió bien. Ríanse de lo que no salió como esperaban. Pídanle a Dios que los guíe durante el ciclo escolar que comienza.


Después, escuchen juntos el episodio 62 de Families of Character Show, “Mejores prácticas para una transición tranquila de regreso a clases”. Es un complemento natural de la guía de reflexión y ofrece ideas prácticas que los ayudarán a prepararse para el ciclo escolar con mayor intención.

Después de todo, prepararse para el regreso a clases no se trata realmente de mochilas ni de loncheras. Se trata de preparar el corazón, incluido el nuestro.

Para recursos y descargar la guía, haz clic aquí. (*Solo en inglés),


 

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