¿Te está llamando Dios a la política?

Desde las juntas escolares y los concejos municipales hasta la defensa de causas y el servicio público, los católicos tienen oportunidades de llevar su fe a la vida pública y de trabajar por el bien común.

Por Nathan Fisher
Director asociado
Conferencia Católica de Colorado
La fe y la política tienen una relación profundamente interconectada, aunque claramente diferenciada. Como católicos, cada aspecto de nuestra vida debe estar iluminado por nuestra fe, incluida nuestra manera de entender la política y de participar en ella.
Lo aprendí de primera mano durante mis años de trabajo en la política.
Mi camino comenzó en el ámbito municipal y del condado y, con el tiempo, me llevó al capitolio estatal de Colorado, donde desempeñé diversos cargos, desde asistente legislativo hasta jefe de gabinete de un partido político. Hoy soy director asociado de la Conferencia Católica de Colorado.
Más importante aún, ese camino me ayudó a volver a la Iglesia y comenzar a formar mi propia familia.
Conocí a mi esposa, quien también es conversa, mientras trabajaba en el capitolio. Mi antiguo jefe, el líder de la minoría en la Cámara de Representantes, se convirtió en mi padrino y en uno de mis mayores apoyos durante mi conversión. Gracias a Dios, he estado rodeado de muchas otras personas que viven su fe y me inspiran a mantener la mía presente en mi trabajo diario. A través de esas experiencias, he llegado a creer que, para algunos laicos católicos, el servicio político puede incluso ser una vocación.
Discernir un llamado a la vida política
Santo Tomás Moro, patrono de los gobernantes y los políticos, nos ofrece un modelo a seguir. Su dedicación a vivir una vida virtuosa debe inspirarnos al participar en la política. Estuvo dispuesto a sacrificarlo todo, excepto su amor y su obediencia a Dios. Su ejemplo nos muestra que lo más importante de nuestros esfuerzos políticos son nuestros principios morales y nuestro compromiso de actuar conforme a ellos.
Pero eso no siempre sucede en nuestra época apostólica. La política puede atraer a personas que buscan poder, influencia y beneficios materiales. Incluso quienes entran en ella por las razones correctas pueden dejarse absorber fácilmente por las cosas del mundo. La fe, la oración, la prudencia y el discernimiento son esenciales para mantener los pies en la tierra y para pedir al Espíritu Santo que guíe nuestras acciones.
Si lo que nos interesa es promover nuestra propia visión terrenal del mundo, no lo estamos haciendo bien.
En la Conferencia Católica trabajamos con ambos lados del espectro político porque ningún partido representa plenamente nuestros valores católicos. Nuestro objetivo no puede ser simplemente la victoria partidista. Un católico fiel entra en la vida política para servir al bien común.
Eso no significa que todo católico esté llamado a postularse a un cargo público. Pero, así como las distintas partes del cuerpo de Cristo tienen diferentes funciones (ver Romanos 12, 4-5), los católicos tenemos distintos papeles que desempeñar en la vida cívica. Algunos pueden estar llamados a ser candidatos. Otros pueden dedicarse a la defensa de causas, apoyar a buenos candidatos, entablar relaciones con funcionarios públicos o simplemente involucrarse más en sus comunidades.
Lo importante es discernir dónde Dios te está pidiendo que sirvas.
Comienza cerca de casa
Cuando la gente piensa en política, suele dirigir de inmediato su atención a las elecciones presidenciales, al Congreso o a otros debates nacionales. Todo eso es importante, pero algunas de las decisiones que tienen mayor impacto en nuestra vida cotidiana se toman mucho más cerca de casa.
Mi primer trabajo en la política consistía en dar seguimiento a las juntas y comisiones locales, así como a las reuniones del concejo municipal y de los comisionados del condado. Vi cómo se tomaban decisiones sobre la zonificación, el agua, las propiedades y la manera en que se gastarían los impuestos recaudados localmente.
Muchas de estas decisiones reciben poca atención porque los reflectores de la política nacional brillan con tanta intensidad.
Aquí cobra especial importancia el principio católico de subsidiariedad. En ese momento no me daba cuenta, pero mi propio camino en la política siguió los principios de subsidiariedad y solidaridad: comencé en el ámbito local y aproveché esa experiencia para trabajar a nivel estatal, respetando al mismo tiempo el papel de esas comunidades más pequeñas.
A menudo, el mejor trabajo se realiza a nivel local, donde las comunidades conocen mejor sus propias necesidades.
Esto significa que los católicos interesados en el servicio político no tienen que empezar por imaginar una campaña para el Congreso. Infórmate sobre tu concejo municipal, la comisión de tu condado o la junta escolar. Conoce las comisiones de planificación y zonificación, los distritos de agua y otras juntas locales. Averigua qué puestos están vacantes o cuáles estarán próximos a elecciones.
Después, empieza a hacerte presente.
Da el primer paso
Involucrarse en la política puede parecer algo fuera de nuestro alcance, como si fuera necesario contar con muchos seguidores, tener contactos políticos o disponer de un importante respaldo para recaudar fondos. Esa no ha sido mi experiencia.
Lo peor que podemos hacer es dejarnos intimidar y quedarnos al margen.
Cuando comencé en la política, investigué lo que realmente estaba sucediendo y después me involucré con grupos dedicados a la defensa de causas. Si tuviera que empezar de nuevo, comenzaría por conocer a personas ya involucradas, como quienes trabajan en la Conferencia Católica, y aprendería de ellas.
Habla con otros feligreses que participan activamente en tu comunidad. Asiste a reuniones del gobierno local. Cultiva relaciones con legisladores, miembros de su personal y personas dedicadas a la defensa de causas. Comunícate con la Conferencia Católica de tu estado, que puede ayudarte a comprender temas importantes y ponerte en contacto con otras personas que ya participan en la vida pública.
Sobre todo, sé constante y hazte presente. La política me enseñó que nada se logra por sí solo. Se necesitan personas que desempeñen distintos papeles y trabajen juntas por el bien común, algo que también vemos reflejado en nuestra fe y en nuestras parroquias.
El Señor me ha bendecido enormemente a través de las personas que he conocido a lo largo del camino, muchas de las cuales han marcado mi vida para siempre.
¿Acaso no es eso parte de lo que estamos llamados a hacer mientras buscamos nuestra vocación: conocer personas, permanecer arraigados en la oración y difundir el evangelio?
La política podría parecer un lugar poco probable para encontrar todo eso. Pero si el Señor te está llamando a servir ahí, él proveerá.
Así que da el primer paso. No tengas miedo. Pregúntale al Señor dónde hacen falta tus dones y discierne cómo puede estar llamándote a utilizarlos para el bien común.








