top of page

Anuncio

Image by Simon Berger

Perspective

Una discípula que encontró en las familias el corazón de su misión

Foto del escritor: Arquidiócesis de Denver
Arquidiócesis de Denver
3 sept
3 min de lectura

Actualizado: 9 sept

(Foto proporcionada)
(Foto proporcionada)

Cuando Peggy Morrow recuerda sus casi 10 años dedicados a la formación en la fe en la parroquia St. Scholastica, en Erie, reconoce la obra del Espíritu Santo desde el principio.


“El Espíritu Santo nos inspiró al padre Robert Wedow y a mí, guiándonos a través de diversas experiencias para introducir la formación familiar en la fe”, dijo Peggy.


Esas inspiraciones llevaron, poco a poco, a Peggy y al padre Robert, párroco de la comunidad, a adoptar un enfoque que situaba a los padres y a las familias en el centro de la formación de sus hijos. El cambio más significativo se produjo durante la pandemia de COVID-19, cuando la posibilidad de confinamientos generó la necesidad inmediata de contar con un programa de formación que las familias pudieran seguir juntas desde casa.


Al principio, fue simplemente una respuesta práctica ante una situación fuera de lo común. Sin embargo, poco después, Peggy comenzó a darse cuenta de que algo más profundo estaba ocurriendo.


“Durante las entrevistas para los sacramentos, para el padre Robert fue evidente que, por primera vez en sus 20 años de sacerdocio, los padres comprendían su papel como principales educadores de sus hijos”, dijo.


Otras parroquias que implementaron enfoques similares vieron lo mismo. Más adelante, cuando la Arquidiócesis de Denver compartió investigaciones sobre los factores que ayudan a que la fe perdure de generación en generación, estas confirmaron lo que Peggy ya había presenciado de primera mano: es más probable que la fe eche raíces cuando se vive y se comparte en el hogar.


Hoy, esta convicción orienta su manera de abordar la formación en la parroquia St. Scholastica, en Erie. Peggy quiere que las familias experimenten la alegría de la fe, por lo que sus clases suelen estar llenas de historias y de juegos catequéticos.


“Aunque estamos aprendiendo, también nos divertimos”, dijo Peggy. “La alegría y la risa son contagiosas. Compartir experiencias agradables es algo natural y sencillo”.


También anima a los jóvenes discípulos del programa a llevar a casa lo que aprenden y a conversar sobre ello con sus familias.


“Cuando tenemos que expresar con palabras lo que estamos aprendiendo, eso contribuye a nuestra formación, fortalece nuestras relaciones y la fe de quienes nos rodean”, dijo.


Algunos de los momentos más significativos para Peggy han ocurrido durante la adoración eucarística, cuando observa a padres e hijos aprender juntos a permanecer en silencio ante la presencia de Cristo. A menudo recuerda las palabras del arzobispo James de que Jesús siempre entra en un lugar antes que nosotros, algo que ella ha visto una y otra vez a medida que las familias se sienten cada vez más cómodas al pasar tiempo con el Señor.


Sus propios años de formación también han influido en su manera de servir. Durante seis años de estudios en la escuela bíblica y catequética de la División Laical del Seminario St. John Vianney, Peggy llegó a comprender las Sagradas Escrituras como una guía para nuestra vida actual.


“La Biblia es lo único que podemos leer que ha sido escrito por Dios”, dijo, haciendo referencia a la inspiración divina de los autores humanos de las Sagradas Escrituras. “Jesús es la Palabra, y su Palabra crea en nuestros corazones y en nuestras mentes un mapa que nos muestra cómo llegar a la eternidad para estar con él. Es nuestro mapa hacia el tesoro escondido del cielo”.


Tras casi 10 años de esta labor, Peggy reconoce con gratitud a las muchas personas que la han hecho posible: el padre Robert, los catequistas voluntarios, los diáconos, el personal de la parroquia, las familias, sus compañeros feligreses, otras parroquias, el personal de la arquidiócesis y, por supuesto, su propia familia.


La lección que surgió durante aquella etapa inesperada sigue presente en su labor. Ya sea guiando a los niños en ejercicios de oración, acompañando a las familias ante el Santísimo Sacramento o viendo cómo un padre descubre su papel como primer educador de su hijo en la fe, Peggy sigue constatando una misma verdad: el hogar es uno de los lugares más importantes donde la fe se aprende, se vive y se transmite.


¡Felicidades, Peggy, por haber sido nombrada Discípula del Mes de la Colecta Anual del Arzobispo!

 

bottom of page