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Perspective

Un año sin Francisco: el retrato más íntimo del papa contado por quien le llamaba "Padre"

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    Escritor Invitado
  • hace 58 minutos
  • 4 Min. de lectura

Hombre y religioso con sotana blanca conversan alegremente en una sala amplia con techo geométrico y sillas rojas. Ambiente cordial.
Cernuzio forjó con el pontífice argentino una relación comparable a la que tiene un abuelo con su nieto. | Crédito: Salvatore Cernuzio

Por Victoria Cardiel | ACI Prensa


Cuando está a punto de cumplirse el primer aniversario del fallecimiento del papa Francisco, el periodista del Vaticano, Salvatore Cernuzio, publica Padre (editorial Piemme) un libro que ofrece un retrato íntimo y humano de Jorge Mario Bergoglio, nacido de una relación personal que el propio autor define como “un regalo inesperado”.


En entrevista con ACI Prensa, Cernuzio explica que aquella relación comenzó a partir de una carta que le entregó “impulsivamente” al papa durante el viaje apostólico a Irak, en marzo de 2021. Francisco la leyó un mes después —”porque leía todo, absolutamente todo lo que llegaba a sus manos”— y decidió llamarlo por teléfono.


“Me dijo que la carta le había impresionado mucho y que le había hecho bien como sacerdote”, recuerda el periodista. A partir de esa llamada llegó un primer encuentro con su familia, seguido de varias conversaciones a solas, intercambios de correos electrónicos con notas manuscritas escaneadas y llamadas frecuentes que se mantuvieron hasta el final.


El libro "Padre" ha sido publicado en italiano. Crédito: Salvatore Cernuzio
El libro "Padre" ha sido publicado en italiano. Crédito: Salvatore Cernuzio

Detalles domésticos que revelan a un papa coherente

El libro, escrito en italiano, reconstruye las decenas de encuentros mantenidos en la Casa Santa Marta, la residencia del pontífice, donde Francisco —que falleció el 21 de abril del 2025— solía recibirle con un alfajor argentino o le mostraba la pequeña nevera en la que guardaba su helado preferido: el dulce de leche. Detalles domésticos que revelan a un papa fiel a sí mismo, lejos del boato del protocolo.


A Francisco le gustaba romper el hielo con una broma, fuera quien fuera su interlocutor. Cernuzio recuerda, por ejemplo, cuando el papa vio llegar vestida de blanco a la primera ministra italiana Giorgia Meloni a un acto de los Estados Generales de la Familia en Roma y le dijo con ironía: “¿Ha venido a hacer la primera comunión?”.


Para Francisco, Prevost es “un santo”

El libro recoge otras revelaciones sorprendentes. En una conversación sobre nuevos cardenales, al mencionarse el nombre del obispo estadounidense —y peruano de adopción— Robert Francis Prevost, el papa Francisco zanjó la cuestión con una frase rotunda: "Es un santo".


Uno de los pasajes más conmovedores sitúa al lector en la habitación del Hospital Gemelli, donde el papa permaneció ingresado desde el 14 de febrero hasta la víspera del Domingo de Ramos de 2025. El décimo piso estaba completamente blindado: sólo los médicos, su secretario, el sacerdote argentino Juan Cruz Villalón, su enfermero Massimiliano Strappetti y un par de gendarmes del Vaticano tenían permiso para acceder allí.


Sin embargo, Cernuzio, que con los años forjó con el pontífice una relación comparable a la que tiene un abuelo con su nieto, sí pudo visitarlo y abrazarlo.


"De él he aprendido que el perfil del papa es profundamente humano: no sólo porque es cercano con la gente, sino porque también tiene preocupaciones, acumula cansancio y hay cosas que le dan satisfacción y otras que lo conmueven o lo entristecen", explica.


El periodista reconoce que no siempre fue fácil contener con él su instinto de periodista. Una de las preguntas a las que no pudo resistirse se refería a la imagen que dio la vuelta al mundo el 27 de marzo de 2020, cuando Francisco rezó solo en una Plaza de San Pedro desierta, en plena pandemia. “¿Qué pensó mientras caminaba hacia San Pedro?”, le preguntó. La respuesta fue tan sencilla como reveladora: “En no resbalarme”, le dijo el Papa con su sorna habitual, según revela el libro.


Su forma de escuchar, te hacía sentir "importante"

Pero lo que más destaca Cernuzio es la forma de escuchar del papa. “Tenía una característica especial, cuando le hablabas —incluso de cuestiones menores de la vida cotidiana o de algo que podía parecer insignificante frente a sus grandes responsabilidades—, conseguía hacerte sentir ‘visto’, es decir, importante, acogido y único en ese momento”, revela.


El libro también recorre las preocupaciones más profundas de Francisco en los últimos meses de su vida, marcados por el dolor ante las guerras y por los viajes que deseaba realizar, pero que la salud ya no le permitió emprender. 


Entre esos destinos estaban la Franja Gaza, las Islas Canarias, Cabo Verde, varios países de África, Turquía con motivo del 1700.º aniversario del Concilio de Nicea, el Líbano herido. “Sé que preguntó a su staff si, en sus condiciones, era posible viajar, quizá con oxígeno o, aunque fuera, sólo por un día”, revela el periodista sobre este destino, al que finalmente viajó el Papa León XIV en noviembre y que, junto a Turquía, fue el primer viaje del pontificado del nuevo pontífice.

El periodista revela que otro de los sueños de Francisco nunca cumplidos fue el de convertirse en el primer pontífice en visitar China.


“Quería además seguir impulsando el camino de la sinodalidad y, sin duda, le habría gustado clausurar el Jubileo, que estaba feliz de haber podido inaugurar”, detalla Cernuzio, quien relata que el papa Francisco, más que por su salud, “sufría por no poder hacer más” por el mundo.


Su última conversación

Pocos días antes de su muerte, el secretario de Francisco avisó al periodista de que el papa quería verle para entregarle unos huevos de Pascua para sus hijos. Estaba muy debilitado y apenas pudieron hablar. “Como tenía problemas de audición, al despedirme le agarré las manos y le grité: ‘Padre, ¿sabe que le quiero?’. Él me hizo un gesto con la mano, como diciendo: ‘Sí, sí, pero no grites... yo también, yo también’. Fue nuestra última conversación”, recuerda en el libro.


Padre no es un ejercicio de hagiografía, sino el testimonio de una amistad que revela a un Papa de andar por casa. “De él he aprendido que el papa es humano, no en el sentido de ser simplemente cercano o afectuoso, sino porque también tiene preocupaciones, cansancio y plazos que afrontar; porque hay cosas que le arrancan una sonrisa de satisfacción y otras que lo conmueven o lo entristecen”, comparte el periodista.


Asegura que uno de sus mayores legados fue su empeño por no temer el conflicto, porque —como le enseñó el propio pontífice— es de ahí que “nacen el encuentro, el diálogo y las ideas”.


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