Santidad en Estados Unidos: 5 santos y testigos católicos que muestran 250 años de gracia en nuestra nación
- Aaron Lambert

- hace 1 día
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A medida que los Estados Unidos marcan 250 años, estos santos y testigos nos revelan cómo Dios ha inspirado a católicos a educar, servir, evangelizar y fortalecer la Iglesia en los EE. UU.

Nota del editor: Al acercarnos a los 250 años de nuestra nación, contemplamos a los muchos santos y testigos que Dios ha suscitado para edificar su Reino en la tierra. Estas almas brillan por su valiente anuncio del evangelio, su vida de oración, su amor por los pobres y su sincero deseo de buscar el corazón de Dios. Ellos nos muestran que Dios llama siempre a los fieles a vivir con virtud y fe y que, junto con nosotros, quiere transformar el mundo. En esta serie especial, "Santidad estadounidense", conoceremos a cincuenta santos y testigos católicos que Dios ha llamado a fortalecer la Iglesia estadounidense.
Este año, al celebrar el 250 aniversario de la fundación de Estados Unidos, se nos ofrece la oportunidad de mirar atrás y recordar a algunas de las figuras históricas que han ayudado a forjar el legado de nuestra gran nación.
Ciertamente, hay muchas personas estadounidenses que vale la pena mencionar, George Washington, Abraham Lincoln, Martin Luther King Jr., Susan B. Anthony y muchas más, pero igual de importantes son aquellas figuras dentro de la Iglesia que fueron invaluables para anunciar la buena nueva del evangelio en tierras estadounidenses y para ejemplificar un espíritu cristiano que ha llegado a ser sinónimo de los valores de Estados Unidos.

Santa Isabel Ana Seton
¿Qué mejor lugar para comenzar que con la primera ciudadana estadounidense nacida en el país en ser declarada santa? Santa Isabel Ana Seton nació en la ciudad de Nueva York el 28 de agosto de 1774, en el seno de una familia episcopal acomodada y prominente.
Tristemente, su vida estuvo marcada por la muerte desde muy pequeña, pues perdió a su madre y a su hermana antes de cumplir cuatro años. En 1794 se casó con William Magee Seton, quien padeció tuberculosis durante gran parte de su vida. Él murió a causa de su enfermedad en 1803, mientras la pareja se encontraba en Italia. Fue allí donde santa Isabel conoció la fe católica. Regresó a Nueva York viuda y fue recibida en la Iglesia dos años después, en 1805. Nunca volvió a casarse; en cambio, dedicó su vida a servir a la Iglesia.
Santa Isabel escribió una vez: “Las aflicciones son los escalones hacia el cielo”, y fue precisamente a través de las aflicciones de su vida que alcanzó el lugar que le correspondía en la eternidad. Además de criar a sus cinco hijos, dos de los cuales fallecieron trágicamente, santa Isabel se mudó a Maryland y fundó la primera congregación religiosa femenina en Estados Unidos, las Hermanas de la Caridad. También ayudó a establecer la primera escuela parroquial, St. Joseph, que sembró las semillas de la educación católica en Estados Unidos.
En sus 46 años, demasiado breves, santa Isabel encarnó todo lo bello de Estados Unidos y el impacto de su testimonio valiente y fiel sigue resonando hoy.

Sierva de Dios Julia Greeley
Conocida como el ángel de la caridad de Denver, Julia Greeley vivió una vida silenciosa y humilde de servicio a los pobres, aunque ella misma era pobre. Nació en la esclavitud en Hannibal, Misuri, en algún momento entre 1833 y 1848; se mudó a Denver en 1878, después de su emancipación, para trabajar para Julia Gilpin, a quien Julia atribuyó el mérito de “darme mi fe”. Llevaba una cicatriz de su esclavitud en el ojo derecho que le afectó durante toda su vida.
Bautizada el 26 de junio de 1880, Julia comenzó su profunda relación con Jesús, con su Sagrado Corazón y con su Iglesia. A pesar de sufrir artritis severa, caminaba a varias estaciones de bomberos de Denver el primer viernes de cada mes para entregar folletos del Sagrado Corazón. También llevaba discretamente comida, medicinas y otras provisiones a familias pobres en la oscuridad de la noche, dando de lo poco que tenía.
Julia también comulgaba diariamente y ayunaba con regularidad, sosteniéndose únicamente con el Cuerpo de Nuestro Señor; una vez le dijo a un sacerdote: “La comunión es mi desayuno”. Providencialmente, Julia murió en la fiesta del Sagrado Corazón de 1918. En los años posteriores a su muerte, Denver llegó a conocer la humildad de su corazón. Todo lo que hizo, lo hizo por amor a Cristo y al prójimo.
En el 2016 se abrió la causa de canonización de Julia, convirtiéndola en la primera persona de Colorado propuesta para la santidad. Ahora reconocida como sierva de Dios, está sepultada en la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción de Denver, un honor distinguido y muy apropiado para alguien tan humilde de corazón. Como señaló el obispo Jorge Rodríguez durante su ceremonia de sepultura: “[Julia Greeley] será la primera persona enterrada en la catedral de Denver. No un obispo, no un sacerdote, sino una mujer laica, una exesclava. ¿No es algo extraordinario?”

Madre Cabrini
La primera ciudadana estadounidense naturalizada en ser declarada santa, santa Francisca Javier Cabrini, hizo honor en todo sentido a su título más afectuoso de “madre”. Nació el 15 de julio de 1850 en Sant’Angelo Lodigiano, Italia, y su herencia italiana, junto a su profunda fe católica, moldeó todo su ministerio.
En 1880 fundó las Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús con una sola misión: difundir el amor de Jesús entre los marginados de la sociedad, enfocándose en brindar educación, atención médica y servicios sociales a quienes atendían.
La madre Cabrini sentía el llamado a ir hacia el Oriente y servir como misionera con sus hermanas en China, pero el papa León XIII le ordenó ir, en cambio, “no al Oriente, sino al Occidente”. Así, emprendió el viaje a Estados Unidos, donde los inmigrantes italianos estaban gravemente desatendidos y rechazados por la sociedad estadounidense.
Después de un peligroso viaje por el Atlántico, la madre Cabrini y sus hermanas llegaron a la ciudad de Nueva York. A pesar de las grandes dificultades y fiel a su lema tomado de la Carta de San Pablo a los Filipenses, “Todo lo puedo en aquel que me da fuerzas” (4, 13), perseveró. Llegó a establecer escuelas, orfanatos y hospitales en todos los Estados Unidos, incluso en Colorado.
Estados Unidos fue fundado como un país construido sobre la esperanza, y la madre Cabrini ejemplificó lo mejor del espíritu estadounidense, especialmente el llamado, tan propio de Estados Unidos, a cuidar de los inmigrantes y tratarlos con dignidad.

Beato Michael McGivney
Nacido en Waterbury, Connecticut, en 1852, el joven Michael fue el primer hijo de los inmigrantes irlandeses Patrick y Mary McGivney. Mientras crecía, Michael experimentó de primera mano un gran prejuicio, pues la sociedad de aquellos días no trataba bien a los católicos irlandeses. Sin embargo, su fe católica lo sostuvo y lo ayudó a superar esas dificultades para llevar a cabo el gran plan de Dios para su vida.
Ordenado sacerdote en 1877, se ganó la reputación de ser un hombre cercano al pueblo. Por aquel tiempo, muchos hombres eran atraídos por sociedades secretas anticatólicas que ofrecían beneficios sociales y laborales. El padre McGivney, al reconocer la necesidad de brindar apoyo económico y social a los hombres mientras fortalecían su fe, decidió actuar al respecto. En 1882 fundó los Caballeros de Colón y lo demás, como suele decirse, es historia.
Debido a las duras condiciones laborales de la época, los hombres católicos a menudo fallecían en el trabajo, dejando a sus familias en la miseria. Los caballeros buscaban brindar apoyo a las viudas y a los hijos que se encontraban en esa trágica situación.
Bajo la guía del padre McGivney, los caballeros contribuyeron a difundir la fe católica en todo el país. Al vivir los principios fundamentales de unidad, caridad, fraternidad y patriotismo, la organización fraternal se convirtió en un medio para realizar las obras de misericordia corporales, una misión que continúa con fuerza hasta hoy y fortalece el tejido mismo de Estados Unidos.

Arzobispo Fulton Sheen
Aunque hoy parezca impensable, hubo un tiempo en la historia de Estados Unidos en el que un arzobispo católico dominaba tanto las ondas de radio como la televisión y podía verse cada semana en millones de salas familiares de todo el país. El arzobispo Fulton Sheen, quien finalmente será beatificado el 24 de septiembre, fue un predicador dotado, un evangelizador firme y uno de los católicos estadounidenses más influyentes del siglo XX.
Nacido en El Paso, Illinois, el 8 de mayo de 1895, el joven Fulton tuvo una crianza humilde en una granja, junto a sus padres y sus tres hermanos. Incluso desde pequeño, Fulton mostró gran promesa; de hecho, parecía destinado a ser sacerdote. Fue ordenado en 1919 y, tras años de estudio en la Universidad Católica de América, en Washington, D.C., y en la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica, rápidamente se convirtió en un teólogo reconocido. Más adelante enseñaría en varias universidades católicas y fue nombrado obispo en 1951.
Como pastor, el arzobispo Sheen era cercano pero firme y su predicación resonaba tanto entre católicos como entre no católicos. Usó los medios de comunicación de su tiempo para difundir el mensaje y las enseñanzas de la Iglesia, primero por radio, a partir de 1930, y luego por televisión, a partir de 1951. Su programa semanal de televisión, Life Is Worth Living, atraía a unos 30 millones de espectadores cada semana y le hizo merecedor de un premio Emmy como personalidad más destacada.
No hay manera de saber cuántas conversiones se debieron al arzobispo Sheen, pero, considerando su alcance e impacto, es muy probable que toda una generación de católicos haya aprendido algo nuevo sobre la fe gracias a él y haya sido atraída a una relación más profunda con Cristo. Podría decirse que ninguna figura católica, aparte del papa, ha ejercido una mayor influencia en el catolicismo estadounidense durante el último siglo. A medida que la Iglesia se prepara para la beatificación del arzobispo Sheen, Estados Unidos puede estar agradecido por haber anunciado la verdad del evangelio a un mundo que la necesita desesperadamente.
Santos estadounidenses de hoy
Los ejemplos de estos santos y futuros santos siguen brillando con fuerza hoy y su legado permanece vivo en la fe que proclamaron con tanta valentía y que animó las buenas obras que realizaron como ciudadanos estadounidenses. Estaban orgullosos de su país, pero aún más de su fe.
Al mirar hacia los próximos 250 años de Estados Unidos, ¿quiénes serán los grandes santos estadounidenses de nuestra época?









