St. Therese, primera iglesia católica de Aurora celebra su centenario


La primera iglesia católica de Aurora fue fundada en 1926 por el padre Henry Geisert, quien se había mudado de San Luis, Misuri, a Colorado por motivos de salud. El sacerdote decidió poner a la parroquia bajo el patrocinio de santa Teresita de Lisieux, quien acababa de ser canonizada, para cumplir una promesa que había hecho a cambio de recuperar la salud.
En su lecho de muerte, en 1897, la joven carmelita francesa de 24 años había prometido pasar su cielo haciendo el bien en la tierra, dejando caer “una lluvia de rosas”, símbolo de las gracias recibidas por medio de su intercesión. En recuerdo de esta promesa de la pequeña flor, los vitrales de la iglesia de Aurora están decorados con rosas.
Este mes, la parroquia St. Therese celebra su centenario, así como el 70.º aniversario de su escuela. Según su párroco, el padre Jaime Valdez, los cien años de historia de la parroquia son testimonio de su misión evangelizadora, que continúa de generación en generación.
“Los primeros sacerdotes que llegaron aquí eran misioneros en un lugar nuevo”, comentó el párroco, originario de México. “La historia de esta parroquia es una obra misionera que sigue adelante”.
“Una fe. Una familia. Un siglo de bendiciones” es la reflexión que guía la celebración del centenario, mientras que el lema del aniversario es “Un siglo de fe, un futuro de esperanza”.
La parroquia inició los festejos de su centenario con un festival el domingo siguiente a la fiesta de santa Teresita, que se celebra el 1 de octubre. La conmemoración principal fue una Misa presidida por el obispo auxiliar Jorge Rodríguez el 11 de octubre, seguida de una recepción. Para el obispo, esta celebración representa un regreso a casa, pues fue vicario parroquial de St. Therese de 1999 a 2001.
(Fotos: Archivo del Denver Catholic Register)
Pioneros de la fe católica
En 1903, un fraile franciscano de la parroquia St. Elizabeth de Denver celebró la primera Misa en Aurora, en la escuela Sable. El padre Marcellus viajaba en tranvía y en carruaje tirado por caballos para llegar a aquella comunidad rural.
Durante al menos doce años, los frailes celebraron la Misa en la escuela o en el edificio comunitario frente a ella. Posteriormente, las Misas se celebraron en el noviciado de las Hermanas de la Misericordia, situado en la avenida 14 y la calle Dayton, hasta su cierre en 1922. A partir de entonces, los fieles católicos de Aurora acudían a la parroquia St. James de Denver para participar en la Eucaristía.
En junio de 1926, cuando el obispo J. Henry Tihen encomendó al padre Geisert la fundación de una iglesia, el sacerdote y unas 40 familias católicas compraron la casa del antiguo noviciado y seis terrenos contiguos para establecer la primera iglesia de St. Therese.
El segundo y el tercer párroco, el padre Daniel Barry y el padre Louis Mertz, respectivamente, guiaron a St. Therese durante las dificultades de la Gran Depresión y hasta la década de mayor crecimiento de la parroquia, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. A causa de la guerra, se amplió el Hospital Fitzsimons y se abrieron la Base de la Fuerza Aérea Lowry y el aeródromo de Buckley, lo que provocó un crecimiento acelerado de la población de Aurora.
Este crecimiento hizo necesaria la construcción de una iglesia mucho más grande. En 1949, la parroquia compró 48 terrenos en la avenida 12 y la calle Kingston y el nuevo templo fue dedicado en 1951. Poco después se construyeron una escuela y un convento para las Hermanas de la Caridad de Leavenworth, quienes estarían a cargo de la enseñanza. Ambos edificios fueron dedicados el 23 de septiembre de 1956.
Con el paso de los años, la escuela se amplió en dos ocasiones y el templo se remodeló. En 2012, el conjunto de edificios de la parroquia St. Therese fue declarado distrito histórico por ser la primera iglesia católica romana de Aurora y por sus contribuciones espirituales y educativas a la ciudad.
(Fotos: Archivo del Denver Catholic Register)
Pilar de la comunidad en medio de los cambios
“La iglesia ha sido un pilar para la comunidad”, comentó Kelan O'Toole, feligrés de 62 años, al reflexionar sobre la fortaleza de la parroquia frente a los cambios demográficos y el cierre de diversas instituciones. “A pesar de todas las adversidades que ha enfrentado Aurora, la parroquia se ha mantenido fiel a sus raíces y ha perseverado”.
El padre de Kelan pertenecía a la Fuerza Aérea y trasladó a su familia a Aurora en 1965. Kelan y sus diez hermanos crecieron en la parroquia y asistieron a la escuela parroquial. Recuerda con cariño a las religiosas que les daban clases, su servicio como monaguillo, los deportes que practicaba y una ocasión en la que asistió con sus compañeros a un partido de los Denver Nuggets, cuando el equipo todavía formaba parte de la Asociación Americana de Baloncesto (ABA, por sus siglas en inglés).
“Era la noche del baloncesto, así que me regalaron un balón. Fue algo muy memorable”, recordó entre risas.
Dos de los hermanos de Kelan se convirtieron en sacerdotes misioneros. Él considera que sus vocaciones fueron fomentadas en parte por la iglesia y la escuela. Kelan y su esposa se casaron en el templo y sus hijas recibieron allí los sacramentos y asistieron a la escuela. Su esposa ha trabajado en el plantel durante unos 18 años.
Kelan, quien se desempeña como gerente de proyectos de tecnología de la información, ha participado en distintos ministerios parroquiales y ha ocupado puestos de liderazgo tanto en la parroquia como en la escuela. Aunque él y su esposa, ahora abuelos, viven fuera de los límites territoriales de la parroquia, siguen eligiendo St. Therese para vivir su fe, atraídos por el ambiente familiar y el espíritu de reverencia que allí encuentran.
“Ha sido una parte muy importante de mi vida”, expresó Kelan. “Sin ella, siento un vacío”.
Según Kelan, la zona que rodea la parroquia cambió considerablemente tras el cierre de Lowry y Fitzsimons en la década de 1990. Durante ese periodo, la población hispana de Aurora casi se cuadruplicó, según informó The Denver Post. En 1993, St. Therese incorporó su primera Misa en español.
“Ahora, la mayoría de los feligreses son hispanos, entre ellos muchos inmigrantes”, explicó el padre Jaime. “Sienten soledad y, a veces, se sienten abandonados, pero venir a la iglesia los ayuda a sentir que Dios está con ellos”.
Kelan señaló que el traslado de varios hospitales y prestigiosas escuelas de medicina y de ciencias de la salud al antiguo campus de Fitzsimons está transformando nuevamente el vecindario. Los militares están dando paso a médicos, investigadores, profesores y empresarios del sector de la biotecnología, lo que impulsa la revitalización de la zona.
(Fotos cortesía de la parroquia St. Therese, Aurora)
Hogar lejos de casa
Por la gracia de Dios, la comunión fraterna es una de las características que distinguen a la parroquia. El padre Jaime resumió la esencia de esta comunidad en dos palabras: “Oración y fraternidad”.
Lupita Vázquez llegó de México a Denver en 2011, cuando era adolescente. Hoy es esposa, madre de familia y asesora universitaria de ayuda financiera. En la parroquia St. Therese se siente acogida, apoyada y llamada a servir. Para ella, la parroquia es el centro de la vida espiritual de su familia.
“Es como mi segundo hogar”, comentó Lupita, quien lleva 15 años formando parte de la comunidad. “Es increíble que tenga 100 años. Es una gran bendición contar con nuestra iglesia, nuestra comunidad y nuestros sacerdotes”.
Tanto Lupita como su esposo participan activamente en los ministerios parroquiales. Sus dos hijas, de cinco y seis años, asisten a la Escuela Católica Clásica St. Therese, que fomenta la búsqueda de la verdad, la belleza, la bondad y la unidad como parte de la formación de los discípulos de Cristo.
“A mis hijas les encanta”, aseguró Lupita. “Dios es la prioridad, y eso me gusta mucho. La escuela pone mucho énfasis en la fe, pero también en la formación académica. Cuando mi hija mayor terminó el kínder, ya sabía leer”.
Patrick Imoh, de 40 años, es un ingeniero sénior de redes originario de Nigeria. En junio de 2025 se mudó a Colorado por motivos de trabajo, tras haber vivido en Michigan. Él y su esposa tienen tres hijos y llevan un año en St. Therese. La parroquia les brinda un profundo sentido de aceptación, dignidad y pertenencia.
“No te ven como alguien diferente a ellos, sino como uno más de la comunidad”, expresó Patrick.
Él y su familia valoran la calidez de la comunidad hispana y la oportunidad de conocer y compartir su idioma y su cultura. Sus dos hijos mayores recibieron los sacramentos de la comunión y la confirmación en la parroquia durante la pasada primavera. Patrick agradece haber sido invitado a servir como lector y facilitador de la Orden de Iniciación Cristiana de Adultos (OICA), una labor que considera muy gratificante.
Patrick proviene de una familia profundamente católica. Uno de sus tíos es el arzobispo de la Arquidiócesis de Calabar, en Nigeria. Para él, las homilías que invitan a la reflexión y el acompañamiento pastoral que recibe en St. Therese tiene un valor incalculable.
“Siempre salimos de la iglesia sintiéndonos plenos”, afirmó.
Marlene Stienes visitó por primera vez la iglesia St. Therese para asistir a una Misa de precepto mientras trabajaba en Lowry. Desde el primer momento se sintió como en casa gracias al ambiente familiar de la comunidad. En 1983 decidió integrarse a la parroquia.
“Es como una segunda familia para mí”, expresó.
Marlene nació en Iowa, en una familia de 15 hijos, y tiene una hermana gemela. Creció en la fe católica en una granja de 230 acres y se mudó a Colorado por motivos de salud en 1974.
Hoy, a sus 85 años, continúa participando activamente en los ministerios parroquiales. Sirve como ministra extraordinaria de la sagrada comunión, pertenece a la Sociedad del Altar y del Rosario, ayuda a dirigir el rezo del rosario después de la misa diaria y se encarga de mantener ordenada el área de devoción.
Aunque tiene muchos familiares, solo uno de sus sobrinos vive en Colorado. Marlene nunca se casó y disfruta profundamente el tiempo que comparte con su familia parroquial.
Agradecida por las celebraciones del centenario ya realizadas y entusiasmada con las que están por venir, Marlene destacó en especial una novena en la que pidieron la intercesión de la santa patrona de la parroquia durante los días previos a su fiesta.
“Rezamos por todas las personas que construyeron la iglesia, por todos los que estudiaron aquí y por todos los que vienen a Misa”, recordó.
Inspirada por santa Teresita, quien abrió camino hacia la santidad con su “caminito”, basado en hacer las cosas pequeñas con mucho amor, Marlene reflexionó sobre su propia vejez.
“Espero seguir activa hasta el día de mi muerte”, expresó. “Y aunque eso signifique simplemente estar sentada en una banca de la iglesia rezando, también está bien”, concluyó.








