Servir al lado del arzobispo Samuel: Lecciones de amistad, oración y sacerdocio
- Escritor Invitado

- 10 mar
- 3 Min. de lectura
Desde colectas parroquiales hasta liturgias tipo "Super Bowl", un sacerdote comparte el testimonio del sacerdocio y la humanidad del arzobispo Samuel Aquila.

Por el padre Scott Bailey
Párroco, Risen Christ en Denver
Sacerdote secretario, 2014—2018
Nota del editor: Durante los últimos casi 14 años, muchos han llegado a conocer al arzobispo Samuel en todo el norte de Colorado, mientras ejercía su ministerio, enseñaba, predicaba y bendecía a los fieles de la arquidiócesis.
Pero aunque muchos han llegado a conocer a su padre espiritual y pastor, cinco hombres tuvieron un asiento en primera fila de su ministerio apostólico al servir al arzobispo como sacerdotes secretarios.
En la siguiente reflexión, uno de los cinco sacerdotes secretarios comparte las lecciones que aprendieron del lado y el trasfondo del ministerio del arzobispo Samuel.
Cuando fui sacerdote secretario del arzobispo, el Denver Catholic todavía se publicaba como periódico impreso. Durante esos años, mi mamá guardó cada ejemplar porque sabía que en casi todos aparecía una foto mía, siempre en el fondo de alguna imagen del arzobispo. Y yo estaba feliz de estar “en el fondo” de su ministerio.
Muchos sacerdotes sirven directamente al pueblo, pero el secretario está llamado a servir al arzobispo y a asistirlo en su papel único como pastor de toda la arquidiócesis.
Durante cuatro años tuve el privilegio de apoyar al arzobispo Samuel en ese rol. Quisiera compartir brevemente algunos comentarios sobre su manera de vivir la amistad, la oración y el amor al sacramento del orden.
Amistad
Una de las cosas que aprendí rápidamente sobre el arzobispo es que la amistad es importante para él. Antes de su nombramiento como obispo de Fargo, el arzobispo Samuel pasó muchos años como sacerdote en la arquidiócesis de Denver. Volver a Denver en el 2012 fue para él una fuente de gran alegría, ya que le permitió estar de nuevo cerca de personas que había conocido durante mucho tiempo (muchas de las cuales aún lo llaman “padre Sam” o simplemente “Sam”).
En varias ocasiones, al regresar con él a casa después de una Misa en alguna parroquia, decidía hacer una visita sorpresa a una de esas familias o a algún sacerdote jubilado. Yo dis- frutaba de esa informalidad y espontaneidad, y sus amigos también.
Oración
Quienes trabajamos con el arzobispo sabemos que es un hombre de oración. Es constante en su costumbre de orar ante la Eucaristía todos los días. Si yo lo llevaba en auto a una parroquia para celebrar Misa, a menudo cerraba los ojos y oraba durante el trayecto y, en ocasiones, hacía anotaciones breves sobre la homilía que iba a predicar.
La profundidad de su oración se percibe en cada homilía y en cada artículo que escribe, ya que con frecuencia invita a los fieles a una relación más profunda con el Señor a través de la oración y los sacramentos.
Sacramento del Orden
Una de las mayores alegrías del arzobispo Samuel, como obispo, es ordenar a hombres mediante el Sacramento del Orden. Cuando impone las manos sobre la cabeza de un candi- dato durante una ordenación, quienes están cerca pueden sentir la intensidad de su oración. Cierra los ojos, respira profundamente y se toma su tiempo. Hay una gravedad sagrada en ese momento de oración y, después, el arzobispo siempre muestra una gran alegría.
Ama dar la bienvenida a nuevos ministros al diaconado y al sacerdocio.
Además de muchas ordenaciones de diáconos y sacerdotes, durante mi tiempo como su secretario, el arzobispo Samuel consagró a dos obispos: el obispo Jorge Rodríguez (Denver) y el obispo Steven Biegler (Cheyenne). En cuanto a liturgias se refiere, la consagración de un obispo realmente se siente como el "Super Bowl" de las Misas: tiene muchos elementos en movimiento, la presencia de varios obispos y del nuncio apostólico, y un rito con varios momentos únicos y poderosamente simbólicos.
Quisiera mencionar una última cosa. Como pasé tanto tiempo con el arzobispo como su secretario, pude conocer aspectos de su personalidad que no siempre se reflejan en sus cartas pastorales o artículos. Aprendí que el arzobispo encuentra humor y alegría en muchas cosas: le gusta bromear y reírse de lo gracioso, siempre con un tono ligero y cordial. También noté que se conmueve fácilmente ante la belleza: sus ojos se llenan de lágrimas en momentos significativos que reflejan la bondad de Dios. Creo que esa apertura a dejarse conmover es señal de un corazón que realmente ama al Señor.
El ministerio del arzobispo Samuel ha sido una bendición para la arquidiócesis, y doy gracias a Dios por el testimonio sacerdotal que ha sido para mí.









