Santidad en Estados Unidos: 5 testigos católicos que hicieron visible el amor de Dios
- Barbara Urzua-O'Neil
- hace 43 minutos
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Desde las aulas y la vida familiar hasta la estación de bomberos, el apostolado en los medios y la lucha por la sanación racial, estos hombres y mujeres santos revelaron a Cristo al entregar su vida por amor.

En toda época y en todo tiempo, aunque muchas cosas sean distintas y cambien, algo permanece firme: Dios suscita santos para manifestar su bondad amorosa a su pueblo. Él inspira a las personas a vivir vidas santas, siguiéndolo incluso hasta la cruz, por amor a Dios y al prójimo.
Lo mismo ocurre aquí, en nuestras tierras. En los 250 años de la existencia de Estados Unidos, el Señor ha llamado a personas, canonizadas y no canonizadas, a seguirlo y a entregar la vida por sus prójimos.
Y nosotros estamos llamados a hacer lo mismo.
Sierva de Dios Thea Bowman
Nacida en Yazoo City, Mississippi, en 1937, Thea Bowman creció como protestante en el sur de Estados Unidos. Conoció la fe católica cuando era niña y, con apenas nueve años, pidió a sus padres permiso para hacerse católica. Ellos dijeron que sí. Ese sí cambiaría su vida.
Dotada de una mente extraordinaria, una voz potente y una personalidad magnética, Thea ingresó a las Hermanas Franciscanas de la Adoración Perpetua, convirtiéndose en la primera hermana afroamericana de su comunidad. Enseñó durante 16 años en primaria, secundaria y universidad, antes de que el obispo de Jackson, Mississippi, la invitara a servir como consultora de conciencia intercultural.
En ese servicio, la hermana Bowman viajó por todo el país ofreciendo presentaciones llenas de vida, en las que entrelazaba predicación, canto y narración. Luchó contra las barreras raciales y culturales, y fue testigo del amor de Dios por todas las personas.
En 1984, a la hermana Bowman le diagnosticaron cáncer de mama, pero su ministerio no se detuvo. Continuó hablando a nivel internacional, concedió entrevistas para la televisión e incluso filmó un documental sobre su vida. En 1989, fue invitada a dirigirse a los obispos de Estados Unidos durante su conferencia nacional. Desde su silla de ruedas, los invitó a cantar “We Shall Overcome”, un himno góspel asociado con el Movimiento por los Derechos Civiles. Murió un año después, en 1990.
La Diócesis de Jackson abrió su causa de beatificación en 2018. En febrero de 2026, la diócesis cerró la fase diocesana del proceso de beatificación y lo trasladó a Roma.
Thomas Vander Woude
Thomas Vander Woude creció en una granja en Dakota del Sur, hijo de padres católicos devotos que le transmitieron el amor por la fe y un sentido de responsabilidad que, de manera discreta, definiría todo lo que hizo. Sirvió en la Marina de Estados Unidos, pilotó aviones comerciales, se casó con Mary Ellen, su novia de la preparatoria, y crió a siete hijos.
La suya fue una santidad escondida: la que se presenta a las 2 a.m. para una hora santa semanal, ayuda a limpiar la parroquia y firma como aval de un préstamo para un vecino que necesita una casa. Dos de sus hijos llegaron a ser sacerdotes.
En 2008, el 8 de septiembre, en la fiesta de la Natividad de María, Thomas preparaba su alberca para el invierno con su hijo menor, Joseph, quien tiene síndrome de Down. Cuando Joseph cayó por la tapa rota de un tanque séptico a más de seis pies de profundidad en aguas residuales, Thomas pidió ayuda y luego saltó tras él. Sostuvo a Joseph por encima de los desechos hasta que llegaron los rescatistas. Joseph sobrevivió, pero Thomas no.
Más de 2,000 personas asistieron a su funeral, entre ellas más de 70 sacerdotes. El obispo Paul Loverde, de la Diócesis de Arlington, Virginia, dijo que su muerte fue “verdaderamente santa”. Su causa de canonización está ahora bajo investigación en esa diócesis.
Santa Teodora Guérin
Anne-Thérèse Guérin nació en Bretaña, Francia, en 1798. A los 15 años, había perdido a dos hermanos en accidentes y a su padre a manos de unos bandidos en el camino. Su madre quedó destrozada por el dolor y cayó en una profunda depresión, por lo que Anne-Thérèse tuvo que hacerse cargo del hogar, cuidar a su hermana y a su madre, cocinar, limpiar y trabajar en una fábrica para mantener a su familia.
Con la bendición de su madre, ingresó en las Hermanas de la Providencia de Ruillé-sur-Loir y tomó el nombre de hermana San Teodoro. Cuando el obispo de Vincennes, Indiana, necesitó hermanas para atender a la gran cantidad de inmigrantes que llegaban a la región, sus superioras propusieron su nombre. Aunque al principio dudó debido a su mala salud, pasó un tiempo considerable en oración y discernimiento, y aceptó.
Lo que encontró al llegar a Indiana era casi nada: un bosque remoto, ninguna escuela y pan completamente congelado durante el invierno. En menos de un año, había abierto una academia para niñas. A partir de ahí, fundó varias escuelas más, orfanatos y una farmacia gratuita. La primera academia existe todavía hoy como St. Mary-of-the-Woods College.
Su filosofía educativa era sencilla: “Amen primero a los niños, y luego enséñenles”. Fue canonizada el 15 de octubre de 2006, y en el registro oficial del Vaticano aparece como santa Theodora.
Padre Mychal Judge
Fraile franciscano, sacerdote y capellán del Departamento de Bomberos de la Ciudad de Nueva York, el padre Mychal Judge vivía en el convento de la iglesia de San Francisco de Asís, en Manhattan. Al otro lado de la calle había una estación de bomberos. Cada vez que los camiones salían a una llamada, el padre Mychal se acercaba a la ventana, levantaba la mano en señal de bendición y rezaba.
Su amor no tenía límites. Servía a las personas sin hogar, a pacientes con sida, a los ricos y a los necesitados. Como alcohólico en recuperación, a menudo pasaba tiempo caminando con otras personas que también estaban en recuperación. Tenía una devoción especial a María y llevaba un rosario en su auto, que rezaba mientras manejaba. Amigos y colegas recordaban que era capaz de dar literalmente la ropa que llevaba puesta a quien la necesitara: en una ocasión se detuvo para darle a una mujer sin hogar la chamarra que llevaba puesta.
El 11 de septiembre de 2001, el padre Judge corrió al lugar de los ataques al World Trade Center en cuanto supo la noticia. Rezó por la escena y por los heridos, y luego entró a la Torre Norte para ungir a un bombero moribundo. Cuando la Torre Sur colapsó, los escombros lo golpearon y murió.
Varios bomberos sacaron su cuerpo de entre los escombros y lo llevaron al altar de la iglesia católica de San Pedro, justo al otro lado de la calle. Después fue trasladado a la oficina del médico forense, donde se convirtió en la primera víctima mortal certificada de los ataques del 11 de septiembre. Al morir, se encontró en su bolsillo una sencilla oración: “Señor, llévame adonde tú quieres que vaya; permíteme encontrarme con quien tú quieres que me encuentre; dime lo que quieres que diga; y apártame de tu camino”.
Madre Angelica
Madre Angelica nació en Canton, Ohio, en 1923, en un vecindario marcado por la violencia de la mafia. El matrimonio de sus padres era problemático, y la familia se mudaba con frecuencia de un departamento infestado de plagas a otro, con poca comida. Cuando tenía apenas cinco años, su padre abandonó a la familia y su madre comenzó a sufrir depresión. Las dos salían adelante con trabajos ocasionales, pero conseguir comida era difícil.
Durante un tiempo se alejó de la fe. Después, mientras padecía una dolorosa enfermedad estomacal para la que los médicos no encontraban explicación, visitó a una mística católica local llamada Rhoda Wise, quien le indicó rezar una novena a santa Teresita de Lisieux. Después de la novena, sus síntomas desaparecieron, y ella decidió dedicar su vida a Cristo.
Ingresó a la comunidad de las Clarisas Pobres de la Adoración Perpetua en Cleveland a los 21 años. De joven religiosa, resbaló en un piso mojado y se lesionó la espalda con tanta gravedad que los médicos le dijeron que quizá nunca volvería a caminar. Madre Angelica le hizo una promesa a Dios: si volvía a caminar, construiría un monasterio en el sur. Caminó.
Madre Angelica partió hacia Birmingham, Alabama, donde vendía señuelos de pesca y cacahuates tostados para mantener a flote el nuevo monasterio. El 15 de agosto de 1981, lanzó Eternal World Television Network desde una cochera adaptada. EWTN llegó a convertirse en la red de medios religiosos más grande del mundo, alcanzando 435 millones de hogares en más de 160 países.
Sufrió un derrame cerebral grave en 2001 y pasó gran parte de los últimos 15 años de su vida en oración silenciosa en el monasterio de Alabama: una vida escondida, al final, no tan distinta de la que había comenzado.
Amar al prójimo durante los próximos 250 años
Las historias de la sierva de Dios Thea Bowman, Thomas Vander Woude, santa Teodora Guérin, el padre Mychal Judge y Madre Angelica abarcan aulas, estaciones de bomberos, estudios de televisión, el sur profundo y un pequeño pueblo de Virginia. Sus circunstancias fueron distintas, pero la lógica de sus vidas fue la misma: el amor de Dios, recibido y luego derramado sin reservas.
Mientras Estados Unidos entra en sus próximos 250 años, las necesidades que nos rodean no son menos urgentes y el llamado sigue siendo tan claro como siempre. Dios siempre ha suscitado hombres y mujeres santos, y continúa haciéndolo hoy. ¿Estamos dispuestos a estar entre ellos? Estos cinco testigos no esperaron circunstancias extraordinarias. Se volvieron extraordinarios con lo que recibieron, y nosotros también podemos hacerlo.






