¿Quién forma a los sacerdotes santos?

En el seminario St. John Vianney, tres sacerdotes formadores comparten cómo la oración, el acompañamiento y la convivencia diaria ayudan a formar a los futuros padres espirituales de Denver según el corazón de Cristo.

¡Pues quién más que Dios!
Pero el artículo no termina aquí. Después de todo, no se pueden resumir siete a diez años de formación en una sola respuesta ingeniosa.
Aunque es el Espíritu Santo quien llama y forma a los hombres para que se conviertan en futuros sacerdotes, no trabaja solo. Hay muchas otras personas que acompañan a los seminaristas a lo largo de su camino.
Estos formadores, una especie de abuelos espirituales, padres de los futuros padres, ejercen su ministerio fuera de las parroquias, acompañando a los seminaristas mediante conversaciones personales, la oración y la convivencia diaria. Aunque su labor suele pasar desapercibida, no por ello es menos importante: ayudan a formar a futuros padres espirituales según el Sagrado Corazón de Jesús.
Ministerio inesperado
Para muchos de ellos, el llamado a regresar al seminario fue una sorpresa. Cuando le pidieron al padre James Thermos que regresara al seminario St. John Vianney de Denver recuerda haber pensado: “¿Acaso reprobé alguna materia?”.
Después de asegurarle que no era así, lo invitaron a servir como padre de casa y como formador. Más adelante, pasó a desempeñarse como director espiritual, un ministerio que continúa ejerciendo hasta hoy.
Cuando el padre John Ezratty llegó a la Arquidiócesis de Denver, tampoco esperaba regresar al seminario. Sin embargo, cuando lo invitaron a servir como formador y padre de casa, consideró un “gran honor” poder contribuir a la formación de futuros sacerdotes.
El padre Brady Wagner también contó que le sorprendió recibir la invitación a regresar al seminario cuando apenas llevaba cinco años de sacerdocio.
“No había pensado en dedicarme a otra cosa que no fuera el ministerio parroquial”, comentó, señalando que todavía era muy “joven” en el sacerdocio. “Pero estoy agradecido por estos últimos diez años como parte del equipo de formación”.
Padres de los futuros padres
En el corazón de su ministerio está el llamado a ejercer una especie de paternidad espiritual como abuelos. Su responsabilidad es ayudar a los futuros padres espirituales a crecer como discípulos de Cristo, hasta llegar a ser alteri Christi, es decir, “otros Cristos”, como están llamados a ser los sacerdotes.
Por supuesto, se trata de un proceso largo. Durante un periodo de siete a diez años, los seminaristas dedican incontables horas a la oración, al estudio, a la dirección espiritual, a los retiros y al ministerio. Desde los Ejercicios Espirituales de 30 días de san Ignacio de Loyola hasta una experiencia de inmersión en la pobreza durante un mes, la formación en St. John Vianney ayuda a los jóvenes a crecer en libertad, generosidad y santidad mientras disciernen la voluntad de Dios.
Gracias al particular modelo de formación por casas del seminario St. John Vianney, los formadores no se limitan a reunirse ocasionalmente con los seminaristas, sino que viven con ellos y comparten su vida cotidiana. Esa cercanía les permite dar un testimonio diferente: en lugar de ser una autoridad distante, se convierten en verdaderos padres.
Según explicó el padre John, gracias a este modelo, la formación “se convierte en una vida compartida que verdaderamente fomenta la paternidad espiritual. Vivir juntos significa rezar juntos, comer juntos, celebrar juntos, reír juntos y también llorar juntos. La formación no es algo que sucede en momentos específicos, sino que realmente se vive”.
A lo largo de este camino, los formadores orientan, apoyan y acompañan a los hombres que, al terminar esos años, tendrán la responsabilidad de cuidar de las almas.
“Cuando un joven llega por primera vez al seminario, veo un corazón enamorado de Dios, con el deseo de servirlo a él y a la Iglesia”, explicó el padre John. “Mi esperanza es que, durante sus años de formación, ese amor siga creciendo y que su corazón se vaya configurando cada vez más con el corazón de Cristo”.
En pocas palabras, dijo que pide a Dios que los feligreses que algún día conozcan a los sacerdotes alegres, santos y sanos que se han formado en St. John Vianney puedan expresar lo mismo que alguien dijo al conocer al santo patrono del seminario: “Vi a Dios en un hombre”.
“También espero que no solo haya experimentado el celo de Cristo por las almas, sino que haya desarrollado las virtudes necesarias para ser un buen padre espiritual, de modo que, después de haber aprendido a ser hijo en Cristo, pueda enseñar a otros a recibir la gracia de su bautismo y a vivir de esa fuente”, añadió el padre Brady.
Formados mientras forman
Así como su llegada al ministerio del seminario pudo haber sido inesperada, estos sacerdotes formadores han descubierto que Dios también está obrando en sus propias vidas mientras actúa a través de ellos en las vidas de los seminaristas a quienes acompañan.
Como coordinador del año de espiritualidad, una etapa de formación en la que los seminaristas se apartan del mundo para dedicarse a la oración y al discernimiento, el padre Brady ha descubierto que su ministerio de acompañamiento ha enriquecido profundamente su propia vida.
“Se suele decir que, si realmente quieres aprender algo, enséñalo. El Señor ha enriquecido enormemente mi vida, profundizando mi sentido de identidad como cristiano y, especialmente, como sacerdote”, comentó. “Vivir con los seminaristas y caminar tan de cerca con ellos, orientándolos y ayudándolos a crecer como discípulos, ha fortalecido especialmente mi sentido de paternidad espiritual”.
Para el padre John, trabajar en el seminario también ha sido una gran bendición, que incluso le ha permitido comprender mejor lo que significa ser un sacerdote santo.
“Si algo me ha enseñado este ministerio, es, en primer lugar, la grandeza del sacerdocio y la responsabilidad de ser ‘otro Cristo’ para el pueblo de Dios”, dijo a El Pueblo Católico. “En segundo lugar, que ‘el sacerdote no pertenece a sí mismo’, como decía el beato Fulton Sheen. Nos hacemos sacerdotes para Cristo y su Iglesia”.
Después de 18 años de ministerio en el seminario, el padre James no puede evitar mirar hacia atrás con una sonrisa.
“Me encanta”, dijo a El Pueblo Católico. “Es un privilegio muy especial acompañar a hombres que buscan escuchar el llamado de Jesús y responderle con todo el corazón”.
Futuro lleno de esperanza
Vivir y servir junto a otros hombres que también están aprendiendo a ser discípulos no siempre es fácil. Aun así, estos sacerdotes formadores aseguran que su labor está llena de profunda esperanza y alegría.
“Son hombres de fe auténtica y de gran generosidad. Han confiado a Cristo su humanidad única para convertirse en instrumentos de gracia en la vida de los demás”, destacó el padre Brady. “A medida que crecen en su capacidad de discernir diariamente la voluntad de Dios en sus propias vidas, también desarrollan la capacidad de ayudar a otros a reconocer cómo el Señor actúa cada día a través de su providencia”.
Cuando le preguntaron si podía compartir algún momento en el que hubiera sido testigo del crecimiento de un seminarista y hubiera experimentado esa esperanza y alegría, el padre John exclamó: “¡Oh! ¡Podría contar muchísimos!”.
Tanto él como los demás sacerdotes formadores señalaron que esos sentimientos se viven con especial intensidad durante la ordenación sacerdotal de los hombres a quienes han acompañado a lo largo del camino.
“Es difícil explicar con palabras las emociones que uno experimenta al ver que aquellos hombres con quienes has vivido y a quienes has entregado tu vida se convierten en ‘otros Cristo’”, expresó el padre John. “Creo que ese es el momento en que le doy gracias a Dios por la misión que me ha confiado y me digo a mí mismo: ‘¡Me encanta lo que hago! ¡De verdad vale la pena!’”.
Para el padre James, ese momento suele llegar de manera inesperada, tal como ocurrió con la invitación a ejercer este ministerio. Cuando está presente mientras uno de esos sacerdotes recién ordenados predica, se conmueve “por la manera tan amorosa en que se dirige a quienes lo escuchan. Muchas veces puedo percibir el amor de Dios por su pueblo en sus palabras, en el tono de su voz y en sus acciones”.
A veces, comentó entre risas, incluso se sorprende y piensa: “¿En qué momento pasó esto?”.
Sin embargo, así es como tantas veces actúa el Espíritu Santo: en momentos silenciosos y discretos de gracia. Al concluir su tiempo en el seminario, los sacerdotes que el padre James ve comenzar su ministerio se han convertido en hombres completamente nuevos.
“Después de completar tantos años de formación, veo a un apóstol, listo para ser enviado por Jesús y con Jesús, en el Espíritu Santo, a servir a su esposa, la Iglesia”, señaló el padre James.
¿Cómo puedes ayudar a formar sacerdotes santos?
Una pregunta sencilla merece una respuesta sencilla. Todos los sacerdotes que hablaron con El Pueblo Católico coincidieron en algo: orar, orar y seguir orando.
“Es una alegría ver a tantos jóvenes buenos responder al llamado del Señor, pero recen por ellos”, pidió el padre Brady. “En la economía de la gracia, los sacerdotes y seminaristas dependen en gran medida de las oraciones de los fieles. A medida que los seminaristas crecen y se preparan para asumir grandes responsabilidades, también enfrentarán pruebas cada vez más difíciles. Se necesita mucha fe y fortaleza para permitir que el Señor forme a un hombre y lo convierta en un sacerdote bueno, fiel y generoso”.
De hecho, el padre John explicó que los seminaristas y sacerdotes siguen siendo seres humanos y “necesitan ánimo, apoyo, amor y comprensión, como todos nosotros”.
“Así que, por favor, recen por nuestros futuros sacerdotes y, si tienen la oportunidad de conocerlos en persona, no dejen de animarlos en su camino de formación”, concluyó. “Estos hombres parecen jóvenes, y lo son, ¡pero no olviden que algún día serán sus padres espirituales!”.
El padre James señaló que, muchas veces, los seminaristas regresan al seminario después de una tarde o un fin de semana de ministerio, llenos de “la alegría y la vida que han recibido gracias a los encuentros alentadores” con los feligreses de distintas comunidades del norte de Colorado.
“Muchas gracias por acompañarlos y servirles a ellos (y a nosotros), mientras los seminaristas (y todos en St. John Vianney) buscamos servirles a ustedes”, concluyó.
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Para obtener más información sobre cómo apoyar a los hombres que se preparan para ser sacerdotes de la Arquidiócesis de Denver en el seminario St. John Vianney y el seminario Redemptoris Mater, visita archden.org/futurepriests.








