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Perspective

Preguntas & respuestas: arzobispo designado James abre su corazón

  • Foto del escritor: Escritor Invitado
    Escritor Invitado
  • hace 29 minutos
  • 11 Min. de lectura

El Pueblo Católico conversó con el arzobispo designado Golka antes de su instalación el 25 de marzo como sexto arzobispo de Denver.


Hombre sonriente con sotana negra, solideo fucsia y collar, posando frente a fondo azul. Ambiente formal y sereno.
El arzobispo designado James Golka será instalado como el sexto arzobispo de Denver el 25 de marzo de 2026. (Foto de archivo de El Pueblo Católico)

Por Roxanne King


Antes de ser instalado como el sexto arzobispo de Denver, el arzobispo designado James Golka habló con El Pueblo Católico el 24 de febrero en Colorado Springs sobre su familia, su fe y su vocación.


Originario de una familia católica numerosa de Grand Island, Nebraska, recientemente sirvió durante cuatro años y medio como obispo de Colorado Springs. Su madre, Patricia Golka, murió el 5 de enero. Su padre, Robert Golka, murió el 5 de marzo, unos días después de esta entrevista.


James Golka de niño, el cuarto de 10 hijos de Robert y Patricia Golka. (Foto cortesía de la Diócesis de Colorado Springs)
James Golka de niño, el cuarto de 10 hijos de Robert y Patricia Golka. (Foto cortesía de la Diócesis de Colorado Springs)

EPC: ¿Cómo fue crecer en Nebraska, siendo el cuarto de 10 hijos en la familia de Robert y Patricia Golka?

+Golka: Soy muy bendecido por haber nacido en la familia que tuve. Mi mamá y mi papá fueron padres increíbles. De alguna manera transmitieron la fe a sus hijos. Digo “de alguna manera”, pero fue porque practicaban su fe con regularidad y la vivían todos los días en casa.


Aprendí a rezar viendo a mi mamá rezar por la noche. Entraba a nuestro cuarto, se sentaba en la cama y hablaba directamente con Jesús. Yo pensaba: “Ah, de verdad cree que Jesús está ahí. Entonces debe estar ahí”. Y aprendí a hacer lo mismo.


El día que murió la mamá de mi mamá, mi abuela, yo tenía quizá 11 años. Recuerdo claramente haber pensado: “Este debe ser el peor día de la vida de mi mamá”. Ella nos reunió, nos subió al carro, nos llevó a la iglesia, entró y se arrodilló en la primera fila, donde normalmente nos sentábamos. Simplemente habló en voz alta con Dios, dándole gracias por el regalo de su mamá y entregándosela de nuevo a Dios. Pensé: “Ah, así es como se hace”.


James Golka en segundo grado. (Foto cortesía de la Diócesis de Colorado Springs)
James Golka en segundo grado. (Foto cortesía de la Diócesis de Colorado Springs)

EPC: ¿Cómo era usted de niño y qué le gustaba hacer?

+Golka: Por naturaleza soy tímido e introvertido. Dios me hizo obispo y ahora arzobispo, y eso me da un poco de risa. Es un escenario muy grande para un introvertido tímido.


Me encantaba practicar deportes. Siempre estábamos afuera. Había niños por todo el vecindario y nos reuníamos con frecuencia. Los deportes eran una vía fácil para mí.


Al lado vivía un muchacho que era un mes mayor que yo. Él y yo fuimos mejores amigos de niños e hicimos todo juntos. Fue muy bonito tener eso. Y en una familia de 10 hijos, siempre había niños con quienes hacer cosas, lo que podía resultar caótico. Estoy seguro de que pusimos a prueba la paciencia de mamá y papá, y que los hermanos no siempre nos llevábamos bien, pero siempre había unión. Siempre comíamos juntos en familia. Íbamos a los partidos de los demás. Había un sentimiento de apoyo.



(Fotos cortesía de la Diócesis de Colorado Springs)


EPC: ¿Cómo les transmitió su familia la fe a ustedes?

+Golka: Practicándola con constancia. La Misa del domingo no era opcional, simplemente era lo que hacíamos. Ya cuando crecimos, podía pasar que cinco hijos tuvieran algún evento deportivo el fin de semana en distintos lugares, así que muchas veces todo empezaba desde el sábado, cuando mamá nos preguntaba: “¿A cuál Misa van a ir?”. Organizábamos quién iba a cuál, algunos el sábado en la tarde y otros el domingo. Y eso era simplemente parte de la vida.


Cuando éramos más pequeños, mi mamá era quien rezaba. Recuerdo una vez que un primo estaba enfermo. Mi mamá tenía 13 hermanos, así que por su lado de la familia tengo más de 60 primos hermanos. Mi mamá nos reunió a todos, a mis primos y a nosotros, y simplemente rezó en voz alta a Dios por mi primo que estaba enfermo.


Más adelante en la vida, mi papá se volvió quien rezaba. En Acción de Gracias nos reunimos como unos 150 primos y siempre me pedían a mí que hiciera la oración. Un año dije: “Papá, ¿por qué no tú?”. Y papá hizo la oración. Y todos pensamos: “¡Caray, papá es el que reza!”. Así que ahora él hace las bendiciones.



EPC: ¿Hay algo más que quisiera agregar sobre la oración?

+Golka: El hábito de la oración nocturna ha continuado. Sobre todo, en la secundaria, la preparatoria y la universidad, yo hablaba con Dios desde el corazón. Normalmente le decía algo por lo que estaba agradecido y algo que me preocupaba o por lo que necesitaba perdón. Repasaba una lista de nombres de personas, además de la mayoría de mi familia. Nunca podía dormirme sin haber ofrecido primero esas oraciones.


(Fotos cortesía de la Diócesis de Colorado Springs)


EPC: ¿Cuándo sintió por primera vez el llamado al sacerdocio y qué le ayudó a responder a ese llamado?

+Golka: Cuando estaba en octavo grado, mi segundo hermano mayor entró al seminario. Era uno de mis héroes. Pensé que si él podía hacerlo, yo también podía. Él salió del discernimiento al final de un año, pero en mí se quedó esa inquietud.


Fui a visitarlo una semana mientras estaba en el seminario [Seminario St. John Vianney, en St. Paul, Minnesota]. Durante la visita pensé: “Con estas personas me identifico; quizá esto es a lo que estoy llamado”.


Cuando me gradué de la preparatoria, todavía no estaba listo para el seminario. Yo quería tener hijos y casarme por el ejemplo de mi mamá y mi papá. Así que fui a la Universidad de Creighton [en Omaha, Nebraska]. Quería asistir a una escuela católica para estudiar teología y filosofía. Pensé que o bien haría un doctorado y daría clases en la universidad, o regresaría para enseñar teología en una preparatoria católica y entrenar deportes, que era lo que hacía uno de mis hermanos. Pensé que me encantaría hacer eso o ser sacerdote.


Me alegra haber ido a Creighton porque tuve muchas experiencias de vida. Me enamoré de una novia con la que me habría podido casar, pero sentía que mi llamado estaba en otra parte.


(Foto cortesía de la Diócesis de Colorado Springs)


EPC: Usted estudió en la Universidad de Creighton y, después de graduarse, sirvió un año en el Cuerpo de Voluntarios Jesuitas, trabajando en la reserva de Pine Ridge, en Dakota del Sur. Hábleme de sus años universitarios y de su experiencia misionera.

+Golka: La universidad fue estupenda. Cuando terminé la preparatoria, recuerdo haberle dicho a mi mamá que estaba metido en demasiadas cosas. Era presidente estudiantil, orador de la clase y todo eso. Le dije: “En la universidad solo voy a estudiar y a hacer amigos. No me voy a involucrar”. Y ella se rio y dijo: “Ya veremos”.


Comencé a asistir a la Misa diaria. Es fácil ir a Misa diaria cuando tienes amigos con quienes ir. En mi primer año, realicé un viaje de servicio durante las vacaciones de primavera. Creighton mandó a unos 120 estudiantes a 15 lugares distintos. Para mi segundo año, ya organizaba esos viajes para la universidad, algo que hice durante los siguientes tres años, y me involucré mucho en la pastoral universitaria. Muchos amigos muy queridos me ayudaron en el camino. Uno de esos viajes de servicio fue a Pine Ridge, Dakota del Sur. Uno de mis mentores fue el padre jesuita Ed Mathie, quien ahora está en la Universidad de Marquette [en Milwaukee, Wisconsin]. Vivió mucho tiempo en la reserva. Me recomendó considerar hacer un año de voluntariado ahí.


Yo sabía que todavía no estaba listo para estudiar un posgrado y no sabía si estaba llamado al seminario o a otra cosa. Quería más experiencia de vida. Quería trabajar entre los pobres y en una cultura que desconocía. Recuerdo mi primer día ahí, mirando a mi alrededor y viendo a todos los Lakota Sioux. Yo era la única persona blanca en una reunión de 200 personas. Pensé: “¡Aquí voy a aprender algo!”. Yo creía que estaría ahí dos o tres años, pero para Acción de Gracias ya sentía el llamado a ser sacerdote de la Diócesis de Grand Island. Fue muy claro. Le doy gracias a Dios por esa claridad.


EPC: ¿Qué aprendió de los jesuitas?

+Golka: En Creighton, sobre todo porque estudiaba teología y filosofía, los jesuitas se hicieron mis amigos, porque yo estaba muy activo e involucrado. Así que todos suponían que yo quería ser jesuita. Bromeo diciendo que quise ser jesuita una vez, como por 10 minutos. No tengo nada contra los jesuitas, simplemente tenía un llamado distinto: yo de verdad me sentía llamado a una parroquia y a una diócesis. No me sentía llamado a formar parte de una comunidad religiosa. Parte de eso era que veía que a los jesuitas más talentosos los ponían a cargo de otros jesuitas, lo cual ayudaba a su comunidad, pero yo siempre pensaba que quizá esos dones debían ponerse al servicio de la Iglesia de manera más amplia.


En mi primer año me reuní con su director de vocaciones, que estaba en la ciudad, y le dije: “Creo que estoy llamado a ser sacerdote, pero no jesuita, sino sacerdote diocesano”. Así que cada semestre su director de vocaciones venía y me invitaba a comer para hablar del sacerdocio diocesano. Aprendí de ellos a rezar y a discernir. Hice varios retiros de cinco y de ocho días con los jesuitas. Además, aprendí a pensar.


Bromeé con que el primer examen de teología que presenté como estudiante de primer año lo contesté perfectamente y, cuando el profesor me lo devolvió, tenía una B. Me dijo: “Yo ya sé lo que pienso. Quiero saber qué piensas tú”. Y pensé: “Bueno, esto es diferente. No se trata solo de repetir lo que escuché decir a alguien más. De verdad tengo que reflexionar sobre esto”. Aprecié mucho esas cosas.


He aprendido de verdad que yo no elijo. Necesito escuchar qué quiere Dios para mí. Y eso es distinto. Eso les pido a mis sacerdotes: quiero saber qué piensan, pero, más aún, qué creen que Dios quiere de ustedes. Mis últimos cuatro nombramientos son cosas que yo nunca habría elegido por mí mismo. Pero sentí con mucha claridad que Dios quería eso, así que tenía que decir que sí. Y dije esto en la rueda de prensa del 7 de febrero: cada vez que uno dice sí, Dios lo prepara para el siguiente sí. Yo nunca habría escogido Denver, pero estoy muy agradecido de que Dios la haya elegido para mí y no veo la hora de descubrir lo que tiene preparado para nosotros.


El arzobispo desingado James celebra la Misa en la capilla de Christ the KIng del seminario de St. John Vianney en Denver. (Foto de Grant Whitty)
El arzobispo desingado James celebra la Misa en la capilla de Christ the KIng del seminario de St. John Vianney en Denver. (Foto de Grant Whitty)

EPC: Explique qué le fascina de Jesucristo y cómo quiere que vivamos.

+Golka: Ese es un regalo que Dios me dio desde niño, probablemente a través de mis padres. Yo quería saber más sobre lo que hacía Jesús y lo que decía. Él veía algo que nadie más veía. Y en él está presente el Reino de Dios. Él lo sabía y lo vivía. Yo quiero eso. Quiero participar en eso con él y ver el mundo como él lo ve, porque así la mirada y la mente se orientan hacia la eternidad.


La Iglesia tiene oraciones que yo digo con frecuencia para ayudarme a vivir en este mundo de cosas pasajeras, con la mente y el corazón puestos en las cosas que perduran. Quiero vivir así. Esa es la definición de la esperanza: vivir orientado a las cosas del cielo. Cuando vivo así, me siento más plenamente vivo, me ayuda a acercarme más a él y siento su alegría cuando lo hago.


EPC: ¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre?

+Golka: Hoy en día tengo menos tiempo libre. Antes era más activo en los deportes. Corría, jugaba básquetbol y sóftbol y andaba en bicicleta, pero tuve un accidente en bicicleta hace unos 17 años y me rompí el cuello. Se me fracturaron vértebras del cuello. Eso limita lo que puedo hacer. Me cambió bastante el estilo de vida. Ahora tengo artritis en el cuello y algo de dolor crónico, así que tengo que cuidarme. Pero trato de jugar golf con regularidad. Eso me mantiene al aire libre y haciendo algo. Cuando llegué a Colorado, dejé de llevar la cuenta y así es más divertido y relajante. Esa parte competitiva se fue apagando.


Disfruto ver deportes, leer, caminar y hacer senderismo. Me gusta estar con mi familia y mis amigos. Trato de reunirme cada año con mis compañeros del seminario. Mi familia se reúne con frecuencia, así que intento apartar tiempo para eso; lo necesito. Disfruto conocer a la gente. Por naturaleza, soy una persona tímida, pero me encanta cuando me invitan a cenar en sus casas y poder ver a sus familias.


Mi equipo, al principio, me dijo: “Necesitamos sacarlo más de la oficina porque se le ve más vivo cuando está con la gente”. Ellos lo notaban.


El arzobispo designado James ora durante la Misa en la capilla Christ the King del Seminario St. John Vianney en Denver. (Foto de Grant Whitty)
El arzobispo designado James ora durante la Misa en la capilla Christ the King del Seminario St. John Vianney en Denver. (Foto de Grant Whitty)

EPC: ¿Cuál ha sido el mayor desafío en sus cuatro años y medio como obispo en Colorado Springs?

+Golka: Lo digo en broma, pero es verdad: yo pensaba que confiaba totalmente en Dios, y luego él me hizo obispo, así que tuve que empezar de nuevo. Casi nunca es cómodo darse cuenta de que uno necesita confiar en Dios, pero siempre es bueno emprender de nuevo ese camino y aprender a hacerlo otra vez. Así que, en un plano espiritual, eso.


Y también el distinto nivel de administración. Soy responsable de cada alma en la diócesis y del cuidado del pueblo de Dios. Los sacerdotes ocupan un lugar especial en mi corazón. Si los sacerdotes están bien, si están creciendo en santidad y si están sanos y contentos, entonces sus parroquias también lo estarán; por eso me gustaría invertir en los sacerdotes para ayudar a que eso suceda.


Cuando llegué aquí, teníamos 39 parroquias. Es un reto salir a visitar a todos y conocerlos, y ahora, en Denver, lo será aún más.


EPC: ¿Cuál ha sido la mayor alegría en sus cuatro años y medio como obispo?

+Golka: Aprender a confiar en Dios. [Ríe.] Y tener un equipo a mi alrededor. Cuando llegué aquí, ya había personas muy buenas. Y luego, con el tiempo, fui formando mi propio equipo. Personas que saben que estoy absolutamente comprometido con ellas, y yo sé que ellas están absolutamente comprometidas conmigo. Juntos, con esa sinergia, se puede volar más lejos. Dios tenía en mente cosas que yo no habría podido hacer solo cuando llegué aquí. Ha sido una gran alegría ver a Dios obrar así en nosotros y por medio de nosotros. Me emociona ver que eso suceda en otro nivel en la arquidiócesis.


El arzobispo designado James se dirige a los reunidos para el anuncio de su nombramiento como sexto arzobispo de Denver. (Foto de Grant Whitty)
El arzobispo designado James se dirige a los reunidos para el anuncio de su nombramiento como sexto arzobispo de Denver. (Foto de Grant Whitty)

EPC: ¿Qué siente al haber sido nombrado arzobispo de Denver?

+Golka: Ayer, mientras caminaba por Denver, la gente me decía que estaba muy emocionada, y yo respondía: “Denme un mes y entonces estaré muy emocionado. Pero ahorita estoy viviendo el duelo de dejar [Colorado Springs] y todavía me estoy ajustando a esto”. En el fondo siento mucha confianza y esperanza, así que confío en eso.


EPC: ¿Cuáles son sus esperanzas para su próximo ministerio al pastorear la Arquidiócesis de Denver?

+Golka: Vuelvo una y otra vez a lo mismo: no sé por qué Dios me hizo arzobispo, pero él sí lo sabe. Espero que podamos escucharlo decirnos por qué y cuál es su plan. No tenemos que inventar un plan. Él ya tiene uno. Pero sí necesitamos invertir en el discernimiento y en escucharlo juntos. Así que quiero tener a mi alrededor a un grupo de personas que me ayuden a lograrlo. He vivido eso suficientes veces en mi vida como para saber que, cuando uno está con un grupo de personas que discierne unido y sabe con claridad que Dios nos ha revelado tal o cual cosa, da mucha emoción ir a hacerlo.


EPC: ¿Hay algo más que quisiera agregar o subrayar?

+Golka: La oración es muy importante, la oración personal para escuchar a Dios, pero también rezar unos por otros. De verdad he llegado a depender de la oración de intercesión. Pido humildemente las oraciones de la gente por mí y por la arquidiócesis. San Juan María Vianney dijo algo así: “No hay malos sacerdotes, solo sacerdotes por quienes aún no se ha orado lo suficiente”.


Hay sacerdotes que han hecho cosas horribles y eso me rompe el corazón. Pero sí animo a la gente a rezar por sus sacerdotes. Sabemos que las redes sociales pueden ser útiles, pero también divisivas. Animo a las personas que leen sitios de noticias que las llenan de enojo y malestar y las ponen en contra de su arzobispo o de sus sacerdotes, a alejarse de eso, porque la presencia del Espíritu Santo nos une y nos llena de alegría. Es el otro espíritu, el maligno, quien nos lleva a la división y al enojo. Me preocupa que en nuestra cultura la división y el enojo se estén volviendo cada vez más comunes. Y yo nos animaría a todos a vivir en un lugar distinto de ese.


 

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