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Image by Simon Berger

Perspective

Parroquia St. Clare en Edwards, coloca la primera piedra de su nueva iglesia

  • Foto del escritor: Escritor Invitado
    Escritor Invitado
  • 31 jul
  • 7 min de lectura

Tras décadas de celebrar la Misa en el gimnasio de una escuela, fieles de la parroquia de St. Clare of Assisi en Edwards iniciaron la construcción de una iglesia que refleja la comunidad que Dios ha estado edificando durante mucho tiempo en el valle de Vail.


El arzobispo de Denver James Golka, el padre José María Quera y miembros de la comunidad de St. Clare participan en la ceremonia de colocación de la primera piedra de su nueva iglesia.  (Foto de Chris Kendig, cortesía de la parroquia St. Clare).
El arzobispo de Denver James Golka, el padre José María Quera y miembros de la comunidad de St. Clare participan en la ceremonia de colocación de la primera piedra de su nueva iglesia. (Foto de Chris Kendig, cortesía de la parroquia St. Clare).

Por Karin Gamba


Hace 61 años, Tom y Betty Newpower se presentaron ante Dios en una iglesia de Minnesota para intercambiar sus votos matrimoniales.


La mañana del viernes 24 de julio, la pareja, ahora de más de 80 años, celebró ese aniversario en un escenario muy distinto: un gimnasio escolar con tableros de basquetbol y banderines de campeonatos colgados en las paredes.


“Hemos venido a este gimnasio para la Misa durante 25 años”, dijo Tom, señalando el gimnasio de la escuela que ha servido como templo de St. Clare desde que la parroquia fue fundada en el año 2000. “Este siempre ha sido nuestro lugar”.


Al igual que todos los reunidos en el “gimnasio-templo”, los Newpower estaban emocionados de participar en la Misa y en la ceremonia oficial de colocación de la primera piedra de su nueva iglesia, celebrada y presidida por el arzobispo James Golka.


Para Tom y Betty, el inicio de la construcción representa mucho más que el comienzo de una obra. Marca el cumplimiento de un sueño que habían compartido con cientos de feligreses durante más de dos décadas: tener una iglesia propia.


“Por fin”, dijo Betty con una sonrisa. “Hoy es ese día”.


La ceremonia del viernes marcó el inicio de la construcción de la nueva iglesia St. Clare of Assisi, en Edwards, una de las dos iglesias que se edificarán gracias a una campaña de recaudación de fondos de 23 millones de dólares para atender a las comunidades católicas del valle de Vail, que siguen creciendo rápidamente.


En mayo, los feligreses celebraron la colocación de la primera piedra de la nueva iglesia St. Mary, en Gypsum. En conjunto, ambas ceremonias representan la culminación de una visión planteada hace décadas por quienes impulsaron originalmente el proyecto: el entonces arzobispo J. Francis Stafford y el fallecido padre Edward Poehlmann, antiguo párroco de esta comunidad parroquial.


(Fotos de Chris Kendig, cortesía de la parroquia St. Clare).


Iglesia hermosa

Con sacerdotes, religiosas, seminaristas y fieles reunidos en el gimnasio para la Misa, el arzobispo James recordó a los presentes que, aunque un edificio de iglesia es sagrado, una iglesia no está completa si quienes la integran no son también transformados por su construcción.


“Ustedes son la Iglesia hermosa”, proclamó ante la congregación.


El arzobispo explicó que la primera piedra colocada en la tierra apunta a una realidad mucho más profunda. Así como la piedra y la madera son consagradas para la gloria de Dios, el Señor desea santificar aún más a su pueblo.


“Construimos iglesias porque tenemos un deseo interior de conocer mejor a Dios. Pero, por mucho que nosotros deseemos conocer a Dios y estar en comunión con él, el deseo de Dios de estar en comunión con nosotros es aún mayor”, dijo.


Mientras el nuevo edificio va tomando forma durante los próximos meses, invitó a todos los presentes a continuar su propia transformación espiritual.


“Dios ha comenzado aquí una gran obra”, afirmó el arzobispo. “Los animo a recibir sus bendiciones y permitir que Dios los transforme”.


Concluyó invitando a todos a hacer una sencilla oración de transformación:

“Dios, tienes permiso para entrar en mi vida y hacerme nuevo hoy. Dios, todavía no has terminado conmigo”.


Del gimnasio al santuario

Después de la Misa, los presentes, encabezados por el arzobispo Golka, el padre José María Quera, párroco de la comunidad, y sacerdotes de toda la región occidental de Colorado, caminaron en procesión desde el conocido gimnasio escolar hasta el lugar donde se levantará la nueva iglesia.

“Estamos muy felices por este día”, dijo la feligresa Alejandra Jaques de Ruera, quien asistió junto con su sobrina Alexa. “Es muy emocionante. Hemos esperado mucho tiempo”.


Para la pequeña Alexa, sin embargo, la emoción era mucho más inmediata.


“Estoy emocionada por la comida”, confesó con una gran sonrisa, pensando en los tacos y el helado que la esperaban durante la celebración parroquial.


Reunidos alrededor de una gran cruz de madera que marcaba el lugar donde estará el altar, el arzobispo James presidió el rito de bendición del terreno para una nueva Iglesia. Con agua bendita en sus manos, recorrió el perímetro del futuro templo rociando el terreno, preparándolo espiritualmente para la estructura que pronto comenzará a levantarse.


(Fotos de Chris Kendig, cortesía de la parroquia St. Clare).


Cristo, la piedra angular

Poco después, bendijo la piedra angular, un gran bloque rectangular que formará parte de los cimientos del templo, como recordatorio visible de que solo Cristo es el “cimiento seguro y firme” de la Iglesia.


“Mira con bondad a tus hijos e hijas que hoy se reúnen con alegría para comenzar la construcción de una nueva iglesia. Concédeles crecer hasta convertirse en templo de tu gloria, para que, modelados por tu gracia, sean reunidos por tu mano en la ciudad celestial, por Jesucristo nuestro Señor”, oró el arzobispo.


Después de rociar con agua bendita e incensar la piedra angular, sonrió al mirar el pesado bloque colocado frente a él.


“El rito dice que debo levantar esta piedra y colocarla en su lugar. Yo no puedo hacerlo”, comentó entre las risas de los presentes. “Así que voy a necesitar la ayuda de todos ustedes”.


Una sola comunidad, una sola misión

“Si hay una palabra que resume este día, es gratitud”, dijo el padre José María, al agradecer a las generaciones de feligreses cuyas oraciones, sacrificios, horas de voluntariado y generosidad hicieron posible este momento. “Esta iglesia no se construye solo con ladrillos y cemento. Está construida con todo nuestro corazón y con toda nuestra alma”.


Esas “piedras vivas”, como las llamó, han estado edificando silenciosamente la parroquia desde hace muchos años.


Mucho antes de que existiera una piedra angular que bendecir, ya había feligreses como Jesús Espinoza.


Durante años, casi todos los domingos, Jesús llegaba temprano para transformar el gimnasio escolar en un lugar digno para el culto: acomodaba las sillas, colocaba los misales y daba la bienvenida a los feligreses en la entrada.


“He vivido aquí durante 28 años”, contó. “Durante mucho tiempo escuchábamos que iban a construir la iglesia, pero nunca sucedía. Pensé: “Esta vez va a pasar lo mismo. ¡Qué bueno que me equivoqué!”.


Cuando finalmente comenzó la campaña de recaudación de fondos, también decidió colaborar.

Ahora bromea sobre una cosa que ya no va a extrañar: ¡tener que construir una iglesia cada semana!


“Todos los domingos tenemos que sacar las sillas y después de la Misa volver a guardarlas”, dijo. “Ahora ya no tendremos que hacerlo”.


Para Alba Padilla, una de las líderes de la campaña, el camino también ha sido profundamente personal.


“Dios no está limitado por los edificios”, afirmó. “Donde hay fe, cualquier lugar puede convertirse en un espacio sagrado, incluso un gimnasio”.


El gimnasio de St. Clare se volvió un lugar sagrado porque allí se reunía el pueblo de Dios. La nueva iglesia será sagrada por la misma razón.


“Este día es un sueño hecho realidad”, expresó.


Pensando en la siguiente generación

Alba también habló con gratitud sobre las amistades que surgieron durante los cuatro años de la campaña, uniendo a católicos de habla inglesa y de habla hispana en torno a una misma misión.

“La comunidad anglo tiene un gran corazón”, dijo. “Ellos hicieron posible este sueño. Estoy muy agradecida con todos”.


Ese mismo espíritu de sacrificio compartido también fue reflejado por Gloria y Frank Kalman, feligreses desde hace muchos años que dividen su tiempo entre Houston, Texas, y el valle de Vail, en Colorado.


Durante tres décadas en la región, asistieron primero a la Misa donde estuviera disponible: en St. Mary de Eagle, St. Patrick de Minturn y la capilla de Beaver Creek, antes de hacer de St. Clare su parroquia.


“Esta es nuestra comunidad”, explicó Gloria con sencillez.


Cuando el proyecto y la campaña comenzaron a tomar forma, ambos se entusiasmaron por formar parte de la visión de la nueva iglesia en Edwards.


“Simplemente queríamos hacer todo lo posible para que todos tuvieran una iglesia”, dijo Gloria. “Hay muchas personas que trabajan muy duro, pero que no pueden aportar tanto económicamente”.


Andrew Neitenbach, de Horizon West Builders, la empresa encargada de construir la iglesia St. Clare, observa esa misma realidad desde otra perspectiva. Antes incluso de comenzar la construcción, recuerda a sus trabajadores que cada donativo representa un sacrificio.


“Cada cien dólares cuentan”, dijo. “Alguien los dio, y no fue fácil hacerlo”.


“Después de que la iglesia esté terminada, cuando uno se siente en una banca, el altar ya esté colocado, el crucifijo colgado y no haya nadie más alrededor, da escalofríos pensar que generaciones de familias vendrán aquí a orar”.


Para el padre Jonathan Francois, nuevo vicario parroquial desde hace apenas unas semanas, el proyecto ha cerrado un círculo. Escuchó por primera vez sobre los planes para la nueva iglesia cuando era seminarista en el oeste de Colorado hace cinco años.


Más importante que los edificios, considera que la campaña ya logró algo igual de duradero.

“La campaña unió a toda la comunidad”, dijo. “No se trataba solo de recaudar dinero. Unió a las personas en torno a una misión común”.


Está convencido de que esa unidad continuará mucho después de que termine la construcción.

“Es hermoso ser testigo de esto, verlo hacerse realidad y, como sacerdote recién ordenado, formar parte de este camino”, reflexionó.


Para Tom y Betty, el futuro se mide menos en ladrillos y cemento que en los momentos importantes de su familia. Imaginan a sus nietos caminando por el pasillo central, a sus bisnietos siendo llevados a la pila bautismal, las primeras comuniones, las confirmaciones y todos esos momentos de gracia que marcan la vida de un católico.


Con buen humor, incluso bromearon diciendo que quizá algún día sus propias Misas exequiales se celebren en la nueva iglesia St. Clare of Assisi.


“Vamos a recorrer todo el camino”, dijo Tom entre risas, refiriéndose a su fe católica vivida durante toda la vida.


Al concluir la ceremonia, los feligreses se dirigieron al almuerzo preparado en el jardín de la escuela, donde disfrutaron de tacos con todos sus acompañamientos y, por supuesto, helado para Alexa.


Antes de despedirse, el arzobispo James impartió una última bendición, esta vez no por el inicio de la construcción, sino para Tom y Betty con motivo de su 61.º aniversario de bodas.

Fue un final apropiado para una mañana extraordinaria: se había celebrado la santa Misa, se había iniciado la construcción y se había bendecido la piedra angular.


Sin embargo, quizá el cimiento más profundo llevaba años formándose silenciosamente: en matrimonios fieles como el de Tom y Betty, en los voluntarios que cada domingo colocaban las sillas, en las familias que se sacrificaban para aportar lo que podían y en una parroquia diversa que se ha convertido en una sola comunidad unida en Cristo Jesús.


El edificio que se levantará en Edwards es, en muchos sentidos, simplemente la expresión visible de lo que Dios ha estado edificando desde hace mucho tiempo en su pueblo del valle de Vail.

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