No dejes que el Internet te diga cómo criar a tus hijos
- Escritor Invitado

- hace 2 días
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Por Allison Auth
Cuando nació mi primer hijo, hace quince años, ya existía el Internet, pero solo lo usaba en mi computadora, pues los teléfonos inteligentes apenas comenzaban a popularizarse. Facebook ya existía, pero no existían muchas otras redes sociales y todavía no estaban llenas de influencers patrocinados. Si buscaba en Google alguna duda sobre la crianza, la mayor parte de la información provenía de blogs de mamás, foros o sitios web de revistas.
Muy pronto, los sitios dedicados a la crianza comenzaron a combinar información con el comercio y a socavar la intuición de las madres para decidir qué era lo mejor para sus hijos, favoreciendo, en cambio, el consejo de “expertos” o algún producto presentado como indispensable para las mamás. Hoy, el Internet está saturado de opiniones de expertos y de falsas promesas, lo que dificulta distinguir qué es realmente útil.
Hoy en día, si buscas una pregunta en Google, recibirás un resumen generado por inteligencia artificial, pero ni siquiera sabes si los datos recopilados que utiliza fueron escritos por una persona, un bot o alguien con verdadera experiencia como padre o madre. A veces resulta útil, pero con más frecuencia de la que quisiéramos, simplemente está equivocado. Los niños no son algoritmos en los que basta con introducir la fórmula correcta para obtener el resultado esperado.
Llamado al discernimiento
Necesitamos ser capaces de usar nuestra propia inteligencia y la sabiduría que Dios nos ha dado para discernir los consejos sobre crianza que encontramos en Internet. Tal vez te digan que los bebés deben comer cada tres horas, que el entrenamiento para dejar el pañal debe hacerse en tres días o que existe un método infalible de tres pasos para acabar con las rabietas. Y puede haber algo de verdad en todo eso, pero no es toda la verdad. Los padres deben decidir cuál es el siguiente paso y Dios nos ha dado su Espíritu para ayudarnos a discernir.
La parálisis por análisis es real. Hay demasiadas opiniones, cursos y estrategias como para ponerlas todas en práctica. Como madre, conozco el miedo a equivocarse. Sin embargo, la experiencia me ha enseñado que muchas veces hay más de una decisión correcta y que, incluso si uno se equivoca, siempre hay oportunidad de corregir el rumbo. Mientras expresiones como “te quiero”, “lo siento” y “te perdono” formen parte de tu vida cotidiana, sigue adelante y haz lo mejor que puedas.
Hace poco pasé un fin de semana con varias madres en nuestro congreso local de educación en casa. Me encontraba justo entre madres con experiencia que criaron a sus hijos antes de que el Internet fuera parte de la vida diaria y madres más jóvenes que crecieron con las redes sociales. Se nota la diferencia entre quienes confían en su autoridad e intuición y quienes necesitan que un experto confirme incluso sus decisiones diarias sobre la alimentación o las actividades de sus hijos.
Como dijo una de las conferencistas: “Los hechos por sí solos no crean sabiduría. Podemos tener todas las respuestas sin estar plenamente vivos”. Creados a imagen de Dios, los niños son personas para amar, no problemas que resolver. Amar nos hace semejantes a Dios y aprender a amar no es un proceso universal de tres pasos.
Crianza: preparar almas para el cielo
La verdad es que la crianza es una carrera de fondo y no hay soluciones rápidas. Estás formando un alma para el cielo y eso requiere tiempo, esfuerzo y mucha oración. Como sucede con todo ejercicio de la virtud, la respuesta a los desafíos de la crianza suele encontrarse en el punto medio entre dos extremos, y no existe un manual sencillo que nos diga cuándo debemos ser firmes y cuándo mostrar más compasión.
Pienso que si existieran trucos secretos para lograr que las personas obedecieran a la primera, Dios ya los habría utilizado con nosotros, sus propios hijos. En cambio, los bebés siempre alterarán tus horarios. Los niños pequeños se harán pipí en los pantalones y tendrán rabietas. Los hijos no querrán hacer la tarea ni acostarse a tiempo. Eso no es un defecto; forma parte del plan de Dios para que aprendamos poco a poco y crezcamos a través de las dificultades que nos fortalecen.
Cada niño es único. Algunos dejan el pañal a los 18 meses. La mayoría lo logra después de los 3 años. Mis primeros cuatro hijos comenzaron a hablar muy temprano, pero estuve a punto de inscribir al quinto en un programa de intervención temprana de lenguaje hasta que, cerca de los 2 años, las palabras comenzaron a salir una tras otra. Las edades recomendadas son solo eso: recomendaciones. Pasé tanto tiempo preocupándome por hacer las cosas a la edad “correcta” que dejé de disfrutar de muchos de esos pequeños momentos.
Padres, ¡ustedes pueden! (Con Dios, por supuesto)
Padres, conózcanse a ustedes mismos en lugar de dejar que otros les digan qué hacer. Dios les ha dado instintos que pueden ayudarlos a ser buenos padres; solo necesitan cultivarlos y aprender a escucharlos. Gran parte de la crianza consiste en crecer en el conocimiento de uno mismo.
Escuchaba a muchas mamás decir que necesitaban salir de casa todos los días con sus hijos pequeños para conservar la cordura, así que pensé que yo también debía hacerlo. Al final descubrí que precisamente intentar salir todos los días era lo que me hacía perder la paciencia. Otras mamás decían que no soportaban los platos sucios en el fregadero ni el desorden en la barra de la cocina. Yo aprendí que eso no me molestaba tanto; lo que realmente me desesperaba era un piso pegajoso lleno de migajas.
Solo se aprende a ser padre o madre ejerciendo la paternidad. No tendrás todas las respuestas desde el principio, pero la experiencia es la mejor maestra. El Internet puede ofrecer algunos consejos útiles, pero la realidad es que Dios te ha dado la sabiduría y la autoridad para guiar a tus hijos, así que haz uso de ellas.
Cada día trae nuevos desafíos a medida que nuestros hijos crecen y cambian. Con frecuencia me descubro pidiéndole al Espíritu Santo que me guíe para saber cómo responder ante un arrebato o una petición, muchas veces después de que ya reaccioné, porque olvidé pedir su ayuda en ese momento. Pero mi fe católica me ofrece principios para comprender quién es la persona humana y cuál es el verdadero propósito de la crianza.
¿Mi consejo? Escucha a madres con experiencia de la vida real, que conozcas personalmente y que no busquen ganar dinero a costa tuya. Y el mejor lugar para encontrarlas suele ser tu parroquia. El encuentro cara a cara con otros padres, en lugar de depender únicamente de las conversaciones en línea, puede ser una experiencia profundamente humana, esperanzadora y encarnada.
Que haya menos influencia y más inspiración.









