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Perspective

FOTOS | Arzobispo Samuel ordena primera vocación estadounidense al diaconado

  • Foto del escritor: Escritor Invitado
    Escritor Invitado
  • hace 7 horas
  • 3 Min. de lectura
Decenas de acólitos se unieron a la celebración de la ordenación del diácono Riley Blanchard al diaconado transitorio. (Foto de Jason Smith/The Things That I See Photography)
Decenas de acólitos se unieron a la celebración de la ordenación del diácono Riley Blanchard al diaconado transitorio. (Foto de Jason Smith/The Things That I See Photography)

Por Jenny Uebbing


La Misa de las 9:30 a.m. en St. Mary Parish, en Littleton, suele reunir a muchos jóvenes, pero la del domingo pasado rompió un récord. Más de 60 monaguillos llenaron las primeras bancas mientras 8 sacerdotes y un querido arzobispo concelebraban la Misa de ordenación del diácono Riley Blanchard, la primera vocación estadounidense para la orden religiosa española, los Discípulos de los Corazones de Jesús y María.


Pero el diácono Riley, que además es uno de 9 hijos, está acostumbrado a las multitudes.

En lo que ya se ha convertido en una costumbre entrañable, aunque algo complicada en términos logísticos, todos los niños que actualmente participan en el programa de monaguillos de St. Mary fueron invitados una vez más a acompañar al diácono Riley en el altar en su gran día. El diácono Riley, quien atribuye a sus años como monaguillo parte de su discernimiento de la vocación sacerdotal, se ha convertido en toda una estrella entre los niños y jóvenes de la parroquia. Los monaguillos principales, de entre 14 y 18 años, fueron invitados a acompañarlo en una especie de “despedida de soltero santa” para el homenajeado, que incluyó un festín de pizza, una intensa guerra de paintball, testimonios personales y una vigilia de adoración durante toda la noche, en la que parejas de muchachos cubrieron una hora cada una entre las 10 p. m. y las 5 a. m. en la capilla de adoración de St. Mary, donde intercedieron por el diácono y dedicaron tiempo a orar por sus propias vocaciones.


Preparar a más de 60 niños con sus vestiduras para la Misa de la mañana siguiente requirió paciencia, planeación, muchos correos electrónicos y una buena dosis de cooperación de parroquias vecinas, entre ellas St. Thomas More, en Centennial, y All Souls, en Englewood, que prestaron sotanas y sobrepellices adicionales para vestir a todos los participantes entusiastas.


(Fotos de Jason Smith/The Things That I See Photography)


La mañana fue especialmente conmovedora por la presencia del arzobispo de Denver, Samuel J. Aquila, quien, en una de sus últimas liturgias en las semanas finales de su servicio como arzobispo de Denver, bromeó con la asamblea diciendo que, como arzobispo emérito, pensaba acostumbrarse a llegar “con menos de 2 horas de aviso” para celebrar futuras Misas dominicales en St. Mary, una amenaza recibida con una ovación de pie por la congregación.


Dirigiéndose al padre Andrej Makovnik, DCJM, párroco de la comunidad, expresó su sincero agradecimiento a los discípulos por sus años de ministerio en la Arquidiócesis de Denver, tanto en la parroquia como en el cuerpo docente del seminario. El don de una vocación nacida en Estados Unidos para su orden, que “ha dado tanto de sí a Denver”, le pareció especialmente apropiado al arzobispo Samuel.


Durante su homilía, el arzobispo recordó sus 50 años de sacerdocio, 25 de ellos como obispo, e invitó al recién ordenado a “abrazar plenamente su vocación, entregándose sin reservas al Señor, quien le devolverá madre, hermano y hermana… cien veces más”.


También exhortó al diácono Riley a “no reservarse la verdad sobre el matrimonio, sobre la vida familiar, sobre el plan de Cristo para el florecimiento humano” de las parejas y familias a las que servirá en su vida como diácono y, eventualmente, como sacerdote.


“Nunca tengas miedo de darles la verdad, la verdad completa, del plan de Dios para sus vidas”, dijo el arzobispo.


Al señalar la creciente secularización de la cultura y la pérdida de una comprensión compartida del don del matrimonio, animó al diácono Riley a dar ante su pueblo un testimonio heroico de la verdad de Jesucristo.


Al contemplar a una multitud de familias, entre ellas la mayor parte de su propia familia numerosa, el diácono Riley seguramente tenía un ejemplo útil de vida familiar en el que inspirarse. Su padre, al levantar un brindis por su hijo recién ordenado en la recepción después de la Misa, animó a todos los presentes a “confiar en Dios, porque nunca sabes lo que él va a hacer”.


Al señalar que el diácono Riley es uno de nueve hijos en su familia, dio gracias al Señor por el sí de su hijo, tanto al Señor como a los Discípulos, y movió la cabeza con un gesto de asombro en el rostro.


“Con el Señor, la vida siempre es una aventura”, dijo.

 

 

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