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Image by Simon Berger

Perspective

Encontrar esperanza y paz en medio de la división política

Foto del escritor: Caridades Católicas de Denver
Caridades Católicas de Denver
hace 7 horas
5 min de lectura

(Foto: Imagen compuesta, creada con IA, de Adobe Stock)
(Foto: Imagen compuesta, creada con IA, de Adobe Stock)

Por la Dra. Michelle Connor Harris,

Directora ejecutiva

St. Raphael Counseling


Anoche estaba hablando con mi hijo de 23 años sobre este artículo sobre la “esperanza y la paz en medio del agotamiento político”. Su respuesta fue: “Si quieres hablar de esperanza y paz, fíjate en Zohran Mamdani”.


Suspiré y traté, probablemente sin mucho éxito, de controlar mi tendencia a poner los ojos en blanco cuando se menciona al alcalde de Nueva York. No por el alcalde ni por sus políticas, sino más bien por la manera en que suelen desarrollarse estas conversaciones con mi hijo. Yo pensaba: “La esperanza y la paz solo pueden venir de Jesús”, pero no lo dije en voz alta.


En nuestras conversaciones, creo que mi hijo a veces deposita demasiada confianza en las soluciones políticas y gubernamentales a los problemas humanos, y con frecuencia siento el deseo de instruirlo en la sabiduría de la Doctrina Social de la Iglesia. Aunque no discutimos ni nos exaltamos, por lo general termino con la sensación de que estamos muy distantes en nuestras convicciones y prioridades políticas.


Pero también tengo que recordar que detrás de las convicciones políticas de mi hijo hay una preocupación genuina por el bienestar de los demás, algo que me encanta de él. A sus 23 años, todavía está formando su propio pensamiento político, como yo lo hacía a su edad. Mis propios pensamientos y opiniones han evolucionado, y necesito concederle la misma oportunidad de enfrentarse a estas preguntas y llegar a sus propias conclusiones, sin dejar de estar arraigado en el amor al prójimo.


Como había estado reflexionando sobre las maneras en que otras personas podrían entablar conversaciones políticas, crear vínculos y fomentar el amor para este artículo, decidí intentarlo yo misma.


Me propuse simplemente preguntarle por su opinión para comprender su punto de vista.


“¿Por qué crees que Mamdani está llevando esperanza y paz a su ciudad?”, le pregunté.

Y después escuché.


Habló sobre temas más amplios, como la reforma fiscal, el servicio a los ciudadanos y la atención a las necesidades de la gente. No intenté instruirlo. No expuse ninguno de mis propios argumentos. Simplemente hice más preguntas para comprender mejor lo que quería decir.


Después me sentí mucho más aliviada. Llegué a comprender mejor a mi hijo y pude valorar que, detrás de sus ideas políticas, le importaban las personas y que quería lo mejor para la sociedad.


Con frecuencia, detrás de nuestras conclusiones políticas tan diferentes, podemos descubrir preocupaciones que compartimos: el bienestar de nuestras familias y el deseo de vivir, trabajar y prosperar en una sociedad en la que podamos estar seguros y ser libres. Es la manera en que buscamos alcanzar ese objetivo cuando surgen nuestras diferencias, pero no deberíamos quedarnos ahí. Debemos volver a nuestras metas comunes, a nuestra humanidad compartida y al amor que nos tenemos unos a otros.


Los consejos habituales para evitar el agotamiento político son reducir el consumo de noticias, evitar conversaciones sobre temas polémicos y aceptar que podemos estar en desacuerdo. Todas son recomendaciones sensatas.


Pero ¿qué pasaría si afrontáramos el próximo ciclo electoral de manera diferente? ¿Podríamos aprovechar las próximas elecciones como una oportunidad para acercarnos más a nuestras familias?


Creo que la respuesta es sí, pero requerirá un acto de voluntad y sacrificio de nuestra parte.


  • Deja a un lado la necesidad de enseñar, de sermonear o de hacer cambiar de opinión a la otra persona. En realidad, esto es más difícil de lo que parece. ¿De verdad puedes renunciar a la necesidad de que esa persona cambie de opinión?

  • Entra en la conversación con la intención de comprender el punto de vista de la otra persona. No pienses en compartir tus opiniones a menos que te las pidan.

  • Haz preguntas sin juzgar ni recurrir al sarcasmo y cuida tu tono. En mi caso, es muy fácil provocar que la otra persona se ponga a la defensiva cuando uso un tono crítico.

  • Si necesitas algunas preguntas a las que puedas recurrir, piensa en las preguntas básicas de los reporteros de los periódicos locales: quién, qué, cuándo, dónde, por qué y cómo. Preguntas como “¿Por qué crees que esa es la mejor solución para ese problema?” y “¿Cómo cambiarían las cosas si se implementara ese programa?” nos ayudan a comprender los detalles en lugar de expresar opiniones.

  • ¿Puedes comprender el punto de vista de esa persona? Si es así, díselo. “Está bien, entiendo lo que dices” o “Puedo entender por qué piensas así”. Reconoce que comprender el razonamiento de alguien no implica que estés de acuerdo ni que cada momento de comprensión exija una refutación inmediata. A veces, el simple hecho de reconocer el punto de vista de la otra persona comunica comprensión y respeto.


La política es algo muy personal y las personas pueden apegarse emocionalmente a su partido, a su candidato o a sus convicciones políticas. Cuando eso sucede, puede resultar difícil escuchar con apertura cuando esas convicciones son cuestionadas. Se necesita esfuerzo para evitar que nuestras emociones dominen nuestras conversaciones políticas.


¿Recuerdas todas las rivalidades entre equipos durante el reciente Mundial? Personas que apoyaban a distintos equipos estaban sentadas en el mismo estadio, en el mismo bar o en el mismo sofá. La mayoría de los aficionados comenzaron y terminaron esos partidos siendo familiares, amigos o rivales que se respetaban. El amor por el deporte los unía.


La política puede ser así, solo que nosotros la hacemos mucho menos divertida.


Demonizar a nuestros familiares, amigos y conciudadanos por pensar o votar de manera diferente no es cristiano. ¿Qué pasaría si, durante las próximas elecciones, dejáramos que los demás apoyaran a su propio equipo y respetáramos su capacidad para tomar sus propias decisiones? ¿Qué pasaría si nos concentráramos en comportarnos de una manera que refleje nuestros valores cristianos y dejáramos de criticar y menospreciar a quienes piensan o votan de manera diferente?

Dios nos dio libertad a cada uno de nosotros y desea que la usemos para elegir lo que es bueno, verdadero y bello. Respetar la libertad de los demás no significa creer que todas las decisiones sean igualmente buenas o verdaderas, ni comprender a otra persona exige abandonar nuestras propias convicciones.


Significa recordar que la dignidad de la persona humana debe respetarse en todo momento. Podemos estar en desacuerdo, incluso profundamente, y aun así tratar a nuestros familiares, amigos, vecinos y desconocidos del otro lado del espectro político con el respeto que merecen como seres humanos creados y amados por Dios.


Y si queremos lograrlo, debemos orar.


La Oración de san Francisco de Asís nos ofrece un buen punto de partida:


Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu paz. Donde hay odio, que lleve yo el Amor. Donde haya ofensa, que lleve yo el perdón. Donde haya discordia, que lleve yo la unión. Donde haya duda, que lleve yo la fe. Donde haya error, que lleve yo la verdad. Donde haya desesperación, que lleve yo la alegría. Donde haya tinieblas, que lleve yo la luz. Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar; ser comprendido, sino comprender; ser amado, como amar. Porque es: Dando, que se recibe; Perdonando, que se es perdonado;

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