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Image by Simon Berger

Perspective

El don de la libertad a través de los ojos de quienes la perdieron

  • Foto del escritor: Vladimir Mauricio-Pérez
    Vladimir Mauricio-Pérez
  • hace 2 horas
  • 7 min de lectura

Al acercarse el 250.º aniversario de Estados Unidos, las historias de quienes han llegado a este país en busca de la libertad nos recuerdan el verdadero significado de este gran don.


Brazo de estatua verde sosteniendo una cruz de madera contra un cielo azul con nubes, evocando solemnidad.
(Foto: diseño por el equipo de El Pueblo Católico)

Para muchos de nosotros, la libertad puede parecer tan natural como el aire que respiramos. Damos por hecho que siempre ha estado ahí y que siempre lo estará. Sin embargo, para muchos otros, la libertad ha sido negada o conquistada a través del sufrimiento. Mientras nuestra nación celebra su 250.O aniversario, sus historias nos invitan a contemplar este don con gratitud renovada, a través de los ojos de quienes saben lo que significa vivir sin él.


Silueta verde del mapa de Venezuela sobre fondo negro, sin texto ni personas.
(Ilustración por el equipo de El Pueblo Católico)

Venezuela

Venezuela enfrentó una prolongada crisis de derechos humanos bajo el régimen socialista del presidente Nicolás Maduro. Su ataque a la libertad se manifestó en forma de represión política y el debilitamiento de las instituciones democráticas. Organizaciones de derechos humanos documentaron casos de desapariciones, tortura y encarcelamiento de disidentes políticos.

(Fotos proporcionadas)

Desconcertado por la libertad

Tan pronto como Juan Pablo Galviz, su esposa y su madre entraron en la habitación de su hotel en Miami, no pudieron evitar gritar y saltar de alegría. Después de meses de miedo e incertidumbre, finalmente podían respirar.


“La sensación de libertad era indescriptible”, recordó. “No dejaba de pensar: ‘¿Qué es esto? ¿Qué se supone que debo hacer con esto?’”.


La pesadilla de Juan Pablo comenzó cuando se convirtió en objetivo del régimen socialista venezolano.


Como periodista y conductor de un popular programa diario de radio, informaba sobre el sufrimiento causado por el gobierno y daba voz a las víctimas de la opresión política. Cuando las protestas se intensificaron en todo el país, grupos paramilitares armados llegaron a su casa y lo amenazaron de muerte.


Pensó que no viviría para ver un día más.


Juan Pablo se vio obligado a dejar atrás su hogar y su trabajo y a esconderse. Después de un periodo de hambre, miedo y muy pocas horas de sueño, logró escapar y obtuvo asilo en Estados Unidos.


“Saber que puedes pensar libremente y caminar en paz en este país es maravilloso”, compartió Juan Pablo, quien ahora conduce Viajando con JP, un canal de YouTube en español sobre cultura local. “Sí, tenemos que trabajar duro, pero al menos se nos da la oportunidad de hacerlo”.


Ante la celebración del 250.o aniversario de Estados Unidos, Juan Pablo cree que los estadounidenses deben recordar los sacrificios que se han hecho para preservar la libertad.


“Esta celebración puede ayudarnos a reconocer a todas las personas que dieron su vida para proteger esta libertad. Gracias a muchos hombres y mujeres, nacidos aquí y en otros lugares, podemos disfrutarla”, dijo. “Es un recordatorio de la grandeza de este país que, en su diversa herencia cultural, ha permitido que personas de muchos orígenes vivan pacíficamente en comunidad”.


Juan Pablo cree que, para preservar la verdadera libertad, nuestra sociedad debe volver a Dios como su fuente fundamental.


“Muchas personas en este país han reemplazado a Dios por el dinero o el éxito, olvidando que Dios es la fuente de todas las cosas”, afirmó. “Necesitamos entender, como sociedad, que Dios es la fuerza que impulsa la vida y que todos los ciudadanos y quienes gobiernan necesitan su guía. Solo volviendo a Dios podremos mirar a los demás con misericordia y permanecer verdaderamente libres”.


Silueta verde de un mapa sobre fondo negro, sin texto ni personas; forma alargada e irregular.
(Ilustración por el equipo de El Pueblo Católico)

Checoslovaquia

Checoslovaquia estuvo bajo la influencia soviética durante más de 40 años. Durante este período, el Estado confiscó propiedades y buscó controlar y suprimir a la Iglesia haciéndola dependiente de la autoridad gubernamental. La época también estuvo marcada por la persecución política y la vigilancia generalizada de los ciudadanos.


(Fotos proporcionadas)

Libertad aterradora

La primera impresión de Peter Stur sobre la libertad en Estados Unidos no fue la que muchos esperarían.


“Fue una libertad aterradora”, dijo al recordar el momento en que bajó del avión sin dinero, sin un lugar donde quedarse y sin certeza sobre su futuro.


Nacido en la Checoslovaquia comunista, siempre había recibido las cosas “de manos” del gobierno.


“Te dicen que todo es gratis, pero el dinero sale del trabajo de la gente y no te permiten elegir. Simplemente tienes que aceptar lo que ellos dicen que es bueno para ti”, explicó Peter.


Para los cristianos, el costo era especialmente alto. Podían perder sus empleos por ir a la iglesia. Fue el nacimiento de su primer hijo y el bienestar de su familia lo que lo llevó a planear su fuga, arriesgándose a una condena de 10 años de prisión. Obligado a dejar atrás a su hijo, pagó a un traficante para que lo llevara a un campo de refugiados en Alemania Occidental dos años después. Providencialmente, a su familia se le permitió entrar a Estados Unidos en 1991.


“Aprendí que, si tienes a Dios, lo tienes todo, pero sin él no tienes nada, ni siquiera libertad”, dijo Peter, fundador de In Ipso, un instituto de formación espiritual para laicos con sede en Littleton.


A medida que la nación se acerca a su 250.º aniversario, Peter considera esencial volver a Cristo para preservar nuestra libertad. “La mayor libertad es la libertad de adorar a Dios; si tienes a Dios, el principio de tu vida tiene una base moral”, dijo. “Debemos volver a Dios y obedecer su ley porque, como dijo Pío XII, no podemos hablar de paz hasta que cada individuo, familia, sociedad y gobierno reconozca que Cristo es el Rey. Si no quiero a Dios como mi rey, entonces no se hará su voluntad sino la mía.


“Ante las amenazas a la libertad que vemos hoy, estamos llamados a permanecer en él, no reaccionando ante los desafíos, sino ante Dios en medio de ellos”, concluyó. “Esa es la libertad interior, porque la verdad nos hará libres. La libertad viene de la verdad, de Jesucristo. Por eso él es la parte más importante de la libertad”.


Rectángulo verde azulado sólido sobre fondo blanco, sin texto ni personas.
(Ilustración por el equipo de El Pueblo Católico)




Myanmar

Myanmar ha atravesado casi 80 años de conflictos políticos y enfrentamientos armados. Ha estado marcado por períodos de dictadura militar y guerras civiles. La violencia y la represión contra los opositores políticos y los civiles han contribuido a la inestabilidad social y a una profunda crisis humanitaria, con millones de personas desplazadas tanto dentro del país como al extranjero.

(Fotos proporcionadas)

Responsabilidad invisible

El padre Paul Htut recuerda la alegría de crecer en una familia católica devota en Myanmar, pero esos recuerdos están inseparables del miedo y la inestabilidad causados por décadas de un régimen autoritario.


“Crecí en una sociedad marcada por el miedo: miedo a la autoridad y a la inestabilidad, miedo a lo que pudiera pasar después”, dijo el padre Paul, quien se desempeña como vicario parroquial de la parroquia Risen Christ en Denver desde su llegada a Estados Unidos en el 2022. “Fui testigo de corrupción, abuso de poder y de personas que perdían sus hogares. El sistema estaba diseñado para mantener a la gente pobre y sin educación para que quienes estaban en el poder pudieran seguir controlando”.


Aunque Myanmar es predominantemente budista, los católicos, alrededor del 1 % de la población, también han sufrido enormemente bajo las dictaduras militares.


“Hay numerosos ejemplos de iglesias bombardeadas, incluso mientras daban refugio a personas desplazadas”, recordó el padre Paul. “Un sacerdote amigo mío fue apuñalado y decapitado por defender a los pobres”.


Como sacerdote, el padre Paul veía su misión no como política, sino como pastoral. Tenía que proteger a quienes estaban bajo su cuidado, hablar y dar testimonio de la verdad, incluso si eso lo llevaba a la persecución. A medida que las tensiones aumentaban, aceptó una invitación de la Arquidiócesis de Denver para servir a la creciente comunidad católica birmana en Colorado.


“Cuando llegué, me di cuenta de lo bendecido que es Estados Unidos”, dijo. “Tiene libertad de expresión y una vida segura. Aquí puedes adorar libremente”.


Mientras Estados Unidos celebra su 250.º aniversario, el padre Paul considera esencial que las personas comprendan el verdadero significado de la libertad y cómo utilizarla correctamente.


“La libertad es una bendición y un don, pero también una responsabilidad y un llamado. No es la libertad de hacer lo que queramos, sino la libertad de elegir lo que es bueno y verdadero, lo que nos acerca más a Dios. Una nación permanece fuerte no solo protegiendo la libertad, sino usándola sabiamente, sin abusar de ella”, afirmó. “La libertad es frágil y puede volverse invisible para generaciones que no tuvieron que derramar su sangre por ella. Pero lo más importante es que debe estar centrada en Dios. Si la libertad es guiada por el amor de Dios, se convierte en algo hermoso; sin él, se vuelve vacía”.


Mapa silueta en verde azulado de una región alargada con islas cercanas sobre fondo negro.
(Ilustración por el equipo de El Pueblo Católico)




Vietnam del Sur

La toma comunista de Vietnam del Sur en 1975 provocó una persecución religiosa y política generalizada. Los hombres jóvenes fueron obligados a alistarse en el ejército, y los seminarios fueron convertidos en campos de trabajo. Más de 1.5 millones de survietnamitas se vieron obligados a huir de su país por tierra y mar


(Fotos proporcionadas)

Cicatrices de la libertad

Cuando se le pregunta sobre la libertad, monseñor Peter Quang sonríe, mira instintivamente las cicatrices en sus pulgares y recuerda con serenidad el profundo sufrimiento que lo preparó para el sacerdocio.


En 1975, siendo un joven seminarista, fue testigo de la toma comunista del sur de Vietnam. Su seminario se convirtió en un campo de trabajo forzado y la tortura llegó a quienes desobedecían las órdenes, como monseñor Peter. Después de negarse a falsificar una carta contra su obispo, los soldados le cortaron los pulgares. Él mismo se los volvió a coser en el campo de prisioneros. Después vinieron más torturas, pero, por la gracia de Dios, se mantuvo firme. Tras pasar un año entero escondido en el ático de la casa de sus padres, decidió que había llegado el momento de escapar.


“Todo el país era una prisión”, dijo. “No podía seguir viviendo así”.


Monseñor Peter escapó en un barco junto con otras 54 personas. Presenció la muerte y sobrevivió a tragedias y al hambre en el mar antes de llegar a Malasia y, finalmente, a Estados Unidos como refugiado. Relató su experiencia en su libro All Honor to You.


“Cuando llegué aquí por primera vez, me arrodillé y le di las gracias a Dios, aunque no hablaba inglés”, dijo monseñor Peter, hoy párroco de la parroquia All Saints en Denver. “Mi primera experiencia de libertad fue ver lo amables que eran las personas aquí. Fue entonces cuando dije: ‘Puedo usar esta libertad para el bien’”.


A pesar del sufrimiento que vivió, su mensaje no es de amargura, sino de gratitud y compasión.


“La libertad es un don hermoso, pero debemos recordar que la dignidad es libertad. Debemos trabajar para defender la dignidad humana y el derecho a vivir, hablar y adorar a Dios”, afirmó. “Estamos llamados a compartir lo que hemos recibido y a no hacer mal uso de ello. Este don debe llevarnos a tener mayor compasión por quienes han tenido que sufrir mucho para alcanzarlo, especialmente cuando los encontramos en la calle, en la escuela o en la tienda.


“La mejor manera de conservar y valorar la libertad es siempre dar gracias”, concluyó. “Cuando aprendemos a ser agradecidos, aprendemos a usarla correctamente; la hacemos fructificar”.

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