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Image by Simon Berger

Perspective

Diácono transitorio más reciente del norte de Colorado es ordenado en la Basílica de San Pedro

Foto del escritor: André Escaleira, Jr.
André Escaleira, Jr.
hace 11 minutos
3 min de lectura

Ordenado en Roma junto con otros 17 seminaristas, el diácono Carl Berner da el último gran paso hacia el sacerdocio y una vida dedicada a proclamar el evangelio y celebrar los sacramentos.


El obispo Robert Barron entrega el Libro de los Evangelios al recién ordenado diácono Carl Berner. (Foto cortesía del Pontificio Colegio Norteamericano)
El obispo Robert Barron entrega el Libro de los Evangelios al recién ordenado diácono Carl Berner. (Foto cortesía del Pontificio Colegio Norteamericano)

Aunque fue ordenado a más de 8,000 kilómetros de distancia, el diácono transitorio más reciente del norte de Colorado espera con entusiasmo comenzar a servir al pueblo de Dios de regreso a casa, una vez que termine sus estudios.


El recién ordenado diácono Carl Berner fue uno de los 18 seminaristas ordenados el 1 de octubre en el altar de la Cátedra de San Pedro, en la Basílica de San Pedro, en Roma. Después de haber estudiado durante varios años en el Pontificio Colegio Norteamericano de Roma, la ordenación de Carl al diaconado transitorio marca la etapa final de su formación antes de, Dios mediante, ser ordenado sacerdote.


Al hablar del sacerdocio, el diácono Carl compartió que lo que más anhela es celebrar los sacramentos.


“Lo que más espero es poder celebrar la Misa”, dijo a El Pueblo Católico. “Ofrecer, en la persona de Cristo Cabeza, el mayor acto de culto al Padre, con y por el cuerpo místico de Cristo, la Iglesia, me parece la culminación de toda mi vida”.


Durante el próximo año, el diácono transitorio, quien también toca el saxofón, continuará sus estudios y dedicará su tiempo a proclamar el evangelio en la Misa, a predicar y a servir al pueblo de Dios.


Durante la homilía de la Misa de ordenación, el obispo Robert Barron, de la Diócesis de Winona-Rochester, Minnesota, y fundador de Word on Fire Ministries, recordó a los hombres que serían ordenados su llamado a proclamar e interpretar públicamente la Palabra de Dios. Subrayó que la predicación del clero no consiste en añadir opiniones o puntos de vista personales, sino en llevar a Cristo, la Palabra, a su pueblo.


Para hacerlo bien, enfatizó el obispo Robert, el predicador debe configurarse profundamente a Jesucristo y permanecer en él. También debe estar abierto a las mociones del Espíritu Santo, continuó el obispo.


Al ofrecer cuatro consejos prácticos, el obispo Robert recomendó a los nuevos diáconos ser hombres de la Biblia, saborear el lenguaje, convertirse en estudiosos de la retórica y reconocer que toda la vida del predicador es una preparación para la predicación.


Si los nuevos diáconos leen ampliamente, estudian a grandes predicadores como el beato Fulton Sheen, se preparan con diligencia y hablan con autenticidad, señaló el obispo, cooperarán con la voluntad de Dios para llevar a todos sus hijos a una relación con él.


(Fotos cortesía del Pontificio Colegio Norteamericano)


Para el diácono Carl, esa misión es personal. Al reflexionar sobre su propia historia, reconoce lo poderoso que puede ser el testimonio de una sola persona.


“Estoy en deuda con el laico encargado de la preparación para el sacramento de la confirmación en la parroquia donde crecí”, dijo al recordar la presentación que aquel catequista hizo sobre las cinco vías de santo Tomás de Aquino para demostrar la existencia de Dios. “Su testimonio inspirador mantuvo mi corazón unido a Dios durante la preparatoria, cuando muchos de mis compañeros dejaron de practicar su fe. Le estoy muy agradecido”.


Al mirar hacia su ministerio como diácono transitorio y, Dios mediante, como sacerdote, el diácono Carl está entusiasmado por ofrecer el mismo tipo de testimonio en la vida de otras personas mientras se encuentran con el Señor.


Dirigiéndose a ellas, el nuevo diácono ofreció un sencillo consejo: “¡No se reserven nada!”.

“Dios conoce su historia, su personalidad, todo lo que los hace felices”, compartió el diácono Carl. “Al entregarle su vida, no pierden nada de aquello que los hace ser quienes realmente son. Él quiere hacer realidad sus deseos más profundos y hacerlos plenamente felices”.

 

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