De saxofonista a seminarista: la historia de un llamado de Dios
- Escritor Invitado
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Un seminarista de Denver pensaba que se estaba preparando para una carrera en la música, sobre el escenario y bajo los reflectores. En cambio, Dios lo condujo al seminario, a Roma y pronto al sacerdocio.

Por Karin Gamba
Si has asistido a alguna Misa arquidiocesana, lo más probable es que hayas visto o conocido a uno o dos seminaristas. Los verás sirviendo durante las celebraciones. Quizá también los hayas visto ayudando a organizar a la gente o indicando el camino a quienes lo necesitan. Incluso es posible que los hayas escuchado cantar, ya sea en la Misa o durante el concierto navideño anual del seminario.
Lo que probablemente no escucharás es a uno de esos seminaristas tocando el saxofón, a menos que tengas la suerte de encontrarte con una sesión musical improvisada entre amigos en Roma.

Como seminarista de verano en la parroquia St. Stephen, en Glenwood Springs, Carl Berner está realizando una especie de internado pastoral que le permite conocer cómo podría ser la vida en el ministerio parroquial después de su ordenación. Como estudia en el Pontificio Colegio Norteamericano (más conocido como "The NAC") en Roma, y no en el Seminario St. John Vianney de Denver está muy agradecido por la oportunidad de sumergirse en la vida parroquial.
“Si estudias en el seminario de Denver, pasas mucho tiempo en las parroquias los fines de semana.
En Roma esa posibilidad no está tan disponible”, explicó. “Esta es mi oportunidad para conocer la parroquia y a los feligreses”.
Entonces, ¿cómo le ha ido hasta ahora?
“He aprendido que en St. Stephen aman a los seminaristas”, dijo entre risas. “Me he sentido muy bien recibido. Llevo apenas dos semanas aquí y ya me siento como en casa”.
En este corto tiempo, Carl se ha integrado de lleno a la vida parroquial y a la comunidad local. Ha aceptado invitaciones a cenar, se ha subido a las atracciones de Glenwood Caverns Adventure Park, ha recorrido senderos por todo el valle e incluso organizó una noche de cine con jóvenes adultos de la parroquia.
De Cleveland a Denver y después a Roma
Aunque Carl comienza a sentirse en casa en Glenwood Springs, está muy lejos tanto de Cleveland como de Roma.
“Cuando le digo a la gente que soy de Cleveland, normalmente me responden: ‘Lo siento mucho’”, bromeó. “Pero a mí me encanta ser de Cleveland”.
Y, sin disculparse con los aficionados al deporte de Colorado, añadió: “Soy fanático de los equipos deportivos de Cleveland de principio a fin. ¡La gente de Cleveland es muy leal porque no nos queda de otra!”.

Antes de entrar al seminario, Carl estudió en la Universidad de Denver con la intención de dedicarse profesionalmente a la música. Sin embargo, Dios tenía otros planes para este talentoso saxofonista.
Criado en una familia católica, atribuye gran parte de su fe al ejemplo de su padre.
“Es un hombre que toma muy en serio la verdad, que lee mucho y que está profundamente convencido de la fe católica por su verdad y su belleza”, comentó Carl. “Eso me dio un conjunto de principios sobre los que construir mi vida”.
Aunque ambos padres practicaban la fe, nunca lo presionaron para que siguiera asistiendo a la iglesia durante sus años universitarios.
“Tuve completa libertad para buscar a Dios por mí mismo y no como algo que simplemente me habían transmitido”, recordó.
Es una libertad por la que, asegura, sigue profundamente agradecido.
Durante la universidad también conoció al capellán del campus, quien se convirtió en otro mentor importante.
“Invirtió tiempo en mí y me animó a seguir a Jesús de manera más radical”, compartió Carl.
Fue también durante esos años cuando realizó una peregrinación a Tierra Santa que cambió su vida.
“No tenía conmigo mi saxofón”, recordó, “pero sí tenía una hora santa diaria, participaba en la Misa todos los días y visité los lugares donde Jesús caminó y predicó. Cuando regresé, me di cuenta de que quería más de eso. Lo deseaba más que dedicarme a la música”.
Comienzo de una vocación
“Me di cuenta de que Dios estaba cambiando y reordenando la dirección de mis deseos. El deseo de estar con él se volvió más fuerte en mi corazón que el de ser músico”, recordó.
Ingresó al seminario en el 2020.
Cambiar una carrera que podría haberlo llevado a los escenarios y a los reflectores por una vida de servicio silencioso y oculto podría parecer un cambio radical. Sin embargo, Carl encuentra una conexión inesperada entre ambas vocaciones.
“La música puede ser una experiencia trascendente. Te atrae hacia algo hermoso, algo que creas junto con otras personas”, explicó. “Te saca de ti mismo y te lleva hacia algo más grande”.
“Lo que me sorprendió del seminario es que los mismos deseos que había en mi corazón —crear algo bello y hacerlo junto con otros— se encuentran realizados en esta vocación”, continuó.
Después de tres años de formación, el entonces arzobispo Samuel Aquila le pidió que continuara sus estudios de teología en el Pontificio Colegio Norteamericano de Roma.
Este octubre será ordenado diácono en la Basílica de San Pedro, una bendición extraordinaria por sí misma. Para hacer el momento aún más especial, el obispo Robert Barron presidirá la ordenación. Y, para quienes se lo pregunten, sí, será transmitida por televisión.
Si Dios lo permite, Carl será ordenado sacerdote de Jesucristo en el 2027.
Discernir el llamado de Dios
Cuando se le preguntó qué consejo daría a alguien que intenta discernir el plan de Dios para su vida, Carl respondió sin dudar.
“El punto de partida es encontrar un momento para la oración todos los días”, afirmó.
También subrayó la importancia del silencio.
“Necesitamos reducir los estímulos”, dijo. “Aprender a cultivar el silencio y la atención a la vida interior es el terreno fértil en el que podemos escuchar la voz de Dios”.
¿Y qué pasó con el saxofón? No cabía en su equipaje de mano, pero Carl asegura que sigue tocándolo cada vez que tiene oportunidad.
Y quizá eso sea precisamente lo más apropiado. Dios no quitó la música de la vida de Carl, simplemente cambió la melodía. El mismo corazón que antes anhelaba crear belleza para y con los demás a través del saxofón, hoy ayuda a las personas a encontrarse con la belleza trascendente y eterna de Cristo mediante el ministerio sacerdotal.






