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Image by Simon Berger

Perspective

Dar lo mejor de sí: la vida de servicio humilde y discreto de una feligresa de la parroquia Annunciation

Foto del escritor: Arquidiócesis de Denver
Arquidiócesis de Denver
hace 1 hora
3 min de lectura

Desde la limpieza del presbiterio hasta las visitas a los enfermos en el hospital y las misiones en México, Sue Gómez sirve con humildad y discreción, ofreciendo a Dios lo mejor de sí misma.


(Foto proporcionada)
(Foto proporcionada)

Mucho antes de que comience la primera Misa del día en la parroquia de la Annunciation, en Denver, alguien ya abrió las puertas y barrió los pisos. La mayoría de los feligreses nunca se pregunta quién lo hace. Y Sue Gómez prefiere que así sea.


Sue limpia el presbiterio, prepara todo para la Misa y arregla las flores. Su párroco, el padre Christopher Gama, OFM Cap., quien la nominó como Discípula del Mes, describe su servicio como constante, humilde y, muchas veces, desapercibido. Sue se describe a sí misma de la misma manera.


“Definitivamente, no soy una líder y prefiero hacer discretamente lo que esté a mi alcance”, dijo Sue. “Solo necesito saber qué hay que hacer y esforzarme al máximo. Me gusta mantener limpia y ordenada la casa de Dios porque él merece lo mejor que podemos ofrecerle”.


Ese cuidado por la Iglesia nace del tiempo que se pasa con quien habita en ella. Sue suele orar ante el Santísimo Sacramento y recuerda cómo el Catecismo de la Iglesia Católica, citando las palabras de san Juan María Vianney, describe la oración contemplativa: “Yo le miro y él me mira” (CIC, 2715). Para ella, la adoración eucarística es como pasar tiempo con un buen amigo. Hay días en los que no logra aquietar su mente, y eso no le preocupa.


“Cuando no logro alcanzar esa quietud, no me inquieto, porque creo que entonces Jesús le habla a mi alma”, dijo. “Aunque en ese momento no sea consciente de su mensaje, con el paso del tiempo va influyendo en mi vida cotidiana”.


El padre Chris reconoce que esa relación con Cristo es la raíz de todo lo que Sue hace, incluso de la manera en que lleva el amor eucarístico a los enfermos y a quienes no pueden salir de sus hogares. Sue lleva la Sagrada Comunión a pacientes católicos del hospital Denver Health y considera este servicio un verdadero regalo. Cuando ve que el rostro de un paciente se ilumina o que le brotan las lágrimas, sabe que Jesús ha tocado su corazón.


“Soy portadora de la Eucaristía y estoy muy agradecida por ello”, dijo. “Jesús hace todo el trabajo. Me siento muy bendecida de poder participar en esta obra”.


Hay una experiencia con un paciente que Sue guarda en su corazón desde hace casi diez años. Se llamaba Salvador y padecía un cáncer avanzado. Recibía la Comunión con gran alegría. Un día, Sue le llevó un pequeño crucifijo y le dijo: “Estás en la cruz con Jesús”.


A lo largo de los años, Sue también ha servido a inmigrantes y sus familias de distintas maneras. Visitó a familias que vivían en viviendas proporcionadas por los agricultores. En diferentes ocasiones, dos familias inmigrantes vivieron con ella y su familia durante dos o tres meses.


Mientras trabajaba como secretaria parroquial en la parroquia de St. Augustine, en Brighton, ayudó a brindar refugio durante las noches en el sótano de la iglesia a inmigrantes y vecinos de la comunidad que no tenían hogar.


Más adelante, durante una misión en Hermosillo, Sonora, México, Sue le comentó a Miguel, un evangelizador de tiempo completo que la acompañaba, que le gustaría hablar mejor español para poder ayudarlo mejor. La respuesta de Miguel se le quedó grabada. Le recordó que Jesús envió a sus discípulos de dos en dos para que, mientras uno hablara, el otro orara.


“Ahora yo estoy hablando y tú estás orando; algún día tú hablarás y yo oraré”, recordó lo que le dijo Miguel.


El padre Chris asegura que Sue sirve sin buscar reconocimiento y que, mediante la oración, la caridad y su presencia fiel, vive la esencia de lo que significa ser una discípula misionera. Por su parte, Sue simplemente dice que está agradecida.


“Nunca me ha gustado ser el centro de atención. Me da vergüenza”, dijo. “Simplemente hago lo que puedo porque es una respuesta natural al amor y la misericordia que Dios me ha dado a lo largo de mi vida”.


¡Felicidades, Sue Gómez, por haber sido nombrada Discípula del Mes de la Colecta Anual del Arzobispo!



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¿Conoces a alguien que sea un ejemplo de entrega y servicio a los demás? ¡Nomínalo aquí y podría convertirse en el próximo Discípulo del Mes!

 

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