Arzobispo James celebra su primer Día del Diácono con un llamado al servicio desde la entrega
- Diácono Ernie Martinez

- hace 4 horas
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El encuentro anual reunió a diáconos de Denver, sus esposas, diáconos viudos y viudas, y sacerdotes para la Misa, la renovación de promesas y la fraternidad.


Diáconos de toda la Arquidiócesis de Denver, incluidos diáconos activos, jubilados y viudos, se reunieron el 12 de agosto en la parroquia Immaculate Heart of Mary, en Northglenn, para el Día del Diácono que la arquidiócesis celebra anualmente, junto con sus esposas, las viudas de diáconos fallecidos y sacerdotes de la arquidiócesis.
El encuentro anual ofrece a los diáconos del norte de Colorado la oportunidad de renovar las promesas hechas en su ordenación y de reunirse con su arzobispo como una sola comunidad diaconal. Con la presencia del arzobispo de Denver, Mons. James Golka, y el obispo auxiliar Jorge Rodríguez, la Misa especial y el banquete de este año fueron particularmente emotivos.
“Cada oportunidad que se nos ofrece para compartir tiempo, oración y fraternidad con el arzobispo no tiene precio”, dijo el diácono Jerry Swain, de la parroquia Blessed Sacrament en Denver.
Ejemplo de santidad
Este año, el Día del Diácono se celebró en memoria de san Euplio de Catania, diácono y mártir del siglo IV. Arrestado durante la persecución del emperador Diocleciano el 12 de agosto del año 304, san Euplio se negó a entregar el Libro de los Evangelios que llevaba consigo y a renunciar a su fe.
“Soy cristiano y leo las Sagradas Escrituras”, declaró Euplio mientras era torturado.
Condenado a muerte, fue llevado a su ejecución con el Libro de los Evangelios colgado al cuello. Fue decapitado mientras alababa a Dios.

En su homilía, el arzobispo James relacionó el testimonio de san Euplio con el triple ministerio confiado a todo diácono: el servicio a la Palabra, al altar y a la caridad.
Al reflexionar sobre la oración sacerdotal de Jesús en Juan 17, proclamada durante la Misa, el arzobispo destacó la importancia de las palabras “dar” y “mundo”. El Padre da toda autoridad al Hijo, pero, sobre todo, le da a Jesús a sus discípulos. Ese don conlleva una responsabilidad de cuidado y de administración.
Para los diáconos, esta responsabilidad se expresa al proclamar y enseñar la Palabra de Dios, al servir en el altar y al llevar la caridad de Cristo a las necesidades y sufrimientos del mundo.
El “mundo” en el Evangelio de Juan, subrayó el arzobispo James, no es un lugar malvado del cual los cristianos deban escapar. Dios creó el mundo bueno y desea recuperar lo que ha sido herido por el pecado. Por lo tanto, los diáconos deben ser discípulos intencionales de Jesucristo, hombres enviados en misión al mundo, no separados de él.
Diáconos llamados a entregarse a sí mismos
Durante el banquete después de la Misa, el arzobispo James profundizó en esa misión a través del tema de la kenosis, palabra griega que describe, en Filipenses 2, la entrega de Cristo.
Cristo, aunque era divino, no se aferró a su condición, sino que “se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo” (Filipenses 2, 7). Este despojo de sí mismo se encuentra en el corazón de la identidad diaconal, que se convierte en un signo sacramental vivo de Jesús, quien no vino para ser servido, sino para servir.
La conferencia principal retomó un tema presente desde hace tiempo en las enseñanzas del arzobispo James. Él ha descrito la kenosis como la entrega total que Cristo hace de sí mismo, cuerpo y sangre, alma y divinidad. También ha relacionado esa entrega con la Eucaristía, el lavado de los pies de los discípulos y la misión de caridad de la Iglesia.
Para un diácono, la kenosis significa no reservarse nada ante Cristo. Se vive en el ministerio visible en el ambón y en el altar, pero también mediante sacrificios menos visibles: responder cuando el ministerio resulta inconveniente, acompañar a las personas en el duelo, servir a los pobres y permitir que las necesidades de los demás interrumpan el propio tiempo y los propios planes.
La presencia de las esposas de los diáconos, los diáconos viudos y las viudas de diáconos fallecidos hizo que ese mensaje resultara especialmente conmovedor. Cada uno da testimonio, de manera particular, de la fidelidad, el sacrificio y el amor que acompañan toda una vida de servicio diaconal.
“Es alentador compartir, aunque sea un poco, tiempo con otras esposas de diáconos”, dijo Darci Swain, esposa del diácono Jerry. “Hay muy pocas ocasiones en las que nos vemos”.

Fraternidad, servicio y fe
Durante la velada también se reconoció a cuatro diáconos cuyos ministerios suman en total 145 años de servicio ordenado. El diácono Richard Bowles, de la parroquia St. Paul en Colorado Springs, el diácono Ray Noll y el diácono Henry Sandoval, de la parroquia Guardian Angels en Denver, fueron reconocidos por 45 años desde su ordenación, mientras que el diácono Mark Kinnare, de la parroquia Sts. Peter and Paul en Wheat Ridge, recibió un reconocimiento por 10 años de servicio.
“Es una oportunidad muy significativa para reconocer y felicitar a nuestros hermanos diáconos que han servido fielmente durante tantos años”, dijo el diácono Taylor Elder, de Immaculate Heart of Mary. “También es uno de esos momentos en los que podemos reconocer el don que representan nuestras esposas y el sacrificio de las viudas”.
Uno de los sacerdotes de la arquidiócesis que estuvo presente dijo que el encuentro reveló algo más profundo que el número de años de servicio.
“Me impresionaron la fraternidad y el amor por la Iglesia que estos hombres han vivido en su vida diaconal”, dijo.
En el encuentro también participaron algunos miembros de la generación de formación cuya ordenación está prevista para 2027.
“Asistir a la Misa y a la cena del Día del Diácono como candidato al diaconado fue un privilegio especial”, dijo William Stanley. “Tuvimos la oportunidad de asistir a la Misa con el arzobispo y escuchar sus reflexiones sobre los diáconos y la importancia de su ministerio. Después, al convivir con los diáconos durante la comida, pudimos vislumbrar lo que significa ser diácono y conocer el impacto que ejercen en el mundo de hoy. Fue una hermosa noche de fraternidad y una bendición para mí poder asistir”.
Miembros de los Caballeros de Colón sirvieron la comida del banquete, expresando generosamente su amor por el servicio mediante su hospitalidad. Su trabajo discreto y atento reflejó el espíritu que se celebró durante toda la noche: la caridad hecha tangible mediante el servicio a los demás.
Incluso las distancias recorridas se convirtieron en parte del buen humor de la velada. El diácono Chet Ubowski, de la parroquia St. Frances Cabrini en Littleton, ofreció quizá la evaluación más concisa de la noche: “Es el trayecto más largo que he hecho para ir a cenar en mucho tiempo”.
En última instancia, el Día del Diácono 2026 apuntó más allá de una mera celebración. Mediante el testimonio de san Euplio, la renovación de las promesas, el reconocimiento del servicio fiel y el llamado del arzobispo James a la kenosis, el encuentro volvió a llevar a los diáconos de Denver al corazón de su vocación.
Como el Libro de los Evangelios que san Euplio se negó a entregar, el evangelio les ha sido confiado. Su misión es proclamarlo, servirlo y encarnarlo, permitiendo que Cristo Servidor se entregue a sí mismo a través de sus vidas, por la Iglesia y por la vida del mundo.








