5 claves del papa Francisco para evangelizar
- Escritor Invitado

- hace 20 horas
- 5 Min. de lectura
Con un compartir sincero, la Palabra de Dios, el testimonio, el kerigma y la oración, podemos invitar a otros a encontrarse con Jesús.

Por Meg Stout
Cuando pensamos en la evangelización, ¿qué se nos viene a la mente? ¿Nos sentimos preparados para evangelizar? Podríamos presionarnos con expectativas muy altas, pensando que debemos tener el equivalente a un título en teología para explicar adecuadamente la enseñanza de la Iglesia, o tener nervios de acero para ganar discusiones.
La verdad es que dominar un argumento no es una manera tan efectiva de conquistar a alguien, y no necesitamos tenerlo todo perfectamente resuelto para que Dios nos use para acercar a alguien más a él.
En La alegría del Evangelio, el papa Francisco nos ofrece un camino más sencillo, haciendo accesible la evangelización cotidiana. Propone lo que él llama la predicación informal, que consiste en llevar el evangelio a nuestras conversaciones diarias con quienes encontramos o con quienes tenemos una relación (cf. EG 127).
El papa Francisco tiene un párrafo en particular que nos brinda mucha orientación sobre esta predicación informal. A continuación, presentamos la mayor parte de ese párrafo y después veremos algunas sugerencias prácticas:
En esta predicación, siempre respetuosa y amable, el primer momento es un diálogo personal, donde la otra persona se expresa y comparte sus alegrías, sus esperanzas, las inquietudes por sus seres queridos y tantas cosas que llenan el corazón. Sólo después de esta conversación es posible presentarle la Palabra, sea con la lectura de algún versículo o de un modo narrativo, pero siempre recordando el anuncio fundamental… Si parece prudente y se dan las condiciones, es bueno que este encuentro fraterno y misionero termine con una breve oración que se conecte con las inquietudes que la persona ha manifestado. Así, percibirá mejor que ha sido escuchada e interpretada, que su situación queda en la presencia de Dios, y reconocerá que la Palabra de Dios realmente le habla a su propia existencia (EG 128).
Compartir desde el corazón
Es en el contexto del diálogo personal donde puede surgir la oportunidad de evangelizar mediante esta predicación informal. El papa Francisco incluso nos indica cómo reconocer el momento oportuno: cuando la otra persona comparte algo del corazón —una alegría, una preocupación, una esperanza o una necesidad—. Cuando escuchamos a alguien y se abre con vulnerabilidad, debemos reconocer que la conversación está tomando profundidad y que puede ser una oportunidad para compartir la Buena Nueva.
Versículo bíblico
Cuando una persona ha compartido una alegría o una dificultad, puede ser un buen momento para ofrecer un versículo de la escritura que toque su corazón. “Pues viva es la palabra de Dios y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta la división entre alma y espíritu, articulaciones y médulas; y discierne sentimientos y pensamientos del corazón” (Hebreos 4, 12).
La Palabra de Dios, inspirada divinamente, es poderosa; puede convertir. ¿Estamos dispuestos a compartir un versículo bíblico? Requiere valentía. ¿Y somos capaces? ¿Conocemos la Palabra de Dios? La Escritura debe formar parte de nuestra vida. Es fácil empezar a integrarla en el día a día: descargar una aplicación con lecturas diarias o escuchar un pódcast de la Biblia durante un año. Memorizar versículos clave también es importante para que la Palabra de Dios esté siempre en nuestra mente, lista en nuestros labios y ardiendo en nuestro corazón. En mi parroquia, nuestro equipo tiene un versículo mensual para memorizar, y lo ponemos como fondo de pantalla en nuestros teléfonos para verlo con frecuencia. Al guardar la Palabra de Dios en el corazón, estamos listos para compartirla cuando se presenten distintas circunstancias.
Contar una historia
“Estén siempre dispuestos a dar respuesta a quien nos pida razón de nuestra esperanza” (1 Pedro 3, 15).
Escuchar cómo Dios ha actuado en la vida de alguien resulta muy convincente. En algún momento cercano, tómate un tiempo para reflexionar sobre lo que Dios ha hecho en tu vida. No solo es una gran oportunidad para crecer en la gratitud, sino que también te ayudará a dar testimonio de su bondad. ¿Cómo te ha transformado? ¿Cómo te ha dado esperanza? ¿Cómo te ha ayudado en una dificultad o te ha bendecido con algo alegre?
Después, formula una o dos frases que expresen lo que Dios hizo. Intenta pensarlo en términos de antes, cómo y ahora. Por ejemplo: “Antes me sentía insegura, pero Dios me mostró que su amor es irrevocable, y ahora tengo confianza como su hija amada”. Este testimonio sencillo abre la puerta a un compartir más profundo. Puedes tener muchos testimonios distintos de lo que Dios ha hecho; confía en que el Espíritu Santo pondrá en tu corazón aquel que pueda dar pie a una conversación futura.
Mensaje fundamental
Mientras hacemos todo esto, el papa Francisco nos recuerda que debemos tener siempre presente el mensaje fundamental: el evangelio. La historia que compartimos y la conversación que sostenemos no deben alejarse de la buena nueva. Esto mantiene a Cristo en el centro. El mensaje del Evangelio tiene cuatro puntos principales que se pueden recordar fácilmente con estas palabras: Creado, Capturado, Rescatado, Respuesta.
Creado: Dios te creó por amor y tiene un plan para tu vida.
Capturado: El enemigo te atrapó mediante el pecado, dañando esa relación y el plan de Dios para ti.
Rescatado: Dios envió a su Hijo, Jesús, para rescatarte al morir por tus pecados y devolverte la relación con él.
Respuesta: Estamos invitados a responder cambiando nuestra vida y haciendo de Jesús nuestro Señor.
Orar juntos
Por último, el papa Francisco nos invita a orar juntos. ¡No estamos acostumbrados a hacerlo! Te animo a intentarlo. Si no sabes qué decir, puedes simplemente rezar la oración que Jesús nos enseñó: el padrenuestro.
A medida que te sientas más cómodo creando tu propia oración, piensa en aquello que la persona compartió desde el corazón e inclúyelo en tu intención: dar gracias a Dios por una alegría o bendecir a Dios por un don recibido, o bien interceder por un sufrimiento o por una preocupación. Lo que hace tu oración sencilla es poner el corazón de la otra persona ante Dios. Así se sentirá escuchada, valorada y sostenida en el amor, tanto por ti como por él.
Esta predicación informal puede darse con mucha frecuencia si estamos atentos a las oportunidades que Dios nos ofrece. Intenta practicar, aunque sea, una o dos de estas sugerencias del papa Francisco, pide valentía en la oración y ten la certeza de que el Espíritu Santo actúa en el corazón de la persona que encuentras y en el tuyo mientras compartes la Buena Nueva.









