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Image by Simon Berger

Perspective

“Todo fue un don”: arzobispo emérito Samuel Aquila celebra 50 años de sacerdocio

  • Foto del escritor: André Escaleira, Jr.
    André Escaleira, Jr.
  • 8 jun
  • 6 min de lectura

Cientos de personas se reunieron en Denver para honrar el jubileo de oro del arzobispo Samuel Aquila y las innumerables vidas que ha tocado a lo largo de cinco décadas de ministerio sacerdotal y para reflexionar sobre la fidelidad de Dios, la alegría del evangelio y toda una vida de gracia.


"Todo fue un don. Todos y cada uno de ustedes son un regalo en mi vida", dijo el arzobispo emérito Samuel Aquila en su homilía durante una Misa especial de jubileo y celebración con motivo del 50.º aniversario de su ordenación sacerdotal. (Foto de Daniel Petty/El Pueblo Católico)
"Todo fue un don. Todos y cada uno de ustedes son un regalo en mi vida", dijo el arzobispo emérito Samuel Aquila en su homilía durante una Misa especial de jubileo y celebración con motivo del 50.º aniversario de su ordenación sacerdotal. (Foto de Daniel Petty/El Pueblo Católico)

La música del grupo Los Bukis dominaba en las estaciones de radio. El Lite Brite iluminaba las salas familiares por todas partes. En aquellos días, el 5 de junio de 1976, un joven Samuel J. Aquila yacía postrado en el suelo de la Basílica Catedral de la Inmaculada Concepción en Denver, ofreciendo su vida al Padre como un regalo y convirtiéndose en sacerdote de Jesucristo.


Cincuenta años después, el ahora arzobispo emérito de Denver se reunió con cientos de fieles en el centro de St. John Paul II para la Nueva Evangelización, en Denver, sede de los seminarios St. John Vianney Seminary y Redemptoris Mater, para celebrar la fidelidad de Dios a lo largo de las décadas con una Misa jubilar especial y una recepción.


“Todo mi ministerio ha estado enfocado en guiarlos al encuentro con Jesucristo, a conocer personalmente su amor por ustedes y a salir en misión con él”, dijo el arzobispo emérito Samuel en su homilía durante la Misa jubilar. “Mientras he reflexionado y orado durante las últimas semanas sobre este aniversario y su significado, lo primero que vino a mi corazón fue una profunda gratitud hacia Jesús”.


A pesar de sus imperfecciones y pecados, dijo el arzobispo emérito, Dios lo ha bendecido con dones inmensos a lo largo de los años.


“No merecía nada. No tenía derecho a nada. Todo fue un don. Cada uno de ustedes es un regalo en mi vida”, afirmó.


Sin embargo, el mayor regalo de estos últimos 50 años ha sido el privilegio de presenciar cómo otras personas se enamoran de Jesucristo.


“La mayor alegría ha sido simplemente ver a personas que se han encontrado con Jesucristo. Mi mayor deseo es que lleguen a conocer a Jesucristo, el amor que Cristo tiene por ellas, y que realmente abran su corazón para recibir ese amor y vivirlo”, dijo a El Pueblo Católico. “Jesús ama a cada uno de nosotros. No importa cuán grandes pecadores hayamos sido ni qué pecados hayamos cometido, Jesús está total y completamente comprometido con cada ser humano. Lo único que necesitan es abrir su corazón para recibir ese regalo. Sin duda, mi esperanza es que cada persona lo haga”.


 (Fotos de Daniel Petty/El Pueblo Católico)


La magnitud de un ministerio de 50 años no pasó desapercibida entre los presentes, quienes reflexionaban sobre cuántas almas habían sido impactadas por el ministerio del arzobispo emérito Samuel. ¿A cuántas personas bautizó? ¿Confirmó? ¿Ungió? ¿Cuántas almas se reconciliaron con el Padre gracias a las confesiones que escuchó? ¿Cuántos recibieron a Jesucristo en las miles de Misas que celebró? ¿Cuántos sacerdotes y diáconos ordenó?


“Cincuenta años de sacerdocio son un regalo para él, pero aún más para la Iglesia, porque no es nuestro sacerdocio, sino el sacerdocio de Jesucristo, y así es como Cristo cuida de su Iglesia”, explicó el arzobispo de Denver, James Golka. “Trato de imaginar cuántas personas fueron tocadas por el Señor a través de sus palabras y de sus acciones sencillas durante estos 50 años. Para mí, es motivo de alegría y una gran bendición para la arquidiócesis”.


“Cuando uno mira hacia atrás y dice: ‘Entregué mi vida a Jesús’, resulta muy alentador e inspirador para todos nosotros ver: ‘Esto es lo que estoy dejando: una Iglesia con nuevos sacerdotes, nuevas parroquias y una vibrante comunidad católica en Colorado’”, añadió el obispo Jorge Rodríguez.


“Algo que me gusta mucho reflexionar, especialmente ahora que el arzobispo cumple 50 años de ordenado y ha celebrado Misa todos los días, es la cantidad de Misas que ha celebrado”, comentó Thaddeus Conder, seminarista arquidiocesano que estudia en el seminario St. John Vianney. “Para la arquidiócesis y para la gente es algo impresionante. Cada Misa tiene un valor infinito, pero hacerlo todos los días durante 50 años… yo quiero eso. Es algo muy inspirador y hermoso”.


Entre los asistentes al jubileo se encontraba una pequeña representación de los miles de fieles impactados por el ministerio del arzobispo Samuel, todos llenos de gratitud y asombro ante lo que Dios puede hacer con un solo “sí”.


“Cuando Dios nos tiene en sus planes y seguimos su camino, todo lo que desea para nosotros y todo lo que tiene preparado para nosotros es maravilloso. Es muy importante reconocer cómo Dios nos forma y nos transforma. Todo lo que él hace con nosotros es maravilloso”, dijo Ana de Marco, feligresa de la parroquia Queen of Peace en Aurora, a El Pueblo Católico.


“Es una gran oportunidad de estar aquí para celebrar los 50 años de sacerdocio del arzobispo y todo lo que ha hecho por Denver”, añadió Brandon Ortega. “Personalmente, sus palabras, tanto escritas como habladas, me hicieron reflexionar más profundamente sobre mi fe y me ayudaron a vivir una conversión más profunda y una relación más cercana con Jesús”.


Para Chris Stefanick, quien conoce bien al arzobispo Sameul desde hace años, este aniversario fue una oportunidad para “dar gracias a Dios por el regalo que ha sido para nuestra familia”, así como para toda la Iglesia local.


“Amo a mi arzobispo. De verdad lo amo. No solo ha sido un gran líder, sino que eso también nos da tranquilidad. Cuando tienes un buen padre, hay muchas cosas de las que no te preocupas como hijo”, comentó. “Dentro de la comunidad de fe, ha sido un buen padre y un líder fuerte en medio de un mundo complicado. Ha sido una voz clara, gracias a la cual no hemos tenido que preocuparnos por muchas confusiones. Eso ha sido una bendición para la arquidiócesis y seguirá siéndolo por mucho tiempo”.


Ese liderazgo fiel no estuvo exento de sacrificios, señalaron tanto el arzobispo como quienes han trabajado cerca de él. A lo largo de su ministerio, acompañó a los fieles en innumerables cambios culturales y sociales, en tragedias dolorosas y en grandes desafíos. Sin embargo, siempre lo hizo con un profundo espíritu de oración y con confianza en el Señor.


“Mucho antes de que nosotros lo supiéramos, el Señor ya sabía que el arzobispo sería sacerdote para siempre. Este arzobispo pasó por muchas pruebas. Fue difícil para él. Lo vi orar. Lo vi llorar. Y vi a un hombre que no tenía miedo”, dijo Sandra Miley, quien ha trabajado con el arzobispo Samuel durante varios años. “Lo único que lo sostuvo fue su vida de oración, su relación y comunión con el Señor. Es un hombre de oración”.


Haciendo referencia a la primera lectura de la carta de san Pablo a Timoteo, el arzobispo Samuel exhortó a los presentes a permanecer fieles tanto en la persecución como en la consolación, en los tiempos difíciles y en los momentos buenos, porque “él solo desea que alcancen la salvación, y él es fiel. Él es quien perfecciona nuestra fe. Él es quien nos ayuda, incluso cuando caemos, a crecer en santidad”.


Al inicio de esta nueva etapa de su ministerio, ahora más discreta en la jubilación, el arzobispo Samuel dejó a los fieles una invitación sencilla, la misma que ha resonado a lo largo de sus 50 años de sacerdocio: conocer y amar a Jesucristo.


“Hermanas y hermanos, les pido que abran su corazón a todas las promesas de Jesús y a todo lo que él desea para cada uno de ustedes. Únanse conmigo para dar gracias por todas las bendiciones que personalmente he recibido y que ustedes también han recibido. Ofrezcan su corazón con gratitud, incluso por los sufrimientos y persecuciones que han experimentado por ser católicos”, concluyó. “Y, sobre todo, hagan suyas las palabras de san Juan Pablo II: ‘¡No tengan miedo!’ Jesucristo es fiel cuando nosotros somos fieles. Él es misericordioso y amoroso. Y desea, como oró Jesús al Padre, que seamos uno con él y con el Padre”.

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