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Perspective

Seis seminaristas de Denver dan un paso más hacia el sacerdocio

Foto del escritor: André Escaleira, Jr.
André Escaleira, Jr.
hace 1 hora
5 min de lectura

Tras ser instituidos lectores y acólitos, los seis seminaristas profundizan en su relación con Cristo a través de su Palabra y de la Eucaristía, mientras preparan sus corazones para servir como sacerdotes.


El obispo Jorge Rodríguez instituyó el sábado a seis seminaristas de Denver, junto con seminaristas de otras diócesis, en los ministerios de lector y acólito, como un paso más en su camino hacia el sacerdocio. (Foto proporcionada)
El obispo Jorge Rodríguez instituyó el sábado a seis seminaristas de Denver, junto con seminaristas de otras diócesis, en los ministerios de lector y acólito, como un paso más en su camino hacia el sacerdocio. (Foto proporcionada)

Seis seminaristas de Denver, acompañados por seminaristas de otras diócesis, dieron el sábado un paso más hacia el sacerdocio al ser instituidos lectores y acólitos por el obispo Jorge Rodríguez. Aunque ambos ministerios suelen ser desempeñados por laicos comprometidos en parroquias de todo el mundo, la institución formal de estos ministerios representa un momento significativo en la formación sacerdotal.


“Los ministerios de lector y acólito son pasos significativos en su camino vocacional hacia el sacerdocio”, explicó el obispo Jorge a los seminaristas durante una Misa especial celebrada en la capilla Christ the King del seminario St. John Vianney, en Denver. “Pero la formación sacerdotal no consiste solamente en aprobar algunas clases y exámenes de filosofía o teología, en adquirir algunas habilidades pastorales o en vivir ciertas experiencias. Se trata de la conformación gradual de su corazón a Jesús”.


Mientras estos seis seminaristas de Denver, junto con los 100 hombres que se forman para la arquidiócesis, se preparan para ser sacerdotes felices, santos y sanos, buscan parecerse cada vez más a Jesús, continuó.


“Su libro principal es la persona de Jesucristo. Su metodología es la intimidad y la amistad con Jesucristo”, dijo el obispo. “Y el resultado es una identificación perfecta con la mente, el corazón, los sentimientos, la gracia y el propósito de Jesús. La graduación llegará cuando puedan decir con san Pablo: ‘Para mí, la vida es Cristo’”.


Aunque la institución en estos ministerios es un paso importante que conlleva ciertas responsabilidades, en esencia, este momento destaca la transformación continua necesaria para servir bien al pueblo de Dios.


“El lector los remite a la palabra de Jesús, a su mente y a su plan. La palabra de Dios en las Escrituras es la mejor manera de entrar en el alma de Jesucristo y llegar a conocerlo”, explicó el obispo Jorge. “No pueden amar lo que no conocen. Leerán la Palabra de Dios a la comunidad, pero su palabra debe brotar de su mente, una mente transformada y conformada con Jesús”.


“Ustedes, los acólitos, en cambio, están vinculados al altar, es decir, al sacrificio de Jesús por la salvación del mundo”, continuó. “Servirán en el altar. Su lugar está más cerca de donde se sacrificó Jesús. Pero esa cercanía no se refiere solo a la ubicación, sino también al corazón. Ahora, en este momento, están llamados a identificarse con el amor de Jesús por la humanidad”.


Seis seminaristas de Denver, junto con seminaristas de otras diócesis, fueron instituidos en los ministerios de lector y acólito el sábado en el Seminario St. John Vianney, en Denver. (Foto proporcionada)
Seis seminaristas de Denver, junto con seminaristas de otras diócesis, fueron instituidos en los ministerios de lector y acólito el sábado en el Seminario St. John Vianney, en Denver. (Foto proporcionada)

Para los hombres llamados al ministerio de lector, servir a la Iglesia proclamando la palabra de Dios los ha llevado a adentrarse más profundamente en el corazón de Cristo, que arde de amor por su pueblo.


“Para mí, proclamar la Palabra de Dios es proclamar el amor de Dios por los hombres y su plan de salvación”, dijo Martin Bisio a El Pueblo Católico. “La Iglesia me confía la proclamación de lo que Dios se digna enseñarnos para que las personas puedan conocerlo y experimentar su amor infinito. Pido en oración poder ser un buen instrumento de la Palabra de Dios para que muchas personas lleguen a conocer a Cristo y amarlo”.


“Considero una gran gracia y una hermosa responsabilidad que se me confíe este nuevo carisma de proclamar la Palabra de Dios y difundirla entre los demás”, agregó Francisco Conte-Grand. “Estoy feliz de poder participar en la misión de la Iglesia de llevar el amor de Dios a todos”.


“Durante los últimos años, se me ha hecho cada vez más claro que la Sagrada Escritura es un lugar de encuentro con el Dios vivo. Meditar en el texto sagrado me ha ayudado a crecer en mi amistad con Cristo y a reinterpretar mi vida a la luz del cuidado providencial del Padre”, dijo David Napierkowski. “Para mí, ser instituido como lector es un llamado a crecer en mi devoción a la palabra de Dios y a compartir su riqueza con los demás”.


Para quienes fueron instituidos acólitos, servir en el altar es un gran honor que los ha marcado profundamente. Muchos señalaron que este ministerio los orienta hacia la intimidad eucarística del sacerdocio.


“Cada paso es un paso más hacia la intimidad total con Jesús que proviene de consagrarlo en la Eucaristía”, dijo el hermano Peter Xavier, SCJ, a El Pueblo Católico. “Estoy agradecido de poder servir en el altar de esta nueva manera y anhelo el momento de estar lo más cerca posible de él en la Eucaristía como sacerdote”.


“He crecido en el reconocimiento de cuán generoso es Jesús al entregarse a nosotros en la Eucaristía. Él nos da toda su atención, todo su ser y su presencia en el Santísimo Sacramento, tanto al permanecer presente con nosotros en el sagrario como, de manera aún más significativa, al unirse a nosotros en la sagrada comunión”, agregó el hermano Philip Collins, SCJ. “Esta generosidad de Jesús, que se entrega por completo a mí, despierta en mí el deseo de entregarme por completo a él, especialmente sirviéndolo en su rebaño”.


El hermano Philip Collins, SCJ, es instituido en el ministerio de acólito por monseñor Jorge Rodríguez, obispo auxiliar de Denver. (Foto proporcionada)
El hermano Philip Collins, SCJ, es instituido en el ministerio de acólito por monseñor Jorge Rodríguez, obispo auxiliar de Denver. (Foto proporcionada)

“Mi manera de pensar se ha transformado y ahora veo el servicio cerca del altar como una forma de servir al centro de mi vida espiritual”, dijo Cody Bliss. “Confiar a un acólito el manejo de la Eucaristía hace que la realidad de la presencia de Cristo sea aún más personal. Ya no se trata solamente de ayudar en la Misa, sino de permitir que la humildad de Cristo en la Eucaristía moldee la manera en que me entrego cada día a la Iglesia”.


Mientras estos seis hombres y sus otros 94 hermanos continúan discerniendo el llamado de Dios y preparándose para el ministerio sacerdotal, piden a la comunidad arquidiocesana que los mantenga en sus oraciones, para que lleguen a ser sacerdotes y padres espirituales buenos, santos y generosos, a imitación de Jesús.


“Pediría a la gente de la arquidiócesis que rece por mí, para que siga creciendo en un corazón de padre y pueda ser el padre espiritual con quien puedan contar cuando sea ordenado”, dijo Cody.

“Muchos sacerdotes santos pueden hacer presente el amor de Dios en esta arquidiócesis y conducir a los fieles al Cielo”, concluyó Martin.


Para los seis hombres instituidos en estos ministerios el sábado, esa esperanza comienza ahora: en la Palabra proclamada, en el altar servido y en el trabajo cotidiano de parecerse cada vez más a Jesús.

 

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