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Perspective

Sacerdote hasta el final: Monseñor Michael Glenn recordado en Denver

  • Foto del escritor: Escritor Invitado
    Escritor Invitado
  • hace 3 horas
  • 4 Min. de lectura

Seminaristas, sacerdotes y fieles reflexionan sobre la vida de un querido rector del seminario St. John Vianney


Portada de un folleto religioso en inglés, con la imagen de un sacerdote y texto de la misa en sufragio. Fondo con detalles dorados.
Fieles de toda la arquidiócesis se reunieron para orar y honrar a Monseñor Michael Glenn en lo que se convertirá en una Misa anual. (Foto de Kaylee Stoll)

Por Kaylee Stoll


El mensaje del evangelio resonó en toda la iglesia: “Bien hecho, siervo bueno y fiel”.


Parecía muy apropiado que ese fuera el tema de la Misa conmemorativa por monseñor Michael Glenn el sábado 28 de febrero. Celebrada por el obispo auxiliar de Denver, Jorge Rodríguez, la Misa tuvo como intención orar por el eterno descanso y honrar al fallecido exrector del seminario St. John Vianney en Denver, cuyo nombre ahora lleva el nuevo centro recreativo del seminario.


“Monseñor Michael Glenn era un hombre de la Iglesia. Una vez nos dijo: ‘Mientras más conoces a la Iglesia, más grande tiene que ser tu fe’”, compartió el padre Héctor Chiapa-Villarreal al recordar el tiempo que pasó con monseñor Glenn. “Se refería a que la Iglesia es santa porque es la esposa de Cristo, pero también pecadora, porque nosotros, que somos pecadores, somos miembros de su Cuerpo. Nos enseñó a amar a la Iglesia como esposa de Cristo y a verla con los ojos de Cristo, con los ojos del amor, más allá de sus muchas faltas”.


Durante los discursos y palabras de recuerdo después de la Misa, monseñor Glenn fue descrito como un hombre con muchas cualidades admirables, especialmente como “padre espiritual”, “arquitecto del seminario St. John Vianney” y “sacerdote hasta el final”.


“Era un hombre muy honesto y directo”, explicó el padre Héctor. “Podía ser exigente, pero siempre era justo y se esforzaba constantemente por amar a quienes estaban bajo su cuidado con el amor de Cristo”.


 (Fotos de Kaylee Stoll)


Un padre espiritual

Como rector, monseñor Glenn era conocido por su profundo cuidado hacia los seminaristas a su cargo. Para el padre Daniel Ciucci, el exrector del seminario “vio una hermosa energía en mí y la encaminó hacia el evangelio”, a pesar de que él mismo se consideraba un seminarista “problemático”.


“Gran parte de su paternidad consistía en amarnos donde necesitábamos ser amados”, dijo durante un momento de reflexión.


Después de su etapa en el seminario, monseñor Glenn fue un pastor muy querido en las tres parroquias de la zona occidental a las que fue asignado como párroco.


“Le encantaba absolutamente ser sacerdote de parroquia y tenía en su oficina una foto de un grupo de primera comunión en St. Mary, en Aspen, donde fue párroco antes de convertirse en rector. Estoy seguro de que muchas veces miraba esa foto con añoranza, deseando volver a ser simplemente párroco en una parroquia”, explicó el padre Héctor. “Era profundamente humano; amaba las cosas buenas de la vida y a las muchas personas que Dios puso en su camino. Siempre recordaré el funeral de su madre, cuando rompió en llanto al predicar, mostrándose vulnerable ante todos nosotros, seminaristas, sacerdotes, familiares y amigos. Nos mostró cuánto amaba a su mamá y cuánto la iba a extrañar y, al mismo tiempo, estaba plenamente convencido de la esperanza de la Resurrección que tenemos como cristianos”.


Era evidente para todos en el templo que la vida del monseñor había dejado una huella profunda no solo en quienes escuchaban, sino en todos los que lo conocieron.


Sacerdote hasta el final

“Monseñor Michael Glenn estaba claramente enamorado del sacerdocio, que promovía con su palabra y su vida como el centro de su existencia. Fue un buen hermano para nuestro clero, profesores y personal del seminario, y al mismo tiempo una figura paterna firme para los muchos hombres a quienes ayudó a prepararse para el ministerio sacerdotal”, afirmó el padre Andrés Hoeck, quien conoció muy bien a monseñor Glenn, pues formó parte del seminario desde su refundación en 1999. Fue testigo de su llegada al seminario y también del día de su partida al Padre.


En el 2016, a monseñor Glenn le diagnosticaron cáncer cerebral, una enfermedad que finalmente le arrebató la vida en el 2019. Su amor por el sacerdocio brilló hasta el último momento. Se compartieron historias de cómo se acercaba a la Eucaristía desde su cama de hospital y animaba a otros a hacer lo mismo, incluso en medio de su sufrimiento.


“Recuerdo con cariño la profundidad de su oración personal y su amor por la Sagrada Escritura, que lo sostuvieron especialmente en la etapa final de su vida, tristemente acortada por una enfermedad grave que sobrellevó con notable valentía y alegría. Tuve el privilegio de atenderlo espiritualmente algunas veces durante su última enfermedad y me inspiró su gran amor por los sacramentos de la Iglesia. Un día, dos de nosotros, sacerdotes y antiguos seminaristas suyos, llegamos al mismo tiempo a su habitación del hospital. Mientras uno le cedía al otro la unción de los enfermos, él simplemente dijo: ‘Está bien. Los quiero a los dos’. Fue una respuesta muy paternal hacia nosotros, sus hijos espirituales”, recordó el padre Héctor con afecto, contemplando cómo continuó acercándose al Señor y permaneció firme en su sacerdocio a lo largo de su enfermedad.


Un nuevo futuro y un grato recuerdo

La noche conmemorativa concluyó entre risas y alegría, con la certeza de que el legado de monseñor Glenn seguirá impactando muchas vidas, incluso después de su muerte. Su memoria permanecerá viva a través del Monsignor Michael Glenn Center en el seminario St. John Vianney en Denver. Con una fuerte devoción a san Pier Giorgio Frassati y un amor por la recreación, el Monsignor Michael Glenn Center es un hermoso homenaje a un hombre que amó profundamente a los hombres del seminario St. John Vianney.


En palabras de san Pier Giorgio Frassati: “En efecto, la fe y la esperanza terminarán cuando muramos. En cambio, el amor, es decir, la caridad, durará toda la eternidad”. No podrían haberse pronunciado palabras más verdaderas sobre la vida y el legado de monseñor Michael Glenn.

 

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