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Perspective

“Dios siempre me estuvo llamando”: El arzobispo James ordena a un nuevo sacerdote hispano en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe 

  • Foto del escritor: Rocio Madera
    Rocio Madera
  • hace 5 días
  • 4 min de lectura

En su primera visita a la iglesia que lleva el nombre de la Morenita de Tepeyac, el nuevo pastor del norte de Colorado subrayó la importancia del sacerdocio y de la entrega. 


 El padre Juan Diego de María Gómez Jiménez, clérigo regular teatino, fue ordenado sacerdote el 7 de junio en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en Denver. (Foto: Juan Andrés Coriat)
 El padre Juan Diego de María Gómez Jiménez, clérigo regular teatino, fue ordenado sacerdote el 7 de junio en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en Denver. (Foto: Juan Andrés Coriat)

 

En la fiesta de Corpus Christi, el día dedicado al Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, la comunidad hispana recibió a un nuevo sacerdote que servirá a nuestro pueblo y nos acercará a Jesús Eucaristía. 


A seis meses exactos de su ordenación diaconal, el padre Juan Diego de María Gómez Jiménez, clérigo regular teatino, fue ordenado sacerdote el 7 de junio en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en Denver. 


La celebración estuvo marcada por la alegría, rodeado de su comunidad de teatinos, sacerdotes invitados, feligreses y, como invitada especial, su madre y familiares que viajaron desde México. La ordenación fue presidida por el nuevo arzobispo de Denver, Mons. James Golka, en una liturgia mayormente en español. 


En su primera visita al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe y en la primera ordenación de un hermano teatino, el arzobispo agradeció a Dios y a los hermanos teatinos y expresó su gozo por ordenar a un nuevo sacerdote en la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo. 


“Es la primera vez que conozco a los hermanos teatinos. Deseo expresar mi profunda gratitud por su presencia en nuestra arquidiócesis y manifestar la alegría de conferir la ordenación a un miembro de la orden. Los teatinos son misioneros; vienen aquí para atender especialmente a los inmigrantes y servirles”, afirmó el arzobispo James. 


Luego se dirigió a los presentes para recordarles la verdadera misión de los sacerdotes en nuestra Iglesia. 


“El hombre que es sacerdote debe permitir que Jesucristo actúe a través de él. No podemos tener un sacerdote si Jesucristo no está trabajando en nuestras vidas. Para cada sacramento, el mejor pastor, párroco, sacerdote es Cristo”, dijo el arzobispo James.  


“Hoy es para dar remisión a Jesucristo y entrar más en su vida y en su corazón”, continuó el arzobispo, dirigiéndose al padre Juan Diego. “Que tu enseñanza sea alimento para el pueblo de Dios. Que tu vida sea un estímulo para los discípulos de Cristo, a fin de que, con tu palabra y ejemplo, se vaya predicando la casa santa, que es la Iglesia de Dios”.  

 

Antes de iniciar el rito de ordenación, el arzobispo invitó al nuevo sacerdote a entregarse a Jesucristo poniendo su corazón a la disposición del Espíritu Santo y confiando en su gracia. 

“Date cuenta de lo que haces. Imita lo que conmemoras de tal manera que, al celebrar el ministerio de la muerte y resurrección del Señor, te esfuerces por hacer morir en ti el mal y caminar en una vida nueva”, subrayó el arzobispo James. 


“Recuerda que has sido escogido entre los hombres y puesto al servicio de Dios en las cosas de Dios”, exhortó el arzobispo. “Realiza, pues, con alegría y calidad el ministerio de Cristo el sacerdote, no buscando tu propio interés, sino el de Jesucristo”.  


En una Misa muy emotiva, el padre Juan Diego de María Gómez Jiménez, clérigo regular teatino, fue ordenado sacerdote el 7 de junio en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en Denver. (Fotos de Juan Andrés Coriat/ El Pueblo Católico)


Al reflexionar sobre su ordenación, el padre Juan Diego mostró una mezcla de emociones, pero, más que nada, gozo y gratitud tras vivir uno de los días más especiales de su vida.  


“No hay palabras para describir esa experiencia”, dijo con emoción. 


Aunque a lo largo de su vida religiosa ha experimentado momentos significativos de encuentro con Dios, esta celebración fue el culmen de su camino vocacional.  


“Esta vez fue algo desbordante. Fue una emoción más grande que yo. Fue muy, muy especial”, compartió el padre Juan Diego con El Pueblo Católico.  


Entre los muchos momentos que quedaron grabados en su corazón, hubo uno que vivió de manera particularmente profunda, el gesto de cercanía y fraternidad recibido de su pastor. 


“Cuando me abrazó, sentí una fraternidad muy, muy grande, un gesto muy paternal”, dijo el padre.  

Más allá de las emociones vividas, la ordenación también representó un sentido de pertenencia para el padre Juan Diego, una búsqueda que lo había acompañado desde su infancia.  


“Sentí una presencia muy grande. Una paz, una cercanía. Un sentido de pertenencia, pertenecer a la Iglesia”, explicó. 


El padre Juan Diego quedó muy conmovido por el cariño de la gente y por la manera en que fue recibido por la comunidad tras su ordenación, lo que le permitió experimentar de manera especial la cercanía de los fieles.  


“Me abrazaron, oraron por mí, me dieron regalos, me besaban las manos y no me querían soltar,” recordó el recién ordenado. “Me di cuenta del cariño que nuestro pueblo católico les tiene a sus sacerdotes. Noté la sed de Dios que los sacerdotes traen a nosotros, fue algo nuevo y muy bonito para mí”.  


El padre Juan Diego reconoce la acción constante de Dios en su vida y cómo cada paso lo fue conduciendo hacia este momento de plenitud vocacional. De esta manera, reconoce que el sacramento del bautismo marcó el inicio de su camino de fe.   


“El bautismo me dejó una semilla de pertenencia a la Iglesia”, explicó. “Ahora que he sido ordenado sacerdote, me siento como en el Monte Tabor, en la Transfiguración; siento que esto fue la culminación de todo y que fue el bautismo lo que me llevó hasta aquí, hasta Dios”. 


Si bien fue un día lleno de emociones y bendiciones, fue solo el inicio de un camino de la mano de Dios. El ahora padre Juan Diego viajó a Guanajuato, México, para celebrar su primera Misa en su pueblo natal, rodeado de su familia.  


“Yo me alejé de la Iglesia después de mi confirmación. Años después regresé. Me tomó dos años avanzar desde la última banca hasta la primera. Luego, tardé 11 años en subir de la primera banca al altar y hoy estoy de este lado, como sacerdote”, concluyó, reflexionando sobre su camino vocacional. “Dios siempre me estuvo llamando”.  

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