Una sola familia en Cristo: arzobispo James participa en la Conferencia Nacional de Católicos Birmano-Estadounidenses
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Por Matt Walker
“Quizá el aspecto más hermoso de esta conferencia es que refleja a la Iglesia misma: muchas culturas, muchos idiomas, pero una sola fe, una sola Eucaristía y una sola familia en Cristo. En un mundo que con frecuencia vive la división, este encuentro nos recuerda que la diversidad y la unidad pueden coexistir y enriquecerse mutuamente”.
Así lo expresó el padre Paul Htut, vicario parroquial de la parroquia Risen Christ, al hablar sobre la XV Conferencia Nacional de Católicos Birmano-estadounidenses (NCBAC, por sus siglas en inglés), celebrada del 24 al 26 de julio en Aurora.
Organizado por primera vez en el área metropolitana de Denver por la Comunidad Católica Myanmar Americana de Colorado, el encuentro reunió a cerca de 1,000 participantes provenientes de distintos puntos de Estados Unidos. El programa incluyó presentaciones culturales, conferencias espirituales, actividades deportivas y comunitarias, además de confesiones, adoración y la celebración de la Misa.
Myanmar, conocido oficialmente en inglés como Birmania hasta 1989, es un país del sudeste asiático con una población aproximada de entre 55 y 58 millones de habitantes. Limita al oeste con India y Bangladesh, y se extiende a lo largo de la bahía de Bengala y el mar de Andamán. Hogar de más de 135 grupos étnicos oficialmente reconocidos y de numerosos idiomas, Myanmar ha vivido décadas de conflicto armado, incluidas prolongadas guerras civiles y repetidos periodos de gobierno militar. Los católicos representan aproximadamente el 1 % de la población del país.
Sacerdote de la Arquidiócesis de Yangon, la ciudad más grande de Myanmar, el padre Paul es capellán de la comunidad católica de Myanmar en Colorado y formó parte del comité organizador de la NCBAC.
“Muchos católicos birmano-estadounidenses llegaron a Estados Unidos después de haber vivido la guerra, la persecución, el desplazamiento o años en campamentos para refugiados”», explicó el padre Paul a El Pueblo Católico antes del evento. “Otros llegaron como estudiantes, profesionistas o mediante la reunificación familiar”.
“Aunque nuestros caminos han sido distintos, nuestra fe católica ha permanecido como el fundamento que compartimos”, continuó el padre Paul. “Para muchos participantes, esta es la única ocasión del año en la que pueden celebrar, cantar y orar en sus propios idiomas, al mismo tiempo que experimentan la riqueza de ser una sola familia católica”.
(Fotos de Matt Walker/El Pueblo Católico)
El arzobispo de Denver, James Golka, fue el celebrante principal de la Misa celebrada en la escuela preparatoria Hinkley el domingo, último día del encuentro. Concelebraron con él sacerdotes birmanos y estadounidenses, entre ellos uno de los grandes referentes del propio arzobispo: el cardenal Charles Maung Bo, S.D.B., arzobispo de Yangon.
“Es un honor estar con ustedes”, dijo el arzobispo durante la homilía. “Su cultura es hermosa. Su fe católica, aunque quizá representen solo el 1 % de la población de Myanmar, es viva, fuerte y sigue creciendo”.
Posteriormente, el arzobispo James se refirió a la inestabilidad que ha marcado la historia de Myanmar, especialmente a los golpes militares que con frecuencia han desestabilizado al país desde que obtuvo su independencia en 1948.
“Sé que, especialmente desde 2021, con el golpe de Estado actual, miles de personas han sido asesinadas y más de tres millones han sido desplazadas, muchos de ellos ustedes”, afirmó.
El arzobispo señaló que Myanmar tiene esperanza y que una fuente de esa esperanza se encontraba, literalmente, frente a los participantes de la conferencia.
“Cuando miramos a Myanmar y lo que está ocurriendo allí, destaca un héroe: el primer y único cardenal de su país. Él alza la voz por la paz y la justicia. Es un hombre muy sabio y de profunda oración, y que haya estado con nosotros estos días es una bendición”, expresó el arzobispo antes de pedir al cardenal Bo que se pusiera de pie para recibir el agradecimiento de los presentes.
“Como católicos, formamos un solo cuerpo”, continuó el arzobispo James. “Y si un miembro de ese cuerpo sufre, todos sufrimos con él. Por eso, en nombre de toda la Iglesia católica,
especialmente de esta arquidiócesis, quiero decirles: somos sus hermanos y hermanas. Caminamos con ustedes. Confiamos plenamente en Dios. Dios cuidará de nosotros. Dios tiene preparado algo mejor. Pero tomemos un momento de silencio para orar por su patria, Myanmar. Pidamos por la paz y la restauración. Que Dios y Jesucristo reinen”.
Después de la Comunión, el presidente de la NCBAC, Maurice Lee, entregó al arzobispo James una obra de arte elaborada artesanalmente con materiales naturales de Myanmar, un gesto que fue recibido con un prolongado aplauso. Fue una de las muchas muestras de que su decisión de participar en el encuentro tuvo un profundo significado para los asistentes, al igual que las palabras de aliento que les dirigió.
“Es un gran honor y una verdadera muestra de bienvenida”, afirmó el padre Paul. “Como inmigrantes y refugiados, a veces es fácil sentir que nadie nos ve o que no somos importantes. Algunos incluso pueden preguntarse si alguien reconoce su presencia o valora lo que tienen para ofrecer. Su participación anima a los inmigrantes y refugiados que están construyendo una nueva vida en Colorado. Envía un mensaje muy poderoso: que son vistos, valorados y que pertenecen a esta comunidad”.


















