Parroquia St. Mary de Littleton celebra 125 años con gratitud y esperanza

Escuela parroquial celebra 75 años formando generaciones de estudiantes en la fe y la vida católica

El 8 de diciembre de 1900, solemnidad de la Inmaculada Concepción, el pionero de Littleton, Joseph W. Bowles, donó un terreno para construir una iglesia católica. Al día siguiente, el padre Brady, Joseph y otros 45 fieles eligieron el nombre de la Iglesia Católica St. Mary y formaron un comité de construcción.

A petición del obispo Nicholas Matz, el padre Brady había comenzado su ministerio en Littleton tres meses antes. Originario de Irlanda y capellán de la Academia Loretto Heights de Denver, recorría seis millas en un carruaje negro tirado por su caballo para atender a la comunidad, que se reunía dos veces al mes para la Misa en un salón de la localidad. El 11 de octubre de 1901, se celebró la primera Misa en la iglesia recién terminada. La sencilla estructura de ladrillo, ubicada en la esquina de las calles Nevada y Powers, tenía capacidad para 150 personas y se calentaba con una estufa de hierro.
Hoy, en una colina de S. Prince St., se encuentra la Iglesia Católica St. Mary, un templo de ladrillo con planta en forma de cruz y con capacidad para 1,000 personas, dedicado en 1962. El fin de semana del 10 y 11 de octubre, St. Mary conmemorará el 125.º aniversario de la primera Misa celebrada en la iglesia original. La parroquia también celebra el 75.º aniversario de su escuela.

125 años de gracia
“Durante 125 años… el Señor ha estado físicamente presente aquí, con la gente de Littleton, en el sagrario de la iglesia, que es el centro de la parroquia”, señaló el párroco, padre Andrej Makovnik, DCJM, al referirse a la Eucaristía.
“De domingo a domingo es como describimos nuestra vida”, dijo el párroco, originario de Eslovaquia, acerca de su comunidad. “Recibimos a Cristo mismo en la Eucaristía y renacemos. El resto de la semana consiste en vivir ese don que hemos recibido”.
El padre Andrej explicó que la inspiración que guía este año de aniversario proviene de una exhortación de san Juan Pablo II: “Recordar con gratitud el pasado, vivir con pasión el presente y abrirnos con confianza al futuro”.
La celebración comenzó el 12 de septiembre con el Festival Mariano anual, que comenzó con la Misa e incluyó una procesión en honor de la Santísima Virgen, además de comida, música y juegos. Para expresar de manera concisa la espiritualidad mariana de la parroquia y su enfoque centrado en Cristo, el lema del aniversario es “125 años en María, Cristo”.
El 10 de octubre, víspera del 125 aniversario, la parroquia conmemorará este acontecimiento con una Misa celebrada por el arzobispo de Denver, James Golka, seguida de un banquete especial.
Mediante las dos celebraciones de aniversario, la publicación de recuerdos de los feligreses y la construcción de una gruta mariana, actualmente en marcha, St. Mary busca ayudar a sus feligreses a recordar y continuar la grandeza de espíritu que demostraron las generaciones anteriores, explicó el padre Andrej.
“Lo que más me asombra de la historia de St. Mary es el legado de visión, generosidad y deseo de cosas más grandes”, dijo al referirse a los fundadores, antiguos párrocos y feligreses. “Ahora vivimos de esa magnanimidad”.

El padre Andrej destacó especialmente al padre Fred McCallin, quien dirigió la parroquia durante más tiempo, de 1946 a 1967. El padre Fred amplió las antiguas instalaciones y el 4 de septiembre de 1951 abrió la escuela parroquial, que fue atendida por las Hermanas de San José de Carondelet. Diez años después, tras una exitosa campaña de recaudación de fondos, compró el terreno donde actualmente se encuentra la parroquia y supervisó la construcción de la nueva iglesia. En los cuatro años posteriores a su dedicación, también se construyeron un nuevo edificio escolar, la rectoría y el convento.
Desde entonces, la nueva escuela se ha ampliado dos veces, la iglesia ha sido objeto de una importante renovación y se ha construido una capilla de adoración.
“Cada generación en los últimos 125 años ha practicado la magnanimidad”, dijo el padre Andrej.
El 125 aniversario también confirma el don que Cristo hace de sí mismo a la parroquia y su misión evangelizadora, añadió el párroco.
“Él nos está enviando un mensaje que dice: ‘Deseen cosas más grandes’”, dijo el padre Andrej. “‘Me he entregado a ustedes durante 125 años. Deseo grandes cosas para ustedes. Y deseo que ustedes también deseen esas grandes cosas para quienes los rodean’”.
En 2007, el arzobispo Charles Chaput, O.F.M. Cap., confió St. Mary, una de las parroquias más grandes de la arquidiócesis, al cuidado de los Discípulos de los Corazones de Jesús y María, congregación fundada en España en 1987. El párroco y otros cinco sacerdotes de la DCJM viven en comunidad en la parroquia. Uno de ellos, el padre James de Cendra, es el director de la escuela parroquial. Además, recientemente la congregación vio ordenarse en St. Mary tuvo a su primer sacerdote, nacido en Estados Unidos.
La misión de la congregación es “edificar la Iglesia como una familia de familias”, explicó el padre Andrej. Su labor pone especial énfasis en fortalecer y apoyar a las familias en la fe y en renovar la educación católica.

Parroquia de familias
Para Carl Kruse, St. Mary está entretejida en varias generaciones de su familia. Sus hermanos asistieron a la escuela; sus hijos recibieron allí los sacramentos; y tanto su madre como su esposa también han servido fielmente como voluntarias.
Carl ha participado en la parroquia desde su infancia: ha servido como acólito y Caballero de Colón, ha colaborado con su esposa en la preparación matrimonial, ha trabajado semanalmente en el banco de alimentos y ha cocinado durante el reciente Festival Mariano.
“Simplemente es una parte muy importante de mi vida”, dijo Carl, jubilado de 76 años.
Su familia se integró a la parroquia en 1952, cuando él tenía 2 años. Lo que había sido una pequeña comunidad agrícola entró de lleno en la era espacial con la llegada de Martin Marietta Aerospace Co. en 1956 y la posterior explosión demográfica.

“Con el crecimiento, teníamos una iglesia muy pequeña. Teníamos… ocho Misas los domingos solo para que todos pudieran entrar”, recordó Carl. “En el 62, el padre Fred abrió la nueva iglesia. Así que fue un cambio enorme; fue muy bueno contar con una iglesia más grande. Yo ayudaba en Misa como monaguillo, tanto en la iglesia antigua como en la nueva”.
Carl recuerda al padre Fred como un párroco y constructor incansable, pero también como un sacerdote cercano y pastoral.
“Se ganó su lugar en el cielo”, afirmó Carl.
Ahora, el impacto educativo, espiritual, familiar y parroquial del padre Andrej y de sus hermanos sacerdotes DCJM es fundamental para la vitalidad actual de St. Mary, señaló Carl.
“Han aportado muchísimo a la parroquia”, dijo Carl, quien asiste a Misa diariamente, con la voz entrecortada por la emoción. “Se nota por la cantidad de familias jóvenes que hay en la parroquia. Está creciendo”.
Para Carl, el 125 aniversario es una señal de estabilidad, fidelidad y crecimiento y de una parroquia que ha “estado haciendo las cosas bien” para mantener a las personas involucradas y acompañadas.

Familia parroquial
Beth Santo y su esposo, Josh, originarios de Nebraska y padres de siete hijos, se integraron a St. Mary hace cuatro años.
“La parroquia se siente como nuestra familia aquí en Colorado”, dijo Beth. “En algunos aspectos todavía somos relativamente nuevos, pero al mismo tiempo se siente como nuestro hogar, como si hubiéramos estado aquí toda la vida”.
Sus hijos tienen entre 2 y 17 años y, con excepción del mayor y el menor, todos asisten a la escuela parroquial, que ofrece desde preescolar hasta octavo grado. La pareja valora la identidad y la visión católicas de la escuela, así como su colaboración con los padres en la formación de sus hijos.
“El objetivo más importante de la escuela es realmente inspirar en estos niños el deseo de alcanzar la santidad y llegar a ser santos”, dijo Beth, y añadió que tanto la escuela como la parroquia fomentan entre los jóvenes el liderazgo, la vida sacramental, las vocaciones y una fe vivida activamente.
Sus hijos han recibido los sacramentos en la parroquia y sus tres hijos varones han servido como monaguillos, explicó Beth. Su hijo mayor colabora con el grupo juvenil de preparatoria y la familia pertenece a un grupo de formación en la fe para familias, dirigido por uno de los sacerdotes de la DCJM.
Al igual que Carl, Beth elogia a los sacerdotes DCJM por ofrecer abundantes oportunidades para participar en la Misa, confesarse y formarse en la fe, desde estudios de la Sagrada Escritura hasta retiros. Ella describe la parroquia como un “oasis espiritual”.
El hecho de que la parroquia sea una comunidad católica solidaria e intergeneracional tiene un significado especial para su familia, explicó Beth, ya que no tiene familiares en Colorado. Asimismo, añadió que valoran profundamente el “modo paternal” de los sacerdotes DCJM.
Cuando recién se integraron a la parroquia, durante una conversación sobre los desafíos de criar a los hijos, el padre de Cendra animó a la pareja a confiar a Jesús a sus hijos en vez de intentar protegerlos de toda dificultad.
“No pueden protegerlos de todo ni evitar que cometan errores. Si eso fuera posible, nunca aprenderían que necesitan un Salvador”, recordó Beth, que les dijo el sacerdote. Su consejo les dio paz y reforzó el valor que encuentran en la “paternidad espiritual” de sus sacerdotes.
“Estamos agradecidos de que el Señor nos haya guiado hasta aquí para ser acogidos por esta comunidad con una historia tan rica y confiamos en que también tendrá un futuro lleno de riqueza”, dijo Beth. “Aquí se hace una gran labor al predicar la verdad con amor, al ofrecer misericordia y al animar a las personas. Mi esperanza es que nuestro entusiasmo siga invitando a otros a formar parte de esta comunidad”.








