top of page

Anuncio

Image by Simon Berger

Perspective

Papás diáconos, hijos casados: una historia de amor escrita por la Providencia

  • Foto del escritor: Escritor Invitado
    Escritor Invitado
  • hace 3 horas
  • 5 Min. de lectura
De la formación diaconal a la Misa de boda, Dios obró en cada paso del camino.

(Photo by Mo, emmkayyphotos.com)
(Photo by Mo, emmkayyphotos.com)

Por Jay Sorgi


Katie y Víctor Villa son un ejemplo de que Dios puede transformar cosas pequeñas, como la entrega de unos boletos para una rifa y de una noche en una taquería, en algo hermoso, incluso en una unión sacramental.

Claro, ayuda mucho tener papás que son diáconos en el área de Denver y que se hicieron grandes amigos durante su formación, la cual comenzaron juntos en el 2019.


“Steve Boselli y la familia Boselli siempre han sido muy acogedores”, dijo el papá de Víctor, el diácono Raúl Martínez. Vive en Erie y sirve en la parroquia St. Theresa, en Frederick. “Se presentó y conectamos de inmediato. De hecho, éramos un grupo de cuatro. Durante el fin de semana de formación para las esposas, nuestras esposas también conectaron muy bien. De hecho, conocimos a Katie mucho antes de que mi hijo la conociera”.


Víctor compartió que si su papá no hubiera salido de su primer periodo de formación diaconal en el 2014, quizá nunca habría conocido al diácono Steve ni habría comenzado el efecto dominó providencial que lo llevó a encontrar a su compañera de vida.


Personas sonrientes posan abrazadas para una foto de boda al aire libre. La novia sostiene un ramo de flores. Ambiente alegre y elegante.
Katie y Victor Villa posan sonrientes para una foto junto a sus familias y sus padres, ambos diáconos. (Foto de Mo, emmkayyphotos.com)

“Durante la formación de mi papá, nació mi hermano menor y él pensó que podía con todo eso. Luego nació mi hermana menor. Era demasiado caótico, estaban pasando demasiadas cosas, así que dejó el programa del diaconado”, explicó Víctor. “Si no se hubiera salido, Katie y yo quizá nunca nos habríamos conectado”.


“Se creó un vínculo al compartir tanto en ese primer año juntos”, dijo el diácono Steve, papá de Katie, sobre su amistad con el diácono Raúl.


El diácono Steve vive en Boulder y sirve en la parroquia St. Thomas Aquinas, donde ministra a estudiantes de la Universidad de Colorado (CU). El diácono Steve llegó a conocer a Víctor gracias a un amor compartido por el fútbol americano, aunque Víctor, aficionado de Colorado, también comparte un cariño igual por el equipo de la Universidad del Sur de California (USC).


“Estábamos en un partido de fútbol: Colorado contra USC. Vick y Raúl son grandes aficionados a USC, así que traían sus camisetas. Vinieron y se sentaron con nosotros en la sección de CU”, recordó el diácono Steve. “Conectamos de inmediato. Era un gran hombre y pensé: ‘Qué interesante que tenga más o menos la misma edad que mi hija, Katie’. Eso llevó al siguiente pensamiento: ‘Oigan, deberían conocerse’”.


Katie estaba un poco renuente.


“Yo estaba como: ‘Sí, claro, lo que tú digas, papá, no voy a quedar con él. Eso es raro’”, admitió. “Luego, una tarde, estaba sola en casa y mi hermanito me llamó y me dijo: ‘Papá va a mandar a un chico a casa para comprar unos boletos de una rifa’. Poco después, llegó Víctor, su papá lo había mandado para venderle unos boletos a mi papá. Así fue como nos conocimos”.



(Foto por Mo, emmkayyphotos.com)
(Foto por Mo, emmkayyphotos.com)

Aquella conversación a inicios de julio del 2021 se adentró en su campo compartido de la contabilidad, y luego vino una charla mucho más divertida unos días después, en el partido de sóftbol de sus papás, donde Víctor invitó a Katie a salir.


Fueron a una taquería en Boulder para su primera cita y después descubrieron conexiones más profundas, tanto en la fe como en el amor por la familia.


“Gracias a nuestros padres, sabíamos que Dios y la familia eran muy importantes en nuestras familias, así que fue reconfortante cuando empezamos a salir”, recordó Katie.


“Ir a cenar a su casa después de Misa, un sábado, y ver a todos los Boselli juntos siempre era muy divertido”, añadió Víctor. “Luego, los domingos por la noche íbamos a la casa de mis papás y cenábamos con toda mi familia”.


El diácono Raúl cuenta que, una vez iniciada la relación, le surgieron preocupaciones sobre los vínculos entre los diáconos si algo no funcionaba entre Katie y Víctor.


“Pensábamos: si las cosas no salen bien, ¿qué pasará con nuestra amistad?”, dijo el diácono Raúl. “Pero Dios tenía otros planes y unió a nuestras familias, y fue algo hermoso”.


“Ambos papás y nuestras familias son muy religiosos y católicos, y nosotros también lo somos, pero de una manera diferente”, explicó Katie. “Cuando empezamos a salir, decidimos crear nuestras propias tradiciones católicas y hacerlo a nuestra manera”.


Sin embargo, ver a sus papás diáconos profundizar en su propia fe ayudó a Katie y a Víctor a fortalecer la suya.


“El conocimiento que nuestros papás han adquirido a través de la formación en el diaconado, al explicarnos ‘por qué hacemos esto, por qué hacemos aquello’, ha sido sumamente interesante y nos ha despertado curiosidad por la fe católica, permitiéndonos comprender el propósito de lo que hacemos”, dijo Víctor. “Nos ha ayudado a abrazar la fe mucho más”.


Tenerlos cerca también fue increíble durante el proceso de preparación matrimonial, aunque la pareja elogió la cultura de la fe católica en Denver, que la fortaleció profundamente.


“Teníamos a los dos para hacerles preguntas”, agregó Víctor. “Ambos hacen preparación matrimonial por su cuenta, ayudando a otras parejas jóvenes. Ya lo están viviendo ellos mismos”.


“También nos dimos cuenta de que, al tener papás diáconos, ya habíamos tenido muchas de las conversaciones que se tienen en la preparación matrimonial, pero antes de la preparación formal”, añadió Katie.


Un viaje a California, donde nació Víctor, llevó a su compromiso y, finalmente, a su boda en noviembre del 2024 en la parroquia St. Thomas More, en Centennial. La planeación de la boda planteó la pregunta: ¿servirían los papás como diáconos durante la boda? ¿Quién proclamaría el evangelio, predicaría la homilía o ayudaría en la liturgia de la Eucaristía?


Katie y Víctor tuvieron una solución sencilla: que fueran solo papás.


“Hablamos con ambos, por separado y juntos, y los dos decidieron que harían lo que el otro quisiera; también harían lo que nosotros quisiéramos”, recordó Katie. “Soy la única hija. Entendí que él preferiría ser solo mi papá ese día, y al final fue lo que yo también quería. Mi papá hace muchas bodas para mis hermanos y mis primos, así que solo quería que fuera papá ese día, y lo mismo con el papá de Víctor. Se sintió más personal”.


Katie y Víctor planean mudarse a San Diego por un par de años antes de formar su familia en Colorado, en una relación en la que ponen a Dios en primer lugar.


“Katie me ha ayudado a acercarme más a Dios y a asegurarme de que él sea realmente la persona número uno y luego la familia”, dijo Víctor.


Mientras tanto, los diáconos Steve y Raúl continúan haciendo exactamente lo mismo, fortaleciendo su fraternidad como diáconos, con la familia Boselli convirtiéndose en padrinos de la hija más pequeña del diácono Raúl. Si algún día esa niña necesita preparación matrimonial, ya saben a quién acudir.

bottom of page