Matrimonios católicos: creciendo en comunidad
- Vladimir Mauricio-Pérez

- hace 8 horas
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La importancia de la Iglesia y la amistad cristiana para sanar y fortalecer tu vida matrimonial.

La soledad es un fenómeno que no solo surge en la vida de personas que carecen de amistades sólidas, sino que también a menudo se extiende a los matrimonios. Así como no es bueno que una persona esté sola, el aislamiento de una pareja puede llevar a un sinnúmero de problemas e incluso al fracaso. Por el contrario, el plan de Dios para el matrimonio y la familia conlleva la comunión; él nos llama a salir al encuentro del prójimo, sobre todo de otras familias.
“Fuimos creados para la comunión desde el principio. Como dice el libro del Génesis, ‘No es bueno que el hombre esté solo’ (2, 18). Y esta invitación se extiende al matrimonio”, aseguró Sandra Morales, directora asociada de preparación y enriquecimiento matrimonial de la Arquidiócesis de Denver. “Los esposos se pertenecen el uno al otro, pero su relación también tiene una dimensión eclesial”.
El fenómeno del aislamiento a menudo se esconde detrás de la faceta de una vida ocupada o de una rutina que ha expulsado el silencio con la distracción y la tecnología. Cuando una pareja rechaza o descuida el llamado a la comunión, las consecuencias suelen ser más profundas de lo que podemos imaginar.
“Es muy triste ver cuando una pareja se aísla y cree que puede salir adelante por sus propias fuerzas. Esto muchas veces lleva al fracaso o al sufrimiento”, continuó Sandra. “Cuando se vive así, no hay crecimiento ni sanación. Viven bajo su propio punto de vista, se enfocan en sus heridas y la familia deja de ser lo que Dios la llama a ser”.
Sin embargo, la amistad y la comunidad centradas en Cristo son imprescindibles para los matrimonios que desean seguir a Dios y vivir su vocación de la forma en que Dios quiso que fuera, es decir, en toda su plenitud.
“Las amistades centradas en Cristo nos dan un espacio para crecer y sanar. Los amigos de parranda no pueden brindar el espacio de entendimiento y sanación para que pueda mejorar mi relación con Cristo, con mi esposo o esposa y con mis hijos”, dijo Sandra. “Yo necesito tener una relación con Cristo para poder relacionarme bien con mi cónyuge y con los demás”.
Es precisamente en Cristo y en la Iglesia donde el plan de Dios para el matrimonio cobra sentido, lo que permite a las parejas encontrar en su vocación un camino de santidad y fecundidad. Para Albino López y Mónica Ávila, esposos parroquianos de la parroquia Queen of Peace en Aurora, formar parte del grupo Lumen, una comunidad pequeña compuesta por matrimonios católicos jóvenes, les ha enseñado que la comunidad es esencial para la familia.
"Nosotros sentíamos que era importante formar parte de una comunidad porque nos daría estructura, apoyo, acompañamiento y crecimiento en la dimensión espiritual del matrimonio”, dijo Albino. “Si nos aislamos de otros matrimonios, nos perdemos en este mundo lleno de responsabilidades y nos olvidamos de que pertenecemos al Cuerpo de Cristo y de que tenemos la responsabilidad de crecer en nuestra fe y compartirla con los demás”.
Asimismo, pertenecer a un grupo matrimonial le ha dejado claro a Mónica que la comunidad centrada en Cristo esconde riquezas que ayudan a un matrimonio a prosperar.
“Hay mucha belleza en el matrimonio. Así lo creó Dios y ahora nos invita a descubrir esa belleza”, dijo. “Creo que debemos estar rodeados de matrimonios católicos que nos ayuden a ver esto. Su ejemplo nos da la esperanza de que se puede vivir bien el matrimonio y que es algo feliz, que no se compara con las mentiras del mundo”.
Uno de los mayores beneficios de formar comunidad con otros matrimonios es el apoyo que las parejas se brindan mutuamente en tiempos difíciles.
“Es necesario comprender que un matrimonio puede sobrellevar su relación hasta cierto punto. Para que el matrimonio y la familia funcionen, es necesario que se incorporen al pueblo de Dios”, aseguró Sandra. “Necesitamos apoyo mutuo en la vida cristiana para crecer. El varón necesita amigos que le ayuden cuando no puede comprender a su esposa, y la mujer también. En la comunidad, si la pareja está sufriendo una crisis y no puede llegar a un acuerdo, necesita un tercero que le ayude a identificar el problema”.
Esta ha sido una de las grandes bendiciones que Albino y Mónica han recibido a través de su comunidad.
“En el comienzo de nuestro matrimonio teníamos problemas para ajustarnos. Discutíamos mucho y no nos apreciábamos el uno al otro”, compartió Albino. “En la comunidad recibimos mucho apoyo de los demás matrimonios. Oraron por nosotros y nos motivaron a mejorar nuestra relación. Fueron muy honestos con nosotros porque veían nuestras dificultades y compartieron qué les había ayudado en el pasado y qué podíamos intentar nosotros”.
Sandra ha presenciado una y otra vez cómo Cristo imparte su sanación a familias enteras cuando los matrimonios se unen en comunidad para seguir a Cristo y se atreven a ser vulnerables unos con otros.
“Conforme mi esposo y yo hemos acompañado a otros matrimonios, hemos visto cómo van madurando en su relación, como matrimonio, con Dios y con la comunidad”, dijo Sandra. “Una vez que encuentran a Dios, todo va cobrando sentido y van sanando esa relación con su pareja e hijos. La comunidad es importante porque nos sostiene en una meta y nos ayuda a perseverar”.
Sandra invita a todos los matrimonios a no tener miedo de buscar amistades y comunidades centradas en Cristo en su parroquia. En los casos en que uno de los cónyuges no está dispuesto a acercarse a la Iglesia, Sandra anima a quien sí lo desea a arriesgarse a dar el paso “porque Dios entra en la familia por uno”. Aunque a veces se tenga que sufrir con paciencia a que el esposo o la esposa se acerque a Dios, es necesario perseverar y demostrar, con hechos y con su propio cambio de vida, que Dios es real.
“Yo les diría a los matrimonios que no se den por vencidos, que busquen una comunidad donde puedan sentirse identificados, que le pidan a su sacerdote que les ayude a encontrarla”, dijo Mónica.
“Y es importante recordar que el matrimonio es una vocación y, por eso, hay que tomarlo en serio”, concluyó Albino. “Vivimos en un mundo en el que, si no nos gusta algo, nos deshacemos de él. Pero el matrimonio es una alianza centrada en Dios que no se puede descartar. Por eso necesitamos una comunidad que nos ayude a vivirlo bien y a verlo como un llamado a crecer”.








