Obra de misericordia: estudiantes católicos de preparatoria acompañan a un compañero desconocido en su funeral
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Por Erin Scherer
Un completo desconocido, pero acompañado
“Lo que hace especial este funeral es que ninguno de nosotros sabe nada de este hombre”, dijo el obispo Jorge Rodríguez. “Completamente desconocido. Y, sin embargo, estamos aquí para acompañarlo”.
El lunes 2 de febrero, diecisiete estudiantes de las preparatorias Regis Jesuit en Aurora y Holy Family en Broomfield, junto con otros adultos y miembros del personal, asistieron al funeral de un adolescente que murió en las calles, sin familiares ni amigos conocidos. El único objeto que se encontró con él fue un rosario en su bolsillo. En lugar de estar en clases con este joven, los estudiantes se reunieron para rezar por el eterno descanso de su alma, un acto de servicio y amor que no puede ser retribuido. Es, de hecho, una obra de misericordia.
“Ustedes saben que, en nuestra fe”, explicó el obispo Jorge a los estudiantes, “dar sepultura a los difuntos, lo que están haciendo ahora, se considera una de las obras de misericordia; la obra de misericordia espiritual de acompañarlos cuando están muriendo, de acompañarlos hasta el cementerio, hacia donde se encaminan. Por eso existe el cementerio, Mount Olivet”.
“Algo muy duro es morir solo”, continuó. “Eso hace que tenga tanto significado que ustedes estén aquí, que hayan querido estar aquí”.
Los estudiantes escucharon con atención y ofrecieron su presencia y sus oraciones por un joven a quien nunca habían conocido. Dos sirvieron como lectores en la Misa, mientras que otros dos llevaron el féretro.
“Poder asistir al funeral de este joven fue una experiencia muy especial”, reflexionó Natalia Kingsley, estudiante de último año en Holy Family. “Saber que no tenía amigos ni familia presentes fue desgarrador, pero fue hermoso ver a una pequeña comunidad de adolescentes unirse para apoyarlo”.
“Al asistir al funeral, sentí gratitud porque pude ir a honrar a alguien que no conocía, que no tenía familia ni amigos allí, mientras yo estaba con mis amigos”, coincidió Teagan Díaz, también estudiante de último año en Holy Family.
(Fotos cortesía de Servicios Funerarios y Cementerios Católicos)
Hijo de Dios y hermano nuestro
Aunque los detalles de su vida sigan siendo un misterio, su identidad, en realidad, estaba muy clara: era hijo de Dios.
“Yo nunca vi su rostro”, dijo el obispo Jorge a los estudiantes, “pero sé que tiene el rostro de Dios, porque fue creado a imagen y semejanza de Dios. Eso lo hace una persona muy importante. ¿Por qué? Porque el deseo de Dios para este joven es que esté con él”.
Natalia reflexionó sobre esa misma verdad.
“Aunque no lo conocí, sé que era un ser humano y, sobre todo, uno de los hijos de Dios”, expresó.
Como todos somos hijos e hijas en Cristo, en realidad formamos una sola familia, lo que hizo que el servicio fúnebre de principios de febrero fuera aún más conmovedor, al ver a jóvenes reunidos en esa familia llena de fe para orar por un joven casi desconocido.
“Entendemos que todo ser humano está hecho a imagen y semejanza de Dios. Este hermoso ser humano era nuestro hermano en Cristo”, compartió Gary Schaaf, director ejecutivo de Servicios Funerarios y Cementerios Católicos (CFCS, por sus siglas en inglés).
“Porque es hijo de Dios, su hijo amado, como tú, como yo, porque Jesucristo lo amó tanto que murió por él, ahora todo cobra sentido. No, no es un hombre totalmente desconocido, sino un joven más en la tierra. ¡Es nuestro hermano! Es nuestro hermano porque tenemos el mismo Padre”, enfatizó el obispo Jorge. “Es alguien destinado al cielo, como nosotros. Es un miembro de la familia. Ahora tiene sentido que ustedes estén aquí. Su hermano ha partido. Su hermano ha partido, y queremos orar por él”.
Esa reflexión tocó profundamente a los presentes. Para Teagan, ver las cosas desde esta nueva perspectiva fue muy impactante.
“El obispo señaló algo muy importante: que todos somos hermanos y hermanas en Cristo”, comentó. “Aunque ninguno lo conocía personalmente, todos compartíamos eso en común”.
Noah Willy, estudiante de la Colorado School of Mines en Golden que también asistió al funeral, recordó las Bienaventuranzas.
“‘Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia’ (Mt 5,7). Nunca había entendido realmente lo que eso significaba hasta que tuve el privilegio y el honor de asistir al funeral de este joven”, compartió. “Es una tragedia que haya muerto, especialmente siendo tan joven. Aunque no lo conocía personalmente, sí sé que era uno de los hijos de Dios. Estar allí por él ha dejado en mí una huella profunda y sigo orando por su alma”.
Intercesión de María
Antes de incensar el féretro, el obispo Jorge hizo una pausa y cerró el libro de oraciones. Conmovido, ofreció una última reflexión al hablar del rosario encontrado en el bolsillo del joven.
“¿Qué significa tener un rosario en el bolsillo?”, preguntó. “Cuando pones un rosario en tu bolsillo, es como si estuvieras pidiendo la protección de María. Así que sabemos que él amaba a la madre de Jesús, que creía en su protección y que, cuando murió, lo hizo acompañado por la Madre de Jesús”.
Pero no solo eso.
“Y entonces, la madre de Jesús, que ama a su hijo, ha hecho posible que él tenga una Misa de funeral con todos ustedes aquí”, concluyó, dirigiéndose al féretro. “Así que no te fuiste solo. Estamos aquí por ti”.
El rosario en el bolsillo del joven, algo que parecía tan pequeño, fue, en realidad, muy significativo. Por intercesión de María, recibió una Misa de funeral digna, celebrada por un obispo y acompañada por jóvenes que nunca conoció en esta vida. Incluso al final, no estuvo solo.
“Estoy agradecida por la experiencia de honrar a esta alma que quizá se sintió sola durante su vida, pero murió con un ejército de personas que siguen apoyándola incluso después de su muerte, lo cual es simplemente hermoso”, compartió Natalia.
“Celebrar el funeral de un joven completamente desconocido, que murió solo e ignorado por la sociedad”, reflexionó el obispo Jorge, “creo que nos hizo valorar la verdad más profunda sobre este joven: no sé su nombre, pero sé que es mi hermano. Venimos del mismo Padre”.
“Su madre, aquí en la tierra, quizá sentía que su hijo estaba en peligro, pero no sabe, ni sabrá, que ha muerto”, continuó. “Pero este joven tiene una Madre en el cielo que, sin duda, lo recibirá con los brazos abiertos”.
En una tarde de febrero inusualmente cálida y soleada, los estudiantes acompañaron a su hermano hasta su lugar de descanso final. Y todavía lo siguen acompañando a través de la oración.







