No tengan miedo: cómo encontrar paz en un mundo lleno de ansiedad
- Caridades Católicas de Denver

- hace 6 días
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Por Randall Vette, PsyD
St. Raphael Counseling, un ministerio de Caridades Católicas
La frase que más se repite en toda la Sagrada Escritura es alguna variación de “No tengan miedo”. Al parecer, el autor divino sabe lo que necesitamos escuchar, porque el problema de salud mental más común, por mucho, es la ansiedad, una emoción basada en el miedo que se vuelve excesiva. La Alianza Nacional para la Salud Mental (NAMI por sus siglas en inglés) informa que el 19.1% de los adultos en Estados Unidos experimenta síntomas clínicos de ansiedad cada año. El trastorno de ansiedad generalizada es el tipo más común y afecta prácticamente todos los aspectos de la vida.
En St. Raphael Counseling, un ministerio de Caridades Católicas de Denver, los consejeros acompañan regularmente a personas y familias que enfrentan ansiedad, depresión, duelo, trauma y otros desafíos de salud mental. A través de consejería profesional basada tanto en la atención fundamentada en evidencia como en la comprensión católica de la dignidad humana, St. Raphael Counseling busca ayudar a las personas a encontrar sanación, esperanza y herramientas prácticas para la vida cotidiana.
Al hablar de la ansiedad, primero debemos distinguir entre la ansiedad y un miedo apropiado y saludable. Claro que hay momentos en los que debemos sentir miedo, por ejemplo, cuando vemos un animal peligroso o cuando un ruido fuerte nos sobresalta. La ansiedad, en cambio, suele ser una preocupación profunda y persistente que, en realidad, no nos ayuda. El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V-TR), utilizado por los profesionales de la salud mental, define la ansiedad como “la anticipación de una amenaza futura”. ¿Qué sucede cuando nuestra mente se queda atrapada en ese tipo de anticipación?
Tanto en el plano espiritual como en el psicológico, nuestro miedo es muy profundo. No puedo evitar preguntarme si Eva fue la primera en experimentar ansiedad ante una mentira, lo que la impulsó a comer el fruto. Ella y Adán respondieron a la sensación de inseguridad tratando de aferrarse al control. Adán le dice a Dios: “Tuve miedo porque estoy desnudo y me escondí” (Génesis 3, 10). Apuesto a que la mayoría de nosotros entiende ese sentimiento. Queremos sentirnos seguros, protegidos y estables, especialmente cuando nos sentimos inseguros y vulnerables. Para algunos de nosotros, ese sentimiento, esa ansiedad, puede volverse muy fuerte y convertirse en una parte constante de nuestros pensamientos.
Verdad
Entonces, ¿qué hacemos con la ansiedad? ¿Cuál es el plan de Dios y cómo quiere que respondamos a nuestros miedos e inseguridades? La Escritura nos ofrece una visión y una fe que nos recuerdan que no necesitamos tener miedo. La sabiduría práctica de la psicología también nos ofrece pasos concretos que podemos seguir.
Una forma de tratamiento llamada terapia cognitivo-conductual (CBT, por sus siglas en inglés), utilizada comúnmente por consejeros en lugares como St. Raphael Counseling, nos ayuda a comenzar enseñándonos a reconocer y manejar nuestros pensamientos ansiosos específicos.
Primero, hay que nombrarlos. ¿Qué es exactamente lo que temes? ¿Cuál es la amenaza futura o el peligro imaginario que te ocupa la mente? Puedes comenzar cuestionando los pensamientos impulsados por las emociones con una verdad racional y bien fundamentada. Jesús dice: “La verdad los hará libres” (Juan 8, 32). Mantenernos firmes en la verdad del hermoso mundo creado por Dios nos ayuda frente a las ansiedades distorsionadas de nuestra imaginación.
Valentía
Sin embargo, no basta con pensar en lo que es verdad; también tenemos que actuar conforme a ello. Con frecuencia respondemos a nuestras ansiedades evitando aquello que tememos. Muy parecidos a Adán y Eva, nos escondemos.
Uno de los métodos de tratamiento más eficaces para la ansiedad es la exposición. En lugar de evitar, nos exponemos intencionalmente y nos acercamos a aquello que tememos. Lo hacemos de manera lenta y estructurada para que no resulte abrumador. Así tenemos la oportunidad de encontrar una nueva manera de enfrentar el miedo. Pero este paso es importante: no huyas. Enfrenta tus miedos.
Rendición
Una de las formas más comunes en que manejamos la ansiedad es mediante el control. Si logramos que nuestro entorno esté completamente bajo nuestro control, ya sea lo que está fuera o dentro de nosotros, sentimos que estamos a salvo de nuestros miedos. Si todo es perfecto, no debo tener miedo. Desafortunadamente, así no funciona realmente el mundo y podemos volvernos locos intentando controlar todo.
Estrategias terapéuticas como la “aceptación radical” nos ayudan a experimentar sensaciones incómodas sin juzgarlas intensamente ni tratar de controlarlas. Por ejemplo, las emociones son experiencias espontáneas sobre las que no tenemos control total; lo único que tienes que hacer con tus sentimientos es sentirlos. Tratar de “arreglarlos” suele empeorar las cosas. Existen muchas otras fortalezas que podemos utilizar para rendirnos de manera más sana: la aceptación, la dependencia saludable de los demás y la fe, por mencionar algunas. Si luchas con la necesidad de controlar o con el perfeccionismo, hay otras maneras de sentirte seguro. Puede ser una experiencia poderosa y liberadora rendir el control y confiar en algo más grande que uno mismo.
Descanso
Un último punto importante: estar ansioso es estresante. Necesitamos hacer un esfuerzo consciente para relajarnos.
Todos necesitamos esto. Pero especialmente cuando la ansiedad es intensa, necesitamos maneras efectivas de calmarnos, liberar la tensión y permitir que nuestro cuerpo descanse. La ansiedad activa nuestro sistema nervioso y provoca una serie de efectos en el cuerpo. Muchas áreas pueden verse afectadas: el sueño, el apetito y el sistema inmunológico. Encontrar herramientas prácticas que funcionen para ti puede ayudar enormemente a que tanto el cuerpo como la mente encuentren descanso y paz. Algunas de esas herramientas pueden incluir ejercicios de respiración, una ducha caliente, estiramientos o ejercicio físico, la oración o una buena conversación con un amigo cercano. Como seres humanos, tenemos límites y, si queremos mantener una buena salud mental, debemos reconocer y respetar esos límites y cuidarnos.
La ansiedad es una de las luchas humanas más antiguas, probablemente tan antigua como el propio Jardín del Edén. Pero tenemos esperanza y no estamos solos ni desamparados. Tanto la fe como la ciencia nos recuerdan que el miedo no tiene por qué tener la última palabra. Existen maneras prácticas de responder a la ansiedad:
Nombra y cuestiona tus pensamientos ansiosos: identifica el miedo y enfréntalo con la verdad.
Enfrenta aquello que estás evitando: pasos lentos, intencionales y valientes hacia el miedo rompen el poder de la ansiedad sobre ti.
Suelta el control: practica la aceptación, apóyate en los demás y ríndete con confianza. No estás solo y no tienes que ser perfecto.
Dilo conmigo… ¡RELÁJATE! Necesitamos descansar, relajarnos y cuidarnos bien. Encuentra las herramientas que te ayuden a liberar la tensión y a sentir calma. ¡Y úsalas!
En Caridades Católicas, ministerios como St. Raphael Counseling existen porque la salud mental y emocional están profundamente conectadas con la dignidad de la persona humana. Buscar ayuda no es una señal de debilidad; con frecuencia es un primer paso valiente hacia la sanación y la libertad.
Creo que Dios tiene planes más grandes para nuestras vidas que simplemente preocuparnos por lo malo y esquivar lo que nos da miedo. En el Sermón de la Montaña, Jesús dice explícitamente: “No se preocupen por el mañana” (Mateo 6, 34). No tienes que tener todo resuelto. Con la gracia y las herramientas que tienes a tu alcance, la vida puede centrarse en lo bueno y lo bello, y no en los problemas. Recuerda lo que aquel que te creó te ha estado diciendo desde el principio: no tengas miedo.
Sobre el autor
Randall (“Randy”) Vette, Psy.D., es psicólogo clínico licenciado en St. Raphael Counseling, un ministerio de Caridades Católicas de Denver. St. Raphael Counseling es la práctica de terapia católica más grande del país y ofrece servicios profesionales de salud mental basados en las enseñanzas de la Iglesia católica en diversas ubicaciones de la Arquidiócesis de Denver. Randy obtuvo una licenciatura en filosofía en Saint Mary’s University of Minnesota y recibió su Psy.D. en psicología clínica por Divine Mercy University. Ofrece terapia y servicios de evaluación psicológica en la sede de Greenwood Village. Para obtener más información sobre St. Raphael Counseling o programar una cita, visite straphaelcounseling.com o llame al 720-377-1359.









