FOTOS | Mensaje final del arzobispo Samuel para el Miércoles de Ceniza: Escuchen a Jesús
- André Escaleira, Jr.

- hace 7 días
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Mientras los católicos del norte de Colorado marcaban el inicio de la Cuaresma el miércoles, el arzobispo de Denver, Samuel J. Aquila, celebró su última Misa de Miércoles de Ceniza como pastor del norte de Colorado. A principios de este mes se anunció que el papa León XIV había aceptado su jubilación, y nombró a su sucesor, Mons. James R. Golka. El último día del arzobispo Samuel será el 25 de marzo, cuando el arzobispo designado Golka sea instalado como el sexto arzobispo de Denver.
Mientras las frases “Recuerda que eres polvo y al polvo volverás” y “Conviértete y cree en el evangelio” resonaban en la Catedral, cientos de fieles recibían la ceniza, recordando la fragilidad de la vida y nuestra necesidad de Dios. La Misa del mediodía, con gran asistencia, fue la manera perfecta de entrar en este tiempo santo de oración, ayuno y limosna.
En su homilía, el arzobispo Samuel subrayó la importancia de este tiempo sagrado, alentando a los fieles a una fe más profunda y a confiar plenamente en Dios. Invitó a los asistentes a reflexionar sobre qué voces escuchan y qué metas priorizan, dejando atrás las búsquedas y preocupaciones mundanas, como la política, la riqueza, el prestigio y el poder, para optar por la humildad del evangelio y por un discernimiento fiel.
La exhortación llegó apenas unas horas después de la publicación de su última nota pastoral, “Encuentra a Jesús: escuchando con el corazón”. En ella, el arzobispo Samuel exhortó a vivir ese mismo espíritu de discernimiento.
(Fotos de Neil McDonough)
“Antes de hablar, antes de actuar, antes de intentar resolver problemas o defender posturas, estamos llamados ante todo a escuchar”, escribió el arzobispo. “La Sagrada Escritura nos muestra a un Dios que escucha. En la zarza ardiente, el Señor dice a Moisés: “He visto la aflicción de mi pueblo… he escuchado su clamor” (Éxodo 3, 7). Nuestro Dios no es distante ni indiferente. Él escucha. Él ve. Él sabe. Él nos ama incluso cuando estamos lejos de él. La escucha divina precede a la acción divina. Y si Dios nos escucha, ¡cuánto más debemos aprender a escucharlo nosotros antes de hablar o actuar!”.
De hecho, como señaló el arzobispo Samuel tanto en su carta pastoral como en su homilía, cada año la Cuaresma nos ofrece la oportunidad de bajar el ritmo, hacer espacio para la escucha y oír al Señor Jesús.
“La Cuaresma nos invita a crear espacio para esta escucha”, afirmó. “En un mundo lleno de ruido —noticias constantes, comentarios interminables, redes sociales y conversaciones apresuradas— el silencio puede resultar incómodo. Sin embargo, el silencio es el terreno en el que la palabra de Dios echa raíces. Sin silencio, la palabra permanece en la superficie de nuestra vida. Con silencio, penetra en el corazón”.
Como examen de nuestro discernimiento y de nuestra capacidad de escuchar, el arzobispo Aquila propuso varias preguntas para la reflexión en Encuentra a Jesús:
¿Escucho a Jesús hablándome personalmente?
Cuando se dirige a los discípulos, a las multitudes, a los enfermos y a los pecadores, ¿reconozco que también me está hablando a mí, de manera profundamente personal?
¿Es Jesús mi verdadero maestro, quien forma mi corazón y mi mente?
¿Ilumina mis decisiones, no solo en la iglesia, sino también en mi vida familiar, en mi trabajo, en mis amistades, en la manera en que trato a mis enemigos y a quienes me persiguen, en el uso de mi tiempo y de mis recursos?
¿O escucho con mayor atención las voces de la cultura, la política, el maligno o mis propias preferencias?
En el fondo, señaló el arzobispo, este tiempo santo implica una intimidad más profunda, una amistad más cercana con Jesucristo.
Mientras los fieles del norte de Colorado emprenden la “campaña de servicio cristiano”, como se refiere la oración de apertura de la Misa del Miércoles de Ceniza al tiempo cuaresmal, el arzobispo Samuel los exhortó a dedicar tiempo a la oración, especialmente a la adoración eucarística; a renunciar a cosas significativas para acercarse más a Jesús, quien es el único que sacia; y a tener presentes a los pobres, ofreciéndoles limosna, servicio y atención personal.
Mirando a María, animó a los fieles a recorrer el camino cuaresmal hacia la cruz, incluso a encontrarnos con ella a los pies de nuestro Señor el Viernes Santo.
“Para concluir, mientras caminamos juntos por este tiempo santo, encomendémonos a la intercesión de la Santísima Virgen María, quien escuchó perfectamente la Palabra, permitió que se hiciera carne en ella y permaneció fiel al pie de la cruz. Que ella nos enseñe a escuchar con el corazón abierto, a confiar en la providencia de Dios y a ofrecer nuestro propio “sí” fiel”, concluyó el arzobispo en su nota pastoral. “Que esta Cuaresma sea un verdadero tiempo de conversión para cada uno de nosotros y para nuestra arquidiócesis, para que, en este tiempo de transición y gracia, crezcamos en una fe más profunda, una esperanza más firme y una caridad más ardiente, y que nuestros corazones sean renovados por la misericordia de Cristo”.


















































