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Image by Simon Berger

Perspective

FOTOS | De refugiados a pilar de fe: comunidad católica vietnamita honra al arzobispo Samuel

  • Foto del escritor: Aaron Lambert
    Aaron Lambert
  • hace 2 horas
  • 7 Min. de lectura
El arzobispo de Denver, Samuel J. Aquila, visitó la parroquia Queen of Vietnamese Martyrs en Wheat Ridge antes de su próximo retiro para dar gracias a Dios por el trabajo realizado juntos durante los últimos 13 años. (Foto de Olivia Britt)
El arzobispo de Denver, Samuel J. Aquila, visitó la parroquia Queen of Vietnamese Martyrs en Wheat Ridge antes de su próximo retiro para dar gracias a Dios por el trabajo realizado juntos durante los últimos 13 años. (Foto de Olivia Britt)

Hace cincuenta años, tras el final de la guerra de Vietnam, ciudadanos vietnamitas huyeron valientemente de su país en busca de una vida mejor en Estados Unidos y un grupo de refugiados encontró su hogar en Denver.


Hoy, lo que alguna vez fue un pequeño grupo de refugiados se ha convertido en un pilar de fe en la Arquidiócesis de Denver. Además de su resiliencia y profunda fe, ha sido el atento pastoreo del arzobispo Samuel J. Aquila lo que ha permitido que la comunidad católica vietnamita se convierta en una presencia tan apreciada en la arquidiócesis.


Miembros de la comunidad católica vietnamita se reunieron con el arzobispo Samuel Aquila el domingo 1 de marzo para expresarle su gratitud y celebrar por última vez la Eucaristía con su pastor, a medida que el arzobispo se prepara para su retiro a finales de este mes. En una liturgia viva y llena de riqueza cultural en la parroquia Queen of Vietnamese Martyrs, en Wheat Ridge, el arzobispo y el pueblo vietnamita compartieron el pan y recordaron una relación que se remonta incluso a antes de los 13 años de su episcopado en Denver.


En su homilía, el arzobispo Samuel reflexionó sobre el llamado de Abram y las tres promesas que Dios le hizo. Esas tres promesas, bendecirlo con la Tierra Prometida, convertirlo en una gran nación y hacer grande su nombre, son un anticipo de Cristo y de su Iglesia, destinada a todos los pueblos.


“El Señor ya había prometido que sería un don universal a través de Abram y que estaría destinado a todos los pueblos”, explicó el arzobispo. “Y lo vemos hoy en la Iglesia católica… Se puede ver que es universal, que el evangelio ha llegado a muchos pueblos y a todas las naciones, y está destinado a todas las naciones”.


Esta verdad es evidente en la comunidad católica vietnamita, que ha crecido de manera constante desde que el primer grupo de refugiados vietnamitas llegó a Denver en 1975. Las pequeñas pero unidas comunidades de fe en la parroquia All Saints en Denver, la parroquia Queen of Vietnamese Martyrs en Wheat Ridge y la parroquia St. Gianna Molla en Denver son testigos vivos del poder del evangelio en medio de la adversidad. A lo largo de los años, el arzobispo Samuel ha animado y apoyado a estas comunidades como su pastor, y también ha contribuido a impulsar el florecimiento de vocaciones vietnamitas en la arquidiócesis.


(Fotos de Olivia Britt)


Vocaciones vietnamitas

Mons. Peter Quang, párroco de la parroquia All Saints en Denver, fue el primer seminarista vietnamita ordenado en Denver. Llegó en 1981 como refugiado y fue ordenado diácono transitorio en 1989. Su primera asignación fue en la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción en Denver, donde sirvió junto a un joven padre, Sam Aquila, quien un día sería nombrado arzobispo de Denver.


“Nos hicimos amigos y compartimos muchos momentos históricos, como cuando fue ordenado y celebró su primera Misa en All Saints”, recordó Mons. Peter. “Y en el curso de nuestras visitas y conversaciones, él se preguntaba y decía: ‘Mons. Peter, ¿cómo es que ya no tenemos más seminaristas vietnamitas?’”.


“Y yo le decía: ‘¡Ajá! Ahora sabe que estos seminaristas se han convertido en la niña de sus ojos’”, añadió monseñor entre risas.


Bajo la guía del arzobispo, Mons. Peter ayudó a construir en Denver un programa de formación especializado para seminaristas vietnamitas, que con los años ha dado grandes frutos, formando a varios sacerdotes y diáconos permanentes que hoy sirven en el clero de la arquidiócesis.


Uno de esos diáconos, el diácono Joseph Vu, de la parroquia All Saints, cree que una parte clave del legado del arzobispo Samuel en Denver es el firme apoyo que ha brindado a la comunidad católica vietnamita a lo largo de los años.


“El arzobispo Samuel ha sido un gran, gran apoyo para la comunidad católica vietnamita en Denver y creo que su liderazgo se define por su amor puesto en acción”, dijo el diácono Joseph.


“Se aseguró de que nuestra fe permaneciera viva y de que nuestro patrimonio se mantuviera en honor. Al hacerlo, tuvo una buena visión y estableció una base para nuestra comunidad”.


Durante su ordenación, el diácono Joseph quedó marcado por algo que el arzobispo les dijo a él y a sus compañeros mientras se preparaban para comenzar su nuevo ministerio como diáconos. Sus palabras reflejan la forma sencilla pero profunda en que transmitió su corazón de pastor a la comunidad católica vietnamita.


“Recuerdo con mucha claridad el firme pero amoroso desafío que nos hizo en su homilía a mi clase de ordenación de 2019”, relató el diácono Joseph. “‘La vida de un diácono permanente se basa en orar diariamente con Jesús y si no tienes una oración diaria, creo que estás en el grupo equivocado’. Esta enseñanza se convirtió en el ancla de mi ministerio. Nos enseñó que, para servir a nuestro pueblo, primero debemos ser hombres de Dios”.


“Aunque es firme en cuanto a nuestros deberes espirituales, es increíblemente delicado cuando se trata de nuestras familias. Durante la ordenación, instruyó específicamente a los sacerdotes: ‘Ayúdenlos y denles los medios para cumplir primero su deber y su llamado como esposos y padres antes de servir a su iglesia’. Como diácono con familia, escuchar eso me dio una enorme paz. Él entiende que una parroquia sana depende de familias sanas”, agregó.


Un lugar para celebrar la Misa

Además de fomentar vocaciones entre el pueblo vietnamita, otra de las principales maneras en que el arzobispo Samuel brindó apoyo fue permitiendo que se establecieran Misas en vietnamita en tres comunidades parroquiales (All Saints, Queen of Vietnamese Martyrs y St. Gianna Molla), para que los fieles pudieran encontrar una Misa más cerca de casa.


“Se preocupó por la comunidad católica vietnamita al ofrecernos tres lugares para celebrar la Misa”, dijo el diácono. “Así, la gente puede desplazarse con mayor facilidad. Así de mucho le importaba la comunidad vietnamita. Cuando solo teníamos una parroquia, teníamos que viajar muy lejos. Algunas personas viajaban una hora y media o incluso dos horas. Pero ahora, con tres lugares, es más fácil desplazarse y participar en la Misa”.


Además del pueblo vietnamita, el arzobispo ha mostrado preocupación por la atención espiritual del pueblo hmong. Los hmong son un grupo étnico originario del suroeste de China que comenzó a migrar a Vietnam y a otros países asiáticos en el siglo XIX. Después de la guerra de Vietnam, una diáspora hmong emigró a Estados Unidos y se estableció en distintos estados, incluido Colorado. La arquidiócesis celebra una Misa en hmong para que también puedan celebrar en su lengua materna.


Una cultura que enriquece

La cultura vietnamita es rica en historia y en hermosas tradiciones, y tanto Mons. Peter como el diácono Joseph, apreciaron profundamente la manera en que el arzobispo siempre alentó y acogió su herencia cultural como una parte esencial y enriquecedora de la Iglesia.


“Siempre animó el patrimonio del pueblo vietnamita y también el valor de la fe que trajeron consigo en sus familias desde 1975”, señaló Mons. Peter.


La historia de la fe católica en Vietnam se remonta al siglo XVI y comenzó a crecer tras la llegada de los misioneros jesuitas en el siglo XVII. Durante los siglos XVIII y XIX, los católicos vietnamitas sufrieron terribles persecuciones en las que se estima que entre 130.000 y 300,000 fieles fueron asesinados. La Iglesia reconoce a todos ellos como los Mártires Vietnamitas, canonizados por san Juan Pablo II en 1988.


La memoria de estos mártires es una parte esencial del patrimonio cultural de los católicos vietnamitas, y el arzobispo exhortó constantemente al pueblo vietnamita a proclamar con valentía la misma fe de sus antepasados en su vida cotidiana y en su ministerio.


“Animó al pueblo vietnamita a… no tener miedo y a dar testimonio de su fe viviendo conforme a ella, con el rico patrimonio de sus antepasados y de los mártires”, dijo Mons. Peter.


Es un testimonio del papel del arzobispo Samuel como pastor que los católicos vietnamitas se hayan convertido en una parte tan integral de la Iglesia católica del norte de Colorado. Para Duoc Bui, quien durante varios años ha servido como sacristán en la parroquia Notre Dame de Denver, pertenecer a una comunidad de fe tan cálida y acogedora, con distintas culturas, es motivo de gratitud.


“Con los católicos estadounidenses veo que son realmente amables, que abren su corazón y nos reciben”, dijo Duoc. “No nos sentimos como extraños. Nunca se siente así. Siempre sentimos que somos una misma familia”.


De refugiados a pilar de fe

Ahora, mientras los católicos vietnamitas de Denver se preparan para despedirse de su pastor, es un momento para reflexionar sobre el legado que deja y dar gracias a Dios por su cuidado espiritual durante los últimos 13 años. Para Mons. Peter, no solo se despide de su obispo, sino también de un amigo.


“Honro su amistad y espero, con esperanza y oración, que en su retiro continúe orando por todos nosotros para que podamos seguir el legado que dejó aquí: no tener miedo y mantener los ojos fijos en Cristo; Dios les mostrará el camino”, dijo Mons. Peter.


El legado del arzobispo entre el pueblo vietnamita en Denver continuará a través de su firme testimonio de fe y de la manera en que siempre los animó a sentirse orgullosos de su herencia.


“El arzobispo Samuel siempre nos animó a dar un paso adelante y a vivir la oración y la corresponsabilidad como testigos vivos de Cristo Jesús, con nuestro tiempo, talento, oración y bienes”, añadió. “Animaría a los jóvenes vietnamitas a dar un paso adelante y continuar el legado de sus antepasados, de los mártires vietnamitas y también de su pastor, el arzobispo Samuel, durante los últimos 13 años”.


Mons. Peter expresó únicamente gratitud por los años de servicio que el arzobispo Aquila ha ofrecido a la Iglesia en Denver, y en particular al pueblo vietnamita.


“Ha sido un privilegio y un gran honor hacer ministerio con usted y participar como colaboradores en la obra del ministerio aquí en la Arquidiócesis de Denver, en las diversas posiciones y ministerios en los que hemos servido”, concluyó. “Estoy agradecido por su bondad, su compasión y su profunda comprensión al apoyar a la comunidad católica vietnamita”.


El diácono Joseph coincidió plenamente. Resumió el ministerio del arzobispo entre el pueblo vietnamita durante los últimos 13 años de una manera breve pero hermosa:


“El arzobispo Samuel comenzó con nosotros cuando éramos refugiados, y ahora nos deja como un pilar de la arquidiócesis, con fe, amor y cuidado”.

 

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