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Image by Simon Berger

Perspective

El arzobispo Samuel celebra su última Misa de quinto grado en la Catedral de Denver

  • Foto del escritor: Escritor Invitado
    Escritor Invitado
  • hace 4 días
  • 3 Min. de lectura
Un obispo en púrpura oficia en un altar dorado dentro de una iglesia, rodeado de asistentes. Ambiente solemne y reverente.
Los estudiantes de escuelas católicas reunidos en la Catedral Basílica oraron y bendijeron al arzobispo Samuel Aquila ante su jubilación. (Foto por Neil McDonough/El Pueblo Católico)

Por Tracy Seul


Es un rito de iniciación para alumnos de quinto grado en toda la arquidiócesis. Cada año, las escuelas católicas llevan a cientos de alumnos a una Misa especial con el arzobispo Samuel Aquila en la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción de Denver.


Pero las Misas de esta semana tuvieron un tono agridulce, ya que marcaron la última vez que el arzobispo Samuel las celebraría como arzobispo de Denver.


“¿Saben qué hace que esta iglesia sea la iglesia del obispo?”, preguntó el arzobispo Samuel a los estudiantes.


Después de muchas respuestas equivocadas, les explicó que era la silla del obispo. La “Catedral” es el hogar de la “cátedra”, la silla del obispo que simboliza su autoridad para enseñar y su liderazgo sobre una región.


“Y dentro de solo tres semanas”, continuó, “tendré que pedir permiso para sentarme ahí porque ya no seré el obispo de Denver y esa ya no será mi silla”.


A pesar de la inminente despedida, la Misa especial resultó alegre y emocionante para la mayoría de los estudiantes, ya que era su primera visita a la Catedral.


Cuando se le preguntó, después de la Misa, qué fue lo que más le gustó de lo que dijo el arzobispo, Sofía, de la escuela Sts. Peter and Paul Catholic STEM en Wheat Ridge, respondió: “¡La historia de la silla!”.


Tanto los padres de familia como los maestros y los estudiantes disfrutaron la experiencia.


“La tradición de la Misa de quinto grado en la Catedral es algo muy especial y formativo para el desarrollo de su camino de fe”, dijo Lilla O’Dwyer, mamá de James, de la escuela Blessed Sacrament Catholic en Denver.


(Fotos por Neil McDonough/El Pueblo Católico)


“Recomiendo que todos vengan y vean la belleza de este lugar. Es realmente increíble. Me sorprendió mucho la belleza de este lugar”, dijo James, haciendo eco del sentimiento de su mamá al recordar su primera visita a la Catedral.


Cuando el arzobispo preguntó a los estudiantes si era su primera visita a la Catedral, la mayoría levantó la mano. Otros estudiantes quedaron igual de impresionados que James.


“¡Se siente como si estuviera en Europa!”. “¡O en Roma!”, exclamó un estudiante.


Los maestros también se sintieron privilegiados de estar presentes.


“Este día resume todo en lo que hemos estado trabajando durante el año, y además los estudiantes pueden ver a alumnos de otras escuelas que quizá conocen de la iglesia o de los partidos de básquetbol. Es algo muy especial para ellos y para nosotros, como maestros”, expresó Taylor Zahn, de la escuela St. Mary Catholic Virtue en Littleton.


“Es especialmente bueno venir mientras estamos creciendo en Cuaresma. Es muy poderoso”, coincidió Kathy Haupt, maestra de quinto grado en Most Precious Blood Catholic School en Denver.


La alegría en los rostros de los estudiantes de Frassati Catholic Academy que llevaron las ofrendas durante el ofertorio lo decía todo. Después compartieron que “me sentía en paz y nervioso y totalmente conectado con Dios”.


Antes de partir hacia su retiro, el arzobispo Samuel dejó un último mensaje de enseñanza a los estudiantes y a las familias reunidas en la Catedral: “Dios los ama”.


“Dios es misericordioso y perdona nuestros pecados. Recuerden eso siempre que vayan a confesar sus pecados. Dios siempre los está esperando para darles su misericordia y su perdón. Es importante que nos arrepintamos y él nos da la Cuaresma para crecer en santidad”, dijo, subrayando que Dios es misericordioso y siempre está dispuesto a perdonar. “Experimenten la misericordia y el perdón de Jesús”.


La Misa concluyó con los estudiantes de quinto grado ofreciendo al arzobispo Samuel una bendición en forma de canto. Mientras extendían las manos, cantaban: “Que el Señor te bendiga y te guarde. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti. Y tenga de ti misericordia. Y te conceda la paz. Amén”.


Y como bendición final de vuelta, el arzobispo bendijo a los estudiantes y les dijo: “Recuerden rezar por mí y yo rezaré por ustedes”.

 

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