Cómo las escuelas católicas ayudan a formar vocaciones en Denver
- Escritor Invitado

- hace 21 horas
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Por Caitlin Burm
Del aula a la convicción
En un salón de teología de la antigua preparatoria Bishop Machebeuf, Joseph Tynan se encontró con una frase de Gaudium et spes que ayudaría a orientar su vida hacia su vocación.
Jesucristo “revela plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación”, recordó. “Llegué a comprender que, si realmente hacía de Jesucristo, el Hijo de Dios, el Rey de mi corazón, me convertiría más plenamente en mí mismo”.
Ahora, mientras estudia para el sacerdocio como seminarista en el seminario teológico St. John Vianney en Denver, Joseph reconoció que su familia sentó las bases de su fe. Pero fue bajo la guía de su maestro de teología en la preparatoria, Marc Lenzini, cuando esas creencias se convirtieron en algo personal.
“Me permitió, finalmente, expresarlo por mí mismo y hacerlo verdaderamente mío”, recordó.
Describió también el momento en que supo que su llamado se había vuelto claro.
“Si me esforzaba por seguir a Jesús y vivir como parte de su Iglesia, mi vida sería más plena, más feliz y aventurera de lo que podría imaginar de otro modo”, explicó.
De manera similar, Daniel Igoe, exalumno de escuela católica que más tarde enseñó en Bishop Machebeuf, ahora también es seminarista en St. John Vianney. Él sintió que su servicio en el altar durante la Misa lo ayudó a descubrir su llamado.
“Aprendí a amar servir en la Misa junto con la comunidad religiosa que dirigía mi preparatoria, y fue en una Misa cuando el sacerdote elevó la hostia después de decir las palabras ‘Este es mi Cuerpo’ que me convencí de que todo lo que la Iglesia enseña sobre la Eucaristía es verdadero”, recordó.
Añadió que la idea del sacerdocio le había surgido desde niño, pero que ese momento en la Misa transformó esa posibilidad.
“Fue una verdadera gracia de Dios que me convenció”, dijo. “Y supe que, si eso era verdad, entonces todo lo demás que enseña la Iglesia también lo era”.
Daniel también reconoció la influencia de los monjes benedictinos que le enseñaron en sus clases de preparatoria y lo inspiraron a tomar su fe en serio.
“Ya no era solo un ejercicio intelectual”, dijo.
Formados por el testimonio
Los estudiantes de escuelas católicas con frecuencia descubren que su educación se enriquece no solo por el plan de estudios, sino también por la comunidad de religiosos, maestros y otros alumnos, todos dando testimonio de su fe. Así ocurrió con ambos jóvenes.
Joseph experimentó esto primero en la preparatoria Bishop Machebeuf y después en Benedictine College, donde la vida diaria estaba centrada en la oración.
“El alumnado era profundamente católico, con muchos amigos de familias numerosas que me animaban, en grupos de hombres, a ir a Misa y pasar más tiempo en adoración”, recordó. “Realmente le debo a Benedictine College el desarrollo de mi vida de oración”.
“La Misa se ofrecía tres veces al día; había adoración durante todo el día, innumerables rosarios públicos, oraciones antes de cada clase, la liturgia de las horas con los monjes, y las campanas sonaban en todo el campus para el Ángelus”, continuó Joseph al recordar el lugar donde comenzó a ver la Iglesia como algo más que una obligación dominical.
“La Iglesia está llamada a ser una institución que lo abarca todo, capaz de transformar y enriquecer la cultura”, dijo.
Daniel compartió que ver de cerca a sacerdotes y otros religiosos también influyó en su vocación, especialmente cuando él mismo estaba enseñando.
“Creo que mucho de lo que preparó mi corazón para escuchar el llamado de Dios fue el testimonio que recibí de muchos sacerdotes y religiosos a mi alrededor”, comentó. “Ver su profunda fe en Jesús, en el evangelio y en lo que enseña la Iglesia me fue impactando poco a poco.
“Eran hombres que no solo estaban convencidos en su mente, sino también en su corazón de que Jesús los ama y está con ellos”, añadió. “Y yo quería esa paz. Así que fue su testimonio el que Dios utilizó para formarme y abrirme a la posibilidad de una vocación”.
Escuchar el llamado
Incluso para quienes se formaron en escuelas católicas, el llamado al sacerdocio suele llegar cuando menos se espera.
Para Joseph, el llamado se volvió inconfundible durante la oración en un largo viaje por la autopista interestatal 70, mientras se ponía el sol, de regreso a casa desde Kansas. Para Daniel, el llamado se fue profundizando gradualmente con el tiempo.
“Dios fue obrando en mí de manera orgánica para abrirme a la posibilidad de ser sacerdote”, dijo. “Al principio lo descartaba, pensando que no era una posibilidad real, pero conforme crecí en mi fe y vi la alegría de muchos que habían dedicado su vida a ello, comencé a pensar cada vez más que quizá esto realmente podía ser para mí”.
Cuando más tarde enseñó en Bishop Machebeuf, comenzó a comprender la paternidad espiritual de una manera nueva.
“Cuando estaba enseñando, realmente empecé a comprender qué es la paternidad espiritual”, explicó. “San Pablo escribe que no podemos convertirnos si primero no se nos predica. Así que llegué a concebir mi enseñanza como una forma de predicación”.
Formar a la próxima generación
Ambos creen que las escuelas católicas seguirán inspirando futuras vocaciones en la Arquidiócesis de Denver y en las diócesis de todo Estados Unidos.
Para Daniel, esa inspiración radica en apoyar a las familias en la transmisión de la fe y en la formación de discípulos.
“Espero que las escuelas católicas puedan ser lugares donde no solo se formen discípulos de Jesús, sino también evangelizadores para una cultura que necesita a Jesús y su misericordia”, dijo.
Subrayó que la formación muchas veces comienza con la presencia.
“Está llamada a ser una comunión con nuestros hermanos y con Dios”, afirmó Daniel. “Parte de eso es predicar y enseñar, parte es administrar los sacramentos y parte es que la Iglesia y sus miembros estén presentes para las personas, mostrándoles el camino hacia Dios mediante el buen testimonio y la caridad”.
Joseph coincidió y dijo que planea animar a padres y estudiantes a considerar universidades recomendadas por la Newman Guide, convencido de que desempeñan un papel en la formación de la fe de los jóvenes adultos.
“Creo firmemente que el éxito de estas escuelas ayudará a impulsar la formación de la próxima generación de discípulos en el amor de Cristo”, afirmó.
En aulas, campus y parroquias católicas de todo el norte de Colorado, cada día se siembran pequeñas semillas en los estudiantes. Para Joseph y Daniel, esas semillas crecieron de una creencia a algo más: una vocación que perdura.








