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Image by Simon Berger

Perspective

Comunicación como comunión: aprender a hablar con amor

  • Foto del escritor: Escritor Invitado
    Escritor Invitado
  • hace 2 días
  • 5 Min. de lectura
Dos personas usan teléfonos de lata, luciendo confundidas. Fondo gris con signos de interrogación. Ella lleva camisa azul, él camisa clara.
(Foto: Adobe Stock)

Por Micah Ellalasingham,

MFT-C, St. Raphael Counseling


Ruptura en la comunicación

Como terapeuta matrimonial y familiar, la preocupación más común que las parejas llevan al consultorio es alguna variación de: “No podemos comunicarnos”. Los cónyuges, al sentirse no escuchados, buscan “herramientas” para arreglarlo. Sin embargo, durante la sesión suele aparecer un patrón más profundo. Cuando las parejas dicen: “Tenemos que mejorar nuestra comunicación”, muchas veces lo que realmente quieren decir es: “Quiero que me escuches y satisfagas mis necesidades”.


Muchas parejas asumen que una buena comunicación significa: “Mi pareja por fin me va a escuchar y yo ya no tendré que esforzarme tanto para expresar lo que necesito”. Todos caemos en estos ciclos disfuncionales en algún momento de nuestra vida. Podemos levantar muros para esconder nuestras vulnerabilidades. Tal vez evitemos asumir la responsabilidad de nuestras propias necesidades porque resulta más seguro ignorarlas que arriesgarnos a ser rechazados. Sin embargo, estos patrones pueden envenenar nuestras relaciones.


Buscar ayuda

Al llegar a terapia, una pareja que busca ayuda para comunicarse puede suponer que las “herramientas” del terapeuta resolverán de repente todos sus problemas. Pero la comunicación requiere vulnerabilidad y riesgo emocional. Aunque enfocarse en lo práctico puede parecer más seguro y sencillo, la búsqueda de una solución mágica puede funcionar como un mecanismo de defensa. Los matrimonios que prosperan comienzan por reconocer estos patrones y asumir la responsabilidad de cambiarlos, independientemente de lo que haga el cónyuge.

 

Aprender a ver, escuchar, conocer y amar

La comunicación es mucho más que asegurarse de que nos escuchen. Tiene que ver con la vulnerabilidad, la confianza y la escucha activa. La escucha activa es la forma más amorosa de comunicarse porque le expresa al ser amado: “No solo te estoy escuchando hablar, sino que también estoy entendiendo lo que dices. Te amo lo suficiente como para estar plenamente presente contigo y considerar lo que me estás compartiendo”.


Esto no es una tarea fácil. En nuestra naturaleza caída, la confianza está herida. Sin embargo, aquí está la belleza de nuestra fe: tenemos un Dios que nos demuestra y nos manda que nos perdonemos y nos amemos unos a otros, como nos gustaría que nos perdonaran y nos amaran. A menudo olvidamos que la comunicación también involucra a quien comunica.


Como terapeuta, con frecuencia escucho algo aún más vulnerable en juego. Debajo de la petición de mejorar la comunicación, está: “Quiero poder confiar en mi cónyuge y ser vulnerable con él o con ella. Quiero construir una amistad”. Esto implica que la comunicación rara vez se trata de logística; se trata de conexión.


El propósito de la comunicación es construir y compartir la vulnerabilidad para que la confianza crezca. La comunicación no se trata de quién lava los platos ni de quién recoge a los niños de la escuela. Esas preocupaciones son solo el contenido de la comunicación. Debajo de esas preguntas hay algo más profundo: “¿Estás de mi lado? ¿Puedo contar contigo? ¿Vas a estar ahí para mí, emocional y físicamente?”. Más que un fin en sí misma, la comunicación es, en realidad, una herramienta para construir confianza.


Es esencial construir una confianza auténtica en el matrimonio, porque es una vocación que requiere una entrega de uno mismo. Este llamado a darse libre y totalmente al otro significa que nuestros cónyuges deben conocer nuestras vulnerabilidades, miedos, sueños, heridas y esperanzas. Nuestras parejas no están llamadas a reemplazar a Dios ni el amor perfecto que él nos tiene, sino a reflejar el amor incondicional de nuestro Dios de una manera única e íntima.

 

Un examen de la comunicación en las relaciones

Cuando te encuentres en un bloqueo de comunicación, detente un momento y reflexiona más a fondo. Pregúntate: “¿En qué áreas no puedo confiar en mi pareja? ¿Dónde me estoy reservando mi vulnerabilidad?”. Si puedes hacerte estas preguntas de forma honesta y examinar las respuestas, ya vas por el camino hacia una comunicación auténtica.


Aquí tienes un marco sencillo para examinar las áreas de tu relación en las que falta comunicación. Hazte estas preguntas sinceras:


  • ¿Cuál de estos patrones disfuncionales de comunicación, conocidos como “los cuatro jinetes del apocalipsis", podrías estar aportando a la relación? (The Gottman Institute, s. f.)

    • CRÍTICA: atacar el carácter o la personalidad de la pareja en lugar de centrarse en una conducta específica.

    • DESPRECIO: expresar superioridad, disgusto o falta de respeto mediante sarcasmo, burlas, gestos de desdén o insultos.

    • ACTITUD DEFENSIVA: responder a una queja con excusas, negación o devolviendo la culpa a la pareja.

    • EVASIÓN: cerrarse emocionalmente, retirarse o negarse a participar en la conversación, a menudo por sentirse abrumado.


  • ¿Qué heridas están presentes en tu relación? Algunas pistas para identificarlas:

    • Examina qué temas estás evitando sacar a la luz. ¿Qué temas te generan ansiedad, te hacen cerrarte, alejarte o aferrarte? ¿Cuál es ese tema importante que está ahí, pero nadie se atreve a hablar?


  • ¿Qué te gustaría que tu cónyuge supiera de ti de una manera más íntima y emocional? ¿Qué puedes confiarle hoy?

    • Después de examinar las áreas de tu relación en las que estás perdiendo oportunidades de mayor vulnerabilidad y confianza, pregúntate cómo quieres comunicar estas necesidades a tu pareja.

    • Comienza la conversación con una invitación: pregúntale a tu cónyuge si puede estar presente para ti mientras le confías algo vulnerable. Si en ese momento no puede, acuerden otro momento en el que ambos estén disponibles. Luego, entra en la conversación con honestidad, valentía y vulnerabilidad.

 

Asume lo mejor de la otra persona y entra en la conversación con apertura y disposición para expresar tus expectativas.


Usa mensajes en primera persona y lenguaje de equipo, como “nosotros” y “nuestro”. No entres en la conversación cuando estés alterado o emocionalmente cargado. A veces, la forma más amorosa de comunicarse es dar un paso atrás para tranquilizarse y orar sobre lo que quieres decir antes de decirlo.


Otro paso clave en la comunicación amorosa es integrar la oración en la relación. El matrimonio no es solo dos personas “haciendo que funcione”. El centro de la relación es Dios, y él te da gracias especiales para que prosperes en tu matrimonio. En este sacramento, apóyense profundamente en él para sanar sus heridas y mejorar su comunicación. Recuerden que su cónyuge no puede sanarlos; solo Dios puede sanarlos. Y, sin embargo, la pareja puede amar de una manera que sostenga y honre esa sanación. Afrontar juntos las heridas y orar juntos por ellas no solo fortalecerá la relación, sino que también los dispondrá a las gracias necesarias para sanar las más profundas.


No estas solo

Si descubres que este examen está sacando a la luz temas demasiado fuertes para afrontarlos por tu cuenta, o si sigues teniendo dificultades para llevarlos a tu pareja, la terapia siempre es una opción. Además, si sienten que hay bloqueos en la comunicación que resultan demasiado difíciles de superar por sí solos como pareja, un terapeuta de pareja puede ayudarles a comprender por qué existe ese obstáculo y cómo superarlo juntos.


Los matrimonios fuertes y sanos no se construyen de la noche a la mañana. Requieren esfuerzo constante, valentía, disposición, responsabilidad y paciencia para crear un amor auténtico. Recuerda que tú y tu pareja están en el mismo equipo y que tienen a un Dios que los guía en esta vocación. Apóyense en esa gracia, sigan eligiéndose cada día y confíen en que los pequeños pasos fieles que den juntos darán fruto duradero.

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