Catedral Basílica de Denver recibe reliquias de santa Margarita María Alacoque, apóstol del Sagrado Corazón
- André Escaleira, Jr.

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Las reliquias mayores de santa Margarita María Alacoque reunieron a peregrinos de todo el norte de Colorado para un momento de oración, veneración y un histórico encuentro con la sierva de Dios Julia Greeley, la apóstol del Sagrado Corazón de Denver.

La Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción de Denver se convirtió el domingo en el hogar de una segunda apóstol del Sagrado Corazón, cuando las reliquias mayores de santa Margarita María Alacoque, custodiadas por los Caballeros de Colón, fueron colocadas a pocos pasos de la tumba de la sierva de Dios Julia Greeley, conocida como la apóstol del Sagrado Corazón de Denver.
Miles de fieles de todo el norte de Colorado peregrinaron a la Catedral Basílica, corazón de la arquidiócesis, para venerar las reliquias y orar ante ellas, pidiendo la intercesión de santa Margarita María por sus necesidades.
La religiosa francesa de la Orden de la Visitación del siglo XVII es conocida por las visiones que recibió de Jesús, en las que él le reveló su profundo amor por la humanidad a través de su Sagrado Corazón, que arde de amor por cada uno de nosotros. En esas mismas visiones, Jesús animó a santa Margarita María a fomentar la devoción a su Sagrado Corazón, misión que ella llevó adelante con la ayuda de su director espiritual, san Claudio de La Colombière.
Una conexión santa
Al acercarse a sus reliquias, los restos físicos de la santa, los fieles participaron en una antigua tradición de la Iglesia católica, en la que los signos visibles de la santidad elevan la mente y el corazón hacia realidades espirituales más profundas.
“Las reliquias nos conectan con santa Margarita María, y ella adoró y amó el corazón de Dios. Poder conectar directamente con el corazón de Dios es un honor muy especial”, explicó Joe Kaplan, feligrés de la parroquia St. John XXIII, en Fort Collins.
Mediante la oración ante las reliquias de santa Margarita María Alacoque, los fieles pudieron presentar al Sagrado Corazón de Jesús a sus familiares y amigos, las vocaciones, la salud, los desafíos y también sus acciones de gracias. Para una familia de la zona, eso significó pedir la intercesión de la santa por su hija aún no nacida, que lleva su nombre y enfrenta una grave afección cardíaca. Para otros, la experiencia de orar ante las reliquias fue menos dramática, pero igualmente profunda.
“Venerar las reliquias fue una experiencia del cielo en la tierra. Estar en presencia de una santa que transmitió el mensaje de misericordia y esperanza del Sagrado Corazón de Jesús fue algo surrealista”, comentó Deisy Muñoz.
Dios está con su pueblo
Sin importar cómo se acercarán los fieles a las reliquias, su oración apuntaba a una verdad tan antigua como la fe misma: Dios está en medio de su pueblo.
“Los israelitas se enorgullecían de llamarse hijos de Dios, y el mayor regalo que Dios les concedió fue su presencia”, dijo el padre Bernald Ssubi, vicario parroquial de la Catedral, durante su homilía, inspirada en las lecturas del domingo.
Esa presencia, explicó, ofrece vida en abundancia y un mensaje de esperanza para el pueblo de Dios en el exilio, llamándolo a volver a él para que nada pueda separarnos de su amor.
Al reconocer que el sufrimiento, la incertidumbre y la persecución pueden inquietar el corazón, el padre Bernald recordó a los presentes que la presencia de Dios en Cristo puede vencer todas las cosas.
“Dios sigue siendo nuestro apoyo y nuestra fortaleza”, afirmó. “Siempre muestra compasión por los pobres y los marginados, por los enfermos y los débiles, por los pecadores y los excluidos”.
(Fotos de André Escaleira Jr./El Pueblo Católico)
Un acontecimiento para toda la familia
Mientras la fila para venerar las reliquias rodeaba el templo, un ambiente de entusiasmo sencillo e infantil llenaba el espacio sagrado. Entre los miles que acudieron a la Catedral Basílica para encontrarse con santa Margarita María Alacoque había varias familias católicas de Colorado y muchas niñas llamadas Margarita, María y Margarita María.
Para Andy Green, feligrés de la parroquia Immaculate Heart of Mary, en Northglenn, y padre de cuatro hijas, la visita de las reliquias fue una oportunidad perfecta para orar en familia.
“Fue muy bonito ver a mi segunda hija menor, que lleva el nombre de santa Margarita María, entrar a orar, levantar su pequeño rosario hacia la santa y pedir su intercesión”, compartió. “Fue una alegría poder fomentar esa devoción en ella. Apenas tiene tres años, pero aun así queremos cultivar esa devoción. Ver esa chispa de alegría y saber que alguien vivió antes con tanta alegría y fuerza nos hace esperar que nuestra hija también pueda vivir algo parecido”.
Andy señaló que esta oportunidad de oración fue especialmente significativa porque permitió a su familia encontrarse con la belleza de la Iglesia, de la Catedral y de los santos.
“Tengo cuatro hijas y todavía no han tenido mucho contacto con las reliquias. Mi esposa y yo sentimos la responsabilidad de llevarlas a conocer reliquias y lugares santos, para que puedan encontrarse con estos santos y con los lugares sagrados en general”, explicó. “Así que estar aquí, visitar a santa Margarita María y la Catedral, también nos anima a nosotros como padres”.
Un encuentro entre dos apóstoles del Sagrado Corazón
Mientras la Catedral Basílica se preparaba para celebrar las misas dominicales, las reliquias de santa Margarita María fueron trasladadas desde el altar principal hasta el altar lateral dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, ubicado a escasos metros de la tumba de la sierva de Dios Julia Greeley.
El simbolismo no pasó desapercibido para los asistentes: la apóstol del Sagrado Corazón de Denver, de algún modo, daba la bienvenida a su hermana en la fe y también apóstol del Sagrado Corazón a la ciudad de la milla alta.
Antigua esclava, Julia Greeley fue conocida por su extraordinaria caridad en el vecindario de Five Points, en Denver, y por el carrito rojo que utilizaba para repartir alimentos, ropa y otras ayudas a familias necesitadas, incluso a familias blancas de escasos recursos que podían sentirse avergonzadas de recibir ayuda públicamente de una mujer afroamericana. A pesar de sus limitados recursos y de los fuertes dolores provocados por la artritis, caminaba kilómetros para servir a los demás y difundir la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, especialmente entre los bomberos.
Con estas dos apóstoles del Sagrado Corazón reunidas en el corazón de la arquidiócesis de Denver, el amor de Jesús se hizo un poco más visible para los fieles locales. En ese encuentro de dos corazones encendidos por la caridad, los católicos de Denver pudieron contemplar nuevamente el Corazón de Cristo, que arde de amor por cada uno de ellos.
























