Arzobispo designado James Golka: un pastor con el corazón de Cristo
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Familia y amigos de su ciudad natal en Nebraska comparten quién es y cómo es

El entonces obispo James Golka muestra su cruz pectoral a Charlotte, nieta de Jolene Wojcik, después de una Misa de boda. (Foto cortesía de Jolene Wojcik)
Nota del editor: Los fieles de la arquidiócesis de Denver están invitados a asistir a los eventos en torno a la instalación del arzobispo designado James Golka. Para más información y para confirmar tu asistencia, lee más.
Por Roxanne King
Conectado con Cristo. Entre las muchas cualidades que quienes lo conocen de cerca atribuyen al arzobispo James Golka, esa es la fundamental.
Es auténtico, hombre de oración, humilde, profundamente fiel y pastoral, dijeron familiares, amigos, mentores y colegas. Su liderazgo no brota de ideologías ni de apariencias, sino de una profunda conexión con Jesucristo que moldea la manera en que trata a las personas y vive su vocación.
“Lo que ves es autenticidad”, dijo su excompañero de seminario y buen amigo, el padre Dave Korth, de Omaha, Nebraska. “Su conexión con Dios es extraordinaria”.
“No fue ninguna sorpresa que se convirtiera en obispo”, añadió el padre Dave, haciendo eco de lo que otros también piensan. “Ni tampoco que fuera elevado a arzobispo tan rápidamente”.

Vida familiar
Nacido el 22 de septiembre de 1966 en Grand Island, Nebraska, Jim fue el cuarto de 10 hijos —seis hombres y cuatro mujeres— del matrimonio de Robert y Patricia Golka. Su papá era ingeniero civil y su mamá maestra en una escuela católica.
“Me siento muy bendecido de haber nacido en la familia que tuve”, dijo el arzobispo James. “Mi mamá y mi papá fueron unos padres increíbles. De alguna manera transmitieron la fe a sus hijos. Digo ‘de alguna manera’, pero fue porque practicaban su fe con regularidad y la vivían todos los días en casa.
“La Misa del domingo no era una opción, era simplemente lo que hacíamos. Conforme fuimos creciendo, podía haber cinco hijos con algún evento deportivo el fin de semana, así que todo empezaba desde el sábado, cuando mamá nos preguntaba: ‘¿A qué Misa van a ir?’ Organizábamos quién iba a cuál, unos el sábado por la tarde y otros el domingo”.
La oración antes de dormir, las comidas en familia, asistir a las actividades de los demás y el apoyo mutuo ayudaron a fomentar tanto la fe como la fortaleza en un hogar muy activo. De niño, Jim practicó fútbol americano, atletismo y béisbol, y también ayudaba en casa, recordó su hermano John, el segundo mayor, quien añadió que Jim mostró liderazgo desde muy joven.
“Jim era un chico muy equilibrado”, dijo John, residente de Omaha.
Cuando John discernió el sacerdocio diocesano después de graduarse de la preparatoria, Jim, entonces en octavo grado, pidió visitarlo en el seminario y se quedó una semana.
“Era uno de mis héroes. Pensé que, si él podía hacerlo, yo también”, recordó el arzobispo James. “Él decidió no continuar al final de un año, pero esa inquietud se quedó dentro de mí”.
John finalmente eligió el matrimonio y una carrera en la educación católica, valores muy arraigados en la familia Golka. Los 10 hijos se graduaron de la preparatoria católica Grand Island Central, donde su mamá, Patricia, enseñaba teología y donde John más tarde sería director.
Jim, graduado de la preparatoria en 1985, obtuvo una licenciatura en teología y filosofía en la Universidad Creighton, en Omaha, en 1989. Aunque inicialmente eligió esa universidad para explorar más plenamente la vida —e incluso consideró el matrimonio—, su llamado al sacerdocio persistió. Durante la universidad, se involucró profundamente en la pastoral universitaria, la Misa diaria y viajes de servicio.
Una experiencia decisiva ocurrió durante un año con el Cuerpo de Voluntarios Jesuitas en la reserva de Pine Ridge, en Dakota del Sur, después de graduarse. Mientras vivía y trabajaba entre los Lakota Sioux, finalmente obtuvo claridad sobre su vocación. Agradecido por la influencia de los jesuitas en la oración, el discernimiento y la formación intelectual, también tenía una fuerte convicción de que Dios lo llamaba al sacerdocio diocesano y no a la vida religiosa.
“Creí que estaría [en Pine Ridge] dos o tres años, pero para el Día de Acción de Gracias sentí el llamado a ser sacerdote de la diócesis de Grand Island”, dijo el arzobispo James. “Fue muy claro. Le doy gracias a Dios por esa claridad”.

Seminario, sacerdocio y episcopado
Dave conoció a Jim Golka cuando ambos estudiaban en el Seminario St. Paul en St. Paul, Minnesota, a principios de los años 90. Gracias a sus raíces en Nebraska, familias numerosas, el deporte y a una fe profunda, se hicieron grandes amigos.
Un día de primavera, jugando como campocorto (beisbol) con otros seminaristas, Jim se ganó el apodo ‘Golka con alcance’, dicho en broma con el acento típico de Fargo y en referencia a la región minera Iron Range de Minnesota.
“No podíamos pegarle a nada entre la segunda y la tercera base”, dijo el padre Dave entre risas. “Él cubría todo ese terreno. Y detenía todo”.
Cuando el padre James fue ordenado en 1994, el padre Dave ya llevaba dos años como sacerdote. Su amistad continuó después de las ordenaciones y sigue fuerte hasta hoy. Todavía comparten reuniones anuales con otros amigos sacerdotes que incluyen golf y juegos de cartas.
El padre Dave también conoce bien a la familia Golka. Párroco de dos parroquias en Omaha y presidente de tres escuelas católicas gratuitas en el centro de la ciudad, es sacerdote de un hermano y de una cuñada del arzobispo James, además, emplea a una de sus hermanas como secretaria.
Aunque durante mucho tiempo creyó que el padre James sería un obispo excepcional, graves lesiones —incluyendo dos ocasiones en las que se fracturó el cuello, primero cuando una bala de lanzamiento de peso de 16 libras cayó sobre él desde un estante y luego en un accidente en bicicleta— hicieron que ese futuro pareciera incierto. Tras una cirugía correctiva que alivió la mayor parte del dolor crónico, su nombramiento como obispo, y ahora como arzobispo, pareció seguir un curso providencial.
El día en que su buen amigo fue instalado como obispo de Colorado Springs, el 29 de junio de 2021 —después de 27 años como sacerdote en Grand Island—, fue el mismo día en que el padre Dave supo que tenía cáncer. En una celebración posterior, compartió su diagnóstico con su amigo y le pidió su bendición.
“Me dijo: ‘Te daré mi bendición, pero quiero que mi hermana Jean también te dé su bendición’”, recordó el padre Dave, explicando que el entonces obispo mencionó que su hermana de 52 años había superado ese mismo cáncer a los 19 años. “Ese es el tipo de persona humilde, atenta y familiar que es. Puede que ahora sea arzobispo de Denver, pero reconoce que otros también tienen bendiciones que dar.
“Es muy gentil, muy amable y muy bueno”, continuó. “Santo es una forma de describirlo”.

“Un apóstol admirable”
El padre Charlie Torpey, J.C.L., fue el primer párroco bajo quien el recién ordenado padre James sirvió en la iglesia St. James en Kearney, Nebraska.
“Era muy trabajador. Su gran don es que sabe conectar muy bien con las personas”, dijo el ahora retirado exvicario general, destacando su capacidad para escuchar con atención, percibir necesidades no expresadas y responder con sensibilidad.
Excelente en la predicación y en la liturgia, siempre fue cercano, compartió el padre Charlie. Los jóvenes se sentían atraídos por él, como cuando, en el funeral de un deportista, giró un balón de básquetbol sobre su dedo para ilustrar un punto, o cuando predicó una excelente homilía en inglés durante un servicio penitencial y luego, con naturalidad, ofreció otra en español que conectó profundamente con los hispanohablantes.
“Es el mejor sacerdote que he conocido”, dijo el padre Charlie. “Al escuchar sus homilías, ves cómo realmente ha tomado en serio el evangelio de Jesús. Es un apóstol admirable”.

“Un verdadero corazón de pastor”
Jolene Wojcik, directora ejecutiva de la Central Catholic Development Foundation en Grand Island, conoció al padre James Golka hace 10 años, cuando él se convirtió en rector de la catedral St. Mary, donde ella, su esposo y sus dos hijas asistían a Misa.
El padre James se convirtió en un amigo cercano que, en años recientes, celebró los matrimonios de sus hijas. También se convirtió en colega de Jolene cuando, en el 2019, comenzaron a trabajar juntos en un comité para abrir una nueva escuela primaria.
“Grand Island no tenía una escuela primaria católica desde hacía como 50 años”, dijo Jolene, recordando que Jim estaba en segundo grado en la escuela St. Mary cuando el obispo decidió cerrarla junto con la otra primaria parroquial de ese tiempo, aunque se mantuvo la preparatoria Central Catholic.
“Cuando [el padre James] fue nombrado obispo de Colorado Springs, el director/superintendente entró a mi oficina, cerró la puerta y nos pusimos a llorar porque él encabezaba nuestro comité para la primaria y pensamos: ‘Se va, quizá no podremos seguir adelante’”, contó.
A pesar de su traslado, el obispo James continuó apoyando el proyecto, que finalmente tuvo éxito. Incluso asistió a la inauguración de la nueva escuela en el 2024, en un momento muy significativo.
“Mamá llegó un día a casa y nos dijo que tenían que cerrar las primarias porque no había suficiente dinero”, recordó en la ceremonia. “Y yo me senté en el escalón, lloré y me enojé con nuestro obispo. Bromeo diciendo que desde entonces he estado enojado con los obispos… Hoy he decidido que ya no voy a enojarme. Estoy muy agradecido [por la escuela primaria Central Catholic]”.
Al igual que los padres Dave y Charlie, Jolene destacó su liderazgo compasivo y su genuina preocupación por los demás, cualidades que ayudaron a su familia, la parroquia y la comunidad católica a crecer en la fe. Señaló, por ejemplo, las procesiones eucarísticas que encabezó por la ciudad durante la pandemia de COVID-19 y su capacidad para conectar con personas de todas las edades.
“Realmente sabe verte y comprenderte”, dijo. “Tiene un verdadero corazón de pastor”.

“Unido con Cristo”
Como sacerdote, el padre James ocupó diversos cargos de liderazgo en la diócesis de Grand Island, lo que permitió al obispo Joseph Hanefeldt conocerlo y coincidir con él en celebraciones litúrgicas y en encuentros sacerdotales.
“Tiene el corazón de Jesús, por la manera en que ha vivido su sacerdocio”, dijo el obispo Joseph. “Ojalá todos los que estamos en el ministerio ordenado tengamos ese mismo corazón”.
Como otros, el obispo Joseph intuía que algún día este sacerdote, profundamente pastoral, sería nombrado obispo, dado el amplio respeto y reconocimiento que tenía entre sacerdotes y laicos. Cuando en 2021 fue elevado al episcopado, se convirtió en el primer sacerdote de la diócesis de Grand Island —con más de un siglo de historia— en ser nombrado obispo.
“Fue el cumplimiento del sueño de algunos y la expectativa de muchos”, dijo el obispo Joseph. “Y ahora, arzobispo de Denver… se percibe que esto es bueno, que esto es lo correcto”.
También destacó su fuerte devoción a la familia, describiendo cómo ha cultivado intencionalmente relaciones cercanas con sus seres queridos y amistades a lo largo de su sacerdocio y su episcopado. Este compromiso, afirmó, ha fortalecido tanto su vida personal como su sentido de responsabilidad como padre espiritual.
“Lo que realmente admiro es lo conectado, lo profundamente unido, que está con Jesús”, dijo el obispo Joseph. “Su fe se nutre de su vida de oración. Es auténtica, profunda y constante… Su relación profunda con Jesús es el fundamento de su vida y de su ministerio”.








