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Perspective

¿Adoras a Dios o al dios que has creado a tu medida?

Foto del escritor: Mary Beth Bonacci
Mary Beth Bonacci
hace 17 horas
4 min de lectura

La religión no oficial de Estados Unidos presenta a un Dios que exige poco y promete felicidad. Pero el Dios que se revela en las Sagradas Escrituras nos llama a algo mucho más grande.


(Foto: Lightstock)
(Foto: Lightstock)

Por Mary Beth Bonacci


¿Tiene Estados Unidos una religión oficial?


Oficialmente, no, por supuesto. Pero al menos, según un experto, sí existe una religión estadounidense. Y está muy extendida.


Hace unos 20 años, el sociólogo Christian Smith realizó un estudio sobre las creencias y prácticas religiosas de 3,000 adolescentes estadounidenses, titulado "Vida Espiritual de Adolescentes Estadounidenses".


Smith descubrió que estos adolescentes, sin importar dónde vivieran ni a qué denominación religiosa pertenecieran, casi todos compartían las mismas cinco creencias religiosas fundamentales. Según Smith, estas creencias, tomadas en conjunto, constituyen la religión estadounidense que él denomina deísmo moralista terapéutico. (Nota: los títulos de cada punto son míos).


  1. Dios, el relojero: Dios existe, creó el mundo y estableció su orden. Pero no interviene demasiado en lo que sucede día a día.

  2. Viejito del cielo: Lo que Dios espera de nosotros es, básicamente, que seamos buenos, amables y justos, y nada más.

  3. Doctor divino del bienestar: Nuestro principal objetivo en la vida es ser felices y sentirnos bien con nosotros mismos.

  4. Dios a pedido: En realidad, no necesitamos que Dios intervenga en nuestra vida, a menos que tengamos algún problema que necesitemos que resuelva.

  5. Premio para todos: Todos van al cielo, excepto las personas realmente malas. Como Hitler.


Smith también descubrió que estos jóvenes no habían llegado a esas creencias por su cuenta. Más bien, eran las creencias con las que habían crecido, transmitidas por sus padres de la generación de los baby boomers.


Así que esta ha sido la religión estadounidense desde hace bastante tiempo.


Pero sigue habiendo una pregunta: ¿en qué consiste realmente esta religión? Puede que tenga cierto parecido con el cristianismo e incluso que algunos de sus puntos coincidan con lo que enseña la fe cristiana.


Pero ¿esto es cristianismo?


Basta con conocer un poco las Sagradas Escrituras para darse cuenta de que no. Estas creencias ni siquiera se acercan a lo que nos enseña la Palabra de Dios. Lo que Dios nos ha revelado es mucho más profundo, mucho más rico y mucho más trascendente.


Y también mucho más exigente.


Veamos cada punto:


1. Dios, el relojero: ¿Acaso Dios nos ha dejado a nuestra suerte?


“¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de su Padre”. Mateo 10, 29. “No te dejaré ni te abandonaré”. Hebreos 13, 5.

2. Viejito del cielo: ¿Basta simplemente con “ser buenas personas”?


“Ustedes, pues, sean perfectos como es perfecto su Padre celestial”. Mateo 5, 48. “Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era forastero, y me acogieron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y vinieron a verme”. Mateo 25, 35-36.

3. Doctor divino del bienestar: ¿Nuestro único objetivo es ser felices?

“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, la salvará”. Lucas 9, 23-24. “No hagan nada por rivalidad ni por vanagloria, sino con humildad, considerando cada cual a los demás como superiores a sí mismo, buscando cada cual no su propio interés sino el de los demás”. Filipenses 2, 3-4.

4. Dios por pedido: ¿Solo necesitamos a Dios cuando tenemos problemas?

“Busquen al Señor y su fuerza, vayan continuamente tras su rostro”. 1 Crónicas 16, 11. “Confía en el Señor de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia; reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus sendas”. Proverbios 3, 5-6.

5. Premio para todos: ¿Todos vamos al cielo?

“Entren por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto es el camino que lleva a la vida! Y pocos son los que lo encuentran”. Mateo 7, 13-14. “Ahora bien, las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, ambiciones, divisiones, disensiones, envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes. Les prevengo, como ya los previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios”. Gálatas 5, 19-2.


Por supuesto, hay muchos más ejemplos. Toda nuestra fe contradice estas “creencias” tan simplistas.


En el principio, Dios creó al hombre a su imagen. Pero me parece que en nuestra época el hombre ha vuelto a crear a Dios a su propia imagen. Nos hemos fabricado un dios más complaciente, menos exigente, que no nos pide demasiado, que nos deja vivir como se nos antoje y que, al final, de todos modos nos recompensa.


Como lo expresó el gran C. S. Lewis: “En realidad, lo que queremos no es tanto un Padre en el cielo como un abuelo en el cielo, una benevolencia senil a la que, como suele decirse, ‘le gustaba ver a los jóvenes divirtiéndose’, y cuyo plan para el universo consistía simplemente en que, al final de cada día, pudiera decirse con toda sinceridad: ‘Todos se la pasaron muy bien’”.


Como “buenos católicos”, nos gusta pensar que estamos por encima de todo esto. Pero ¿realmente es así? Crecimos aquí. Nos formamos en un ambiente impregnado de esta “religión” estadounidense. Y sus ideas se nos quedan pegadas de maneras inesperadas. ¿Cuántas veces he descuidado mi relación con Dios hasta que me encuentro en dificultades y necesito pedirle un favor? ¿Cuántas veces he preferido lo fácil y lo agradable en lugar de lo exigente y lo santo?


La cuestión es esta: Dios es quien es. No podemos inventarnos un “dios” a nuestra medida, según lo que se nos ocurra.


Afortunadamente, Dios nos ha dado una muy buena manera de conocerlo: los 73 libros de la Biblia y de la Iglesia. Él mismo se nos ha revelado. Por eso es tan importante estudiar las Sagradas Escrituras. Nuestra tarea, día tras día, es profundizar en esa revelación y permitir que Dios nos hable a través de ella. Se trata de redescubrirlo constantemente tal como es, no como nosotros esperamos que sea.


Y necesitamos examinarnos continuamente para asegurarnos de que estamos creciendo en nuestra relación con él y no con alguna deidad imaginaria que la sociedad estadounidense moderna ha inventado para nosotros.


Porque cuando lleguemos a la otra vida, ese “dios” estadounidense no será con quien nos encontremos.

 

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