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Image by Simon Berger

Perspective

30 mil comidas en 2 horas, proyecto cuaresmal que unió a la comunidad de Immaculate Heart of Mary

  • Foto del escritor: Escritor Invitado
    Escritor Invitado
  • hace 2 horas
  • 4 Min. de lectura

La comunidad parroquial en Northglenn puso la fe en acción esta Cuaresma con una iniciativa de servicio


Personas con gorras azules empacan alimentos en mesas, dentro de un salón con techo de vigas oscuras. Ambiente colaborativo y organizado.
Los feligreses de la parroquia Immaculate Heart of Mary en Northglenn emprendieron un ambicioso proyecto cuaresmal de servicio, con el propósito de amar al prójimo de manera concreta. (Foto proporcionada)

Por Diana Olivas


El sábado 7 de marzo, el salón parroquial de la parroquia Immaculate Heart of Mary (IHM), en Northglenn, cobró vida con movimiento, risas y un sentido compartido de propósito. Lo que comenzó como una oportunidad comunitaria de servicio durante la Cuaresma pronto se convirtió en algo mucho más: una expresión vivida y un recordatorio de lo que significa ser el Cuerpo de Cristo.


Durante el tiempo de Cuaresma, la Iglesia nos llama a la oración, el ayuno y la limosna, no como actos aislados, sino como una forma de caminar en sintonía con el Espíritu Santo. Con este llamado y la inspiración de las palabras de Jesús en Mateo 25,35, “Porque tuve hambre y me dieron de comer”, 161 feligreses se reunieron para participar en un evento de empaquetado de alimentos en beneficio del banco de alimentos de IHM. La meta era ambiciosa: empacar 30,000 comidas no perecederas en solo tres horas. Sin embargo, el día no resultó como se esperaba.


Con voluntarios que llegaban desde temprano, llenando el salón parroquial y ocupando sus lugares en una organización de mesas largas y líneas de trabajo, comenzó a sentirse una gran energía en el ambiente. Se asignaron estaciones, comenzaron a medirse los ingredientes y pronto surgió un ritmo constante de servir, sellar y empacar alimentos. Los participantes, de entre 11 y 87 años, reflejaron la riqueza de la comunidad parroquial y el encuentro con Cristo que estaban por experimentar.


“¡Fue una gran convivencia y comunidad! Conocí a muchas personas nuevas”, compartió un voluntario.


El evento se llevó a cabo en dos turnos, cada uno de hora y media, lo que permitió que más personas se unieran a esta obra de misericordia. Lo que para algunos podría haber sido solo una tarea se convirtió en una ofrenda de alegría y amor.


“Yo solo me había inscrito para ayudar a la parroquia, pero salí con un mayor deseo de ayudar a mis hermanos necesitados”, dijo otro voluntario.


En la alegría compartida, desaparecieron las barreras y los desconocidos se convirtieron en compañeros de equipo y, poco después, en amigos. Comenzó a sonar música y el servicio se sintió como una celebración, no por la comida en sí, sino por el tipo de amor que Cristo llama a sus discípulos a vivir.


“¡Fue muy divertido! Había música, risas e incluso bailábamos mientras llenábamos las bolsas juntos”, relató un participante.


A medida que avanzaba la mañana, quedó claro que la comunidad no solo cumplía la meta, sino que la superaba.


En solo dos horas, entre ambos turnos, los voluntarios empacaron unas impresionantes 32,000 comidas, superando la meta por 2,000 y con una hora aún disponible. Muchos comentaron que fue “una manera fácil de servir a nuestra comunidad”, mientras que otros señalaron que fue una “buena forma de conocer a otros feligreses”. Una vez empacadas, las comidas fueron colocadas en cajas, cargadas en carritos y trasladadas al banco de alimentos de IHM para su distribución a quienes más lo necesitan. Cada caja representa más que alimento: el amor y la bondad de Jesús, que se manifestaron a través de quienes las prepararon.


El evento fue un esfuerzo conjunto entre IHM, el banco de alimentos de IHM (Centro de Corresponsabilidad), el Consejo 7502 de los Caballeros de Colón y Meals of Hope, una organización sin fines de lucro que facilita eventos de empaquetado de alimentos en todo el país.


Este día fue el fruto de meses de preparación y planeación, hechos realidad por Dios a través de las manos de los voluntarios. El evento no solo fortaleció a la comunidad, sino que también permitió a cada persona hacer algo más grande que sí misma.


El impacto fue más allá de quienes participaron. Con una lista de espera de más de 80 personas, la respuesta reveló que muchos feligreses tienen un fuerte deseo de servir a la comunidad, lo que da esperanza de ampliar oportunidades futuras para que más personas se integren y crezcan en su fe a través de la acción.


Varios voluntarios señalaron lo valioso que fue trabajar con “personas con los mismos valores por una gran causa”. Para muchos, esta experiencia no solo se trató de ayudar a otros, sino también de construir relaciones dentro de la Iglesia. En un mundo donde a menudo nos sentimos apresurados, desconectados y preocupados por nuestras propias vidas, eventos como este nos recuerdan hacer una pausa y volver a arraigarnos en el amor de Cristo. Es un recordatorio de que los pequeños actos, multiplicados, pueden marcar una gran diferencia. A través de la fe y la comunión, la parroquia Immaculate Heart of Mary no solo cumplió una meta, sino que también creó algo que perdura.


Dieron de comer al hambriento. Fortalecieron la comunidad, tanto a nivel personal como en conjunto. Se convirtieron en las manos y los pies de Jesucristo.


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Para más información sobre cómo organizar tu propio evento, comunícate con la parroquia Immaculate Heart of Mary en Northglenn al correo electrónico warrenn@ihmco.org.

 

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