Rescate oculto: arzobispo James Golka reflexiona sobre la Resurrección en su primera Vigilia Pascual
- André Escaleira, Jr.
- hace 1 hora
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Al hacer referencia a la Escritura, la tradición y una antigua homilía del siglo II, el nuevo arzobispo de Denver compartió una nueva luz sobre la Resurrección de Jesús, una que cambia la manera en que los fieles ven el mundo.

Sábado Santo. Un día extraño en todos los sentidos: Dios ha muerto y ha sido sepultado. La esperanza puede parecer lejana. Todo está en silencio y en calma. ¿Qué está pasando?
Esa fue precisamente la pregunta con la que se encontró el arzobispo James Golka cuando, después de la liturgia del Viernes Santo, se dirigía a su oficina desde el seminario. Ahí se encontró con tres seminaristas de St. John Vianney que estaban hablando justamente de esa realidad: ¿qué sucede cada Sábado Santo?
En su homilía durante la Vigilia Pascual en la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción, en Denver, el arzobispo recordó la respuesta que les dio.
“Creo que el Sábado Santo es un tiempo para guardar silencio, para escuchar y para tener esperanza”, compartió. “Me imagino que eso era lo que hacían los discípulos y nuestra Madre María el Sábado Santo: tratar de asimilar el impacto de haber visto a su hijo y a su salvador morir el día anterior, sabiendo que él había prometido resucitar, pero sin saber qué significaba eso, y esperando”.
Por parte de Jesús, el Sábado Santo fue un día muy activo, aunque su cuerpo yacía en el sepulcro, explicó el arzobispo James. Al hacer referencia a una antigua homilía predicada en Sábado Santo y a varios elementos de la fe católica, señaló que, mientras la tierra estaba “en silencio y en calma”, Jesús “desciende al infierno y derriba la puerta”. Como respuesta, “las puertas del infierno temblaban de miedo porque Cristo, a quien matamos, se dirigía hacia allá”.
La misión silenciosa y oculta de rescate que Jesús realiza en Sábado Santo nos muestra algo radical de su misión: viene a buscar a los perdidos, incluso hasta los confines del universo.
“Cristo bajó hasta lo más profundo para encontrar a nuestros antepasados y encontrarnos a nosotros, y para romper las cadenas de la muerte”, dijo.
(Fotos de Dan Petty/El Pueblo Católico)
Al llegar al infierno, dice la tradición, Jesús va directamente hacia Adán llevando consigo el instrumento de su muerte: la cruz. El nuevo Adán, Jesús, muestra obediencia plena al Padre al morir en un árbol, en contraste con Adán, quien mostró desobediencia al Padre al comer del fruto de un árbol. En el tierno momento que sigue, Jesús salva a Adán y a Eva.
“Cristo se acerca a Adán, la primera oveja que se perdió. Cristo siempre es pastor y viene a buscarnos”, dijo el arzobispo. “Toma a Adán de la mano y, en muchas imágenes, aparece con la otra mano tomando a Eva; los levanta, los pone en pie y les dice: ‘¡Despierta, tú que duermes!’ ¡Levántate de entre los muertos! ¡Cristo te dará la vida!'".
Esa acción escondida de hace 2,000 años tiene un peso eterno, incluso hasta el día de hoy, continuó el arzobispo.
“En ese momento, Adán y Eva, y todos nosotros, toda la humanidad, llegamos a ser quienes Dios nos creó para ser. Jesús dice: ‘No te creé para ser prisionero en el infierno. Fuiste creado a mi imagen y semejanza. Levántate, sal de este lugar. El enemigo te sacó del paraíso terrenal; yo te entronizaré en el Cielo. Para eso te hice’”, compartió el arzobispo James. “Nuestro destino es el Cielo. Los santos decían con frecuencia que Cristo está trabajando mucho más duro para llevarnos a ti y a mí al Cielo de lo que nosotros trabajamos para llegar ahí. Está redoblando esfuerzos por eso. Y esta noche, ese mismo Cristo viene a ti y a mí, y en todos los bautismos que presenciaremos aquí veremos su acción salvadora de forma visible. Él los levantará a una vida nueva que solo podemos compartir en él”.
En la quietud del Sábado Santo ocurre algo milagroso: Jesús salva, redime y resucita.
Al referirse al evangelio de la Vigilia de esa noche, tomado de Mateo 28, el arzobispo James destacó el uso de palabras que expresan una acción repentina: de pronto, miren, vean aquí, vengan acá. Esas palabras, dijo, “no pueden expresar la verdad indescriptible de que, en esta secuencia de acontecimientos, la luz ha abierto una grieta en el universo y todo lo que creíamos conocer ahora ha cambiado. Jesús ha resucitado de entre los muertos”.
Y mientras esa luz irrumpe en un mundo oscuro, oscurecido aún más por el sufrimiento y la muerte de Cristo (ver Mateo 27, 45), empezamos a ver las cosas de otra manera, a la luz de la fe. Al señalar el tema de la visión en el mismo pasaje del evangelio, el arzobispo estableció una conexión entre la mirada y la Resurrección.
“Ser testigos de la Resurrección de Jesús representa un acontecimiento cataclísmico. Así es como se forma la fe”, dijo. “Aprendemos a ver y reconocer la presencia de Cristo resucitado en nuestra vida. Tenemos la confianza de que él va delante de nosotros en nuestra vida. Él quiere ser visto y se hará ver por nosotros. Me fascina este Cristo. Qué maravilloso es saber que él nos ayudará a conocerlo si tan solo se lo permitimos”.
Para quienes el arzobispo James bautizó poco después, 33 en total en la Catedral, esta invitación a ver, conocer y amar más profundamente a Cristo fue todavía más conmovedora. Al concluir su homilía, el arzobispo invitó a los presentes y a todos los fieles de la arquidiócesis a orar con estos nuevos católicos y por ellos, a quienes Jesús quiere lavar, “hacer nuevos, ayudarlos a verlo de una manera como nunca antes lo habían visto”.
































