Primera Noche en el Cementerio en español: una noche entre santos, fe y esperanza


Por Erin Scherer
El 22 de septiembre, el cementerio católico Mt. Olivet se llenó de santos, de adoración al Santísimo, de una Misa a la luz de las velas y de oraciones por los difuntos.
Varios jóvenes y adultos participaron en la primera Noche en el Cementerio en español, una experiencia que los invitó a recorrer el cementerio, conocer su historia y reflexionar sobre la muerte desde una perspectiva diferente: con fe, esperanza y los ojos puestos en la vida eterna.
“El cementerio no es para las personas que están muertas”, aseguró Erica Rodas Montejo, quien interpretó a santa Catalina de Siena. “De hecho, están vivos en el cielo. Necesitamos recordar a todos aquellos que están allí, que quizás no son conocidos ni canonizados, pero que en realidad pueden ser santos. Simplemente están enterrados allí, pero quizás ya están en el cielo”.
Aide González tuvo una experiencia similar.
“No fue necesariamente experimentar la muerte porque estamos en el cementerio”, comentó. “Pero reflexionamos sobre la vida, especialmente a través de las historias de los santos”.
Jaime Bautista, quien interpretó a san Francisco de Asís, también comenzó a ver el cementerio de manera diferente.
“Cuando estaba solo ensayando, pensaba: ‘¡Wow!’ Aquí, en este cementerio de Mt. Olivet, ¿cuántas personas hay aquí que ya fallecieron y también tuvieron una vida de santidad? Tal vez no son conocidos canónicamente y hay otros, como Julia Greeley, que están en este proceso. Me llamó la atención pensar en cuántas personas pueden ser santas y que están enterradas allí”.
Un recorrido rodeado de santos
Los participantes recorrieron los terrenos de Mt. Olivet para conocer más sobre la historia del cementerio, sus ministerios y las enseñanzas de la Iglesia sobre la muerte y la vida eterna.
Jaime ya había participado en Noche en el Cementerio en inglés y esperaba que algún día se pudiera ofrecer una experiencia similar en español.
“Lo había vivido en inglés y me encantó”, dijo. “Pensaba que si hubiera algo en español, sería excelente”.
Ese deseo se hizo realidad aquella noche.
A lo largo del recorrido, los participantes encontraron a san Pedro, santa Catalina de Siena, san Francisco de Asís, Nuestra Señora de Guadalupe y san Juan Diego, y santa Margarita de Città di Castello, quienes compartieron sus historias de fe y santidad.
Para Erica, la cercanía del Día de Todos los Santos hizo que la experiencia tuviera un significado especial. Su participación como santa Catalina de Siena también se convirtió en una oportunidad personal de oración.
“Fue un buen evento para aprender sobre los santos y cómo pueden ser un modelo para los adultos jóvenes y para todas las personas presentes”, dijo. “Yo estaba conectándome más con los santos y orando a santa Catalina, pidiéndole: ‘Santa Catalina, por favor, ayúdame a contar tu historia de la manera en que tú quieres que se cuente, para que la gente pueda conocerte y conocer la experiencia que tú tuviste con Jesús’”.
Parece que esa oración dio fruto. Para Aide, la experiencia fue un recordatorio de que todos estamos llamados a la santidad.
“Fue un buen recordatorio verlo así y esforzarse por ser santo”, dijo. “¡Yo no quiero que se olviden de mí!”
(Fotos proporcionadas)
Encontrar paz en un lugar inesperado
Para algunos, Noche en el Cementerio también ayudó a cambiar la percepción que muchas personas tienen de los cementerios.
“Qué bonito que se esté haciendo un esfuerzo por cambiar la percepción sobre qué es un cementerio”, comentó Claudia Valle. “Cuando yo platico que fui al cementerio a un evento, las personas inmediatamente dicen: ‘¡Oh, qué raro! ¡Qué miedo!’”.
Pero Claudia descubrió una realidad diferente.
“Es bonito porque uno empieza a ver los detalles de cada tumba, los esfuerzos que hizo la familia para que este lugar se viera bonito y fuera un lugar donde pudieran encontrar a su ser querido”.
En lugar de miedo, Claudia y otros participantes encontraron belleza, paz y un sentido de familia en Cristo.
“Todas las personas que están allí necesitan oración y también están pidiendo por nosotros”, reconoció Claudia. “Ahora voy y ya no tengo miedo. Sé que un día estaré allí y ese será el lugar donde me visiten”.
Erica también experimentó esa paz.
“¡En ese cementerio sentía paz! No tenía miedo. Fue mi primera vez en el cementerio y pensaba que iba a tener miedo, pero no. ¡Sentí mucha paz!”
Ver la muerte acompañada por Dios
La noche culminó con un momento de adoración al Santísimo Sacramento, seguido de una Misa a la luz de las velas y de un convivio entre los participantes.
Para Paul Aragón, la celebración de la Eucaristía en el cementerio fue uno de los momentos más significativos de la noche.
“Haber acabado con la santa Misa fue para mí una gran experiencia”, dijo. “Creo que es algo que nunca hacemos: pedir por los muertos, por las personas que fallecieron, pedir por sus almas. Entonces, para mí, fue una experiencia muy bonita y única”.
Paul también reflexionó sobre cómo la fe puede transformar nuestra manera de acercarnos al misterio de la muerte.
“¿Cuántas veces relacionamos esto con miedo o temor?”, preguntó. “¡No! Debemos ver la muerte acompañada de Dios”.
Para Laura Duque, cada elemento de la noche contribuyó a crear una experiencia especial.
“Me pareció todo muy lindo: las actuaciones, la Misa me pareció especial por las velitas, el camino que había y la disposición del ambiente. Todo se daba para tener una muy, muy buena experiencia”, dijo.
La experiencia fue tan significativa que ya está pensando en regresar.
“¡Pienso asistir el próximo año si estoy aquí!”
Erica también destacó la oportunidad de unir el recorrido por el cementerio con la oración y la celebración de la Eucaristía.
“Fue bonito que los participantes tuvieran la oportunidad de aprender sobre el cementerio y los santos que allí cuentan sus historias. Fue bonito, después, pasar tiempo con Jesús en la adoración y luego tener una Misa especial en el cementerio”.
Al final de la noche, Aide se llevó consigo una reflexión sobre la esperanza cristiana.
“Obviamente, la muerte es triste, pero también necesitamos ver la alegría de estar con el Señor en el cielo”, reconoció.
Jaime también comparte esa esperanza.
“No tener miedo de nuestro llamado a su Reino”, explicó. “Creo que, poco a poco, va inspirando a los corazones a no tener miedo y a esperar. Esperar abrir las puertas para hacer conciencia de que un día nos va a tocar estar allí”.
En medio de las tumbas, las historias de los santos, la adoración y la Eucaristía, Noche en el Cementerio ofreció a los participantes la oportunidad de recordar una verdad central de la fe católica: la muerte no tiene la última palabra. En Cristo, estamos llamados a la vida eterna y a caminar con esperanza hacia el encuentro definitivo con Dios.
Para conocer más sobre el cementerio católico Mt. Olivet y los Servicios Funerarios y Cementerios Católicos de Colorado: visita www.cfcscolorado.org.








